¡Hola de nuevo! Ya he visto que tengo un Favorito y un seguidor/a. Me hace muy feliz que os guste, por eso voy a actualizar. Vosotros me respondéis leyéndome y siguiendo la historia y yo escribo nuevos capítulos.
¡Gracias por todo!
Todos retomaron sus actividades hasta la hora de comer, que fue tan animada como de costumbre. Luego Usuff, Luffy y Chopper fueron a dormir la siesta (¡Estaban tan cansados!) mientras Zoro y Sanji fregaban los platos entre gritos por parte del rubio diciendo que el espadachín era un manazas y se le caían los platos, esto era contestado por el otro que alegaba que el cocinero no le pasaba bien la vajilla y se le resbalaba. Por otro lado, las chicas tomaban asiento en la cubierta aunque Nami no paraba de gritarles a los de la cocina que se callaran que con ese ruido no se podía leer y que si se quedaban sin vajilla la tendrían que fabricar ellos mismos porque ella no iba a soltar ni un mísero Berry para pagar los destrozos. A esto, Sanji siempre contestaba con corazones en los ojos y este acto desembocaba, cómo no, en otra discusión entre los dos jóvenes y más platos y vasos rotos.
Al fin, cuando Zoro salió de la cocina, las vio bajo el sol de la tarde, que iluminaba sus cuerpos bellos y esbeltos. En primer lugar, más cerca de las habitaciones y el palo mayor estaba Robin recostada de lado en su tumbona, aparentemente, absorbida por la lectura. Una pequeña toalla recubría sus caderas y por vestimenta en el torso, no llevaba más que el top de su bikini fomentando así las atenciones del cocinero que no paraba de prepararle bebidas de todo tipo a cada cual más deliciosa, tanto en apariencia como en sabor. A continuación, se encontraba Nami, que leía el periódico cerca de la morena, pero llevaba un atuendo un poco más discreto que el de su compañera, mostrando de este modo su cuerpo tapado por unos shorts que se habían puesto de moda en diversas islas del Grand Line y un polo de color amarillo pálido que hacía resaltar el color naranja intenso de su melena.
Ambas se mostraban realmente bellas pero para los ojos del peliverde solo había una mujer en su vida en aquel momento.
"Tengo que decírselo... y tengo que hacerlo ya. ¡Vamos, Zoro!", pensó el espadachín observando la peculiar belleza de la mujer que le había robado el corazón tiempo atrás.
Así que tragó saliva, respiró hondo como si fuera a enfrentarse a una batalla a vida o muerte y con paso decidido se dirigió a la navegante.
-Nami...- balbuceó al estar frente a ella.
-¿Qué?- respondió la navegante con desinterés y sin levantar la vista del periódico- ¿Qué quieres?
-Esto... verás... yo...
Robin, que fingía leer, los miraba divertida de reojo. No podía creer cómo un chico tan valiente en la lucha fuera tan tímido en el amor.
-Bueno, ¿lo dices ya o esperamos a mañana?- espetó Nami, ahora sí, mirando fijamente al espadachín.
-Yo quería decirte que...
-Navegante -interrumpió Robin- veo una isla.
Entonces Zoro se giró hacia donde estaba la arqueóloga y con una mirada entre maliciosa y asesina dirigida a la mujer pensó "¡Maldita mujer...!", pero Robin sólo le devolvió aquella mirada con una sonrisa de oreja a oreja, la misma sonrisa que le había mostrado al entrar en la tripulación, esa sonrisa que solo él conocía, esa sonrisa que Saúl (¿Sauro?) le había dicho tanto tiempo atrás que le hacía hermosa, realmente hermosa, y que únicamente había sabido mostrar al espadachín sin entender ni ella misma por qué solo salía ante él mientras el peliverde seguía pensando que ella quería engañarlo para dañar a la tripulación.
Nami ya había llamado a los otros y el pobre Zoro no tendría otra oportunidad como aquella para confesar sus sentimientos, ¿o quizás sí?
