Anteriormente en Historia de un amor imposible
Los Sombrero de paja llegan a una extraña isla donde Robin es secuestrada. Tras acontecimientos desconocidos, Nami, Zoro y Luffy dan con ella y la rescatan, pero ella afirma tener kairoseki en las venas. Luffy y Nami van en busca de Chopper mientras Robin, alterada por todo lo sucedido, encadena a Zoro y huye.
Tras liberar a Zoro, Nami y él van a buscar a Robin y a Chopper, que se ha perdido en la isla siguiendo el rastro de la arqueóloga. Durante la búsqueda, Zoro se encuentra con Robin y le confiesa sus sentimientos, pero ella vuelve a huir tras confesarle que ella no siente lo mismo.
El espadachín se reencuentra con Nami y Chopper y van juntos al barco, donde Robin acaba de llegar. Se ha encerrado en su camarote y se niega a ver a nadie, hasta que llega Nami y le explica lo sucedido.
Esa misma noche, Robin decide hacer la guardia mientras Zoro y Nami hablan en la cocina.
AHORA EN Historia de un amor imposible...
―¿Hace falta que te responda?
―Vale, veo que no tienes muchas ganas de hablar.
Él le lanzó una mirada seria y cansada por encima de su té.
―¡Ah, por cierto! Hemos hablado y ya está todo aclarado, más o menos, aunque olvidar lo que pasó no va a ser fácil para ella.
―Ni para mí tampoco.
―Vas a tener que echarle una mano. Creo que estará dispuesta a aceptarla.
―No sé yo, Robin es complicada...
―¡Mira quién fue a hablar!
El espadachín no encontró manera de responderle y, sin más, volvió a su té.
―Zoro, lo que quiero decir es que tal vez Robin haya visto que los dos podéis cuajar de alguna manera.
―¿Y eso cómo lo sabes? ¿Intuición femenina? ―preguntó burlón.
―No, idiota ―respondió exasperada―. Me lo ha dicho ella... más o menos.
―¿Más o menos? ¿Cómo que más o menos?
―Bueno, ya sabes cómo es Robin, que dice las cosas sin decirlas... ¡Vamos, como tú!
―Oi, oi, que yo soy muy directo.
―Sí, hijo, sí, lo que tú digas.
―¡Oi, tú!
―Bueno, deja ya de cambiarme de tema...
―¿Yo? Pero si todavía no me has dicho qué querías.
―Chitón o me das 200 belies.
―Bruja ―susurró el espadachín por lo bajo.
―Muy bien, a ver, ahora que vemos que Robin está perceptiva, ¿cómo piensas acercarte a ella? ¿Cuál es tu plan? ―Su mirada era como la de un estratega militar justo antes de una batalla.
―¿Mi plan para qué?
―Chico, hoy estás espeso... ¿Cómo que plan para qué? ¡Pues para que haya rollo entre Robin y tú! ¿Para qué va a ser si no? ¿Para hacer ganchillo?
―Mira, creo que ya he tenido bastantes conversaciones comprometidas contigo por hoy, me voy.
Zoro dejó su vaso de té todavía medio lleno sobre la mesa y se levantó dispuesto a marcharse cuando Nami lo tomó por el cuello de la camiseta y lo arrastró hacia atrás, donde estaba ella.
―Tú no te vas a ninguna parte ―dijo sentándolo de un empujón en una de las sillas―. He dicho que vas a acercarte a Robin y lo vas a hacer.
―¿Acercarme cómo? ¿Por qué?
―Mira, me estás poniendo negra ya con tanta pregunta tonta ―Le puso las manos en los hombros y se agachó un poco para clavarle la mirada―. Tienes que pasar más tiempo con ella para que vea que te preocupas y que vas en serio, pero no te pongas en modo Sanji baboso.
―¿Entonces qué hago? ¿Me quedo sentado a su lado sin hacer nada?
―¡Por fin parece que ves por dónde van los tiros! Haz justo eso, sé tú mismo. Deja que se acostumbre a tu compañía. No la presiones, ella te quiere y todavía no lo sabe. Así que deja que lo descubra por sí misma.
―¡Vaya una celestina que estás tú hecha!
―Lo que tú digas, pero hazme caso y verás.
―Yo no obedezco tus órdenes ―dijo levantándose y saliendo de la cocina sin haberse acabado el té.
Levantó un poco la mirada y vio cómo una silueta oscura se abalanzaba sobre ella. Quiso cubrirse la cara con las manos pero por algún extraño motivo estaban inmóviles amarradas a su espalda y no pudo esquivar ninguna de las patadas que le propinó en el vientre y en la cara. Ahogada en el dolor oyó unas palabras que aquel hombre le estaba gritando, solo eran dos. «Idiota, idiota, idiota, mujer idiota.»
Logró abrir los ojos y vio la estructura de metal que mantenía unido el rostro desfigurado de su agresor. Aquellas ojeras y nariz amoratadas lo hacían parecer un panda con ojos de asesino.
―¿Crees que alguien va a venir a buscarte? No me hagas reír, idiota. ¡Mujer idiota!
Ya empezaba a sentir el sabor de su propia sangre en la lengua cuando de repente cesaron los golpes y los gritos. Ahora solo oía la canción que ella tarareaba cuando estaba sola, pero no era su voz, ella no estaba cantando ahora. Cuando por curiosidad abrió los ojos, vio una especie de aura verdosa que se le acercaba. Sin embargo, no era el hombre panda; él no estaba ya por ningún sitio. Sintió que aquella fuerza extraña se le incrustaba en cada célula de su cuerpo para obligarla a levantarse. Lo supo porque en el instante en que sus pies volvieron a pisar el suelo, el aura la envolvió cálidamente y las esposas cayeron al suelo dejando que sus brazos quedaran libres de nuevo. Instintivamente, movió las manos hacia adelante para tocar aquella presencia y un cuerpo se materializó entre sus brazos. No pudo evitar estremecerse y suspirar dentro de aquel abrazo de flores, acero, mar y café. Era un cuerpo firme, fuerte y cálido. Se quedó unida a él unos instantes con el deseo de acariciarle el rostro y mirarle a los ojos, pero cuando decidió hacerlo, este se esfumó con la brisa.
―Zo... ro.
Al abrir los ojos se encontró de lleno con el cielo amarillento del amanecer y con que su corazón parecía oprimido dentro del pecho. Una capa de sudor le cubría la piel, pero la brisa del mar le ayudó a refrescarse.
―Robin...
Esa voz la sobresaltó, ¿dónde estaba? Se giró y se sorprendió más todavía al ver que estaba sentado a su lado, apoyado también sobre el palo mayor. ¿Cuándo había subido? No se había dado cuenta, se había quedado dormida haciendo la guardia, ¡qué vergüenza! ¿Y si les hubiera pasado algo por su incompetencia? ¿Qué podía hacer?
―No..., Robin...
Es verdad, no estaba sola, no era momento de perderse en sus pensamientos. ¿Habría subido para echárselo en cara? Lo observó sin hacer ruido y vio que estaba sentado en la posición del loto, como siempre hacía, con la cabeza ligeramente ladeada sobre el lado derecho. Tenía los brazos cruzados frente al pecho y la piel de gallina. Debía de tener frío. Le miró el rostro y lo vio con los ojos cerrados pero con el ceño fruncido. Todo aquello les estaba desgastando sobremanera y al final él había sucumbido al cansancio. Iba a tocarle para despertarlo cuando él se movió involuntariamente.
―¿Por qué?
Se quedó paralizada un momento ante la pregunta.
―¿Por qué qué? ―pronunció casi en un susurro.
―No te creo, Robin. No te vayas ahora. No perderé. No voy a dejarte sola.
―¿Qué?
―Robin, te quiero.
A la arqueóloga se le heló la sangre de las venas y se quedó allí mirándolo sin saber qué hacer. Estaba claramente hablando en sueños, pero aquello igualmente la cogió por sorpresa. No podía creer lo que había oído y mucho menos podía creer que su corazón hubiera dado un vuelco y su estómago se hubiera hecho un nudo al oír aquellas palabras. Los sueños muchas veces muestran sentimientos que queremos tener bajo llave, ¿no? Si su subconsciente le había hecho decir aquello cuando no podía controlar sus actos, es que sería sincero ¿verdad? Una lágrima rodó por su mejilla y antes de que se le extinguiera la voz se acercó más al peliverde.
―Yo también te quiero ―le susurró muy cerca del oído como intentando que nadie más pudiera oírlo.
Examinó sus facciones detenidamente durante unos segundos, antes de bajar del puesto de vigía y dejar tras de sí a un confundido espadachín que se despertó allí solo sin entender por qué la boca le quemaba a cereza.
Miró a su alrededor y vio el puesto de vigilancia vacío. La brisa del mar le acarició y le ayudó a deshacerse de los últimos restos de sueño. No pretendía dormirse pero al final no lo había podido evitar. Era plena noche cuando había subido a ver a Robin. Se sentía culpable por lo sucedido la noche anterior y no quería dejarla sola. La vio dormida y sintió ganas de despertarla, pero se la veía tan en paz con sus fantasmas que simplemente decidió que haría la guardia por ella y se quedaría allí a su lado toda la noche. Tanto si ella lo amaba como si no, él velaría por ella sin pedir nada a cambio.
Las horas cabalgaron raudas y, sin darse cuenta, quedó hipnotizado por el rostro de la morena que brillaba insólitamente bello bajo la luz de la luna y las estrellas. Su piel era aterciopelada y su pelo parecía hecho de hilos de ónix pulido, sus largas pestañas felinas se movían de vez en cuando con el movimiento involuntario de los párpados y sus labios entreabiertos parecían suplicarle un beso, pero solamente se limitó a observarla en silencio, o eso creía él, ya que sin ser plenamente consciente comenzó a tararearle suavemente una canción. Pasó horas a su lado sin poder mirar otra cosa que no fuera la arqueóloga, aprendiendo de memoria cada detalle de Robin hasta que los ayudantes de Morfeo vinieron a buscarlo para llevárselo a un sueño agitado y desesperante del que habría de despertar para encontrarse solo en el puesto, rodeado de los primeros rayos de sol y con un extraño sabor a cereza quemándole los labios. Se despertó solo en el puesto con los primeros rayos de sol sin saber que Robin se había vuelto a enamorar allí arriba antes de desaparecer robándole furtivamente un beso a la noche de vigilancia.
Gracias por llegar hasta aquí. Este ha sido uno de los momentos cardíacos que tenía preparados. Solo espero que os haya gustado aunque me habría gustado haberlo podido describir de una forma más épica, decidme qué os ha parecido.
Hoy quiero dar las gracias en especial a nico robin piscis 16 por brindarme todo ese apoyo incondicional con cada comentario, me hace muy feliz leer siempre comentarios tan sinceros y halagadores.
Este capítulo va dedicado a todas aquellas personas que hayáis leído esta historia y que estéis disfrutando con ella.
Recomendación de fic: ¡Anda, estoy enamorado! ¿NANIIIII? de Ishurii. Pasaos y leedlo mientras escribo el próximo capítulo, os prometo que no os defraudará, yo me río muchísimo.
Un abrazo muy fuerte y nos vemos en el próximo capítulo.
¡MOMENTO DE LAS ENCUESTAS!
¿Creéis que es buena idea que siga poniendo yo los títulos de los capítulos (¡se me da fatal!)?
a) Sí, sigue poniéndolos tú.
b) No, deja que nosotros propongamos títulos en los comentarios y tú eliges (esto es lo que hace Ishurii en el fic ¡Anda, estoy enamorado! ¿NANIIIII?)
c) No, prefiero otro modo de elegir el título. [Especifica cuál]
d) Me da igual.
03 de julio de 2015
Érika Peterson
