Tras las encuestas del capítulo anterior, voy a seguir decidiendo yo el nombre de los capítulos.
Espero que estuvierais esperando la actualización porque hoy estamos de cumplefic :D Sí, hoy esta historia cumple tres añitos llenos de buenos momentos para mí y espero que para vosotros también. Hubo un tiempo en que estuve a punto de tirar la toalla por esta historia y dejarla inconclusa, pero al pensar en todas las personas que me leían y me seguían y dejaban comentarios, volví a la tierra y seguí con esta historia ZoRo porque os lo debía.
Muchas gracias a todos por estar siempre ahí. Ya estamos cerca de las 15 000 lecturas.
El ruido que comenzaba a oírse por cubierta y la cocina le indicó que sus compañeros ya habían despertado y que empezaba un nuevo día para la tripulación. Unas voces treparon por el palo mayor hasta sus oídos, pero su cerebro pareció ignorarlas. Allí arriba era como si estuviese en un mundo diferente donde el tiempo se detenía y solo quedaban el cielo, el mar y él. Se concentró observando la difusa línea del horizonte que iba cambiando de color por momentos. No podía apartar la mirada. El mar, poco a poco, se fue iluminando con las sábanas de sol que empezaban a cubrirlo. Por el día era mucho menos temible.
Permaneció sentado en silencio en su remanso de paz con los brazos apoyados en los muslos. La brisa fresca del amanecer se le enredó en el pelo y le acarició la piel con un susurro. Cerró los ojos es inspiró hondo llenando sus pulmones y recogiendo en ellos toda la infelicidad de su cuerpo. Entreabrió los labios y fue dejando escapar el aire como si fuera un riachuelo que se llevaba sus penas y le limpiaba el alma. Volvió a abrir los ojos y se sintió en paz consigo mismo y con el mundo. Podía sentir más intensamente cada parte de su ser, desde la punta de los pies a la última raíz de cabello pasando por los labios. Levantó la mano derecha e inconscientemente los acarició sorprendiéndose en el acto de lo cálidos que eran y de la humedad en ellos. Al pasar la lengua, un sabor dulce le invadió la boca. Era muy agradable, por lo que no pudo evitar sonreír. ¿Cómo olvidar el sabor de Robin? Hasta podía olerla como si estuviese a su lado. De repente, una mano le tocó el hombro para que volviera a la realidad del Merry. Al girarse solo vio la mano, por eso la olía tan cerca, era una mano fleur.
Se levantó lentamente mientras estiraba con cuidado cada músculo de su cuerpo y desentumecía las articulaciones castigadas por el mar. Al posar sus ojos en cubierta vio que solo ella estaba allí y que lo miraba fijamente a los ojos sin moverse.
―¡Mi preciosa Robin, tu desayuno ya está listo!¡Puedes venir a mis brazos cuando quieras! ―La voz que brotó de la cocina la obligó a girarse y luego desapareció tras el marco de la puerta.
El espadachín se detuvo un momento antes de bajar para inspirar una vez más y empaparse de la sensación de paz y equilibrio que le daba el puesto de vigilancia.
Fue el último en entrar a la cocina y por eso no tuvo mucha elección en el asiento. Solo quedaban dos libres: uno junto a Sanji y Luffy y el otro al lado de la arqueóloga en una esquina. La verdad es que tenía bastante hambre y pocas ganas de pelear con nadie, así que no le quedó más opción que sentarse junto a Robin. Aunque otras veces había tenido más hambre, la verdad es que simplemente quería sentarse junto a ella. ¿Qué? No había nada malo en admitirlo, ¿no? Total ya le había dicho lo que sentía... ¡No! Ella le había dicho que no sentía lo mismo por él. No podía forzarla a sentir algo que no podía, ¿qué era mejor?
Perdido en sus pensamientos, el espadachín se quedó como un pasmarote bajo el umbral de la puerta durante unos cuantos segundos, hasta que las caras raras que no paraba de ponerle Nami le arrancaron de su ensoñación. Al verla con un poco más de atención se dio cuenta de que no eran muecas al azar sino que le estaba intentando decir que se pusiera junto a Robin. No lo habría planeado ella, ¿no? Teniendo en cuenta que Sanji y Robin siempre se sentaban a su lado, que Sanji siempre se ponía cerca de la nevera para protegerla, que Luffy no se pondría junto a Robin porque desde la esquina de la mesa no tendría un acceso tan directo a la comida y teniendo en cuenta también que Chopper y Usopp se sentaban siempre juntos y al lado de Robin solo quedaba un asiento libre, igual no era tan descabellado que la pelirroja tuviera algo que ver. Bien merecido se tenía el apodo de Gata.
«Haz justo eso, sé tú mismo. Deja que se acostumbre a tu compañía. No la presiones, ella te quiere y todavía no lo sabe. Así que deja que lo descubra por sí misma.»
Con un suspiro casi inaudible y tras lanzarle una pequeña sonrisa a Nami, Zoro se dirigió a su sitio antes de que se terminara toda la comida de la mesa.
―Buenos días ―dijo en general pero mirando de reojo a la pelirroja con una sonrisita ladeada.
―Bebof biaf ―respondió Luffy con la boca llena de comida.
Los demás respondieron con un breve saludo antes de proseguir con lo que estaban haciendo antes de que él entrase. Usopp siguió con la historia que le estaba contando a Chopper sobre cómo había salvado a toda una isla el solo de la mafia y el reno lo escuchaba con los ojos muy abiertos y brillantes sin percatarse de que Luffy iba a robarle comida del plato cuando, de repente, un tenedor salió volando hacia la mano del chico de goma.
―¡Luffy!
―¡Ay, Nami, eso ha dolido!
―¡Te tengo dicho que no robes comida de los demás!
―Pero si eres tú la que siempre roba a los demás.
―¡¿Qué has dicho?! ―preguntó la navegante con los ojos encendidos y el puño preparado.
―¿Yo? Nada, nada ―dijo Luffy metiéndose una gran tostada entera en la boca.
―Más te vale.
Nadie más lo oyó pero Zoro vio reír muy suavemente, casi a escondidas, a la arqueóloga. Se quedó mirándola de reojo unos instantes y no pudo evitar sonreír mientras bajaba la cabeza. Había hecho bien sentándose allí aunque realmente no estaban hablando, ni siquiera se miraban. En algún momento quiso el espadachín decirle algo, pero no lograba que le saliera la voz y, de todos modos, no sabía cómo empezar una conversación con ella sin que se notase que algo iba mal entre ellos. Así que el silencio tal vez fuera la mejor opción en aquellos momentos.
Lo vio mirarla de reojo de vez en cuando desde que se había sentado. Ella también lo miraba a escondidas, mientras sorbía su café o fingía mirar hacia la ventana de la cocina. Quería decirle algo pero no sabía qué, después de lo que les había pasado en los dos últimos días, las palabras no eran suficientes para sacar al exterior todo lo que estaba pasándoles por dentro. Era una mujer silenciosa, siempre lo había sido, pero ahora quería hablar, las palabras querían salir despedidas por su garganta, pero sus cuerdas vocales parecían haberse esfumado y aunque un par de veces abrió la boca para decir algo, nada salió de ella. Aquello la estaba matando. La duda, los recuerdos, el miedo. Ojalá pudiera ser tan sincera como lo había sido hacía unos momentos antes en el puesto de vigilancia cuando le había robado un beso mientras dormía. ¿Por qué le costaba tanto hacer lo mismo estando despiertos los dos?
―Robin, está rico el desayuno, ¿verdad? ―La voz la sacó de su cabeza.
―Sí que es verdad, navegante. Gracias por el desayuno ―dijo dirigiéndose al cocinero, que se sorprendió por el halago.
―¡Ay, Robin de mi corazón!¡Por ti haré lo que haga falta!
Ella le sonrió y se levantó con los platos de su desayuno apilados dispuesta a dejarlos en el fregadero y marcharse de la cocina. A continuación se despidió de sus compañeros con un leve movimiento de cabeza antes de salir de la cocina de la misma manera silenciosa a como había entrado.
El sol penetró suavemente por sus poros cuando salió por la puerta de la cocina. Levantó un poco la vista dejando que el azul del cielo inundara sus pupilas, pero nada podía compararse al azul zafiro de sus ojos. Sintió su cuerpo pesado por el agotamiento de los últimos días y suspiró.
Tras unos minutos, la cocina quedó desierta salvo por Zoro y Nami, ya que Chopper y Usopp habían salido justo después de Robin porque debían preparar medicinas y munición, respectivamente, para estar prevenidos ante lo que pudieran encontrarse en su próxima isla. Luffy se había ido a tumbar sobre la cabeza de Merry y Sanji había ido a hacer una "inspección sanitaria" que era cómo el cocinero llamaba a buscar por el barco a ver si el capitán se había escondido comida para comer luego.
―¿Y bien?
―¿Y bien, qué? ―preguntó el espadachín.
Nami se había sentado a su lado y lo miraba fijamente como un niño en el zoo y espera que los monos hagan algo. Pero Zoro solo quería acabarse el desayuno e ir a entrenar un rato, no tenía humor para enfrentar las preguntas de la pelirroja pues con ella no podías permitirte el lujo de mentirle o de ignorarla, era demasiado pesada.
―Anoche.
―¿Anoche, qué?
―¿La vigilancia?
―Sí, hizo Robin la vigilancia, lo dijo en la cena.
Cuando vio que una sonrisa traviesa cruzaba el rostro de la navegante, enseguida supo que ya había caído en su trampa.
―Y por lo que he visto, estuviste con ella.
Mantuvo su sonrisa intacta pero miraba todavía con más atención al espadachín, quien, dispuesto a no volver a ser parte de sus juegos, tomo su taza de leche entre las manos y dio un gran sorbo antes de levantarse para recoger su plato.
―¿No vas a contarme nada? Pues te vi subir, que lo sepas.
―¿Y?
―Que deberías contarme algo al menos, yo qué sé, si te dijo algo. Tú me has metido en esto.
―Oi, oi, que en esto te has metido tú porque has querido.
Al girarse desde el fregadero vio que estaba atrapado como un animalito en una jaula ya que Nami se había levantado sigilosamente y se encontraba apoyada sobre la puerta cerrada de la cocina impidiendo la salida segura del espadachín.
―Que no, Zoro, que tú de aquí no te vas hasta que no me digas algo. Además hoy no ha ido tan mal, ¿no? No parabais de lanzaros miraditas ―comentó con una risita.
―Pero ¿se puede saber qué quieres?
―Que me digas algo de lo vuestro, si mi consejo te ha funcionado, qué te dijo anoche cuando subiste, no sé, pero dime algo porfa… ―Se abalanzó sobre él y le tomó de la camiseta mientras le ponía ojos llorosos.
No había nada que hacer contra esta chica. Resopló y le contestó de mala gana:
―Cuando subí anoche, no reaccionó de ninguna manera porque estaba dormida.
―¡Conque sí subiste!¡Lo sabía! ―respondió ella victoriosa.
―¿Qué? Pues si tú me has dicho que me viste.
―La verdad es que no, solo lo suponía, pero ya me lo has confirmado. ¡Bien hecho! ―dijo con un guiño y levantándole el pulgar.
―Maldita bruja.
―¿Y te quedaste con ella mientras dormía?¡Que monos! Me encantaría haberos visto. Dime más cosas ―siguió ella ignorando lo que él le había dicho.
De repente, entró Sanji a la cocina y se puso en llamas cuando vio a su Nami tan cerca del marimo. Momento que este aprovechó para escapar de la cocina fingiendo que no quería pelear en ese momento. Sin embargo, el rubio salió tras él enfurecido y el espadachín abrió la primera puerta que encontró huyendo de una pelea con el cocinero y de las preguntas de la pelirroja.
Cuando dio un paso al interior, se quedó clavado en el suelo. Ante él estaba Robin, pero no solo era Robin. Era Robin al salir de la ducha, rodeada de una nube de vapor de agua, de olores de diferentes frutas, con el pelo mojado a un lado del cuello y que hacía que agua cayera por su hombro y su espalda, donde se encontraba la toalla pinzada bajo la axila, que caía justo hasta encima de sus rodillas, dejando entrever sus largas piernas brillantes por el agua que todavía las cubría.
Al oír que se abría la puerta, Robin se giró y vio al espadachín allí plantado, con los ojos muy abiertos y sonrojado hasta las orejas, y que se sonrojó más todavía al ver a la arqueóloga sin maquillaje, pero ligeramente sonrosada por el calor del baño.
Tardó unos segundos en reaccionar pero que a ambos se les antojaron horas. Sin pensarlo, el espadachín se giró bruscamente y se fue cerrando la puerta tras susurrar un débil "lo siento".
―Zoro ―dijo ella con la mano en el pomo de la puerta.
Se vistió rápidamente y fue a buscarlo sin dudar. Tenía que hablar con él. Tenían que hablar de lo que les había pasado. ¿Cómo habían acabado de pasar una vigilancia tomados de la mano a ni siquiera sostenerse la mirada? Estaba empezando a hartarse de la situación y quería que acabase de una vez por todas. Quería volver a tener una conversación profunda con él sin miedo a hacerse daño o a acabar rotos. Quería estar con él sin temer al pasado y sin plantearse el futuro, solo disfrutando del momento.
La brisa le secó el pelo, pero le enfrió la piel y fue a por una chaqueta que tenía a juego de los pantalones para que le cubriera los brazos expuestos por la camiseta azul cielo que llevaba puesta aquel día.
No le costó demasiado encontrarlo, estaba donde siempre, entrenando, cuando una voz detuvo sus pasos hacia él.
―¡Tierra a la vista!¡Chicos hay una isla a lo lejos!
La voz de Luffy enseguida atrajo a todos a cubierta pues se acercaban cada vez más a una nueva aventura.
Gracias por haber llegado hasta aquí. Espero que os haya gustado el capítulo, pronto se va a poner emocionante, lo prometo.
Pido perdón por si hay alguna falta o incoherencia en el capítulo, no me ha dado mucho tiempo a revisarlo.
Un abrazo a todos.
Érika Peterson.
23 de julio de 2015
