¡Hola, mundo!

Ya he vuelto, sé que no ha sido una actualización muy rápida pero creo que se encuentra en un límite perdonable de tiempo jajajaja.

Esta historia ya ha cumplido un par de añitos, ¡yupi! Y ya tiene más de 10000 visitas, sí ¡10000! O.O Esto solo quiere decir una cosa: ¡GRACIAS! Gracias a esos y esas 10000 que me seguís, leéis, comentáis, animáis y que no me dejáis a pesar de que no actualice muy de seguido... Sabéis que esta historia está escrita desde mi corazón para todos vosotros y que a mí me encanta seguir escribiéndola.

Gracias a los Reviews de neko alessa y MaPa-kun en el capítulo anterior y a quienes comentasteis en todos los anteriores. Si tenéis algo que decir sobre la historia, ya sabéis que no me importa que dejéis comentarios, los leeré y responderé gustosa.

Bueno, y antes de comenzar, quiero hacer publicidad de dos historias sobre One Piece en español que me han encantado, por si no las conocéis os digo los títulos. La última que he leído es El Sombrero de Paja de MaryJu-chan y me ha encantado, los cabos están muy bien atados y es digna de leer y publicitar jajajaja. Además tengo el honor de que a veces me deja Reviews aquí, de ahí la descubrí jeje. Y la otra es Free World de Aoshika October, tiene un toquecillo apocalíptico, que yo le llamo, y que le da más encanto, es un Universo Alternativo del que estoy a la espera de actualización (ahora sé qué se siente cuando no actualizo...).

Y aquí paro de momento, un saludo a todos y todas y ¡FELIZ CUMPLEFIC!

CAPÍTULO 20: Confesión

Las gotas de sudor corrían por su cuello como un río desbordado. El aire que salía por su boca no era suficiente para intercambiarlo por todo el oxígeno que necesitaba para proseguir la carrera hacia su destino. Pero debía seguir corriendo aunque los pies le dolieran y las piernas pronto fueran a dejar de poder seguir esquivando obstáculos y pisando el camino correcto. Le dolían las extremidades, le dolía la espalda, le dolía el pecho, le dolía la cabeza y le dolía el alma. Su corazón latía desbocado, podía sentirlo martilleando sus oídos, su cuello y cada célula de su ser. Echó un momento la vista atrás y cuando sus ojos marinos retomaron la vista al frente se dio cuenta de que ya estaba cerca de lograr su objetivo. Un sentimiento oscuro y amargo crucificaba sus adentros al pensar lo que estaba a punto de hacer, pero no podía permitirse fallar ni echarse atrás cuando le quedaba tan poco.

Echó la vista al lado un momento e identificó qué era aquello que se le había hecho tan raro en el espadachín. Sus ojos no brillaban tan seguros y determinados como siempre. Desde que había comenzado la noche sus ojos simplemente habían dejado de brillar. Parecía como si se estuviese culpando de algo e intentando esconder algo de los demás. Como si intentase llevar el dolor todo junto sobre su espalda para que la tripulación no tuviese que hacerlo. Con todo lo que habían vivido aquella noche, no comprendía cómo aquellos dos monstruos, porque no se les podía llamar de otra manera, seguían teniendo fuerza para correr y luchar. En realidad sí lo entendía porque ella tampoco se iba a dar por vencida. Sin embargo, no tenían los mismos motivos para ello. Luffy lo hacía porque no iba a perder a una compañera, nada nuevo. Pero Zoro estaba distinto, como si un algo más grande que él lo moviese y ella creía que estaba comenzando a entender de qué se trataba.

Por su parte, Nami no podía parar de correr porque debía encontrar a su amiga y explicarle todo lo que había pasado. Pero sobre todo, para darle un abrazo y apoyarla en todo lo que pudiese.

Ella seguía inmersa en sus pensamientos cuando un cambio en el paisaje le hizo volver a la realidad. Los edificios ya no suponían un obstáculo para la luz del sol que, reflejada en el mar, se les clavaba en las retinas.

—Ya estamos cerca, chicos —dijo ella con una sonrisa triunfal.

—Espero que encuentre el barco porque nadie le había dicho dónde estaba atracado... —comentó Luffy.

—Tranquilo, seguro que lo habrá encontrado enseguida. Estamos hablando de Robin, ¿no?

El espadachín se mantuvo en silencio en todo momento y solo se dio el lujo de emitir un ligero gruñido a modo de secundar el último razonamiento. No podía contárselo por mucho que él quisiera hacerlo y ellos debieran saber. Pero tampoco logró encontrar la excusa para hacerlo pues nadie más hablo de camino al barco.

De repente, cuando se acercaron para embarcar, oyeron una voz temblorosa que provenía de un emisor oculto en cubierta.

—No... ¡No os acerquéis más! Si... Si no... Si no mi armada de cinco mil soldados vendrá a por vosotros. Ellos... Eh... ¡Ellos están esperando a mi señal para atacar!

—¡Usopp, corta el rollo! !Que somos nosotros! —gritó un poco impaciente la navegante.

Tras decir esto media cabeza y un tirachinas aparecieron por detrás de una de las maderas del navío. Al ver que realmente se trataba de sus compañeros se dejó ver totalmente y escondió el arma.

—¡Chicos! !Ya habéis vuelto! Yo estaba protegiendo el barco.

—Ya lo hemos visto, shihihihihi —apuntó el capitán.

—Ahora os bajo la escalerilla —se apresuró a decir el francotirador.

—Tranquilo, no hace falta —aseguró el capitán con una risa divertida mirando a Nami.

—¡Ni se te ocurra lanzarme otra vez por ahí!

Al abrir la puerta, se encontró el numerito que estaban montando sus compañeros. Por un lado, Usopp estaba desenrollando la escalerilla que usaban para embarcar, Luffy tenía una mano agarrada al barco mientras intentaba rodear al cabeza musgo, perdido en su mundo como siempre, y a su ángel pelirrojo, que imploraba con su delicada voz que la dejara marchar. Algo en su pecho comenzó a golpear con fuerza. Es cierto, debía de ser su corazón. ¿Sería amor? Sí, sin lugar a dudas solo podía ser ese sentimiento el que despertaba en él aquel ser celestial que el destino había cruzado en su camino para dar sentido a la existencia de su alma de caballero.

—¡Nami-swan! ¡Robin-chwa...! ¿Robin? ¿Dónde está Robin? ¿Y Chopper?

Se hizo el silencio. En cuanto el rubio salió dando vueltas de la cocina, el tiempo se paró por unos segundos para la tripulación.

—¿Robin? ¿Todavía no ha llegado? ¿Ni Chopper? —la chica fue la primera en reaccionar.

—¿No? —respondió un poco inseguro Sanji.

—Pero... ¿No estaban con vosotros? —intervino Usopp.

—Buf, es una larga historia, pero bueno, os haré un resumen. A ver, a mitad de camino Chopper se nos adelantó y cuando llegamos al sitio no estaban ni él ni Robin. Solo estaba Zoro medio amordazado y cuando lo hemos soltado, hemos venido aquí directamente pensando que habrían vuelto al barco. Pero si decís que aquí no han llegado... Habrá que seguir buscando.

—Pues en marcha —completó el espadachín con lo que todos estaban pensando.

Un hombre de acción siempre será un hombre de acción. Por eso, no había tan apenas acabado de pronunciar estas palabras y sus pies ya habían comenzado a moverse en una dirección aleatoria que, tal y como apuntó la pelirroja, resultaba ser el camino por el que acababan de llegar. Estaba claro que si nadie lo acompañaba, terminaría él solito metiéndose por su propio pie en una base naval de la Marina.

—Espera, Zoro. Voy contigo. Luffy, tú quédate a proteger el Merry y descansa. Si no los encontramos, volveremos.

El rubio deseaba con toda su alma protestar ante aquella decisión y el reparto tan extraño de los grupos porque a fin de cuentas, ¿de qué serviría en la búsqueda un hombre que era capaz de hasta perderse en un camino sin salida? De verdad quería protestar, pero cuando logró hacer brotar su voz, sus compañeros ya estaban demasiado lejos. Si Nami había decidido que esa era la mejor manera de actuar, no sería él quien la contradijera.

—Bueno, Luffy, y ¿cómo es que el marimo se dejó amordazar? ¿Tan fuertes eran? —se burló el cocinero.

—¿Fuertes? ¿Quiénes?

—¿Cómo que quiénes? ¡Pues los que lo amordazaron! —intervino Usopp impaciente.

—¡Ah, no! Si no había nadie más con ellos, ya los habíamos vencido a todos. Lo ató Robin antes de marcharse —dijo el capitán sin ser muy consciente de lo que significaba aquello.

—¡¿Cómo que Robin?! —reaccionaron los dos.

—¡Y no lo digas tan tranquilo! —agregó el francotirador golpeando al moreno en la cabeza.

Sombrero de paja se detuvo un momento a pensar.

—Es verdad, vosotros no sabéis qué ha pasado. Cuando fuimos a curar a Robin, ya no estaba allí y es que, según dice Zoro, quiere matarlo por no sé qué de que había fingido ser nuestro compañero, pero luego, cuando iba a matarlo ya no lo ha matado porque dice que así verá el mundo cómo es ella realmente y que no dejará que nos haga daño o algo así. Y luego Zoro no se podía soltar y le he acercado su katana, porque Robin se las había quitado, y ha roto la camilla y la cadena y el candado y hemos venido corriendo hacia aquí porque Nami creía que habría venido aquí pero cuando hemos llegado habéis dicho que no estaba y Chopper tampoco. Pero él sí que no sabemos dónde se ha metido porque dijo que ya sabía dónde estaba aunque Nami no le había dicho nada y ha echado a correr y ya no lo hemos visto. Y eso es todo lo que ha pasado.

—¿Sanji, tú has entendido algo? —preguntó por lo bajo el nariz larga.

—Entonces Chopper y Robin-chwan siguen en paradero desconocido, pero lo más probable es que estén juntos, ¿no? —aclaró el rubio.

—Y a todo esto, si no han venido aquí, ¿dónde están? —se preguntó Usopp perspicaz.

No sabía muy bien cómo se suponía que debía actuar en aquella situación. Pero sí sabía que debía de haber algo más que simplemente no era capaz de adivinar. Estaba siendo una noche, bueno ya día, o lo que fuera, de lo más estresante y confusa. Pero era necesario que al menos alguien aparte de Nami pensase con claridad. Metió la mano en uno de los bolsillos de su pantalón y sacó un cigarrillo un poco sobado y aplastado. De manera mecánica, con la otra mano extrajo un mechero y le dio la primera calada a la colilla encendida. ¿Qué es lo que le habían hecho a ella para que quisiera matarlo? ¿Y por qué él estaba tan metido de lleno en todo eso? ¿Cuál era el verdadero lazo entre sus dos compañeros? Había preguntas que no le habría gustado tener que plantearse pero eran absolutamente necesarias para obtener las respuestas adecuadas. Cerró un momento los ojos y su mente lo revivió: esa figura sombría aproximándose a ellos desde alta mar, sus ansias por gritar y sus párpados repentina y sorprendentemente pesados. Luego, oscuridad y dolor, más tarde, luz y confusión. Ahora, solo respuestas y nuevas preguntas.

La decisión que brillaba en su mirada y su determinación por encontrarla a toda costa le estaban dando motivos más que suficientes para sospechar que el peliverde le estaba ocultando algo. No sabían muy bien por dónde comenzar la búsqueda pero lo mejor sería investigar las zonas un poco más apartadas del puerto. Si Robin había despertado tan confusa como ellos, necesitaría pensar las cosas con un poco de calma y qué mejor lugar que la parte abandonada de la ciudad. Según los carteles despintados que colgaban de las fachadas que todavía se podían mantener en pie, aquella zona podía ser peligrosa para extranjeros ingenuos. Tal vez aquello había formado parte de los barrios bajos. El espadachín tiraba puertas abajo y cortaba todo lo que se interpusiera en su camino al desesperado grito de "¡Robin!". No podía soportar seguir viendo cómo su compañero se volvía loco frente a ella.

—¡Zoro!

Lo tomó del brazo obligándole a detenerse en seco.

—¡¿Qué es lo que quieres?! ¡Tenemos que encontrar a Robin antes de que sea demasiado tarde! —espetó él lleno de furia e impotencia a partes iguales.

—¡Zoro, para de una vez!

La bofetada que cruzó su mejilla resonó en el vacío de la calle en que se encontraban. De alguna manera, el golpe le hizo volver a la realidad. Asumió que no podría salvar a nadie si continuaba con esa actitud histérica e irresponsable rompiendo todo lo que pillaba por delante y gritando a quienes intentaban echarle una mano.

—Duele mucho, ¿verdad?

Los ojos del chico le confesaron secretamente que sus sospechas eran ciertas. Volvió a elevar su mano derecha y ahora con cuidado acarició la mejilla enrojecida de su compañero, gesto que él siguió de cerca con la mirada, no sin sorprenderse un poco.

—Gracias, Nami, por devolverme a la realidad... otra vez más —ambos rieron suavemente—. Vamos a por ella.

El espadachín ya se había dado la vuelta cuando Nami volvió a tomarle de la muñeca con decisión.

—Solo dime una cosa, ¿ella sabe lo que sientes?

—¿Qué? —se giró sorprendido él— ¿Qué estás diciendo?

—¿Le has confesado que la quieres? ¿O solo fuiste hombre de acción cuando me besaste a mí?

—Pero, ¿a qué viene eso? Ni siquiera es de tu incumbencia.

—¿Crees que no sé lo que sientes al verla? No es ningún secreto para mí, pero tal vez para ella sí lo sea. ¿Todavía no le has demostrado tus sentimientos?

—Nami —comenzó él un poco exasperado—, te advierto que no te interesa meterte en mi vida.

—Zoro, sé que puede sonar muy raro, pero solo quiero que seas feliz —su mirada era sincera y penetrante y sus manos sostenían firmemente las del joven—. Que seáis felices.

—Nami...

—Ya, ya lo sé. Que no me meta en tu vida, pero es que os veo sufrir tanto que siento que esto no puede acabar así. No es justo.

—Nami.

Lentamente se soltó de las manos de la pelirroja y la rodeó suavemente con los brazos en un abrazo que no buscaba ser pasional o romántico. Era firme, suave, sincero y fraternal. Él cubría los hombros de ella con sus brazos mientras que las manos de la navegante descansaban seguras en la espalda del espadachín. Su barbilla descansaba sobre la cabeza de ella y el olor a mandarinas logró relajarle un poco.

—Zoro, de alguna manera sé que la encontraremos y sé que cuando busque refugio, tú estarás ahí para acunarla entre tus brazos —la voz de Nami sonaba amortiguada por el cuello del peliverde—, en cuerpo y alma para estar con ella, para protegerla a ella. Solo y únicamente para ella. Porque aunque Zoro Roronoa no sea un hombre muy cariñoso, yo sé que tú la amas y tú también lo sabes y cuando nace un amor tan fuerte y tan sincero, nada es suficiente para romperlo.

Él la estrechó un poco más fuerte a la vez que tragaba saliva sonoramente. Cerró los ojos antes de hablar aunque de todos modos, su compañera no alcanzaba a verle el rostro.

—Nami, yo... No pude protegerla, estaba allí con ella y simplemente no pude. No pude proteger a nadie, ni siquiera a mí mismo. Y cuando la encontramos, sentí que la iba a perder para siempre, ni siquiera pude salvarla de su enemigo, tuvo que venir Luffy a abrirnos el camino. Me siento tan impotente y tan... débil, Nami.

La aludida estrujó con más fuerza la camiseta de su compañero tras oír salir estas palabras de su boca.

—Pero Zoro, no es tu culpa. Tú no pudiste evitar que la tomaran, pero nosotros tampoco. Todos estábamos allí pero nadie pudo reaccionar a tiempo. No nos dimos cuenta de lo que pasaba hasta que fue tarde, pero ahora ya está a salvo. Solo debemos encontrarla y explicarle lo que ha sucedido. Todo va a ir bien.

—No, Nami, no va a ir bien. Hay algo que no os he contado. Antes de marcharse de la sala de tortura, Robin me dijo una cosa. Robin me dijo que...

"Y si estás pensando en venir a por mí al Merry, tampoco me busques allí, dejo la tripulación, será mejor para ellos si yo no ando cerca", el momento y la rabia resonaban en su cabeza.

—Me dijo que... que dejaba la tripulación. Que se iba.

—¿Qué?

Casi en estado de shock, la navegante se sujetó con más fuerza a su amigo para no caer al suelo derrotada. Ambos se sostenían el uno al otro y sentían el mismo fuego quemarles por dentro ante la decisión de Robin.

—No puede ser cierto —susurró ella.

Cerró los ojos con fuerza y negó con la cabeza a la vez que intentaba entender el motivo de su partida y contener las lágrimas que comenzaban a nacer bajo sus parpados.

—Debería haberlo dicho antes pero no pude, no quería que sintierais lo mismo que yo cuando me lo dijo.

El joven guerrero reafirmó más su agarre mientras bajaba la cara para hundirla tristemente en el pelo de su amiga.

—Zoro —dijo ella secamente rompiendo el abrazo y mirándolo fijamente a los ojos—, debemos separarnos. Si queremos encontrarla, lo mejor que podemos hacer es buscar por diferentes sitios. Solo prométeme una cosa.

—Dime —dijo el más seguro de sí mismo contagiándose de la fuerza de la pelirroja.

—Prométeme que pondrás tus seis sentidos en esta misión.

—¿Seis?

—Sí, el de la orientación también cuenta aunque no lo uses muy a menudo —respondió guiñando un ojo y sacando la lengua.

—Serás bruja —rio él.

Unas cuantas indicaciones de la navegante, una última mirada de ánimo y ambos comenzaron la búsqueda para traer de vuelta a alguien a quien no dejarían marchar tan fácilmente de sus vidas.

El lugar parecía deshabitado y abandonado. Sería perfecto para lo que tenía en mente. De repente se oyeron un par de golpes lejanos que pronto se detuvieron, no sería extraño que muchos de aquellos edificios en ruinas se derrumbaran solos. Aun así, logró encontrar un pequeño cubículo que todavía se mantenía en pie. Abrió la puerta que crujió al moverse y entró en la sala húmeda y polvorienta donde una pequeña ventana dejaba entrar tímidamente los dulces rayos del sol. Era un lugar apartado, oscuro y tranquilo, necesitaba pensar detenidamente sobre todo lo que había pasado en las últimas horas y ese era, desde luego, el lugar idóneo para hacerlo sin que nadie diese con su paradero.

Érika Peterson

28 julio 2014