Capítulo 5.

Avatar.


El mundo parece mil veces más brillante e interesante, aunque también mil veces más blanco y frió... pero ¿a quién le importa el frió mientras tiene frente a si las cosas más impresionantes y únicas que sus ojos han llegado a ver?, hay tantas cosas que quiere hacer que no sabe por cual empezar. Pero todos los que le rodean le facilitan el trabajo de decidir y le dan una respuesta que no le gusta mucho:

- Tu no debes hacer nada- le dice la voz calmada de algún monje.

- Eres el avatar compórtate- comenta duramente otro.

- Tal vez luego- le consuela Gyatso con una sonrisa condescendiente, que fue acribillada por las miradas de reclamo de los otros monjes.

Aang bajo la mirada con su mejor resignación fingida esperando el momento oportuno para divertirse un poco, pues comportarse y estar quieto no es lo suyo.

Después de acomodar a Appa en un cálido establo con paredes de hielo cubiertas de madera los monjes se concentraron en instalarse en el palacio y Aang encontró la oportunidad perfecta para huir. Escondido en los pasillos se encontró con todo tipo de gente, de piel oscura, de piel blanca y con ojos de múltiples colores pero lo que más llamo su atención fue cuando por fin escucho risas de niños desde lo que parecía un patio con varias plataformas de hielo y múltiples canales que se esparcían alrededor de las plataformas, también había pequeños montículos de nieve por todas partes. Escucho las risas más cercanas pero no encontró a sus dueños, lo que si pudo ver fue la lejana figura de un monje que seguramente había notado su ausencia y lo estaba buscando, temeroso corrió al patio y se adentro en e laberinto de hielo y nieve pero solo consiguió caer un hoyo poco profundo cavado en la nieve y que un montón de gotas frías le cayeran encima calandolo hasta los huesos.

- Gane -grito la voz triunfal y dulce de una niña.

Aang levanto la mirada y se encontró con el rostro sonriente y sorprendido de una bonita niña morena de enormes ojos azules, en ese instante Aang decidió que el azul era su color favorito y que no le importaba para nada el frió si podía seguir viendo esa sonrisa.

- ¿Qué ganaste?- pregunto Aang de buen humor, algo increíble para alguien mojado y en un hoyo de nieve en el polo norte.

- Tu no eres Zuko- afirmo la niña perdiendo varias décimas del brillo y alegría en los ojos y la sonrisa, Aang se sintió triste por no ser quien esperaba, pero luego recordó al monje que lo perseguía.

- Claro que no soy yo, yo no caería en una trampa tan tonta- dijo una voz cercana y Aang vio asomarse a un chico un poco mayor desde un montículo de nieve cercano, el tenía un grueso abrigo rojo y le sonreía a la niña como si Aang no existiera.- Yo te encontré primero así que yo gano Katara- anuncio el feliz y la niña solo hizo una mueca de disgusto que borro cuando volteo a ver el hoyo de nuevo.

- Te ayudo- ofreció ella mientras extendía su mano para poder sacar a Aang del pequeño hoyo y el otro chico quien supuso debía ser Zuko por fin lo noto.

- Hola - dijo el un tono más bien formal mientras también le tendía la mano y le ayudaban a salir, pero a Aang lo que menos le importaba era el tono del chico de rojo, por que estaba siendo perseguido. Así que sorprendiendo a Zuko y a Katara volvió de un salto al hoyo apenas estuvo fuera de el y les indico con gestos que se callaran y lo ocultaran. Katara sonrió y asintió mientras que Zuko encogió los hombros con desgano pero también asintió.

- Príncipe Zuko, princesa Katara es hora de volver- anuncio lejana una voz femenina, los niños miraron dudosos al hoyo y su ocupante.

-¿Estarás bien?- pregunto Zuko alzando una ceja, Aang asintió despreocupado.

- Pero estas mojado- se preocupo Katara y Aang sintió una hermosa y cálida sensación a pesar de estar helado.

- Estaré, bien, bien... solo no le digan a nadie que me vieron - susurro suplicante Aang con una sonrisa traviesa, Zuko y Katara se miraron por un segundo y asintieron en acuerdo para luego despedirse con una sonrisa del niño cuyo nombre no habían alcanzado a preguntar.

- Si ya vamos- grito Kataray tomo la mano de Zuko para irse corriendo, Aang se lleno de una extraña y desagradable sensación ante tal escena pero el miedo a ser encontrado y reprendido nublo ese pensamiento.

- Princesa Katara ¿No vieron a nadie más en el patio?- preguntaba lejana la misma voz que había llamado hace un momento.

- Nop- dijo Katara despreocupada y hubo una pausa

- ¿Estas segura niña?- pregunto molesto Being, el monje que lo buscaba, con voz dura.

- Claro, no había nadie más que nosotros en este patio- afirmo con seguridad y cierta arrogancia Zuko. Ese era el tono de alguien que no gustaba de ser desacreditado y sabía lo que hacia.

Una pausa más, el sonido de telas doblándose, pasos -unos fuertes otros ligeros- y al final silencio, Aang pudo imaginarse la cara molesta de Being por no lograr encontrarlo y por que un niño le acaba de callar se tomo la libertad de reír muy bajo y luego salir de su hoyo con ayuda de su aire control, eso también le ayudo a secarse y el pequeño salio corriendo de regreso a las habitaciones para fingir que nunca había estado muy lejos de ahí y que era un niño muy bueno.

o.O.o

Zuko estaba más bien aburrido, Katara estaba encantada. La ceremonia de compromiso se llevaba a cabo bajo la luz de la luna y frente a un pequeño lago que decían los adultos era importantísimo, Soka y Yue tenían las mano bajo el agua y el rey de la tribu agua del norte las ato con un cordel azul, los niños sacaron las manos avergonzados y todos aplaudieron; al final de la ceremonia Soka le entrego un collar a Yue, a Zuko le pareció muy simple pero Katara aplaudió con más entusiasmo que nunca.

Por su parte Aang quería dormir más que nada en el mundo estaba cansado y triste por que solo pudo ver de lejos a otros niños y toda la celebración había estado siendo acosado por un montón de adultos que se decían y sentían muy importantes, bueno el rey Bumi y el señor Iroh le habían caído muy bien pero al final del día estaba realmente harto.

Cuando Zuko y Katara se disponían a salir del salón atestado de gente notaron al niño de la mañana rodeado de gente, parecía al borde del colapso y eso les recordó un poco a si mismos, los niños cruzaron una mirada cómplice y un florero cercano exploto, la gente se distrajo y fue el momento prefecto para que Aang huyera. El pequeño avatar noto quien lo ayudo y corrió hacia ellos.

- Gracias- dijo con una sincera y enorme sonrisa.

- De nada...- dijeron al mismo tiempo los príncipes pero no supieron como llamar a su nuevo amigo.

- !Ha¡... soy Aang- aclaro el pequeño calvo.

- Yo soy Katara y el Zuko- dijo Katara señalando se a si misma y luego al niño de cabello negro.

La presentación fue interrumpida por la llegada intempestiva de Soka que jalaba a Yue con el.

- !Katara¡

- Escandaloso como siempre - se quejo Zuko.

- ¿Katara por que estas siempre con este amargado?- pregunto sarcástico Soka.

- Chicos no peleen frente a Aang que apenas nos estábamos presentando.

Pero a Aang no le molestaba la escena, se sentía muy a gusto con otros niños que no le trataran como inalcanzable, ojala eso pudiera durar un poco más.

- No importa, gracias por lo de ahora y la mañana, yo no salgo mucho y quería...

Pero el no pudo continuar y fue jalado hacia atras por uno de los monjes, cayendo así la capucha de su abrigo y mostrando su cabeza calva y marcada por una flecha grande y azul. Aang creyó que ahí habían acabado los únicos conatos de amistad que había tenido en la vida, todos los que veían su marca no lo volvían a tratar igual.

- Te dijimos que permanecieras cerca y tranquilo- le reprendió Being.

- No hacíamos nada malo- se quejo Katara.

- Claro que no pequeña pero...

- El puede quedarse un rato ¿no?- pregunto Zuko con tono dulce pero mirada imperativa.

Being se enfado pero no lo demostró, detesto a esos niños mimados pero no podía hacer nada, y Aang... estallo de felicidad por que los otros niños le quisieran cerca aun después de saber quien era.

- Vamos Being deja a los niños establecer buenas relaciones- dijo la voz calma del señor del fuego que venia acompañado del sonriente monje Gyatso.

- Es a fortalecer los lazos de las naciones a lo que hemos venido déjalos- hablo el monje mayor con infinita tranquilidad.

Being asintió y se retiro.

- Vamos a cenar juntos- dijo animado Soka y Yue asintió tímida en acuerdo.

- Vamos- secundo animado Aang y los pequeños corrieron a la mesa más cercana.

- Tienen que probar los erizos de mar de aquí- decía Katara.

- Yo paso- contesto rápidamente Zuko y pronto las voces de los pequeños dejaron de ser claras para los mayores.

- Ojala el mundo siempre fuera así de sencillo- reflexiono serio Iroh.

- El mundo siempre es así de sencillo pero los adultos solemos olvidalo- dijo el monje, y ambos se encaminaron a una mesa cercana a cenar con otros importantes personajes de las cuatro naciones.

Notas: Aang en el polo norte, por el momento todo es dulzura pero las cosas se complicaran más adelante. Gracias a todos por leer pero agradecimientos especiales a Ramib89 por sus reviews :) me alegran el día y me dan inspiración.