¡Saludos!
Bien, pues después de unos días vuelvo a actualizar. Este capítulo es un poco en la línea de interiorización de Robin. Por eso, esta vez no hay demasiada interacción entre Zoro y Robin, de todos modos, ahora, tal y como está todo, mi pobre Zoro no está como para interactuar con nadie jejjeje. Pero bueno, ya se le pasará, aunque eso lo dejo para los próximos capítulos.
Y a partir de aquí me callo yo y os dejo con la historia. Hasta luego.
¡Capítulo 7!
Aquella mirada tan triste, tan sombría, tan desesperanzada no se la había visto en todo el tiempo que le conocía, ni tan solo cuando parecía todo perdido allá arriba en la isla del cielo donde estuvieron a punto de morir todos. Aquella actitud le impresionó en gran medida pues el espadachín peliverde no parecía ser del tipo de persona que se achica, tampoco es que fuera demasiado optimista, pero no lo había visto tan decaído nunca y el verlo así ahora, la había marcado de verdad, tanto que incluso horas después de que todos se hubieran marchado a dormir, ella seguía pensando en él durante su noche de vigilancia que, precisamente, le tocaba ese día.
Ya se había quedado unas cuantas noches a vigilar, ya que al ser siete tripulantes se repartían los turnos de manera que le tocaba a cada uno subir un día de la semana. Ella siempre subía consigo un libro, una manta por si hacía más frío del esperado y un termo con café caliente, no necesitaba más. Gracias a sus agudos sentidos, podía estar leyendo envuelta en una manta con una taza de café entre las manos y aún así, saber si se acercaba un barco o había alguna isla próxima. Así era Nico Robin.
No obstante, aunque aquella noche parecía ser realmente tranquila, la arqueóloga no encontraba forma de concentrarse en la lectura, ya que un pensamiento estaba ocupando su mente y no la dejaba tranquila. Lo había intentado, había abierto el libro y había comenzado a leer, pero a la tercera línea, los ojos de Zoro habían vuelto a su mente. El vacío que había en ellos, el dolor, la rabia volvían como un boomerang. Sin embargo, parecía haber algo más en ellos, melancolía, tristeza, impotencia mezcladas con algún recuerdo lejano. La mujer no podía saber de qué se trataba pero incluso parecía dolerle más al espadachín que la herida del hombro, de cuya existencia estaba comenzando a olvidarse. Total, para él las heridas eran su pan de cada día, así como para el resto de la tripulación lo era verlo lleno de vendajes.
-¿Qué puedo hacer?- se preguntó Robin en medio de la noche.
Esa noche fue la primera en que la arqueóloga pasó pensando en el espadachín, pues algo le decía que podía devolverlo a la normalidad a pesar de que temía que hacer eso le fuera a costar derrumbar desde los mismísimos cimientos su muralla personal que tanto tiempo y sufrimiento le había llevado construir.
Por la mañana, la situación no había mejorado. Zoro seguía mostrándose más serio de lo habitual y ni tan solo prestaba atención a las provocaciones del cocinero. Simplemente, se limitaba a comer en silencio mientras los demás no paraban de armar escándalo.
Por su parte, Robin no cesaba de mirarle de reojo, lo más disimuladamente posible, por ver si algo de la tristeza se había ido con la luna. Pero no, todo seguía igual.
Al acabar el desayuno, Zoro fue el primero en levantarse y tras apilar sus platos sucios dio la vuelta a la mesa sin decir palabra para salir a la cubierta. Al hacer esto, su principal propósito era pasar lo más alejado de Nami que pudiera. Sin embargo, en su camino, sí se cruzó con Robin, quien sin querer respiró del aroma del espadachín y recordó aquellos brazos que la sostuvieron firmemente, se abrazaron a ella y la mantuvieron alejada del suelo. Un escalofrío bajó desde su nuca atravesando su columna vertebral. El estado de shock en que se quedó la arqueóloga sorprendió a más de uno.
-¡Robin!- dijo Nami algo asustada- ¡Robin! ¿Qué te pasa?
Al oír su nombre, la morena volvió a la realidad y haciendo uso de su mejor arma para aquellas situaciones, su habitual sonrisa, se excusó diciendo que no era nada, que solo estaba un poco cansada por la vigilancia y que iría a dormir un poco.
No obstante, cuando estuvo sola otra vez, en su cama, no pudo conciliar el sueño. En el momento en que cerraba los ojos, le venía el recuerdo de aquellos brazos, pero no los que la sostuvieron el día anterior, sino los que la habían protegido en SkyPiea. No podía quitárselos de la cabeza y eso que ni siquiera sabía si realmente aquello había sucedido o no había sido más que obra de su imaginación, ya que tras el ataque de Enel, lo único que recordaba era despertarse en el suelo rodeada por Zoro, el indio Wiper, y el caballero Gan For también en el suelo, calcinados. Y aún así, tras la derrota del autoproclamado dios, nadie le había contado qué había pasado después de que el ataque eléctrico la alcanzase. Ni Nami, a quien ella recordaba allí presente, le había dicho nada. Sin embargo, ella estaba dispuesta a descubrir la verdad y nada en el mundo le impediría averiguar por qué cuando veía a Zoro o pasaba cerca de él, le venía la imagen de SkyPiea y volvía a sentir sus brazos rodeándola haciendo que un escalofrío recorriese su cuerpo y que su corazón latiera cada segundo con más fuerza.
Durante aquel día, Nico Robin se mostró más retraída de lo normal, más aislada de lo normal y leyendo más de lo normal, si es que eso era posible. Pero claro, la imagen que mostrase al exterior no tenía por qué coincidir con lo que realmente le pasaba por la cabeza y mucho menos en el caso de la arqueóloga. Es más, en su interior, la morena se sentía incómoda, llena de dudas que los libros no podían resolverle, sintiendo que pronto, parte de su muralla caería y sobre todo, aterrada por ello y por aquellos sentimientos que no comprendía pues nunca había experimentado.
«Esto ni siquiera es asunto mío, ¿por qué se supone que me preocupo tanto?»
Justo cuando estaba pensando esto, pasó por delante suyo el joven de pelo verde, tan taciturno como la noche anterior y esa misma mañana, dispuesto a entrenar de nuevo en silencio alejado de todos, con sus pensamientos como compañeros.
Entonces, en ese momento, al volver a verle, al recordar toda la tristeza de sus ojos, lo vio todo claro. El entrometerse en todo aquello era la única manera mediante la que ella podría protegerle también a él de su dolor, de su resentimiento, de su miedo, de su corazón roto, de la herida que le consumía. Sabía que aquel arisco y cabezota espadachín necesitaba ahora más que nunca alguien a quien poder confiarle sus penas sin que su orgullo se viese afectado, pues el capitán, a pesar de ser su mejor amigo, era su superior; Sanji le mataría si supiera que había besado a Nami, a Usopp no le tenía tanta confianza como para hablarle de aquello además de que no estaba muy seguro de su discreción y por último, Chopper era casi como un niño, no podría aconsejarle al respecto. Finalmente, solo quedaba Robin, pero era casi imposible que Zoro se decidiera por ella para mostrar su herida.
Aquella noche, con Luffy haciendo la guardia, Robin pudo disfrutar de nuevo de un poco de comodidad en su cama. No obstante, eso no significaba que fuera a dormirse. Ni mucho menos y más con aquella creciente y acosadora pregunta en su cabeza, pues como buena historiadora, ella buscaba y rebuscaba en todos los sitios hasta saber qué había sucedido realmente en la historia. Esta vez, no era diferente.
Estando ya inmersa en la oscuridad del camarote, entró Nami, quien enseguida se acostó en su cama frente a la de la arqueóloga a quien la navegante ya creía dormida. Pasaron unos diez o quince minutos antes de que Robin se decidiera a hablar con la voz más neutral posible, sin ofrecer muestras de ningún tipo de sentimiento bueno o malo.
-Navegante, ¿estás despierta?
-Sí- susurró la otra con voz de persona a punto de dormirse.
-¿Puedo preguntarte algo?
-Adelante.
-¿Recuerdas la aventura en SkyPiea?
Y aquí acabo por hoy y como digo siempre y no me canso de repetir, tranquilos/as que lo mejor aún está por llegar. Os lo prometo. Si supierais lo que aún tengo guardadito para los próximos episodios vería más de un ASDFGTSADFG, Kyaaaaaaaa y demás. :D
Bueno, solo me queda agradecer a quienes me estáis leyendo y me seguís de cerca vuestro apoyo incondicional. Esto significa mucho para mí.
Un saludo y nos vemos pronto.
Érika Peterson.
