Capitulo IV. Movimiento

Stanley despertó. Vio el reloj en su muñeca, la hora era 9 am. Usualmente se levantaba tres horas antes, pero dormir se había complicado. El lugar era frío, parecía no haber calefacción ahí. Y además la ventana tenía muchas ventilas por donde el aire helado había entrado silbando toda la noche. Y había un montón de cachivaches apilados que no podía describir del todo. Se levantó y abrió la puerta y se vio en un pasillo. Al frente había un baño, al que entró y se arreglo un poco, a pesar del fío se quedo en pantalón de mezclilla y playera blanca solamente. Salió y siguió por el pasillo, que salía a unas escaleras que iban hacia arriba, al altillo, y abajo, a la entrada de la cabaña. Bajó y vio la sala de estar, que estaba más libre y acogedora. Luego fue a la cocina, ahí estaba su hermano desayunando.
- Buenos días – le recibió Ford.
Lee sólo levanto una mano en respuesta, entre ellos eso era un lenguaje habitual. Tomo una de las dos sillas desocupadas y tomo asiento en silencio. Observo a su alrededor, no estaba tan mal, casi todo era nuevo o de segunda mano, pero no desgastado. Su hermano estaba desayunando un tazón de cereal. Pero a él se le antojaba algo más. Ford notó este antojo de Lee:
- Hay una cafetería, al pie de la carretera.
- ¿Qué podría encontrar en un rincón como este?
- Nada que no conozcas ya - Ford dejó la cuchara en el plato del cereal y continuó -. Podríamos ir, este cereal esta viejo y rancio de todos modos.
Lee se percató que en el plato no había leche, el cereal estaba seco. Continuó:
- ¿Cómo vives aquí? - preguntó - ¿Y qué es todo lo que tienes guardado en mi habitación?
- No te preocupes, sacaré todo lo que está en tu habitación – Ford se había acostumbrado a notar el detalle en que su hermano hacia propiedad de algo -. Y aquí en este pueblo arrinconado entre las montañas se vive tranquilo.
Lee se levantó y busco en las alacenas algo que desayunar, que no fuera cereal. Continuó por el refrigerador y la estufa. Todo estaba en orden, pero no precisamente limpio. Su hermano estaba llevando una vida rara aquí, de eso estaba seguro.
- No hay nada, no he ido al super recientemente. - dijo Ford.
- Eso es evidente.
- Oye, hay una cafetería por la carretera. Podríamos ir a desayunar ahí, y además podrías conocer el pueblo. Fiddleford vino hace rato, dice que Corduroy no está el día de hoy, así que tendrás que esperar.
A Lee no le causo mucha gracia esa nota, pero igual no tenía prisa por avanzar rápido. Tenía una sensación de olfato como perro, pero estos olores que percibía eran más sutiles, podía ver cosas que no estaban en su lugar o que no fueran normales con facilidad. Esto era una practica común en todas sus misiones, en donde la mayoría fue infiltrado de alguna manera para dar seguimiento y reporte más cercano y personal de sus investigaciones. Su habilidad para pasar desapercibido también era muy notoria. Pero, no podía engañar tan fácil a alguien como su hermano gemelo. Así que decidió que sería conveniente seguirle la corriente, no había necesidad de usar una identidad falsa, y así llegaría más lejos.
- Iré por mi gabardina – termino Lee.

Stanley pensó que usarían el STNLYMBL, pero aparentemente la gasolina escasea en el lugar y que era más practico moverse a pie. Lee se sintió en un rincón perdido del mundo en medio de la nada, no podía ser algo así como carencia de gasolina. Pero lo era, Gravity Falls era un pueblo donde las cosas eran extrañas, en principio por el lugar donde se ubicaba.
Ambos caminaban al borde de la carretera, en el que sólo pasaban uno que otro coche y camiones cargados de madera. El lodo que se formaba alrededor de esta era muy espeso y sucio, y esto seguía molestando a Lee, aunque no a Ford. Trató de distraerse viendo el panorama. Sólo había bosques, y a la lejanía varios acantilados. Al girar sobre una calle, Lee se percato de un detalle intrigante en el paisaje.
- ¿De qué es ese puente ahí? - preguntó.
- Es de ferrocarriles. A veces pasan trenes que van de Portland a Boise, y viceversa – respondió Ford.
El puente se encontraba suspendido en una estructura en forma de arco entre dos desfiladeros, en los que aparentemente eran la entrada de un túnel a cada lado. Era una osadía extraordinaria sugerir tal estructura en un lugar así.
Los dos llegaron a un establecimiento llamado Greasy's Diner. A Lee no le agrado mucho el nombre que leyó en ese letrero de neón anticuado, posado sobre lo que parecía ser un tronco de árbol muy grueso montado en antiguo vagón de ferrocarril. Pero a Ford no le importaba, así que trato de confiar en él. Ambos entraron y tomaron asiento en una de las mesas. Lee se percato que la poca gente que había los observaba. En eso, hizo aparición una mujer de talla y altura mediana, con un maquillaje morado llamativo pero ligero y un peinado en cola.
- ¿Qué tal Stan? - dijo mirando a Ford, luego giró a ver a Lee -. Y... ¿Stan?
Eso era lo que Lee había notado en particular. La gente vio que ellos dos eran casi idénticos. Ford tomo la palabra:
- Buenos días Susan. Te presento a mi hermano, Stan.
Susan hizo gesto de confusión, Stan le presentaba a Stan. Pero trato de no prestar atención en ello.
- ¿Qué ordenarán chicos?
Lee estaba mirando la carta que reposaba junto al servilletero, eso parecía un menú regular. Para desayunar: panqueques, raciones de carne y pollo, huevos a diferentes estilos, malteadas y café. No esperaba un menú de hotel de cinco estrellas, pero ¿qué demonios es chilaquiles?
Ford empezó a pedir la orden:
- Unos huevos revueltos, con una malteada de fresa, porfavor. - se dirigió a Lee -. ¿Qué ordenarás Stan?
Lee sonrió mientras seguía viendo el menú, entendía a donde iba esto.
- No lo sé Stan, ¿qué me sugieres Stan?
- Algo sencillo, Stan.
Susan miraba confundida la discusión de los Stans. Hasta que uno de ellos se decidió:
- Carne con huevos revueltos, con el acompañamiento que venga.
Susan anoto y pasó la orden a la cocina. En unos minutos vendría. Para ellos dos esto era divertido, confundir a la gente haciéndose pasar uno por el otro era algo que hacían desde niños.
En el lugar había un mapa de Gravity Falls clavado en la pared. Lee se levantó a verlo más de cerca. Ahí estaba el puente ferroviario de la ruta Portland-Boise, no había notado la presencia de este a pesar de haber pasado debajo de él cuando llegó el día de ayer. Esa misma carretera por la que entró salía al otro extremo entre barrancos. El pueblo estaba en medio de un hoyo entre montañas hecho por acantilados y desfiladeros, que lo rodeaban completamente a excepción de la salida por el puente, que se abría como un estrecho valle. A este lugar llegaban varios ríos, había un lago en un extremo del pueblo. Nathaniel Noroeste debió estar muy loco para fundar este pueblo en este lugar, pensó Lee. Había aprendido lo suficiente de riesgos como para notar las debilidades del pueblo, a este lugar lo amenazaban avalanchas de nieve, sino que también aludes de piedras y lodo. La mitad del lago lo bordeaba un acantilado, una ruptura en este y la mitad pueblo se vería destruido por una ola de agua. Sin contar los incendios forestales en verano, que de salirse de control podrían encerrar al pueblo. El lugar era perfecto para esconderse y ocultar alguna forma de máquina entre las muchas irregularidades del terreno. Pero veía tan mal localizado el lugar que empezó a pensar en pedirle a su hermano que se fuera de ahí, con sus contactos del Servicio Secreto se encargaría de localizarle un lugar para que Ford y Fids continuarán con su investigación.
Lee regresó con Ford, y antes de sugerir lo que pensó Susan apareció con una bandeja con dos platos.
- Carne con huevos revueltos para Stan – se lo entregó a Ford –. Y huevos revueltos con una malteada de fresa para Stan – se lo entregó a Lee -. Provecho.
Susan se retiro, y ambos Stan se intercambiaron los platos. El desayuno transcurrió sin mucha novedad, la conversación fue sobre recuerdos, Lee desechó la oferta de mover a Ford y Fids de ese lugar. Al final, después de haber pagado la cuenta, ambos se retiraron. Susan observaba como los dos se iban. Se sintió confundida otra vez, al ver doble Stan.

Ford ofreció a Lee un recorrido por todo el pueblo, el cual no se negó a realizarlo. Empezaron por la estatua del fundador, Nathaniel Noroeste, en la cuál Ford le explicó a Lee que sospechaba que Noroeste no era el fundador de Gravity Falls, pero no encontraba pruebas. De ahí fue describiendo la iglesia, la cual aseguraba que el terreno había sido víctima de una profanación muy grande en el tiempo de los pioneros; el ayuntamiento, donde se encontraba un viejo destacamento español en ruinas; la estación de policía, la cual fue un cuartel militar de la guerra civil que se incendió. Y los varios negocios que se encontraban ahí, con todo y su historia: robo, asalto, homicidio, desapariciones, sucesos extraños. El pueblo en general parecía además de raro un lugar maldito para vivir. A excepción de la Torre de Agua, era una construcción reciente a las afueras, junto a una ladera, y relucía frente al resto del antiguo pueblo. A Lee no le causaba una sensación de seguridad, no parecía un pueblo común entre las montañas, tenía un aura oscura. Los edificios eran de madera, había notado al llegar que parecían débiles, además que comprobó que eran edificios frágiles. Y la gente tenía un aspecto gris, bastante triste. Le pareció que el lugar era mejor derribarlo y que la naturaleza tomará el lugar, este no era un lugar para vivir. No sabía que a Ford le gustaran los lugares deprimentes.
Después de esto, fueron al lago. Allí Lee vio lo que parecía ser el lugar más tranquilo del pueblo. A pesar de estar nublado, las aguas del lago brillaban con un azul vivido debajo de una delgada neblina, a la distancia se notaban unas rocas y lo que ser una isla. Más allá el otro lado del lago, un acantilado que no vio tan alto como en el mapa decía, más a la lejanía una cascada. En el muelle estaban varios botes atracados. Siguieron caminando por el borde del lago, en la cual Lee le contaba como había estado su situación con Carla. Ford escuchaba atento a aquello, y le confesó que en el día de su boda el pensó que nada saldría bien. En la mentira, Ford tenía razón; en la verdad, simplemente se equivocaba.
- ¿No trabajarán tú y Fids? - preguntó Lee.
- No, a veces tomamos días aleatorios de descanso – respondió Ford -. Nos gusta trabajar así.
- ¿No están a contra tiempo?
- No, ya casi terminamos.
- Es decir, ¿pronto dejarás este lugar?
- Quizá.
Esto hizo pensar a Lee. ¿Qué estaba haciendo ahora? No había pasado un día y la mentira se había vuelto más grande. Por otro lado, tenía un deber que cumplir, no debía interrumpir lo que viniera. ¿Qué pasaría cuando Ford descubriera todo? Esperaba al menos que comprendiera a que se debía el asunto.
En el camino de regreso a la cabaña se encontraron con Fiddleford, con su esposa Helen. Fids fue el primero en verlos y llamarles, su esposa se sorprendió de ver a los gemelos:
- Stan tiene un hermano gemelo, Stan – le explicaba Fids a su esposa.
- ¿Y cómo los distingo? - pregunto Helen, un poco sorprendida del asunto -. Ambos son Stan.
Los gemelos se presentaron de manera más apropiada, ahora sin bromas para dar pie a confusiones:
- Es simple – siguió Ford -, él es Stanley, Lee; y yo soy Stanford, Ford.
- Vaya que sí son parecidos, hasta en la voz se parecen – continuó Helen sin perder la alegría en su voz -. Que bueno que estén aquí los dos juntos, supongo que tienen mucho sin verse.
- Bastante – dijo Lee, curiosamente estaba disfrutando esto.
- Y sí alguna vez te confundes – corto Fids, urgido -, simplemente cuenta con que Ford tiene seis dedos en su mano, y Lee sólo cinco.
Helen dejo escapar un oh de entendimiento. Fids le anunció a Lee que el alguacil Corduroy ya se encontraba en el pueblo. Decidió que ya era momento de ir a hablar con el alguacil, le índico a Ford que iría más tarde a la cabaña. Ford estuvo de acuerdo, iría al super de los Duskerton a comprar enceres y le vería al rato en la cabaña. Se despidieron chocando los puños y Lee fue a la estación de policía. Lee se percató que Ford ya había conocido a la mayor parte del pueblo, ¿estaría ya echando raíces aquí?

Entró al edificio y el ambiente adentro era calmo, no estaba tan frío como aparentaba y tenía una decoración más o menos acogedora con muchos acabados de madera. Por un pasillo que conducía hacia el vestíbulo, vio una sala de descansos y un interrogatorio; entonces fue con la secretaria que atendía el lugar:
- Buenas Tardes. Soy el Agente Stanley Pines, del Servicio Secreto. Busco al Alguacil Corduroy.
La secretaria, que ostentaba un gafete con el apellido Thompson, se levantó de su lugar con pereza y entró a la puerta contigua con el letrero Alguacil. Luego salió y regreso a su lugar. Sobre su escritorio se posaba una revista con un crucigrama a medio llenar, pero ella decidió sacar una lima de uñas de uno de los cajones y comenzó a lijar una uña de su mano derecha.
Lee levantó una ceja, luego carraspeo y continuo:
- ¿Está el alguacil sí o no?
La secretaria Thompson, sin levantar la vista de sus uñas, dijo:
- Sí – luego soplo sobre la uña recién limada -. Pero no está atendiendo tontos ahora.
Esto enfureció a Lee, que fue hacia la puerta del alguacil a pesar de las protestas de la secretaria. Abrió la puerta y estaba el Alguacil Corduroy atendiendo una llamada telefónica. Lee contuvo el instinto de arrebatar el teléfono y decirle al rostro de ese pelirrojo que había un asunto de seguridad nacional que atender. No fue necesario, inmediatamente Corduroy colgó y se levantó de su silla frente a su escritorio, rojo de ira.
- ¡¿Qué demonios significa esto?!
Su voz, tremendamente ronca, reverbero contra las paredes. Era también muy corpulento y alto, más que Stanley, pero tenía movimientos torpes. Lee pensó que podría vencerlo fácil.
- Lo siento señor, no pude evitar...
Corduroy levanto la mano en señal de silencio, la secretaria salió de la oficina y cerró la puerta. Corduroy y Lee quedaron solos en el lugar.
- ¿Qué quieres Pines? - empezó el alguacil -. Ya te dije que no hay nada que investigar, sal de aquí o pasarás un mes en la prisión del pueblo.
Esto dejo perplejo a Lee, a menos que la secretaria se lo hubiera dicho era evidente como sabía su apellido, pero aún así estaba confundido. ¿Qué investigación? Lee sacó su billetera y mostró su placa que lo respaldaba como agente federal.
- Escuche Alguacil Corduroy, soy el Agente Stanley Pines, del Servicio Secreto. Y estoy aquí por asuntos de seguridad nacional.
Corduroy no estaba acostumbrado a toparse con gente con tal nivel de convicción y confianza, por lo general la gente del pueblo era menos altanera que eso. Pero la placa era autentica, eso lo podía constatar. En su entrenamiento había tenido una pequeña mención ante la posibilidad de toparse con situaciones importantes, pero no se imaginaba cuando seria o como reaccionaría. Ahora estaba frente a una situación así, lo mejor era tomar una actitud neutral.
- Creí que eras ese tonto de Pines. Ese idiota de Stanford Pines, pero te llamas Stanley... – miró con más atención a Lee -. Y se parecen mucho.
- No, mi nombre es Stanley Pines. Agente Stanley Pines.
- Alguacil Dan Corduroy, alguacil de la Policía de Gravity Falls.
Ambos hombres encontraron concordancia rápidamente, Lee no esperaba eso. Estrecharon manos mientras Lee tomaba asiento frente al escritorio. Corduroy parecía un poco más relajado ahora, contrastante con lo que al principio aparentó ser.
- Ella dijo que era Pines – se relajo sobre su silla -. Y se parecen mucho – continuó observado a Lee -. ¿Qué le trae por acá, Agente Pines?
Lee contuvo la tentación de preguntar de a qué se refería con el tonto de Pines, obviamente se refería a su hermano. Sí algo que quizá molestaba un tanto, era que los confundiesen a él y su hermano para mal. Pero decidió abordar el tema que le había llevado a Gravity Falls.
- He sido enviado, desde las oficinas centrales del Servicio Secreto, a investigar un asunto de seguridad nacional.
Corduroy seguía viéndolo con atención.
- Necesito conocer detalles del pueblo.
- Para eso vaya al ayuntamiento, ahí están los registros del censo – dijo Corduroy, riendo entre dientes.
Lee pensó que este tipo no se tomaba nada en serio. Era más relajado de lo normal, quizá consecuencia de que Gravity Falls es un pueblo pequeño donde todos se conocen y nada de importancia sucede.
- Creo que no entiende la situación. Debo infiltrarme en el pueblo, no puedo realizar mi trabajo estando de civil.
Corduroy cayó en cuenta de a qué se refería:
- Comprendo – junto ambas manos y después formo una forma de pistola con ambos dedos pulgares e índice apuntando a Lee -, quiere pasar como oficial de policía para investigar su asunto de Seguridad Nacional. Y supongo que se habrá enterado de que buscamos nuevos elementos policiales.
Lee se quedó mirando fijamente a Corduroy, sentía que él jugaba solamente. Corduroy notó que Lee empezaba a perder la paciencia:
- En fin. ¿Cómo se enteró?
- Se me dieron instrucciones específicas de venir aquí – afirmo Lee.
- Imposible, desde hace más de una semana que no hay línea telefónica aquí – continuó Corduroy, y se hizo hacia adelante en señal amenazante -. Y no estamos buscando elementos desde hace más de tres días, justo cuándo enterramos al último, a Davidson.
- No estoy autorizado a hablar de nuestros protocolos, su única responsabilidad es atender a las demandas de los niveles superiores de autoridad.
Corduroy rompió a reír y volvió a relajarse sobre su silla. De verdad que eso le parecía gracioso.
- Y además si los teléfonos no sirven, ¿qué hacia pretendiendo hablando por uno?
El Alguacil Corduroy detuvo su risa en seco, y tomo una actitud seria. Esto tranquilizó a Lee, que encontró una actitud más fácil de manejar.
- Hay cosas con las que debe de tener cuidado, Agente Pines – dijo Corduroy -. Por el momento, no lo detendré con su investigación, bienvenido al equipo.
Corduroy tendió su enorme mano hacia Lee. Volvieron a estrechar la mano.
- Hará las pruebas hoy mismo.
- Me temo que...
- Si es necesario, pasará desapercibido, supongo que eso debe ser esencial en su trabajo. Vaya por la tarde al muelle junto al lago, ahí estaré esperándole para una prueba solamente.
Lee se resignó. No había porque complicar más el asunto.
- Le veré en la tarde. Hasta entonces, Alguacil.
Salió de la oficina de Corduroy, y este se quedo perplejo por ver a alguien tan parecido al idiota de Pines. Pero su reacción no fue nada divertida, sospechaba algo turbio en el asunto.

Stanley volvió a la cabaña pensando en a qué se refería el Alguacil Corduroy respecto a la investigación que involucraba al tonto de su hermano. ¿En qué líos estaría metiéndose? ¿Tendrá que ver con la razón por la que él estaba en Gravity Falls? ¿O será respecto al fallecido que menciono Corduroy? ¿Quién fue Davidson? En su experiencia, casi siempre una persona terminaba muerta, particularmente alguien que se enteraba de los asuntos que no debía. En lo particular, Corduroy no insistió en seguir emparejando a su hermano y él como si fueran una sola persona. Quizá se deba a su instinto como policía, Corduroy no habría llegado tan lejos sino fuera por algo. Sin embargo, él había notado la diferencia. Había muchas preguntas que estaba anotando.
Cuando llegó a la cabaña, noto que su habitación estaba vacía. Esto le pareció más conveniente, y en la ventana había un vidrio nuevo. Bajó a la cocina y encontró a su hermano llenando las alacenas de latas de conservas. Lee pensó que su hermano sí tenia dinero, y bastante. Pero no vio los cachivaches que estaban en su habitación por ningún lado.
- Veo que despejaste mi habitación. ¿Dónde están las cosas?
Ford cerró la alacena que estaba acomodando y respondió:
- Están en la biblioteca.
Lee ni en cuenta de que había una biblioteca en el lugar. La busco detrás de las escaleras y la vio. No era muy grande, y las cosas que estaban en su habitación estorbaban en el lugar. Pero sintió intriga por una puerta inaccesible que estaba en la pared. Abrió una de las cajas y no encontró más que papeles llenos de cálculos que no entendía. Siguió una con otra y encontró varias piezas plásticas y de electrónica. Continuo así con las que tenía más cerca, pero todas eran cosas propias de un nerd como su hermano. No había nada fuera de lo normal, no tenía la esperanza de encontrar algo ahí. Pensó que sería buena idea preguntarle a su hermano, pero contuvo la necesidad. No había que apurar las cosas. Se distrajo de su concentración cuando su hermano lo llamó al umbral de la puerta.
- ¿Qué estás haciendo? - preguntó Ford.
Lee en cuclillas miraba hacia las cajas, luego a su hermano.
- Tenia curiosidad de que era todo lo que tenías ahí.
Ford lo miró fijamente. Lee sintió que algo iba a salir mal, que lo había echado a perder.
- No hay nada interesante – esto alivio un tanto a Lee -. Sabes, esto de hacer matemáticas implica mucho trabajo, papel, lapices. Y sí te equivocas, y te debes regresar hasta un punto donde estuvieras bien. Esas cosas pasan.
Lee se puso de pie y fue al umbral de la puerta junto a su hermano.
- ¿Cómo te fue con Corduroy?
- Bien, esta tarde quiere verme en el muelle.
Ford asentía con la cabeza, recargado sobre la pared con los brazos cruzados.
- Bien, vamos a comer. - continuo Ford -. Hice pasta con una salsa de tomate. Creo que te gustará.

Stanley caminaba por la calle que atravesaba el pueblo hacia el muelle. El clima era terrible, hacia viento y además amenazaba por llover. Llevaba su gabardina completamente cerrada, y se había puesto un sombrero fedora que había encontrado en el armario de su habitación para protegerse aún más del viento. Su aspecto era el de un gangster o el de un detective empedernido. Aunque ya era esto último, solo le faltaba ser uno de esos soplones en medio de la mafia, aunque por ahora ya había aceptado ser un soplón. Llegó al muelle y ahí estaba Corduroy con otro oficial recargados sobre una patrulla. Este otro era mucho más delgado y parecía más distraído que Corduroy.
- Buenas tardes Agente Pines – le saludo Corduroy -. Le presento al oficial Tambers.
Ambos se saludaron sin mucha emoción, de todos modos Tambers parecía ser menos impulsivo que Corduroy.
Entonces el Alguacil dio inicio a la prueba. Tambers sacó de la patrulla un maniquí de pruebas de tiro y lo coloco a una distancia considerable. Corduroy le entregó a Lee una pistola, bastante regular para su gusto. La prueba era sencilla, tenía que dispararle al maniquí (No, Pines, a Tambers no) y verían que tan bueno era con el tiro. A Lee le parecía una burla, claramente lo era, se dejaban guiar por la impresión de sus gafas. Cargó la pistola, levantó el brazo derecho empuñando el arma y empezó a disparar. Todas las balas salieron en serie y se dirigieron a la dirección del maniquí. Luego bajo la pistola, y de un sólo movimiento la sujeto del cálido cañón y se la entrego a Corduroy. El acto duro muy poco, pero lo suficiente como para dejarlos sin palabras. Tambers se acerco al maniquí, luego lo tomo y se lo llevó a Corduroy. Estos estaban por el otro lado de la patrulla y discutían, pero Lee era capaz de distinguir la sorpresa en sus palabras. Lo había hecho bien.
Luego Corduroy le reportó a Lee:
- Bueno, ha pasado la prueba. Al parecer sí es lo que parece.
Lee frunció el entrecejo y dijo:
- ¿A qué se refiere?
Corduroy río un poco y continuó:
- Digamos que pensamos por un momento que era Stanford Pines, pero fingiendo algo que no era.
Lee se sonrojo un poco, entendía lo que pasaba.
- Es mi hermano – repuso Stanley.
Corduroy levantó una ceja, Tambers dió un resoplido y dio la espalda. Esto era una sorpresa.
- Entiendo, pero digamos que su hermano, tiene notoriedad en el pueblo – dijo Corduroy.
- Es muy extraño – recalco Tambers.
- No entiendo – empezó Lee -. Será muy raro, no lo niego pero no veo a que se refieren.
- Se lo diremos, si nos dice qué está haciendo aquí – condiciono Corduroy.
Stanely sintió hacía donde querían llegar. Eso no era posible, no con él al menos.
- No, no se preocupen. Entiendo cómo es él – continuo Lee -. Desde que eramos niños, él simplemente es así.
Sea lo que sea a lo que se refirieran, Lee esperaba que eso los detuviera por el momento. Corduroy asentía y miró a Tambers, este sólo se encogió de hombros de manera desinteresada.
- De acuerdo Agente Pines – siguió Corduroy -. Bienvenido al Cuerpo de Policía de Gravity Falls. El lunes firmará contrato – guiño un ojo -, y entonces podrá empezar inmediatamente a laborar – guiño el otro ojo.
Ambos volvieron a estrechar las manos, y luego a Tambers.

Stanley pasó los siguientes días que quedaban hasta el próximo lunes con su hermano, aparentemente él había suspendido actividades con Fids para convivir con él. Lee consideró que la pasaron bien en esos días hicieron muchas cosas, además de explorar el pueblo. Una parte se había resuelto, ya había logrado infiltrarse al pueblo, ya tenía preguntas suficientes por responder. Ya podía comenzar a investigar seriamente. Pero ahora tenía otra incógnita por resolver, más personal. Lo que fuera que estuviera haciendo su hermano, ha ganado notoriedad, por lo que Corduroy y Tambers dijeron el pueblo cree que simplemente él esta loco, o que podría estar haciendo alguna clase de actividad ilícita (esto último preocupo mucho a Lee). La situación familiar empezaba a complicarse, necesitaba saber qué pasaba con él, y el lo encontraría. Ese domingo recibió el primer mensaje por radio. A las siete de la noche empezó a recibir los números que guardaba sus instrucciones. Anotó todo el mensaje y después lo descifró. Este indicaba como encontrar al turista al que entregar el mensaje y la frase en espera. Hora de moverse, Stanley Pines.