Capitulo V. Descenso
Para el momento en que Stanley Pines había empezado a "laborar" para la policía de Gravity Falls, su primer reporte no indicaba más que simplemente "sin novedades". El sabía que al principio eso era normal, pero no podía dejarlo pasar mucho tiempo, eso atraería la atención y no quería aparentar unas vacaciones. El consideraba sus misiones como viajes de trabajo, como el de un empresario que hace negocios. Sólo que sus negocios consistían en cosas más sucias y a veces había que meter las manos de manera violenta. De ahí más, probablemente no fuera tan notoria la diferencia. Las instrucciones de radio que le habían enviado superaron la precisión que el esperaba. El turista que recibió su primer reporte era idéntico al descrito en el mensaje. Pero no estaba seguro de sí ese mismo mensajero volvería. Por otra parte, pasar como policía no había sido la mejor idea, no en un pueblo pequeño como Gravity Falls. Cuando "firmo" su contrato con el Alguacil Corduroy, este prácticamente le estuvo hablando de los habitantes del pueblo, y de como la gente era sencilla y trabajadora. Lee no dudaba de aquello, pero no venía al caso entretenerlo con historias del día de la pesca o de como pasaban navidad en aquel lugar. También le asigno un arma y una placa oficial, esta primera el la consideraba innecesaria, pero Corduroy insistió en que debía tener una que él tuviera bajo su control. Además de concederle, a regañadientes, el acceso a todos los archivos policiales del pueblo. No se le asigno coche policía, sí tenía que ir a un lugar en horario oficial lo haría con Tambers. Pero Lee no tomaba esto en serio, a veces usaba el coche que le dieron en Seattle. No molestaba a nadie, de todos modos Gravity Falls no es un lugar donde se requiera un coche.
De reporte en reporte semanal, sin muchos cambios y sólo con anotaciones de sospechas, el tiempo fue pasando. El frío invernal dio paso a un templado primaveral. La nieve se derretía y a veces llovía, pero el panorama estaba dejando de ser deprimente de forma decrepita. Hasta el velo de negatividad que su hermano se había encargado de describir estaba desapareciendo. Pudo notar como el pueblo prácticamente salía de su refugió, y así pudo conocerlo más de cerca. Vio a lo que se dedicaban algunas personas, como las actividades forestales o la minería. En el lago ya se veían más botes con gente pescando. Al pueblo le gustaba atender a los turistas, que semana a semana crecían en número, pero no vertiginosamente como para verse inundados de ellos todo el tiempo. Escucho algunos chismes, que no pasan de cosas que Tambers podía explicarle, que de todos modos no era muy diferente a lo que ya le contaban. También se enteró de algunas leyendas locales, pero Lee no les tomaba el crédito, no se dejaría tomar del pelo por algo así. Sin embargo, nadie comentaba sobre lo que pudo haber sucedido hace tiempo, una noche, con los eventos. Al parecer nadie sintió un leve tremor, nadie vio nada inusual en el cielo. Y según las personas del pueblo, se habían quedado sin electricidad y línea telefónica por unos días debido a un deslave. Pareciere como si lo que se describió afuera del pueblo hubiera sido una alucinación colectiva. Las personas no tenían nada interesante, parecían tener tan claro que estaban haciendo ahí, tanto que parecía no tener alguna distracción en sus rutinas diarias. Lo mismo se podría decir de la gente de la noche, los que el pueblo sabía que eran problemáticos. No había nada extraordinario en ellos. El pueblo más cercano estaba a más de 10 millas, casi cerca del límite con Idaho. Lee pensó por un momento que la división científica se había equivocado de lugar, en ese pueblo no había nada inusual. Envió un reporte describiendo el pueblo, tratando de justificar por qué no era posible que ahí fuera la sede de la anomalía. Lo envió y ahora solo daba a esperar una respuesta convincente.
Mientras tanto, no tenía absoluta certeza de que hacía su hermano y su asistente. No estaba en los momentos indicados como para notar que estaban haciendo aquel par. De todos modos, aún no había pedido que se le enviara algún informe del MIT sobre el trabajo de estos dos. No tenía manera de sustentar que el estuviera haciendo algo ilícito. En algunas ocasiones el iba a la cabaña a horas de la tarde, y encontraba a Ford y Fids en un salón amplio, con una mesa al centro y rodeado de muchos papeles y pizarras. No estaba interesado en saber que eran, sólo veía símbolos extraños, gráficas, alguno que otro dibujo. Pero no le decían nada en particular. Hubo un momento en que pensó desechar la idea de investigar a su propio hermano y su proyecto. La relación que llevaban ya era excelente, se llevaban bien como en los viejos tiempos. Y con Fids no había pasado desapercibido, y es que él encontró en Lee una persona con más observaciones y perspectivas respecto a la vida que las que tenían él o Ford. Igual, Ford afirmaba que él no había tenido esa habilidad para aconsejar a Fids de esa manera, su mundo era bastante restringido, y el de Lee era más amplió. Esta diferencia entre los gemelos, extrovertido e introvertido, ya era notoria desde que eran niños. Lee era más dinámico y social en comparación con su hermano, Ford prefería estar cerrado en sí mismo. No había novedad en eso, y por eso no podía recurrir a su hermano con asuntos respecto al pueblo, no parecía saber mucho más de lo que Fids ya veía de manera superficial. Se había enterado más de chismorreos con Tambers antes que con el par de nerds.
Para cuando la primavera entró, Stanley ya tenía examinado el pueblo de la manera lo más cercana posible. En el tiempo que duro el fin del invierno no se dio la tarea de explorar a pie los alrededores del pueblo. Por recomendaciones (técnicamente, ordenes) de Corduroy, Lee no podía andarse paseando por los exteriores del pueblo en esa temporada. Argumentaba que era bastante peligroso. Pero esto le ahorro tiempo, pues su tarea consistió en investigar a los habitantes del pueblo. Tenía anotaciones suficientes respecto a los habitantes más prominentes, empezando de los que se llamaban descendientes de los fundadores: los Noroeste. Esta familia en lo particular tenía un origen un tanto incierto, son dueños de la fábrica de guardafangos, pero son inmensamente millonarios. Entre sus investigaciones, no había pruebas claras de su enriquecimiento. Así que los coloco como principales objetivos a investigar, puesto que podían invertir lo suficiente en alguna clase de proyecto ilícito. En orden seguía con otras personas, jefes y dueños de negocios o de empresas pequeñas, casi todos de madereria, y los negocios locales. Estuvo constantemente en el ayuntamiento del pueblo para revisar mapas, permisos de construcción y notariados de propiedad. Todo en la búsqueda de una pista que indicara alguna clase de movimiento que pueda considerarse. Sobre un mapa del pueblo y los alrededores tenía marcados lugares que habían tenido movimiento reciente en los últimos dieciséis meses. No eran muchos, pero no todos concordaban con lugares que consideraría sospechosos: junto a barrancos, colinas o entre las rocas. Eran simples obras alrededor en el pueblo, nada extraordinario. Hasta que encontró un documento que marcaba para demolición un par de silos, pues no tenían permisos en regla. El documento databa de hace cinco años. Lee buscó en el mapa su ubicación. Se encontraban en una ladera al lado de la carretera. Pensó que serían inútiles ahí, solo era un bosque, no parecía haber una granja cerca. Lo marco como un lugar a explorar, después de todo, las condiciones para salir ya estaban mejor y ese sería un empiezo por sus extrañas condiciones.
Stanley preparó una mochila con lo más básico para salir. Se vistió de una manera cómoda como para caminar un largo rato. Cargó su pistola y la guardo enganchada a su cinto junto a un cuchillo de cacería que había adquirido en una tienda local. Tomo el mapa y verifico el destino. Salió de la cabaña al pie del amanecer. El aire estaba frío, pero el cielo estaba despejado y no había llovido en días. Era un buen momento para hacer una exploración. Afuera de la cabaña, su hermano Stanford tenía una antena de banda civil y una parabólica. Se pregunto para qué tendría eso, su hermano no usa bandas civiles ni ve televisión por satélite. Ignoro por el momento esa interrogante, subió a su coche y dio partida a su expedición.
Estuvo conduciendo por alrededor de una media hora por la carretera de salida, hasta que a la distancia pudo ver un par de columnas que terminaban en forma redonda y que sobresalían sobre el resto de los pinos del bosque. Decidió salir por una terracería que terminaba en una forma de cul-de-sac frente a un árbol. Supuso que en ese lugar pudo haber existido alguna granja o casa antigua, pero no había rastro de algo así alrededor, sólo los gruesos árboles alzándose hacia el cielo. Bajo del coche y se puso su mochila sobre su espalda. Con una pintura en aerosol rojo, marcó una cruz sobre el árbol que estaba estacionado frente al coche y camino adentrándose hacia el bosque. Iba marcando diferentes cosas discretas con cruces, como rocas o árboles que pudieran pasar desapercibido a un simple explorador que pasará por el lugar. Cuando se encontraba marcando una roca, escucho que alguien detrás de él caminaba. Se volteo pero no vio a nadie. Palpo su arma con la mano, pero no se volvió a dar otra señal. Supuso que era algún antílope o animal pequeño. Pero las sensaciones de sentirse observado las tuvo todo el camino. Estuvo alerta sí aparecía alguien, pero no se cruzo con nadie. Pensó que definitivamente sería algún animal del bosque, de igual manera sí era depredador no tenía porque estar preocupado, tenía una ligera experiencia en cacería.. Alguno que lo vigilaba bien, su mirada se sentía sobre su espalda. Pasó junto a lo que parecía ser la entrada clausurada de una mina, que solo estaba tapada con maderos. Se acerco y con una linterna trato de mirar hacia adentro. No había nada más que los puntales sosteniendo el túnel y unas cajas regadas por el suelo. Marcó el lugar con una raya roja y continuó. Después de estar caminando cautelosamente y sintiéndose acosado, finalmente llegó a un claro del bosque. Una ladera al que se le habían talado los árboles más grandes, y que solamente crecían algunos pinos pequeños. Y en medio de este lugar el par de silos. Eran de concreto gris, no eran muy altos ni muy anchos, pero tenían un aspecto completamente antinatural. Se acerco a estos y pudo notar que estaban llenos de graffiti en sus bases. Al rodearlos completamente y observar la situación del lugar, pudo constatar que la ubicación era sumamente discreta, rodeada por un bosque espeso, y su única parecencia era que se podían ver las puntas desde la carretera, pero solamente las vería alguien que estuviera prestando atención . No había manera de que pudiera ver hacia algún punto en particular, ni que le estuvieran observando desde algún otro lugar. De hecho ahí no tenía la sensación de sentirse observado, y todo estaba en un inquietante silencio. Estuvo buscando alguna señal particular que le diera entrada al lugar, pero no encontraba ninguna. Parecían ser dos espacios sellados. Escudriño sobre las paredes, buscando entre todos los garabatos alguna señal o pista que diera entrada. Entre el sácate viejo vio lo que parecía ser un tubo, sobresalía de la tierra y terminaba haciendo una C boca abajo. Trato de seguir el tubo y le llevó a un punto apartado de los silos. Tras estar moviendo yerba con las manos termino encontrándose con lo que parecía una escotilla. Lee encontró esto muy raro, ¿qué hacia tan apartada del par de silos? Trato de abrirla haciendo girar la manija que tenía, pero estaba completamente dura. Intento hacerlo ayudándose con un palo grueso que encontró tirado, y con todas sus fuerzas hizo girar un poco la manija. Fue poco, pero lo suficiente como para que se escuchara un ruido metálico desde el interior de uno de los silos. Continuo intentando hacer girar la manija de la escotilla, hasta que esta cedió y pudo dar vueltas completas sólo con sus manos. En el interior de los silos los ruidos se hacían más intensos. La escotilla se abrió cuando dejo salir una nube de polvo debajo de esta y escucho más ruidos de metales cayendo con intensidad. Lee levantó la escotilla, lo suficientemente ancha como para que una persona pudiera entrar, miró hacia abajo con la linterna y no vio nada salvo unas escaleras. Decidió entrar al lugar y bajar un poco la escotilla para no dar evidencia al exterior.
Sólo, con su mochila por detrás y con la linterna iluminando el camino, Lee bajaba lentamente, hasta que toco el fondo e ilumino el lugar. Parecía ser un pasillo, por el que camino y termino en un salón de concreto, en cuyas paredes se encontraban muchas tuberías, gruesas y delgadas, y todas terminaban apuntando hacia arriba. Ilumino hacia donde estas se dirigían y parecía ser los silos que se veían desde afuera. Todas las tuberías terminaban arriba de un techo, alguna clase de cuarto de máquinas o piso, al que no podía acceder pues no había escaleras para subir. Siguió caminando por el pasillo por otros varios minutos, el cual estaba frío e intuía que de alguna manera que estaba inclinado y que iba hacia abajo. Termino topándose con un cancel con un simple pestillo de metal, al que daba a otro pasillo perpendicular. Decidió abrir la puerta metálica y se encontró con otras escaleras. Bajo por estás y termino en un suelo de cemento, encharcado. El túnel era húmedo, tenía goteras, y además hacia demasiado frío. Pero era muy ancho y parecía estar construido con esmero. Miró hacia ambos extremos del túnel: por este pasaba un enorme tubo al costado, que parecía dar vuelta a la lejanía y se perdía. Camino hacia la derecha y no se encontraba con nada más salvo el ancho túnel con el enorme tubo, parecía que no se desplazaba por el lugar, era exactamente igual. La tubería era metálica, grande, pintada de azul. No entendía que hacía ahí. Extrajo un mapa y trato de ubicarse. Debería estar debajo del pueblo, de hecho casi cerca de la cabaña de su hermano, en el bosque vecino. Camino un poco más y apareció una luz verde que se encendía y apagaba regularmente. Fue lo más rápido hacia a ella y la vio con atención. No parecía tener algo particular, estaba simplemente anclado a un cubo que la tubería azul atravesaba. Alumbro hacia la pared y una escalera le guió hacia arriba, descubrió otra salida del túnel justo sobre tal cubo, otra escotilla.
Subió por la escalera y trato de abrir la escotilla. Esta estaba más blanda que la otra por la que entró. Giró y se abrió hacia arriba. Subió por la escalera para pasar por la escotilla y llegó a otro túnel. Stanley se estaba desesperando con cada túnel, ¿qué demonios era esto? ¿Un laberinto? ¿Qué propósito tiene? ¡Sólo falta un monstruo raro, como un minotauro! Pensó recordando un poco este antiguo mito griego. Camino por este túnel hasta que llegó a una puerta de metal. Trato de abrirla, pero esta supero toda su fuerza. Reviso alrededor para encontrar alguna pista, vio una ventila. Con ayuda de su navaja, destornillo la rejilla de la ventila y se abrió ante una tubería de ventilación, lo suficientemente ancha como para que pudiera pasar. Subió a esta, y a gatas fue hasta donde el camino se bifurcaba en dos: por uno se veía un pasadizo que doblaba, por el otro vio otra ventila. Fue hasta esta, ilumino hacia afuera y vio lo que parecía ser una habitación, pero no encontró la manera de quitar la rejilla. Volvió hacia atrás, se acomodo de espalda y regresó arrastrándose. Pateo varias veces la rejilla hasta que cedió. Salió de la ventila y se encontró en una habitación.
El lugar ya no era tan frío ni húmedo, debía estar varios metros más cerca del suelo. Ilumino el lugar y descubrió una estantería llena de cajas. Dio la vuelta alrededor y contemplo con más atención. Había una catre, un armario con el letrero "arsenal", y un cartel de refugió nuclear. Stanley observaba con atención todo lo que le rodeaba, las cajas estaban rotuladas por cada cinco años hasta el 2070. Veía esto con atención, estaba totalmente atónito, ¿para qué sería necesario todo esto? Obviamente una guerra nuclear, pero este canon existía hace treinta años, y aunque el riesgo no había pasado como en aquellos años, esto ahora simplemente se consideraba como algo olvidado, un gasto innecesario. Sabía que debajo de la alcaldía de Gravity Falls había un búnker pequeño, pero en los registros no había ningún otro. El que mando construir todo esto tiene dinero, sólo lo hacía reforzar su teoría de investigar a los más prominentes del pueblo. Ilumino hacia el techo, pero no vio ninguna salida. Fue hasta el otro extremo y vio hacia arriba el mismo efecto que en los silos, un tubo que se elevaba con tuberías y maquinaria. Examino de nuevo el mapa y trato de ubicar algún otro silo, pero no había ninguno cerca y ya estaba a kilómetros lejos de por donde había entrado. Con los dedos trazó imaginariamente su ruta sobre el mapa. Siguiendo sus pasos y por la forma de los lugares que pasó, supuso que transito por un túnel circular. Siguió con su dedo extendiendo como podría ser tal círculo y termino con uno grande que rodeaba al pueblo entero. Sin embargo, lo que había visto no tenia alguna explicación para él. No evidente al menos. Ese tubo podría ser de muchas cosas, era muy ancho y grueso. Sugería que transportaba algo grande o mucho volumen de algo.
Una corriente de aire le distrajo de su observación sobre el mapa. Era imposible que hubiera corrientes de aire en un lugar tan cerrado. Se volvió a manifestar y con su lámpara apuntaba al azar. Vio que en la pared un papel pegado a esta ondeaba. Se acerco a este y encontró un mapa del pueblo. Al desprender este encontró otra escotilla que estaba a medio abrir. La abrió por completo y se encontró con otro túnel redondo, pero esta vez más estrecho. Tuvo una duda por un momento, ¿hasta donde terminaría todo esto? Dejo su mochila en el suelo y decidió continuar. Cruzó por el pasadizo a gatas y llegó a una nueva cámara donde las paredes estaban cubiertas de hojas de metal, en la cuál algunos de ellas tenían dibujos o símbolos extraños. Lee miraba con atención este lugar, en definitiva se había convertido en lo más extraño que había visto en su vida. Al frente de donde salió había otra puerta que exhibía su mecanismo de cerradura metálica. Decidió acercarse a este, pero se empezó a mover y retrocedió. La puerta se abrió, Lee esperaba ver salir a alguien, así que tomo su pistola y se puso en posición de ataque, cual criminal apareciéndose como amenaza. Pero en el borde de la puerta se posaron un par de garras que desprendían baba blanquecina, y lo que lo estuviera exhibiendo esa extremidad al otro lado parecía hacer ruido que Lee no podía describir pero le causaba escalofríos. Decidió no quedarse a ver, así que corrió a la escotilla por donde había salido. A gatas y con la pistola en mano, literalmente se apresuro por el túnel redondo y termino saliendo a la habitación donde había empezado. Allí, rápidamente volvió a cerrar la escotilla y a colocar el mapa del pueblo. En realidad no se explicaba porque había vuelto a poner el papel que cubría la escotilla, pero le daba la idea de que hacer parecer muy normal -dentro de lo que pudiera ser normal ese raro lugar- daría una sensación de seguridad. Se recargó contra la pared para recuperar el aliento. Lo que vio no tenía lugar a lo que estaba acostumbrado a ver con regularidad. Eso, lo que fuera el lugar, y eso, ¿qué significan?
Unos golpes se escucharon contra la escotilla y Stanley saltó del susto. De pie, trato de ponerse frente a esta entrada en modo de ataque. La linterna y su pistola temblaban en sus manos, no podía controlar el miedo. Del otro lado, alguna cosa emitía gruñidos y gritos, que a Lee le erizaron los pelos de punta. Estaba sintiendo auténtico terror, algo que no le había pasado hace tiempo. Pero estos cesaron, y Lee bajo la guardia. Sin pensarlo, decidió mejor salir de ahí. Tomo su mochila a su espalda y arrincono un par de cajas sueltas junto a la ventila por la que salió y volvió a ingresar a ella. Su terror le hacía tener adrenalina e ir lo más deprisa que tuvo. Aun con pistola en mano, esta hacia ruido con cada movimiento que hacía. Cuando estuvo a punto de salir al túnel por el que entro al estrecho pasadizo de la ventilación, sintió que algo lo sujeto de la pierna y le encajaban puntas afiladas. Lee dejó caer la pistola y grito. El dolor era intenso y ardía como el fuego, aquello no era normal. Intento ver que lo sujetaba, pero no podía contemplar bien estando boca-abajo, además de que la mochila le cubría la vista. Fuera lo que fuera, estuvo rasgando su pantalón junto con su piel hasta que dio con el tope de sus botas en su tobillo. Rápidamente esto le arrastró por el túnel de la ventilación, Lee intentaba sujetarse con sus manos a lo que fuera, pero no encontró nada y en el proceso dejó la mochila. Le llevó por el camino opuesto al que había entrado a la habitación. Dio la vuelta y luego perdió la superficie de la ventilación para caer directamente al suelo. Lee estaba adolorido del golpe de la caída y de las heridas. Sintió como algo se colocaba sobre él y vio como desprendía baba blanca al suelo, hacía un ruido con su respiración y además gruñía. Dio un codazo a lo que fuera y se dio la vuelta rápidamente. Rodó y trato de levantarse, pero vio a aquel monstruo que le había arrastrado. Aquella cosa era sencillamente horripilante. De color blanco, desprendía y estaba cubierta de baba, y además hacia ruidos, gruñidos y rugidos extraños. Su anatomía era amorfa, más que nada redondo y con patas parecidas a las de una hormiga. Sus ojos eran rosados y además su boca parecía ser alguna clase de garras que se abrían y cerraban como pinzas. Esta cosa dio un grito y se abalanzo sobre Lee. Pero antes de que pudiera alcanzarle, Lee volvió a rodar y este monstruo choco contra un barril laminado. Se puso de pie y se dirigió al lado opuesto de aquel rincón. El lugar era diferente, una puerta metálica daba la bienvenida en un lado y en el opuesto algo que parecía ser un armario abierto. Estaba rodeado de máquinas, consolas y computadores. El monstruo salió del mismo lugar e intento volver a atacarle. Lee dejo que se acercara lo suficiente para tratar de herirlo con su cuchillo de cacería. Cuando este salto sobre el, ambos volvieron a caer, pero Lee le encajo su cuchillo de cacería. La criatura se irguio en un grito agudo y Lee se puso rápidamente de pie y volvió a acuchillarlo. Resistiendo lo asqueroso de la situación y tratando de tolerar la textura babosa de la cubierta del monstruo, le dio la vuelta y lo llevó al armario. Ahí lo empujo hasta el fondo con una patada y sacando su cuchillo, dejando caer otra sustancia blanquecina más líquida. Lee cerró la puerta de golpe y se puso contra espalda para detener cualquier intento de salida de aquella cosa. Respiraba agitadamente, y sentía un terrible dolor en la pierna. Aun con idea de atacar, tenía su cuchillo listo para desgarrar sí era necesario. Esperaba que no, esa cosa era bastante asquerosa, y su baba ardía como ácido sobre la piel. Adentró, el monstruo gritaba, pero sus quejidos se fueron apagando. Lee no esperaría hasta el silencio, fue por donde entró. Estando muy alto empujo el barril hasta debajo de la entrada de la ventilación. Cuando estuvo subiendo para partir, escucho como aquella cosa golpeaba la puerta.
Lee volvía a gatas por donde le llevó el monstruo, afortunadamente no era tan complejo y su recuperó su mochila. Continuo hasta salir de nuevo al túnel, ahí recupero su pistola. Cuando estuvo bajando por la escalera sobre el tubo del túnel oscuro, escucho el eco de un gruñido. Por este túnel, junto a la tubería, trato de correr pero las heridas en su pierna le impedían llevar un paso correcto. Un par de veces tropezó y el eco de los rugidos de esa cosa se hacia presente. La luz de su lámpara se estaba agotando, tenía que darse prisa. Llego a las escaleras bajo el cancel metálico y subió por estas. Cerró esta lo más que pudo y el gruñido de esa cosa se acercaba. Corrió nuevamente lo más que pudo debajo del túnel de los silos. Al llegar a las escaleras por las que había bajado, escuchó como debajo algo golpeaba el cancel. Se dio prisa a subir por estas y afortunadamente la escotilla seguía abierta como la había dejado. Salió al exterior y salto al suelo. Luego cerró la escotilla y se aseguro de que estuviera bien cerrada. Se sentó en el suelo para tratar de recuperar la respiración. Se sentía completamente agitado. Reviso su pierna y la encontró completamente irritada. Tres puntos, donde el monstruo había encajado sus garras, luego rasguños profundos desgarrando su piel y su pantalón, hacia abajo hasta el tope de su bota. Prácticamente le había sujetado de su zapato. Una de sus costumbres era atar bien las agujetas de estos, era primordial y esencial en su trabajo. Aunque se lamento un tanto de esto, hubiera sido magnifico que el monstruo se hubiera llevado su zapato solamente. Pero ya estaba a salvo, en la superficie.
El día había pasado ya, en un par de horas anochecería. Stanley iba en el camino de regreso siguiendo su propio rastro hasta que llego a la entrada de la mina se detuvo. Observo hacia adentro y tuvo una idea. Con sumo esfuerzo y dolor quito uno de los tablones que impedían la entrada. Entró por un espacio lo suficientemente ancho entre tablones y reviso las cajas. Eran de dinamita. Tomo algunos cartuchos y volvió a los silos. Allí, con mucha prisa y cuidado, encendió cada uno de los cartuchos y los puso a pie de los silos. Luego se refugió adentro en el bosque, aventajando un poco sus pasos. Escuchó la primera explosión y se detuvo. Luego siguió la otra, y otras más sucesivamente. Escucho como estas estructuras se caían ante su propio peso con un ruido estrepitoso de pedazos de concreto chocando entre sí y pedazos de metal cayendo al suelo. Una nube de polvo se hizo entre los árboles y Lee siguió bajando por su camino hasta llegar al coche. Sin mirar ni un poco, arrojó su mochila al interior y subió a este. Nuevamente trato de relajarse y tomar el aliento. Todo había sido tan vertiginoso, y bastante sorpresivo. Pero al menos, esperaba que la explosión haya dejado los silos en ruina y que debajo en el túnel hayan caído escombros como para impedir el paso a cualquier curioso... o al monstruo. Sintió escalofríos de esto, esperaba que lo haya herido como para que muriera en poco tiempo. Sintió dudas de esto, mirando su cuchillo de cacería, bañado de esa sustancia blanca del monstruo. Guardó este y pensó que hubiera deseado tener mejor su arma para ello. Levantó la vista y vio algo extraño en el parabrisas. Decidió salir y miró al coche de frente: había sido vandalizado. Dos lineas rojas de esquina a esquina y en el centro un ovalo, puntiagudo. Como un ojo tachado. Lee se quedó perplejo mirando esto, cuando alguien le hizo placaje, tirándolo así al suelo. Sobre él estaba una persona que ya le había golpeado en el rostro un par de veces y ahora exhibía un cuchillo de cocina en sus manos, dispuesto a hacerle daño. Lee se defendió dándose la vuelta, tirando al sujeto al piso y este soltando su cuchillo. Lee le dió una patada para arrojarlo lejos del alcance del agresor. Usaba una túnica color borgoña y exhibía el mismo símbolo del parabrisas en esta en esta. Se puso de pie y fue hacia el sujeto, el cual levanto del suelo empuñando su túnica, pero no obstante no pudiendo observar su rostro bajo la capucha. Lo golpeo varias veces hasta que este quedo en el suelo, tosiendo y herido de la golpiza de Lee. Pensó por un momento ejecutarlo, pero no, no debía hacerlo. Subió al coche y arrancó, abandonado al sujeto tirado en aquel lugar. Estaba claro, alguien no lo quería cerca de ahí, eso no era un vandalismo común, estaba premeditado y le habían estado espiando. ¿Cómo pudiste ser tan estúpido, Stan Pines? Pensaba.
Durante el camino, ya relajado, se sintió más adolorido por lo que había pasado. Antes de llegar al pueblo se detuvo al lado del camino y observo hacia donde se supone estarían los silos. Ya no se veían ahí sus puntas sobre los pinos. Eso le causo satisfacción, había arriesgado su vida por un descubrimiento grande. Pero ahora quedaba un problema, llegar al autor. Era evidente que algo así no era aislado y guardaba muchos secretos. Lee decidió continuar con el viaje de regreso.
Antes de ir a la cabaña se detuvo ante la alcaldía para revisar nuevamente los archivos del pueblo. Entró a esta y llamo la atención de la chica que atendía el lugar. Pues fue de imprevisto, sin decir palabra, estaba herido y sucio. Se dirigió al libro de permisos e intento ir a la página de los silos. No estaba ahí. Nuevamente volvió a hojear todo el libro hasta que llegó a donde deberían estar. Las páginas habían sido arrancadas y en ella una tarjeta con el mismo símbolo que estaba en el parabrisas de su coche. Reviso otros libros relacionados, y en estos también habían páginas arrancadas, todos con la misma tarjeta con el extraño símbolo. Entonces se dirigió a la chica que atendía el secretariado de la alcaldía y le preguntó:
- ¿Quién más ha entrado aquí?
- ¿Disculpe, oficial Pines? - miró la muchacha tras sus gafas.
- ¿Qué quién más ha entrado aquí? - y dejo sobre el mostrador el libro que tenía las páginas arrancadas con la tarjeta sobre este.
La muchacha lo tomo y miró con precisión.
- No, no sé...
- ¿Estás segura? - Stanley se estaba enojando.
- Nadie más ha entrado aquí, oficial Pines.
- ¡¿Segura?!
- Sí señor.
Stanley tenía que controlar su ira:
- ¡ME CAGO EN LAS MIL PUTAS!
Grito de tal manera que dejo congelada a la chica y a un funcionario que iba de salida. Salió deprisa de aquel lugar, y acelero quemando llanta rumbo hacia la cabaña.
Cuando llegó, bajo de coche y aún jadeaba del enojo que sentía. Entro a la cabaña y tomo un par de cubetas de agua, un jabón en polvo abrasivo que encontró en la cocina y una fibra tiesa que vió arrinconada.
- ¿Stanley, eres tú? - escuchó de su hermano en otra habitación.
Salió azotando la puerta con todo este material. Tomo una manguera y frente al coche llenó ambas cubetas de agua. A ambas les puso el jabón y luego batió el agua empuñando la fibra hasta que hizo espesa espuma. Subió al cofre del coche con una de las cubetas y empezó a tallar agresivamente sobre el parabrisas. Esto hizo que la pintura roja que conformaba el símbolo se empezará a desprender y a enrojecer la espuma. Estaba completamente concentrado cuando le llamaron a sus espaldas:
- ¿Stanley?
Era su hermano, él no se volteó a mirar.
- ¿Estas bien?
- Déjame Stanford.
- Estas herido, ¿qué te paso en la pierna?
- Nada.
- No quieres entrar a la cabaña para que te puedas curar eso.
Lee arrojó la fibra contra el vidrió y se giro hacia su hermano:
- ¡Estoy bien Stanford! Ahora, ¡déjame!
Su hermano lo miró fijamente. Luego miro hacia el piso y dio la vuelta para regresar a la cabaña. Stanley bajo del cofre y recapacito:
- Stanford, perdón. No debí. Me siento irritado.
Ford se giró sobre sus talones, y Lee fue hacia él. Estando juntos, Ford puso un brazo sobre la espalda de su hermano y le preguntó:
- ¿Qué te paso?
- Resbale – mintió tranquilamente Lee.
