¡Hola a todos/as!

Siento el RETRASO (sí, en mayúsculas) pero es que no he podido actualizar antes, los deberes se me comían viva. Al menos, me consuela el haber sacado un 10 (sobre 10) en un examen de inglés y otro en un trabajo de informática, el sacrificio de no haber escrito en meses no iba a ser en vano ;D

Os pongo un poco en situación con lo de los capítulos anteriores para que no tengáis que releerlos: El espadachín, que está enamorado de su compañera pelirroja, le confiesa sus sentimientos en medio de un valle, cosa que a ella no le hace mucha gracia porque él no tiene otra forma para decírselo que besándola. Cuando ella lo abofetea y se va, aparece la última incorporación de los Sombrero de paja, que estaba escondida mirándolos. De repente, detrás de ellos dos aparece un señor con una escopeta que los ataca, a lo que el espadachín responde protegiendo a su compañera. La historiadora entonces se acuerda del ataque del autoproclamado dios en SkyPiea y le pregunta a la navegante sobre ello a la noche siguiente en el barco. La noche que le toca vigilancia al peliverde, la morena sube a visitarlo y entre confesiones por aquí y allá CASI acaban besándose. Sin embargo, a la mañana siguiente parecen volver a ignorarse por completo.

Pues más o menos es un resumen de lo que considero más importante. Así que ya podemos pasar al capítulo 10.


—Brrr —se oyó salir por su boca a la vez que lo hacía una gran nube de vaho.

Sentada encogida con un libro abierto sobre sus piernas, se cruzó de brazos y los frotó con unas aún más frías manos. Un leve hormigueo comenzaba a extenderse por todo su cuerpo, desde la punta de la nariz hasta en las yemas de los dedos de los pies. Si no lograba entrar pronto en calor, acabaría literalmente congelada.

La lectura le haría olvidar que tenía frío o eso pensó al iniciar la guardia aquella noche de cielo raso y estrellas expectantes. Otras veces sí le había funcionado para disipar el odio, las preocupaciones, el miedo o el sueño. Sin embargo, sabía que esta vez no iba a ser así pues aún podía sentir sus manos levemente dormidas incluso llevadas leídas unas buenas veinticinco páginas del tomo que yacía entre sus piernas. Tampoco es que les estuviese prestando mucha atención pues sus pensamientos se encontraban en otro momento y lugar. Últimamente le costaba concentrarse mucho, se pasaba el día delante de un libro viendo pasar aquellos ojos por su mente, intentando creer y entender cómo su vida había cambiado tanto en tan poco tiempo.

Su mente saltaba de sitio en sitio, primero aterrizó en la cubierta de aquel mismo barco en un remoto amanecer allá en Whisky Peak, cuando ya entonces aquella tripulación le había llamado la atención y no solo por el hecho de haber dado asilo a una presunta asesina a sueldo como lo aparentaba ser la princesa de Alabasta, sino por no haber caído en sus argucias tal como esperaba: ella les había brindado la oportunidad de ir directamente a la tierra de la joven de pelo azul, cosa que le habría costado la cabeza si su jefe se hubiese enterado, y el capitán de la tripulación la había despreciado ante sus narices.

Al poco tiempo estallaba en Alabasta la gran revolución por la lluvia, país que ella se encontraba recorriendo de cabo a rabo tras haber seguido los pasos a aquellos jóvenes durante semanas, haberles ayudado desde la oscuridad y el silencio y ver cómo nada podía detener a aquella joven tripulación que ya estaba haciendo estragos por el mundo. Por suerte para ella y para todos, se alzaron con una rotunda victoria.

Tras cuatro años de servicios a un hombre cruel y desleal, al fin volvía a estar sola, libre, desprotegida a merced del destino y de sus decisiones pero sin saber por qué, algo la ataba a aquella curiosa tripulación de piratas, tal vez el que aquel escurridizo y valiente muchacho no la hubiese dejado morir sepultada por los restos de un pasado que había estado buscando desde hacía años le había devuelto las ganas de vivir, de hacer su sueño y el de su pueblo realidad. Después de haber velado tanto tiempo por ellos, ya no podía dejarlos marchar, sin ni siquiera conocerlos ya sabía cómo era cada uno, hasta les comenzaba a querer, y entonces se les unió de una manera un tanto peculiar.

Allí encontró la familia que se le había prometido que encontraría un día, gente en la que confiar, a la que querer, con la que reír; sin embargo, nadie le había dicho que allí mismo alguien podría llegar a su corazón, justamente la única persona que no la había aceptado en un primer momento, la única que deseaba con toda su alma echarla de allí, la única con la que quería estar una noche de luna llena, la única con la que el silencio dejaba de ser incómodo, la única que parecía poder comprender su dolor, la única con una armadura tan gruesa como la suya, la única con la que su cabeza perdía el control de sus actos, la única a la que deseaba ver cada mañana al despertar, la única en la que pensaba en sus momentos de soledad, allí encontró a la única persona que hacía que su frágil mundo se tambalease. Nada le impedía hablarle, sentarse a su lado, acercarse poco a poco a su corazón de fuego, bajar la puerta de su muralla y bueno, tal vez quemarse en el intento, pero, ¿por qué no lo hacía? ¿Por qué ni siquiera lo intentaba? ¿Tendrían algo que ver los 9 años de edad de diferencia entre los dos? ¿O tal vez los casi diez centímetros en que se diferenciaba su altura? La verdad es que la edad y la estatura daban igual después de todo, pero ¿no sería que en realidad no se acercaba a él por el miedo que sentía a un casi seguro rechazo?

—Clac, clac, clac, clac —los dientes le comenzaban a castañear, su nariz no calentaba lo suficiente el aire que entraba helando sus pulmones, los pies se le estaban comenzando a dormir también, ya casi no sentía ni las manos, el vaho que salía por su boca lo hacía formando nubes más grandes cada vez y la noche no había hecho más que empezar.

—Tienes una manta a dos centímetros de ti, ¿por qué no la usas?

Aquella voz sobre su cabeza despertó de un solo y seco golpe todos sus sentidos. Con un movimiento rápido giró la cabeza a la derecha dejando en el acto la lectura a un lado por el momento.

¿De verdad? Debía de haberse dormido, no tenía otra explicación. Con un dedo vacilante y tembloroso por el frío se frotó un ojo y descubrió que, en efecto, todo aquello era real o al menos eso parecía, aunque bien podría ser un sueño. Por eso, no supo qué contestar, por una vez se había quedado sin palabras. De todos modos, tampoco habría importado mucho lo que fuese a decir porque él parecía dispuesto a sentarse junto a ella y taparse con la manta que había traído consigo. Ahora se quedaría allí con ella, mirándola, enamorándola con sus ojos verdes, con su silencio, con su calor de Ave Fénix y ella, por su parte no sabría muy bien cómo actuar teniendo aún presentes los sucesos de la última noche que había estado allí arriba. Hablar allí arriba la última noche había sido mucho más fácil que durante los últimos días en la cocina, la cubierta o las habitaciones. El mundo y las personas parecían diferentes desde el puesto de vigilancia, que era como un pequeño rincón reservado para ciertos sentimientos, ahora se daba cuenta.

Ya tenía la manta desplegada entre sus morenas y fuertes manos y sin embargo, (!) con ella, no había cubierto su propio cuerpo, sino el de su compañera, que aún más sorprendida lo miraba con unos ojos abiertos como platos. ¿Qué significaba todo aquello? ¿Por qué había actuado así? ¿Qué podía decirle ahora? Aún tenía más dudas que antes y su silencio no hacía más que corroborarlo.

—Parece que si no es con tu manta no te tapas. Seguro que estabas más dispuesta a morir congelada aquí arriba que a usar la manta que habías subido.

Una pequeña sonrisa se escapó de los labios del chico y en un acto reflejo, ella apartó su mirada hacia la manta que tenía a su lado y vio el pequeño bordado que había descubierto cuatro días atrás: el pequeño dibujillo de un animal junto al kanji que le daba nombre, todo ello bordado con un hilo de un tono verde ni claro ni oscuro; el verde perfecto, intenso pero no demasiado fuerte, claro pero no demasiado débil.

Una pequeña sonrisa se pintó también en el rostro de la mujer a la vez que la siguiente palabra escapaba por su boca:

—Kitsune.

Él le lanzó una mirada de total incomprensión ante la única palabra que había salido de aquellos labios que añoraba sin haber probado, que quería sin saber si estaba enamorado, de unos labios que había deseado ver reír desde que los había visto hacerlo.

—Kitsune —repitió ella mirándolo de nuevo a los ojos— ¿por qué no es Kitsune?

De repente, un recuerdo que aún le quemaba el alma volvió a su mente. No sabía cómo responder a eso sin hacerse daño a sí mismo, era una herida que le dolía desde hacía años y que el silencio, el tiempo y un duro entrenamiento no habían podido o sabido curar.

—Ki-tsu-ne —repitió él sílaba a sílaba lentamente como intentado memorizarlo.

—Sí, así se lee el kanji que hay en tu manta. ¿No lo sabías?

Él dio un respingo como si alguien le hubiera devuelto a la Tierra después de vagar horas y horas por el universo y con una tenue, lejana y dolorosa sonrisa respondió:

—Sí, sí lo sabía, pero no elegí yo mi nombre después de todo.

—Ya me lo imagino, aunque quien te lo hiciese debía amar mucho el español para elegir esa traducción y no otra.

Él asintió con un leve gesto de cabeza a la vez que cruzaba sus brazos como si alguien le estuviese abrazando y con un tan apenas audible susurro comenzó a explicar algo que no había contado a nadie nunca.

—Sí, amaba el español más que cualquier otro idioma. Según me decía, el inglés era el idioma usado por la Marina, el Gobierno Mundial y los hombres de negocios; el francés, por los cocineros y quienes buscaban el amor; el italiano, por los artistas; el japonés, por los hombres leales y valientes y el español, por las personas soñadoras, los escritores, historiadores, las mujeres bellas y apasionadas y en definitiva, por todos aquellos con un corazón de fuego.

A medida que hablaba, su voz se había ido extinguiendo hasta desaparecer por completo. Ella lo miró y aunque él estaba de lado pudo apreciar que sus ojos parecían vidriosos, a punto de dejar caer una lágrima.

—Lo siento, —susurró ella un poco preocupada— por haber sacado el tema. No sabía...

Él negó con la cabeza al tiempo que se giraba para mirarla a los ojos. Vio que un par de lágrimas rebeldes habían acabado trazando su camino por la cara del joven.

—No, está bien recordar de vez en cuando a las personas que queremos. La gente que hay en tu corazón te hace recordar que no estás solo. Además, hablar de ciertos temas con alguien en quien confías no es tan malo.

El suave dorso de los dedos una mano le recorrieron las mejillas lentamente haciendo desaparecer con ellas las lágrimas en un acto que los sorprendió a ambos más cerca de lo que se podían permitir estar, con las manos de ella descendiendo por el rostro de él, con los brazos de él que querían rodearla, llorar en su hombro y confesar el dolor de un corazón herido. Sin embargo, no hubo abrazo, no hubo lágrimas, no hubieron confesiones, solo una cálida mano del chico tomando suavemente la de su compañera, entrelazando sus dedos en lo que podría haber sido el abrazo más bonito e intenso del mundo, bajándolas hasta que tocaban el suelo, acariciándose dulcemente.

—Yo..., esto..., nosotros... ¿qué fue lo del otro día?

Entonces se dio cuenta de todo, de sus ojos verdes esperando una respuesta que ella quería pero temía darle. Una respuesta que no salió de sus labios.

—¿El otro día? Una conversación entre buenos amigos, supongo. ¿Tú qué crees?

—¿Amigos? ¿De verdad somos amigos?

Una sonrisa de sus labios fue lo único que necesitaba para saber que ella tenía el mismo miedo a la verdad que él sentía. Sus armaduras eran todavía demasiado rígidas para dejar escapar sentimientos demasiado grandes para caber por unas grietas tan pequeñas.

—¿De verdad estás solo?

—No, ya no. De todos modos, nadie nace completamente solo, lo único que hay que hacer es buscar bien porque tarde o temprano todos encontramos a esa persona que nos llena el corazón con su sonrisa.

«Te encontré», pensó él soltando su mano y devolviéndole la sonrisa.

Un pequeño silencio rompió el hilo de la conversación mientras él tomaba su manta y se cubría con ella, lo que le recordó algo a la mujer.

—Por cierto, ¿por qué has subido si hoy no te toca guardia?

—Pues porque tenía que devolverte tu manta. Sin querer, el otro día me confundí al cogerlas y me llevé la tuya. Además, si no llego a subir, a estas horas ya estarías cubierta por una capa de escarcha.

—Mentira.

Con ojos severos, él respondió a la pequeña mueca que ella tenía en su cara.

—Vaaaale, tienes razón, probablemente ya habría muerto. Y entonces, ¿qué habrías hecho?

—A ver deja que piense... No sé, habría traído café caliente y te lo habría echado por encima. Seguro que habría funcionado.

—Eso me consuela, al menos no habrías intentado cortarme con tus katana.

—¡Eh! —dijo él con tono ofendido— Aunque, ¿quién sabe?

Ella comenzó a reír con aquel comentario ante el que cualquier otro habría salido corriendo de allí. Pero es que aquella mujer no era una mujer normal y eso él lo sabía de sobra.

—Por cierto, he traído café para los dos —dijo él.

—¿Y por qué no lo has dicho antes?

Tomaban café y disfrutaban de sus silencios cuando ya al final de la noche, con los primeros rayos de sol despuntando en el horizonte, solo se podía oír entre la inmensa calma de aquel amanecer una canción tarareada por unos labios femeninos sobre el poste de vigilancia donde una recién nacida amistad acababa de hallar su refugio.


Y se acabó por hoy, ya hasta marzo nada XD. No, intentaré actualizar antes.

Espero que os haya gustado porque tengo una cosa que decir sobre él aunque es más que evidente y la habréis visto enseguida. Aunque el capítulo lleve como título "Tu nombre" en todo el rato no he mencionado el nombre de ninguno de los personajes, solo de algunas isla ;D Sí, me gusta jugar con vosotros/as y espero que eso se merezca algún que otro review, jeje.

Gracias por seguir leyéndome, por los favoritos y los nuevos/as seguidores/as así como también por los Review:

Fatima-swan: Hola ^^ Gracias por leerme y comentar. Me alegra que te guste esta pareja ;D En cuanto a lo de las actualizaciones, ejem... lo intentaré :D Espero que hayas disfrutado del capítulo.

Un saludo a todos/as.

Érika Peterson

21/12/2012