¡Hola otra vez! Como he visto que ya tengo seguidores que me dejan Reviews, me he animado a actualizar como agradecimiento. ;D
Gracias por apoyarme y siento haceros un lío, porque claro esto se supone que es un ZoRo y yo lo que estoy narrando es un ZoNa. Así que bueno, ya veremos como acaba todo esto…
Cuando anclaron la nave y desembarcaron, o directamente saltaron desde la cubierta a tierra como hizo Luffy, vieron que estaban en una isla muy bonita y acogedora a primera vista. En el paseo marítimo donde se hallaban, había largas avenidas y tiendas por todos lados donde la multitud de viandantes hacía el efecto de ser una marea aunque al contrario de lo que se pudiera pensar, los empujones eran los mínimos, tanto los habitantes de la propia isla como los visitantes respetaban el espacio personal de cada uno y mantenían las distancias de cortesía con el desconocido. El ambiente era relajado y alegre, de eso se dio cuenta hasta el propio capitán de los Sombrero de Paja, y los diferentes olores de los restaurantes que se extendían por toda la avenida principal, que era donde se encontraban ahora aún en grupo, los envolvía con un aura surrealista. Todo era demasiado pacífico en aquella isla ¿no?
-Robin, ¿te vienes de compras?- preguntó Nami antes de repartir el dinero entre sus camaradas.
Y las dos fueron de tiendas aunque no tan relajadamente como hubieran querido porque Sanji las seguía adonde quisiera que fueran. Nami seguía llevando los shorts y el polo conjuntado con unas sandalias del mismo color, esta vez su vestimenta era más parecida a la del propio Luffy que a nada que se hubiera puesto antes, en cambio Robin se había vestido con un vestido de verano color azul turquesa pero de un tono ligeramente pastel que combinaba a la perfección con sus ojos, parecía que aquellos ojos tan perfectos habían sido bordados con la misma tela y encima del vestido, una especie de chaleco-corsé morado oscuro casi negro acentuaba la figura de la morena y hacía contrastar lo ceñido de la parte superior del cuerpo donde el escote del vestido dejaba el cuello, brazos y parte superior del pecho al descubierto, con la vaporosidad de la gasa con que estaba tejido el vestido que dejaba ver las largas y morenas piernas de la historiadora desde un poco por encima de la rodilla. Sus zapatos no eran sino unas sandalias de tacón que eran del mismo color que la mochila que llevaba colgada al hombro.
Los demás, sin variar mucho de sus vestimentas habituales, también se dispersaron por la isla en busca de algo que llamara su interés.
Tras conseguir distraer a Sanji y escabullirse por un callejón que comunicaba dos de las avenidas más grandes de aquella isla, iban las dos mujeres caminando rodeadas de gente cuando a lo lejos, Robin vio a alguien de pelo verde frente a una tienda de licores, era Zoro. No le dijo nada a Nami, pero hizo todo lo posible para que ellos tres se cruzaran de la manera que fuese y que así el espadachín tuviera una oportunidad para declarar sus sentimientos a la navegante lejos del resto de la banda, tal vez así la vergüenza se disiparía así como los rumores y peleas innecesarias con Sanji antes de hora. Con el "veinte fleur", la arqueóloga iba empujando a Zoro como si en realidad fuera la gente tropezándose con él y poco a poco logró que se aproximara a ellas mientras dirigía a Nami, que por su reducida estatura no tenía gran visibilidad, al mismo lugar alegando ver una tienda en rebajas.
Cuando al final, tras unos tres minutos de duro esfuerzo por parte de la morena se toparon con él, la arqueóloga dijo con una sonrisa:
-¡Uy! Hola espadachín, ¡qué sorpresa verte por aquí!
Se saludaron, no vamos a decir efusivamente porque la verdad es que no, y mientras Nami le hablaba a Zoro sobre la importancia de aprovechar las rebajas en las tiendas y no malgastar el dinero en bebidas alcohólicas que acentúan si más no cabe el no-sentido de la orientación del espadachín, Robin, silenciosa y disimuladamente, se escabulló entre la multitud no sin antes guiñarle un ojo de complicidad al peliverde sin que la navegante lo viera y ambos se quedaron solos. Así, cuando Nami se sorprendió por la ausencia de su compañera, Zoro la invitó a dar un paseo alegando que tal vez caminando un poco más la encontraría. Ella, de mala gana y solo con la finalidad de encontrar a Robin porque era quien sabía dónde estaba la tienda en rebajas, aceptó.
Bueno, aquí acaba el tercer capítulo de este fic, solo me queda decir que los Reviews los respondo personalmente, así que no creo que vaya a hacer una sección de respuesta de Reviews, aunque si lo preferís así decídmelo y no tengo problema en crear la sección.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Érika Peterson.
