Capitulo III. Encuentros

La luz naranja del Sol en el atardecer se filtraba por las ventilas de una cochera que se había convertido en un taller lleno de herramientas, piezas sueltas y paredes tapizadas de planos. Al frente de un restirador se encontraba sentado sobre un banquillo giratorio un muchacho de apenas unos veinte y tantos años que estaba viendo de manera muy consciente el papel que contenía una idea nueva. No era muy alto, ni atlético del todo, y usaba gafas de montura gruesa. Su cabello castaño permanecía en perpetuo desorden a pesar de lo alineado de sus atuendos. El sonido de un coche estacionándose frente a la cochera llegó a sus oídos, volteo y espero a que por la puerta que estaba a un lado de la cortina se abriera. Entró otro muchacho de veinte y tantos años, igual a él en muchos aspectos, a excepción de poseer una figura más atlética y estar peinado, además de que no llevaba sus gafas, mismas que saco y colocó frente a sus ojos en el acto de cerrar la puerta con el pie. Estuvo de pie un momento allí hasta que sus ojos se acostumbraron nuevamente a ver con los cristales, mientras el chico del restirador giraba sobre el banquillo describiendo arcos:
- ¿Cómo te fue Lee? - preguntó.
- No muy bien – respondió Lee - ¿y a tí Ford?
- No mejor que a ti probablemente – contestó Ford, frenando su giro y mirando al suelo.
Los dos permanecieron en silenció, mientras uno veía el piso y otro el techo. Entonces Lee tomo la palabra:
- Oye, Ford, he estado pensando – Ford levantó la cabeza para escuchar mejor -, creo que... ehm... iré por un refresco a la cocina, ¿vienes?
Ford se levantó del asiento y fue con Lee hacia la cocina. Ahí Lee sacó dos latas de refresco de la nevera y le lanzó una a Ford. Hasta hace unos años él no la hubiera atrapado y la hubiera dejado caer, pero había mejorado mucho atrapando y lanzando cosas, entre otros elementos de disciplinas deportivas. Se sentaron frente a frente en la barra de la cocina, donde anteriormente su madre usualmente estaría preparando la cena. Ella se había ido hace un par de años. Su padre estaba de viaje por unos días. La casa se sentía tan fría sólo para ellos dos. Abrieron las latas al mismo tiempo y tomaron un sorbo inicial.
- Creo que ya sé lo que estás pensando – dijo Ford mirando fijamente la lata de refresco – esto es una perdida de tiempo.
Lee miró fijamente a su hermano. Las manifestaciones de concordancia común eran frecuentes entre ellos, pero no tanto como el saber exactamente qué es lo que el otro esta pensando.
- Es una buena idea – continuó Lee -. Pero, no sabemos mucho sobre esta clase de cosas.
- Ese es el problema, debería poder saberlo.
- Escucha Ford, no se puede saber todo en esta vida. Nadie tiene ese poder.
Ford acepto resignado que Lee tenía razón, luego dijo:
- Lo sé. Pero es que – apretó los puños – creí que ya lo tenía. Estudié tanto para esto.
- No, Ford, estudiaste para ser alguien más. Esto es lo que en teoría yo debería hacer, pero no me agrada del todo.
- ¿Y qué opinas respecto a lo que he hecho?
- Que no esta nada mal, son excelentes ideas. Pero no tenemos mucho por donde empezar: no tenemos dinero, con nuestros trabajos de medio tiempo no es suficiente, y no sabemos administración. Además de que el eslogan es terrible.
Esto hizo reír a Ford:
- Aspira hasta su dinero - tomó un sorbo de su lata –. Sí es terrible. Hasta malos publicistas somos.
Ambos rieron al mismo tiempo, luego se quedó todo en silencio otra vez.
- Estamos destinados a algo más, Ford.
- Estoy de acuerdo Lee. No estamos llegando a algún lado con esto.
- Podrías, no sé, retomar tus estudios en ciencias. Te graduaste con honores de la universidad, y en tiempo record, continuar para ti será sencillo con eso de las becas y cosas parecidas.
- ¿Qué hay de ti?
Lee pensó por un momento, no esperaba que esta idea se sostuviera por mucho tiempo, pero era mejor decirlo de una vez:
- ¿Te acuerdas del servicio militar?
- ¿Cómo olvidarlo? No sé para que papá insistió tanto en que lo hiciéramos.
- Oye, no estuvo tan mal después de todo.
- No para ti.
- Y a eso es a donde quiero llegar – Ford miró expectante a Lee -. Cuando estuve ahí, tuve notoriedad entre los superiores, llegue a voces de los que reclutan para el Servicio Secreto y tuve una oferta por parte de ellos.
- Nunca me contaste eso – dijo Ford, frunciendo las cejas.
- Sí, lo sé. Al principio no lo considere tan seriamente. Pero después de estar un tiempo en ingenierías y descubrir que no es lo mío del todo, considere en retomarlo. Mi idea es más fuerte desde que no avanzamos con Stan-Vac.
Ford ahora comprendía en definitiva que los dos tenían un futuro marcado, y que esto los estaba deteniendo.
- Tienes razón Lee, deberíamos dejar esto.
- Y sabes qué, Ford, vende las patentes.
Este comentario no agrado del todo a Ford.
- Pero, ¡son nuestras!
- ¿Y? Así funcionan las invenciones. Son negocios Ford, hagamos algo bien por una vez en esto, a alguna empresa le servirán más que a nosotros. Vende las patentes y guarda las ganancias.
- De acuerdo, tu parte y mi parte...
- No, quédate con mi parte de las ganancias, lo mereces.
- Pero, ¿y tú?
- Por mí no te preocupes. Además, eres la mente detrás de las mejoras de estos aparatos, mereces la mayor parte de la ganancia. Y quiero darte toda mi parte.
Ford se sintió muy agradecido por esto, su hermano por lo general siempre toma parte del sacrificio, siempre había sido así.
- Gracias Lee.
- No me lo agradezcas.
- Mañana mismo hablaré por teléfono, ofertaré las patentes y enviare cartas a las universidades. Tendré mi maestría, ya verás que sí.
- Estoy seguro de ello, hermano.
- ¿Y tú que harás?
- ¿Yo? Ah, iré al cuartel donde hicimos el Servicio Militar, ahí veré que hacer.
- Si fuiste tan notorio allí, ¿porque no te enlistas en el ejercito?
- No. De hacerlo me enviarían a un lugar donde no debería estar. Debo estar cerca de mi hermano.
- No te preocupes por mí.
- No es preocupación, es simplemente que no podemos distanciarnos uno del otro. Tu sabes...
Ford entendía a la perfección lo que Lee intentaba decir. La unión entre ellos era muy fuerte, habían compartido mayor parte de su vida juntos, y ambos no querían despegarse tanto uno del otro. Ya que tenían planes para dar marcha a sus vidas, cerraron el puño y lo chocaron. Luego tomaron las latas de refresco y las hicieron chocar como cuando se copea y tomaron un largo sorbo.
- ¿Quieres ir al muelle, Ford? Podemos ir en el STNLYMBL. Yo invitó la pizza.
- Sí, ¿por qué no?
Ford se estaba preguntando con qué dinero iba su hermano invitarle la pizza, sí los dos estaban quebrados. Pero eso no importaba por el momento.

Una lluvia copiosa tenía horas cayendo sobre la ciudad y no parecía dar señales de ceder. Ford estaba en la estación de trenes mirando los horarios de llegada. Esperaba un tren en particular que era el que traería a Lee de regreso a casa. Pero no era para del todo bien, como las ocasiones anteriores. Este tren llegó unos quince minutos después de haber esperado de pie frente a los tableros de la estación. Cuando los pasajeros de este estuvieron bajando trato de localizar a Lee. Le localizó, venía con una maleta de viaje y con una abrigo negro. Se le veía serio, más que de costumbre. Se encontraron en medio del anden y se abrazaron para saludarse, luego caminaron juntos hasta afuera de la estación. Ahí en el estacionamiento estaba el STNLYMBL. Lee había dejado el coche para Ford, no lo usaba con frecuencia pero esta vez había necesidad de sacarlo de la cochera. Subieron a este, Ford como conductor y Lee como pasajero, y con el ruido de las gruesas gotas de lluvia cayendo sobre el coche quedaron solos en silencio.
-¿Cómo fue? - pregunto Lee.
Ford, miraba fijamente en silenció hacia un horizonte obstruido.
-No... fue... -no encontraba las palabras-. Fue tranquilo. En paz.
-¿Lo viste aún con...?
Ford negó con la cabeza, apretando los ojos y los dientes. En realidad, eso era lo que quería creer él, Lee lo comprendía. Se abrazaron nuevamente, pero ahora en forma de consuelo, mientras Ford sollozaba en voz baja. Lee no pudo evitar dejar caer unas lágrimas.
-¿Quieres que conduzca?
Ford volvió a negar con la cabeza. Encendió el coche y dieron marcha a una ruta con un destino igual de triste. No hubo palabras hasta que llegaron al cementerio, no eran necesarias para describir lo que ya sentían.
Bajo una paraguas, cuyo diámetro superaba a las del resto de los asistentes, se encontraban Ford y Lee, al frente y viendo el ataúd de su padre a sus pies. Allí se encontraban familiares y amigos de su padre y de la familia. El sacerdote de la parroquia del vecindario donde habían vivido toda su vida se encontraba dando un discurso, sobre la otra vida. Ford no encontraba sentido a aquello, simplemente su padre había cumplido con su vida, su ciclo, y el universo reclamaría lo que alguna vez le fue prestado. Por otro lado, Lee encontraba más conmovedor el discurso, y se preguntaba cosas más profundas sobre la vida. La forma en que los dos abordaban la situación era diametralmente opuesta, pero el sentimiento era el mismo. Su padre fue un hombre de familia, estricto, pero que sabía dar la dosis correcta de disciplina y cariño. No tenían nada que reclamarle. Nada que a ambos le hubiera gustado y que su padre insistió en que hicieran fue por una razón. Ahora lo comprendían. Él sólo esperaba formar un par de hombres hechos y derechos, buenos ciudadanos, como él lo fue. Podrían cometer errores, pero no decepcionarle. Y sobretodo, aprendieron de él que entre ellos dos los lazos deben ser antes más fuertes que cualquier causa, y siempre estar juntos y ayudarse mutuamente, pasará lo que pasará. Al final, él estará orgulloso de ellos... a pesar de que no se los hubiera dicho en algún momento.
Al final de la ceremonia, la mayoría se había retirado, pero ellos se quedaron bajo el paraguas con la lluvia arreciando, cerca para observar como la sepultura se realizaba. Su padre estaba siendo enterrado junto a su madre, ahora estaban juntos en algún lugar en otra vida.
- ¿En serio crees eso? - preguntó Ford.
- Sí, ¿por qué no? - respondió Lee -. Hay cosas que no están a nuestro alcance en la vida, en este estado o universo, como le quieras llamar.
Ford permaneció en silenció, intuyendo que quizá era cierto.
- ¿Cómo te ha ido? - inquirió Lee a Ford.
- Perfecto, nada de lo que pudiera quejarme, todo va como lo esperaba.
- Recuerdo que me hablaste de un proyecto o algo así. ¿Ya lo tienes?
- Oh, sí – esto emociono a Ford -. Multiversos.
Lee miró confundido a Ford
- Estamos en el desarrollo matemático – continuo Ford -. Es una teoría de física contemporánea, dice que hay posibilidades de infinitos universos que pueden tener cosas en común, o no, con el nuestro e incluso formas de contacto. Es posible que un mero cambió de decisiones genere infinidad de multiversos.
Lee se sentía extraño escuchando algo tan raro en un evento tan melancólico. Movía los ojos a cualquier lado porque no sabía que decir. Ford notó que su hermano no entendía nada:
- ¿Y a tí como te va?
- He terminado el final del entrenamiento, y he estado en torneos de boxeo, he ganado varios. Pronto tendré asignado algún puesto.
- ¡Felicidades!
Ahora el sentimiento de extrañeza lo sentían ambos. Lee carraspeó un poco y continuó:
- Sabes una cosa. Quizá puedas probar que nuestros padres están en algún universo alterno – Ford miró con curiosidad a Lee, quería saber más -. Quizá, no sé, la otra vida sea una transición de nuestro universo a otro superior.
Ford entendía a lo que se refería. Pero al final las cosas a veces son simplemente lo que uno quiere escuchar o creer.
- Oye Ford, nunca te conté que tengo una novia, ¿verdad?
Esto le sacó una sonrisa a Lee:
- Porque no estoy sorprendido, sí eres todo un casanova - Ford trató de contener una carcajada, por respeto -. No, no lo sabía. Yo no he tenido tanta suerte.
- La tendrás hermano, ya la tendrás.
Al final regresaron a casa. A diferencia de un tiempo antes, ahora se sentía más fría que nunca. Un par de días después, cada uno regreso a sus respectivas rutinas. Las cosas estaban en paz, nuevamente.

Ford estaba corriendo lo más rápido que podía por el anden de la estación de trenes. Entre esquivar a las personas y equipaje, parecía que el tiempo se le hacia infinito. Llego afuera y pidió urgentemente un taxi. Al detenerse uno subió apresurado con maleta en mano y dio al conductor la dirección de su hogar, urgió llegar rápido. Llego en unos cuantos minutos, pero para él había sido una eternidad. A su alrededor se estaba gestando todo un evento. Entró a la casa y corrió a la habitación. Se cambió su traje arrugado del tren y se vistió con lo más alineado que encontró en su armario. La invitación a la boda de Lee había llegado tarde a sus manos, esto a estar ocupado con un proyecto importante de maestría. Así que solamente hizo fue dejar una pizarra llena de cálculos a la mitad, correr a su departamento, tomar lo más arreglado que encontró y correr a la estación de trenes. Era el padrino de honor, y había que llegar a tiempo. Escucho que alguien entró, y era su hermano:
- Ford, has llegado. Había mandado a alguien a la estación a recogerte.
- No lo vi – contestó, con más calma, ahora sólo estaba anudándose la corbata.
Junto a él, frente al espejo, se posiciono Lee que estaba tratando de arreglarse el moño del traje. Prefirió quitárselo y quedarse sin moño. Para él, esto sentaba bien, pero su hermano no lo permitiría:
- Tienes que lucir destacable.
- Sí, pero esto es difícil, y aprieta el cuello.
Ford se dispuso a arreglar el moño de Lee. Quedó como debía quedar, adecuado y arreglado.
La ceremonia se realizo en la iglesia del vecindario, nuevamente con el sacerdote que había oficiado el funeral de su padre. La novia, Carla McCorkle, era una chica de la misma ciudad. Lee y ella se habían conocido en el cine. Según por lo que tenía entendido Ford, él la había salvado de un asaltante. Pero eso fue hace mucho tiempo, no creía que Lee tuviera una sola novia por tantos años. La única explicación era que se habían separado y se volvieron a reunir en algún punto en especial, quizá en algún lugar del muelle. Lee y Carla estaban en el altar, en plena ceremonia. Pero Ford notaba algo extraño en su hermano y su novia. Algo no andaba bien del todo.
En la fiesta, Ford compartió mesa junto a Lee, Carla y la hermana de ella. No había demasiados invitados, fue un evento discreto. Ford se sentía invadido por una sensación de curiosidad de saber que estaba pasando realmente. Lee sabía que Ford lo tenía que saber, no podía ocultarlo por más tiempo. Así que después del brindis y el corte del pastel, la gente estaba sobre la improvisada pista de baile en el salón de la casa de sus padres. Fue el momento en que Ford llamó a Lee para salir al patio trasero un momento.
- ¿Qué ocurre Ford?
Ford se sentía confundido, estaba seguro, pero no sabía como abordar el tema.
- Lee, escucha, me preocupa bastante lo que esta pasando. Algo no anda bien.
Lee se quedó confundido, sabía a donde quería llegar, pero tampoco sabía como abordar el tema. Así que decidió contar todo desde el principio. Carla y él llevaban un año y unos cuantos meses viéndose. Se volvieron a encontrar en el muelle -Ford tenía razón-, en un lugar llamado The Juke Joint. Carla se dedica a la contaduría en una empresa mediana de conservas local. Ambos estuvieron saliendo a diferentes lugares, hasta que llegó al tema de la película:
- ¡Lee, sabes que esas cosas te ponen nervioso!
Lee le pedía con las manos que bajara la voz, era evidente que Carla lo sabía, pero no nadie más. En especial había ciertos compañeros del Servicio Secreto como invitados. El problema no fue ese, sino que aparentemente Carla estaba embarazada, tenía cinco meses. Lee lo sabía, y no pensaba dejar sola a Carla con algo así. Su salida más próxima era casarse cuanto antes. Aparentemente los dos se amaban demasiado. Ford tenía dudas al respecto.
Volvieron a entrar, y al final de la fiesta Lee se despidió de Ford, y con Carla ahora como su compañera emprendieron un viaje a su luna de miel. Quizá si eran felices, si estaban enamorados. Ford pensó que debía ser menos suspicaz.
Y por primera vez ambos sintieron un frío, algo se rompió en el interior de ambos. Contrario a lo que ambos pudieran esperar, esto simplemente se rompió, no hubo ningún evento contundente que considerar. Ambos estuvieron días pensando en eso, no concluyeron nada.

Y así ambos continuaron con sus rutinas. Lo último que supo Ford de Lee fue el nacimiento del bebé, al que llamaron Alex. Lo último que supo Lee de Ford fue la publicación de uno de sus artículos en una revista científica de renombre. Dejaron de tener contacto por mucho tiempo, y el frío se sintió más intenso desde entonces.
No se trataba de algo voluntario, simplemente ocurrió.

Las gotas de lluvia fría caían sobre ambos Stan abrazados. No paso mucho tiempo, aunque para ellos fue alegremente eterno. Hasta que Lee dijo:
- Un penoso abrazo familiar.
Ford respondió:
- Un penoso abrazo familiar.
Ambos abrieron los ojos como robots y se dieron unas palmadas en la espalda. Luego se separaron y se vieron mutuamente. Los dos se vieron que ambos se notaron un poco más viejos, pero que poco habían cambiado. Entonces Fids los hizo regresar a la realidad:
- Ejem. ¿Alguien puede explicarme qué está pasando aquí?
Ford invito a pasar a su hermano y a Fids a la cabaña para explicar que estaba pasando. Una vez adentro en la sala de estar, Ford empezó a presentar:
- Fids, él es mi hermano gemelo, Stanley Pines.
Fids se sorprendió:
- Me habías contado de un hermano tuyo, pero no que era gemelo.
Lee miró a Ford con los ojos entrecerrados, este simplemente se río un poco y se rascó la nuca. Prosiguió:
- Lee, él es mi compañero en investigación, Doctor Fiddleford Hadron McGucket.
- Mucho gusto Doctor Fids – dijo Lee, tendiendo la mano hacia él, misma que McGucket estrecho.
- Son tan parecidos – recalco McGucket, y se sintió tonto por ser redundante -. Sino idénticos.
- Alto ahí, McGucket – dijo Ford levantando el pulgar derecho-. Hay una diferencia entre nosotros dos.
McGucket miró con atención a ambos hermanos. Era evidente que estaban tratando de burlarse de él o que algo ocultaban, las risitas de ambos lo decía.
- Me rindo – dijo McGucket, resignado.
- De acuerdo, nuestras manos derechas hermano.
Ambos levantaron su mano derecha al unisono y entonces McGucket lo vió.
- ¡Interesante! Stanley tiene cinco dedos, pero tú Stanford tienes seis.
- Y son en ambas manos – dijo Ford, levantando la mano izquierda.
- ¡Polidactilia! Esto es único. Increíble.
- Sí, es único porque el raro es él – dijo Lee riéndose, pero no causo gracia a Ford.
- Además de que soy zurdo – complemento Ford.
- Eso ya lo había notado, pero lo de los dedos no.
- No te preocupes, si yo no lo digo, no lo notan inmediatamente... bueno, tu tardaste diez años.
- Aguarda – cortó Lee - ¿Desde cuándo se conocen?
- Desde hace diez años, nos conocimos en el MIT – respondió McGucket.
- Pero, él ya es doctor, y tú... - Lee en sus adentros admitió su ignorancia y se sintió avergonzado.
- Para él esto sería su Postdoctorado, pero para mí es el doctorado – informó Ford a Lee -. Verás, somos de la misma edad, pero el va un tanto más adelante que yo porque McGucket entró a la universidad antes que nosotros.
Lee entendía porque esa situación, pero a Ford no parecía incomodarle del todo.
- ¿Qué hacen aquí ustedes dos? - preguntó Lee.
- Eso es lo que yo debería preguntarte a tí, Lee – respondió Ford frunciendo las cejas.
- Yo no soy el que debería responder primero – recalco Lee.
- ¿Y eso quién lo dice?
Ambos encendieron mechas a una discusión, ambos se pusieron de frente y se miraron fijamente.
- Lo digo yo, el gemelo alfa – dijo Lee con altanería.
- No me hagas reír – continuó Ford.
McGucket era testigo de como una pelea de hermanos se estaba gestando, y pensó que sería hora de poner un alto a esto. Parecía que tenían mucho de que hablar, y empezar discutiendo no era buena idea:
- Yo explicaré que pasa aquí.
Ambos miraron extrañados a McGucket, pero le dejaron continuar.
- Stanley, tu hermano y yo estamos en plena investigación de los multiversos. Estamos por terminar un problema y demostrarlo matemáticamente.
Lee miraba alternadamente a McGucket y a su hermano:
- ¿Y por eso están aquí, en medio de la nada?
- La cabaña la compramos para eso, Lee – continuo Ford -. Es un buen lugar, McGucket conoce bien este pueblo, él nació y tiene una vida hecha aquí. Además de que buscábamos un lugar retirado donde trabajar sin distraernos.
Eso para Lee se escuchaba más raro y descabellado.
- Entonces, ¿están solos con el proyecto? - pregunto Lee.
- No precisamente, estamos en un retiro – continuo McGucket – que se ha prolongado más de lo debido.
- Esperábamos durar cuando mucho cinco años, pero se han hecho seis – siguió Ford -. Pero el MIT dio permiso de financiar otros dos años cuando mucho.
Para Lee las cosas ya estaban más o menos claras, al menos burocraticamente. La situación ya se había calmado y Ford decidió continuar:
- Entonces, ahora sí Lee: ¿qué hace el gemelo alfa en un lugar tan remoto como este?
Lee entonces se percato de que no tenía coartada que le defendiera. Ahora sí debía pensar rápido.
- Te estaba buscando, Ford – mala improvisación, salida rápida.
Ford se sintió confundido. Por su expresión Lee supo que había sido efectiva.
- ¿A mí? ¿Por qué?
Lee tuvo que continuar por el mismo sentido para ingeniárselas, no había marcha atrás, era muy tarde.
- Bueno, ocurre que, no tengo a dónde ir.
- ¿Qué te ocurrió?
Esto se estaba poniendo difícil para Lee, tenía que hacer... algo que ya sabía como hacer: mentir.
- Me he divorciado.
Fue tan convincente que Ford sintió un salto que sólo se da cuando tienes razón. Sabía que el matrimonio de su hermano no duraría mucho... y eso, no estaba nada bien.
- ¿Hiciste algo que no debías? ¿Desde hace cuanto?
- No es que fuera algo que no debía, es que simplemente no funciono – Lee en el fondo sabía que esto ni siquiera era cierto, la realidad es que sí había tenido amantes -. Y esto empezó hace como seis meses.
- ¿Y tu niño?
- La resolución fue que Carla conservaría la custodia. Y de hecho consiguió un buen abogado, como para dejarme en la calle literalmente.
- ¿Y tu trabajo en el Servicio Secreto?
- Renuncie.
Esto sorprendió a Ford. Y ahora sí, Lee pensó que había ido muy lejos esta vez.
- ¿Por que no fuiste a casa de nuestros padres?
- Estuve ahí, pero todo se siente tan desolado. No es lo mismo...
- Lo siento mucho Stanley, en serio, de verdad.
Lee miró fijamente a los ojos de su hermano:
- Gracias, Ford. Esto ha sido muy complicado.
Ahora sí fuiste bastante lejos, Stanley Pines, pensó.
- Bueno, ya que estás en Gravity Falls con nosotros – continuo Ford – quizá deberías tomarte un descanso y buscar algo que hacer aquí. Seguramente encontrarás algo aquí, dudo que entiendas lo que hacemos.
Lee asintió, eso era verdad. McGucket levanto la mano y dijo:
- Oí que el Alguacil Corduroy esta buscando nuevos elementos policiales, si eras el Servicio Secreto...
La idea se entendió. Eso no estaba mal dentro de las condiciones del teatro que ahora Lee había construido.
- Y bueno hermano -continuo Ford-, ¿traes cosas? En principio, ¿cómo llegaste aquí?
Para eso no había que mentir.
- Compré un coche barato, ya que el STNLYMBL está aquí, y sí traigo cosas. Lo deje cerca de la estatua de ese tal Noroeste – era casi en su totalidad verdad.
- Perfecto hermano. Bienvenido a Gravity Falls, arreglaré una habitación en la cabaña para ti.
Y se volvieron a dar otro penoso abrazo familiar.

Lee fue por el coche, retomo el camino por el que había ido al principio con Fids. Al llegar ahí, antes de emprender marcha a la cabaña, anotó todos los detalles. Principalmente, debía obtener información del MIT respecto al proyecto de su hermano y compañero. Ya tenía un inicio, ir con el Alguacil Corduroy. Ahí hablaría al respecto, esperaba que él sí entendiera las circunstancias más o menos reales de su visita al pueblo, ya no podría recurrir a la identidad Andrwe Alcatraz, y sólo modificaría una credencial, la que le certificaba como un agente de la oficina de geología. Pero también contemplaba un plan alterno, simplemente internarse en el pueblo como un nuevo oficial de policía. Esta noche pensaría a cual recurrir.
Ford se sentía preocupado por su hermano. Había tenido tiempos difíciles. Pero eso no importaba, confiaba en el. Pero no del todo:
- Fiddleford, debemos ocultar una parte del proyecto.
McGucket miró a Ford, y comprendió lo que decía.
- Volveremos por el momento a las matemáticas, no mostraremos nada de lo otro – continuó McGucket, también sentía una ligera desconfianza al hermano de Stanford.
Para ambos hermanos, se había vuelto necesario guardar secretos. Esa misma noche, mientras ambos dormían en diferentes habitaciones de la cabaña, en sus respectivos sueños hubo cierta concordancia y certeza de saber que estaba pensando el otro. Esta vez un mensaje negativo se desenlazaba entre ellos: no confíes.