Hola mi querida gente, vengo con toda la pena encima por haberles hecho esperar tantos años, las explicaciones las he dejado en Mi hermanastra de los ojos marrones, así que, podrían pasarse por allá también je, je… o no u_u

Bueno, dedico ésta historia a mi buen amigo Alfredo, J A Fredo, un escritor Jori guapísimo de por acá, si no lo han leído, no pueden perderse sus fics, ese de Jade West: La leyenda del Ghost Rider… a quien le debo comentarios, por cierto ._. Bueno, pues éste va para ti, brother. Me disculpo si no he mencionado a otros/as escritoras/es de por acá u_u A veces no puedo recordar todos los nombres superpuestos u_u

Y bueno, acá vienen los saludos :-D Sofí .10, muchas gracias, espero que te siga gustando esto : - ) ; DESTACADO117, el principal interesado de que continúe éste fic, acá lo tenés vos, hermano, gracias por insistir en que actualice :-P ; JORIYELITORIA, ¿me perdonas? No lo vuelvo a hacer u_u :´I ; StrangeGirlNelle, ¿eres la misma Strange que conozco? ¿Esa que está locamente enamorada de mí? :v ; Joririzzles, yo creo que tiene el complejo de Harry Potter, la desglaceada de Vic u_u necesita unas buenas cachetadas, la marginal u_u ;

Vane23, hola, es que si no se dejan, pues no hay historia u_u ya sabes, veo muchas telenovelas u_u ; Vaniap0211 :-O ¡pero yo soy cristiana! El infierno no es para mí u_u ; Guest 1, todos quisiéramos lo mismo u_u pero algunas personas simplemente son tontas u_u yo no estoy entre ellas, por supuesto XD … u_u mátame u_u ; Rusher y Victorian of Heart, me canso de decirte que ésta historia no es para menores de edad, por favor, guardias ¡a los leones! (u_u)/ ; Liz, ah, pues sigue mecaneando en el Internet, puedes escribir, sexy LindsayWest, y aparecerán 46582764862734734732 resultados con mi nombre :-D … no es cierto u_u ;

Guest 2, ¿te gustan todos mis fics? ¿en serio? ¿y si me dices tu nombre? ¿eres guapo o guapa? ¿soltera? :v Amor, si estás leyendo esto, no estoy coqueteando, sólo interactúo con mis lectores :-D … :-/ ; iRoss14, yo conozco a alguien de España, se llama ABlaker y estuvo locamente enamorada de mí, hasta que se consiguió una Minion :v ; Misticgwen, yo no desprecio a Ariana, nada más no es mi favorita :-D esto es porque salgo en la tele, sonrisa fingida c: ; Paula… lo acabo de haceeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeer :v es que así de largo era tu "continúa" :v ; Guet 3, ¿por qué quieres que se quede con Ari? o.O ; Pollo… a ver, más específico ._.

Y a quienes me han escrito en mis fics ya finalizados, LuxzBelle; Wiltamber; Forty Three; .1257; Sueli; Josué.israel.330; Nicol West; Pauly Vega; DK-Sudi; PanxaaaxD; Rustjacque12; ¡MOLTO GRATZIA! :-D

Y bueno, mi declaración: yo, LindsayWest, en pleno uso de mis facultades mentales, declaro que NO conozco nada de la vida de las personas a quienes describo en ésta historia, todo lo que escribo, sale de mi imaginación, por tanto, nada es cierto hasta que se demuestra lo contrario, si falto a la vida privada, me disculpo, no conozco la vida privada de ninguna y por supuesto, en la vida real éstas actrices deben ser totalmente diferentes a como yo las escribo. Sus vidas reales no me perteneces ni tampoco es mía la serie de Victorious, es de Dan.

Gracias por leerme amado público lector, gracias por agregarme a favoritos. No se olviden dejarme sus comentarios. Se les quiere, gente :´D

CHAPTER 7.

La cara de Daniella parecía una roca a la que le habían asestado una fuerte bofetada, sorprendida, pero sin haberla movido un centímetro siquiera.

-Lo-siento – espeté tímidamente, ella parpadeó repetidas ocasiones antes de poder articular una palabra.

-¿Quée… qué… qué cosa fue eso?

-No lo sé… yo… - Bajé la vista, tratando de buscar una respuesta coherente que la dejara satisfecha, pero nada bueno se me ocurría para justificarme, sin revelar el verdadero porqué de haberla besado de repente.

-Oye… me agradas, Ari… pero no voy a ser tu comodín para darle celos a Elizabeth, ¿entiendes?

-No, yo no quería eso… - salté de inmediato, asustada de haber sido tan obvia – yo sólo no sé qué…

-Mira – dijo ella tomándome por los hombros y armándose de toda la paciencia que pudiera encontrar – no lo ocultes conmigo, estás enamorada de Liz y todos aquí nos damos cuenta de eso, si quieres seguirlo ocultando está bien, hasta ahora nadie ha dicho nada respecto tu "asunto" con Liz, nadie se ha atrevido a molestar porque respetamos tus sentimientos…

-Y-yo… - balbuceé, pero ella me ignoró para seguir hablando sin alterar su postura.

-Liz y Victoria han estado saliendo últimamente, o lo estaban; ellas tienen algo, hace mucho que Victoria se enamoró de Liz no obstante, se mantuvo al margen por causa tuya, porque sabía que tú estabas ahí; ahora, no sé cómo vas a resolver eso, no sé si es lo que quieres, intuyo que no te gusta, entiendo porqué, puedes dejarlas estar juntas, puedes intentar separarlas, lo que decidas hacer… no me involucres ¿de acuerdo? Porque soy amiga de las tres y no quiero dividirme entre ustedes porque estén de pleito, no le daré la razón a nadie ni tampoco la contra, prefiero mantenerme al margen; pero si quieres un consejo, el haberme besado no creo que solucione tus conflictos con Liz, más bien creo que les has hecho crecer y…

-Ella ya no me ama – la interrumpí.

-¿Cómo?

-Liz y yo teníamos algo, éramos muy felices juntas pero de repente… llegó Victoria y me la quitó.

-¿Tú estás plenamente segura de que fueron así las cosas?

-¡Sí! Ella se entrometió entre nosotras, estábamos muy bien, Liz me amaba ¡ella era mía!

-¿Y por qué te dejó por Victoria?

-¡No lo sé! Seguro la envolvió con sus… - me cubrí la cara y dejé de hablar, ella lo tomó como una oportunidad para emplear su turno.

-Puedo presumir que las conozco a todas, Victoria es una gran amiga mía al igual que Lizzy, tú lo sabes, también sabes que aunque tú y yo nos llevamos muy bien, no somos lo que se dice… cercanas, pero creo conocerte también un poco. Liz no te iba a dejar por otra chica a menos que hubiera recursos ultra fundamentales para hacerlo, y creo que los hubo – dijo mirándome penetrante – y voy a atreverme a decir que fueron celos, y quizá me equivoco pero lo dudo.

Me dejé caer sobre el suelo recién lustrado, recargándome contra la pared, y ella fue a sentarse a mi lado - ¿Cuál es el problema, Ariana? – Preguntó maternalmente, abrazándome por los hombros.

-Es mi carrera o es ella – respondí sin alzar la vista, sollozando con discreción.

-¿Y qué prefieres tú?

-¡Ese es el problema! Las quiero a ambas.

-Bueno, evidentemente eso no se puede, así que debes decidirte solo por una.

-Liz ya no quiere estar conmigo, me lo dijo, me pidió que rehiciera mi vida sin ella, que la dejara en paz y no molestara a Victoria – en ese momento me solté a llorar - ¡y yo la quiero, Daniella, yo la quiero y no puedo sentirme bien si no la tengo conmigo!

La mitad latina me miró con ternura y comprensión, me dio un fuerte abrazo y no habló sino hasta dentro de varios segundos transcurridos – Haz un último intento, ve , habla con ella, ofrécele algo que ella pueda creer que sí vas a cumplir y… reconquístala, si no lo logras, te prometo que yo misma iré contigo a desahogarme en una cantina mexicana con tequila, mariachi y canciones de despecho, luego te llevo a casa, dormimos y amanecemos con resaca a mediodía, comemos algo picoso y por la tarde vemos películas románticas o de terror… o rápido y furioso…

-Pero y, ¿no estás quebrantando la amistad que tienes con Victoria aconsejándome que haga esto?

-No te estoy ayudando a tenerla, sólo te estoy sugiriendo que hagas tu último intento de luchar por ella, pero debes saber que tal vez lo logres o tal vez no, si eso sucede, entonces no puedes hacer nada, debes dejarlas ser felices aunque eso te duela, si la quieres, estarás bien si ella lo está.

-Yo no puedo soportar verla con otra, Dani.

-Pues sí – dijo ella poniéndose finalmente de pie – esas cosas duelen, pero a menos que la amenaces con asesinar a alguien que ella quiere es la forma en la que podrás obligarla a estar contigo, pero siempre sabiendo que ella quisiera estar con otra persona.

-Yo la conocí primero – esbocé con un gran pesar al casi encontrarme a la misma altura que Daniella levantándome también del piso – la quiero desde que estuvimos en esa obra, y siempre tuve qué callarlo, ahora que tuve la oportunidad… - me detuve, antes de emitir otro ligero sollozo, personal del staff estaba comenzando a pasearse por el pasillo.

-Mientras tengas la oportunidad de remediarlo, siempre puedes hacer el intento – me hizo un guiño y yo sólo asentí con la cabeza, enjugué mis lágrimas y sacudí instintivamente el corto vestido de Cat, a Liz le encantaba verme metida en ese vestuario, siempre me lo decía, muchas veces en la intimidad, jugué a ser Cat con ella, y le placía con encanto.

Más tarde por la noche, quise tomarme un tiempo para hablarle, pero los chicos me ganaron la partida.

-¿A dónde van? – Pregunté con las manos metidas en los bolsillos de mi abrigo, protegiéndolas del intenso frío que se dejaba sentir a esa hora.

-Vamos a tomar algo para relajarnos un poco, ¿vienes? – Respondió el cortés Avan, quien tenía puesto un sombrerito y se encargaba de conducir su vehículo clásico convertible, de nueva adquisición.

-Yo… ahmm…

-Hay lugar allá atrás – Dijo seriamente Liz, pasándose de la puerta trasera a la de adelante, pero sin dirigirse particularmente a mí.

-¿Qué dices Ariana? Vamos, sólo un par de horas.

Sonreí al amable Matt Bennet y sabiendo que esa podía ser mi oportunidad, corrí hacia la parte trasera del coche, en el justo momento que Victoria salía por la puerta y bajaba por los escalones de concreto.

-¡Victoria! ¿Vienes con nosotros?

La morena chica se quedó congelada unos segundos, mirando directamente hasta Liz, quien por supuesto también la miró, luego desvió su vista por un instante hacia mí y bajó la cabeza para igualmente continuar dejando atrás el resto de los escalones.

-No chicos, muchas gracias, diviértanse por mí ésta noche.

-¿Estás segura? – Insistió Avan, quien era seguro no quería dejarla sola, mientras que el resto del grupo, a excepción de Daniella, se juntaba para pasar el rato.

-Sí, segura, no se preocupen.

Era evidente que sus ojos vagaban de los azules de la chica al frente, hacia el suelo, queriendo evitar esa mirada que tan nerviosa la ponía.

-Bueno, de todas formas, por si luego decides lo contrario, estaremos en el pub por la Avenida London, en el Este, ya sabes dónde.

-Claro, muchas gracias Avan. Pásenla bien, chicos.

Entonces apareció el apuesto Lane y la tomó de la cintura, regalándole un discreto beso en su mejilla izquierda, Victoria estaba realmente nerviosa, miró a su novio y luego bajó la vista al suelo, para dirigirla unos instantes a Liz y luego de nuevo al piso húmedo. La chica pálida terminó de meterse al vehículo sin decir una sola palabra y entonces Avan avanzó, dejando a la joven pareja solos en la calle.

-Sí, seguro que Vic la pasará muy bien ésta noche con Lane, eh – bromeó Leon, sin saber por supuesto, que su broma no había caído en gracia de la sexy chica en el asiento de adelante.

Era el pub que solíamos frecuentar normalmente, teníamos una mesa exclusiva y trato muy exclusivo, un horario definido y bebidas ya seleccionadas, jamás rompíamos esas reglas, a menos que fuera infinitamente necesario, cosa que muy pocas veces sucedía.

Era de esperarse, que aun con toda la exclusividad, no pasábamos desapercibidos, y de vez en cuando algún despistado, o despistada, se colaba hasta nosotros para pedir autógrafos o tomarse una fotografía; pero esa noche mi amiga estaba particularmente inquieta. Ella siempre había sido muy sobria, sus cuidados debido a su dieta limitaban mucho su uso de bebidas alcohólicas, por lo que era quien menos consumía de todos, pero era claro que no era una noche normal para ella.

-¿A dónde?

Preguntó protectoramente el cauteloso Avan, quien solía fungir el papel de guardián del grupo.

-Baño – respondió ella dejando su copa sobre la mesita de centro – en un minuto estoy de vuelta.

Pero pasados diez minutos ella no estaba de regreso.

-Busquémosla – Propuso Matt poniéndose de pie, un pin quien la encuentre primero y nos encontramos en el coche.

-De acuerdo, iré por detrás – Leon y Matt desaparecieron mientras que Avan y yo quedamos en la parte de enfrente.

-Avísame cuando la veas – dijo, no apartándose demasiado. Y no tardé mucho tiempo en dar con ella, estaba sentada a la barra de la primera planta del bar, charlando amenamente con una tipa rubia y otra pelinegra, no me dieron buena espina.

XXX

Mi celular sonó a eso de las once y media. Encendí la lámpara de mesa y me froté los ojos para acostumbrarme a la luz, aunque había estado despierta, la oscuridad de mi habitación me había envuelto en su descanso.

Lane me dejó en el estacionamiento del edificio donde vivía, luego de insistir que me acostaría a descansar de la agotadora jornada que me inventé ese día como pretexto para estar a solas.

-¿Segura que no quieres que me quede un rato contigo?

-Sí, segura.

Le había dicho que quería hablar con él luego que el auto de Avan se perdió por la avenida, pero él pareció sospechar el motivo y por todos los medios persuadió para que me olvidara de eso, al final logró conseguirlo, porque desistí. No quería seguirlo engañando, estaba enamorada de Liz y él había sido muy buena persona conmigo a pesar de todo lo que implicaba mi fama, había soportado muchas cosas. Pero de repente pensé que si bien lo mío con Liz no tenía futuro, lo único que podía hacerme bien y olvidarme de mi compañera de reparto era que él estuviera mi lado. Sí, no me gustaba mucho la idea, pero al menos lo podía utilizar para que ella viera que las cosas con Lane iban en serio, aunque estuviera portándome como una desgraciada por ésta acción.

Entré al departamento y no ayudó en nada encerrarme ahí, una blusa de Liz se asomó cuando extraje mi escasa ropa de noche. La tomé entre mis manos para colocarla de nuevo dentro, pero mis sentimientos afloraron al recordar el día que la tuvo puesta, mismo día que supliqué se tomara fotos con ella, y lo hizo acompañada de su siempre fiel amiga Kristin.

-Wow… te ves increíblemente sexy Expresé realmente embobada.

Era una blusa sin mangas estilo hippie, cubría solo la mitad de su espalda y redondeaba sus hermosos y pálidos pechos, recuerdo haber tirado del fino cordón que amarraba por la parte trasera, para jalarla hacia adelante y tener frente a mí ese par de senos que tanto me encantaba contemplar y… bueno, algo más que eso… ya estaba limpia, pero de cualquier forma seguía oliendo a ella, además de la funda de la almohada y las sábanas de mi cama que desprendían su delicado perfume.

También estaban un par de botas al estilo Jade, pero de tacón alto.

-Está bien – había dicho esa vez, cuando insistí en que se pusiera mis converse – solo porque me vería ridícula llegando al set en tacones y con ojeras… creí que podía despertarme temprano para llegar a casa y arreglarme antes de ir al estudio – hizo un puchero.

-Sí, señorita McGills, pero acuérdese que usted no quiso que paráramos anoche – me arrojé sobre su cuerpo en la cama, ella dejó caer el converse que apenas iba a calzarse para sujetarme por la cintura y acariciar mi mejilla.

-Yo claramente dije quería dormir.

-Sí, y se suponía que solo sería una vez, pero luego de unos minutos comenzaste de nuevo.

-Me echas toda la culpa a mí.

-Toda la culpa es tuya.

-No, es tuya, por tener esos cachetes que me fascinan y éste trasero que me enloquece.

Puntualizó para besarme y hacer el amor por cuarta vez esa mañana.

Pulseras, aretes, había tantas cosas de ella en mi departamento que difícilmente podría dormirme sin pensar un segundo en ella. Ahora estaría con Ariana, divirtiéndose las dos, la pelirroja estaría aprovechando el tiempo para pedirle disculpas y otra oportunidad para comenzar de nuevo, y seguramente ella ahora lo estaría pensando; ya no tenía qué preocuparse de mí, la dejé, y apenas hace un rato me vio quedarme con Lane, mi supuesto novio, un novio al que solo estaba utilizando para tapar mis verdaderos sentimientos, esos que involucraban a Victoria Justice perdida de amor por su compañera de reparto, Elizabeth Gillies.

Me levanté de bruces cuando vi su nombre en la pantalla de mi teléfono celular.

-A tu salud – decía el mensaje, acompañado de una linda fotografía cuyo objeto principal era una copa de alguna bebida que estaba tomando en ese momento.

-¿Qué se supone que esto significa? – respondí a su mensaje.

-Sólo que estoy brindando por ti, para desearte una feliz noche con tu pareja - Y luego mandó otro -¿La están pasando bien?

Suspiré antes de escribirle de vuelta – Liz, no deberías estar bebiendo, sabes que te hace daño, ¿dónde están los demás?

-Seguramente buscándome – respondió en su todavía impecable ortografía - ¿por qué? ¿Quieres que te los salude? No creo poder ahora, tengo compañía – y su siguiente mensaje fue otra imagen con dos chicas al frente de ella – Tara y Olga, ¿no te parece curioso? Como la del programa – hacía referencia a Tara Ganz, la chica que nos molestaba en el episodio de Loca de frustración.

-Liz, tú no eres así – escribí en otro mensaje de texto – eres inteligente.

-Lo sé, no estoy haciendo nada tonto, sólo te saludo. ¿Escondiste mis calzoncillos? Lane no los puede ver o sabrá que su linda novia estuvo jugando con alguien todos estos días.

Definitivamente estaba celosa, y aunque yo me encontraba preocupada por su posible estado, no podía dejar de sentirme especial que ella sintiera esas cosas por mí – Ve con los chicos, que te lleven a casa y mañana hablamos ¿de acuerdo?

-La fiesta apenas comienza.

-No, ya es tarde, es pasada la hora que acostumbran, así que ve y busca a los chicos para que te lleven a casa, te acuestas a dormir y mañana temprano paso contigo, ¿está bien?

-No – respondió luego de dos minutos – no tengo ganas de buscar a los chicos y tampoco tengo ganas de ir a mi departamento ésta noche… posiblemente vaya a otro lugar y con otras personas, no creo que te moleste, ¿cierto?

Estaba haciendo clara referencia a las muchachas que la acompañaban, yo dudaba que lo fuera a hacer, me tocó ver cómo varias veces le coquetearon chicas cuando yo no estaba cerca y sin embargo, siempre mantuvo su firme postura de decirles amablemente que no, así que, estaba segura que esa noche no sería para nada la excepción, ella solo quería calarme – Podrías estar aquí – en lo que pensaba recibí otro mensaje suyo – podría dormir ésta noche contigo… eso es si no tuvieras compañía ahora.

Pensé mucho en escribirle lo siguiente, y en serio me dolió todo en el alma enviárselo, pero tenía qué hacerlo, por mucho que me partiera el corazón.

-Así es, y Lane está tomando la ducha ahora, así que por favor, no vuelvas a escribirme por ésta noche, ¿quieres?

Y no lo hizo, ese fue el último mensaje que me envió y no supe de ella hasta unas horas más tarde, cuando recibí otro mensaje de texto, ésta vez de mi amigo Avan – Llevamos a Liz a casa de Ariana, no estaba ebria, sólo no está acostumbrada a pasarse de lo necesario y le afectó un poco, se quedó dormida en el auto y la dejamos en casa de Ari, ella dijo que estaría bien.

¿Ella? ¿Ella quién? ¿Ariana, Liz? ¿Quién de las dos dijo eso? Avan no lo especificó en su mensaje, ¿Liz había accedido a quedarse en casa de Ariana? Por lo que sé, en sus cinco facultades seguramente se negaría pero, ¿si estaba dormida entonces ella no se dio cuenta? ¿O despertó y accedió? Lo que sentí fue peor de lo que había imaginado que me sucedería, sólo pude cerrar los ojos y responderle a mi atento amigo.

-Muchas gracias, Avan; hasta pronto.

Luego de eso me obligué a quedarme dormida.

XXX

Liz despertó con dolores de cabeza esa mañana. Frankie me miró acusador cuando ella bajó las escaleras y preguntó cómo es que había llegado hasta ahí, sentándose a la mesa con nosotros. Mi hermano dejó a un lado el periódico y me miró, atento a mi respuesta.

-Te quedaste dormida en el auto de Avan anoche. Los chicos no tenían manera de meterte en el departamento porque no tenías las llaves contigo, así que les dije que te dejaran acá… ¿Dónde las dejaste? – Pregunté con cierta naturalidad, sin apartar mi vista del vaso de jugo que sostenía entre mis manos, como si fuera uno más de esos días en los que era costumbre que ella amaneciera en casa; evité por todos los medios la mirada de mi hermano.

-Si no las tenía conmigo posiblemente las dejé en el locker, en el camerino – Hizo un gesto de dolor al terminar de hablar, ni siquiera había abierto completamente los ojos todavía. Cuando lo hizo, me observó - ¿Dónde dormí?

Lanzó la pregunta como si eso fuera algo de verdad preocupante, y sentí la mirada aun más profunda de Frankie sobre mí – En tu habitación, ¿dónde más?

Liz entonces pudo mirarlo a él y le sonrió tímidamente – No creo que debería seguir teniendo una habitación en tu casa.

-Por supuesto que sí, todavía somos amigas ¿no? Éste sigue siendo tu hogar y tienes permiso de quedarte cuanto quieras, seguirás ocupando el mismo espacio que antes.

-Ari… - pero entonces se calló, era obvio que no quería hablar con mi hermano presente.

-Frankie lo sabe, Liz, yo se lo conté.

Ella pareció simpatizar con la idea y se relajó, siempre había insistido en que deberíamos decírselo al menos a Frankie, de quien estaba segura, ya lo sabía de todos modos.

-Lo siento – le expresó a él, todavía con ese gesto tímido al que nunca antes pude resistir, ella solía ser así en la intimidad, generalmente yo tenía qué comenzar las cosas y guiarlo todo, aunque era en realidad que yo me volvía una fiera cuando la tenía bajo esas condiciones, me volvía dominante.

-Ni tienes qué decirlo, aquí la única que debería disculparse es más bien alguien que yo conozco cercanamente – me miró – y que no suele dar muchas explicaciones de lo que hace.

-Fuimos al pub ayer, nos retiramos tan solo media hora después que de costumbre, y fue porque Liz había desaparecido.

La chica me miró, esperando que continuara, pero consciente de que eso precisamente había hecho anoche, desaparecer – Así que la buscamos y entonces venimos a casa.

-No era exactamente a las explicaciones que me refería pero…

-Frankie – lo interrumpió Liz – no es necesario, considero. Tú sabes lo que pasó entre nosotras, fuimos más que amigas a espaldas de todos y esa fue una falta mía que debo…

-No, Liz, yo…

-… Debí haber evitado desde antes, tenía qué haberlo platicado con Joan y contigo porque ustedes me abrieron las puertas de su casa y me aceptaron sin cuestionarme en nada absolutamente, solo por ser amiga de su hermana y su hija, creo que cometí una gran falta de respeto.

-Me lo sugeriste muchas veces, yo no quise que lo hiciéramos – intenté defender.

-El asunto es que, bueno, lo nuestro ya terminó y yo ahora… estaba tratando de guardar espacio entre ambas, porque nuestra relación no fue lo mejor que pudimos haber hecho, creo que nos equivocamos y…

-Yo no lo considero así…

-Salimos un poco lastimadas las dos…

-En serio que no fue del todo así.

Ella se quedó en silencio, mirándome, luego tomó un poco de aire para dirigirse particularmente mí – Lo nuestro no puede volver a ser, Ariana, ya pasamos por eso y no fue bueno para ninguna de las dos, era un poco… enfermizo y…

-Las cosas pueden ser distintas ahora, siempre se puede remediar – hablaba yo, sin poder mirarla a la cara.

-No – dijo ella con firmeza – ya no, yo ya no quiero, y creo que debes terminar por aceptarlo.

Solo entonces es que me atreví a levantar mi rostro para encararla – Todo esto por culpa de Victoria – dije azotando la servilleta sobre la mesa, misma que golpeó la taza de café, derramando un poco del caliente líquido sobre el fino y detallado mantel de encaje blanco. Me levanté ruidosamente del comedor para dirigirme a la sala, centrando mi atención en los caros retratos que adornaban las paredes, traídos de la misma Italia.

-Lo lamento mucho, Frankie – murmuró ella a mi comprensible hermano, pero él sólo asintió quedamente con la cabeza, levantándose también con un gesto de tranquilidad que siempre mostraba.

-No te preocupes – susurró, dándole la razón a Liz – arreglen sus cosas – le hizo un guiño, acarició sus cabellos por encima y se salió por la puerta trasera llevándose al perro.

Liz entonces se volvió hacia mí, estaba descalza, metida en un pantalón holgado para dormir y una camisa suelta negra, era una de sus pijamas que todavía estaban aquí. Ella lo sabía, no pudo haberse cambiado la ropa por sí misma.

Admito que no fue nada fácil hacerlo, cada vez que mi mano rozaba su piel mis vellos se erizaban hasta sentir calofríos, Liz estaba casi completamente dormida, balbuceaba cosas, pero era claro que consciente no se encontraba, así que tuve qué quitarle la ropa y ponerle algo cómodo para dormir; pensé en dejarla en ropa interior, pero no creo que le haya parecido digno despertarse por la mañana en otra cama y mirarse semidesnuda.

Mientras le cambiaba la ropa, me tomé el tiempo necesario para contemplarla de nuevo, había admirado ese cuerpo tantas veces, y no solo eso, lo había tocado, había sido mío; todavía recordaba lo que sentía rozar su piel, todavía se percibían los aromas emanados de una feroz noche de sexo, por lo general ella siempre se quedaba dormida al cabo de pocos minutos. Era como si el tiempo no hubiese pasado y todavía Liz estuviera viviendo aquí, en mi casa, para amanecer otro día envuelta en las delicadas sábanas con una chica pelirroja entre sus brazos.

También me tomé el tiempo para volver a aspirar su aroma, eso tampoco había cambiado, vainilla con menta, característico, a nadie he olido nunca con el mismo aroma que ella, tan discreto, tan sutil, pero tan potente como el veneno de una serpiente africana, que te hacía caer en el más profundo de los deseos carnales.

Me moría de ganas por enredarme entre ella, envolverme en su calidez corporal, sentir de nuevo que era mía y yo era suya, me moría de ganas por volverla a besar, cosa que únicamente me permití llevar a cabo, porque simplemente no resistí las ganas de hacerlo, toqué suavemente sus labios y tuve qué reunir todas mis fuerzas halladas para separarme de ellos, un segundo más y me quedaría ahí para siempre. La inquietud cuando volví a mi cuarto no me dejó descansar, porque tenía la profunda sospecha de que pude hacer más que eso, recostarme a su lado y pasarme sus blancos brazos encima, unas horas antes de que amaneciera, total, ella ni se iba a dar cuenta, estaba rendida, pude haber hecho mucho más y nunca lo hubiera notado, como estoy segura ignoraba el beso que puse en sus labios antes de cerrar la puerta de su habitación y dejarla ahí, dormida.

Porque quería hacer las cosas bien, porque aun estaba cernida sobre mí la esperanza de que ella me tomara en cuenta y decidiera volver, me estaba jugando mi última carta, el último intento por llamar su atención y ser de nuevo la luz de sus ojos, y esto era más que una simple batalla contra Victoria, se trataba de Liz… mi Liz…

Todas mis ilusiones se eclipsaban en sus firmes palabras. Ella dijo "no de nuevo". Podía sentir que me observaba atentamente por detrás, yo fingiendo ver los cuadros italianos en la pared, pero aguantándome en realidad las ganas de llorar y sentía más que eso, quería golpearla en el pecho y gritarle que nunca nadie la amaría igual que yo, ¿Qué qué es lo que quería? ¿Qué necesitaba para ser feliz si yo estaba dispuesta a entregarle mi vida? Aunque muy dentro de mí sabía que eso no era del todo cierto, porque seguiría peleando por darle todo a ella y a la vez, hacerme crecer como artista. Me sentía frustrada, podía decirle todo eso pero sabía que también la engañaba, porque tarde o temprano comenzaría a pesar, ella no sería feliz sabiendo que me obligaba, de alguna forma, a dejar mis sueños, sueños que tuve desde niña y que nunca debí contarle, así las cosas serían más sencillas y ella no se preocuparía porque yo los cumpliera.

Pero nada fue así, sucedió todo diferente y ahora tenía qué aguantarme el ver al amor de mi vida resbalarse de entre mis manos, alguien que amaba con todo mi ser y que estaba dejando escapar por mis tontas indecisiones, porque esas seguían pesando más de la cuenta.

-Yo puedo hacerte feliz – dije, más para mí misma que para ella – yo pude ser la alegría de tus mañanas.

-Lo fuiste – murmuró ella – demasiadas veces. No solo cuando amanecías al otro lado de mi cama, también fuiste mis alegrías cuando me encontraba lejos de ti, en cualquier lugar distante.

-Es lo que quisiera ser ahora.

-Ahora ya no se puede – las lágrimas cayeron por mis mejillas, recorrieron mi mentón para finalmente golpear la alfombra – Lo siento mucho, Ari, me habría gustado que fuera diferente, pero… quizá estoy siendo tonta con esto, a lo mejor me arrepienta después pero, yo prefiero que tú más adelante lo veas como lo mejor que pudo haber pasado entre nosotras y no te lamentes por desperdiciar esas cosas que querías y no lograste por tenerme a mí. A lo mejor – sentí sus pasos acercándose – a lo mejor si lo que tuvimos persiste con el tiempo, y tú te volviste famosa y lograste todas tus metas, y tienes 35 años y sigues soltera, y entonces te acuerdes de tu vieja amiga Liz, y esa tonta chica que se endureció delante de ti una vez también sigue soltera para entonces, ya más maduras, podamos entonces volver, y tener otro tórrido romance qué vivir, sin arrepentimientos, ni suposiciones, sino un romance en el tiempo justo. A lo mejor para entonces también los matrimonios y las personas gay van a ser tan comunes que nos dejarán vivir en paz, sin necesidad de ocultarnos.

-¿Y si nada de eso pasa? – Apenas pude arrojar entre mis lágrimas saliendo sin tener un posible fin.

Ella lo pensó un segundo antes de responder – Si eso no sucede… si eso no sucede será seguramente porque tú encontraste a alguien más que llenó tus expectativas, que te enamoraste de un chico guapo con el que al final te casaste y esperas hijos, y yo estaré contenta de eso.

Mi llanto se hizo notorio ésta vez – Te juro, seré feliz cuando tú también lo seas, Ari.

Limpié mis lágrimas y respiré – Sé que Victoria te ha dejado – luego me volví hacia ella, con los ojos rojos pero segura – Si tú y ella no vuelven en unos días, ¿me darías otra oportunidad?

Ella contrajo sus lindos ojos en una mirada llena de ternura y cariño, lo que fuera que yo le hubiese hecho, estoy segura que no lo estaba tomando en cuenta – Ari…

-No voy a meterme entre ustedes, tampoco voy a insistir, volveré a ser la Ariana que era antes, la amiga, sin reclamos, ni reproches, sólo yo… y estaré ahí dispuesta, si Victoria no hace nada por recuperarte, ¿crees que puedas regresar conmigo? – ella iba a decir algo pero continué – No tiene qué ser nada precipitado, no tenemos que volver a ser novias entonces, podríamos empezar siendo amigas como lo que fuimos antes de llegar a intimidar, y si todo parece ir bien, entonces… comenzaremos a planear un futuro juntas… - volvió a dar muestras de querer hablar pero una vez más la interrumpí – solo si todo funciona, y tú lo tomas en cuenta, no tiene qué ser de inmediato, tómate tu tiempo, de todos modos, yo estaré esperando.

-No quiero que te ilusiones con algo que a lo mejor no va a suceder y termines esperando mucho tiempo por algo que no se dio de nuevo.

-Correré el riesgo, es una decisión que yo estoy tomando, no voy a hacerte responsable de ella.

-Ari…

-Sé que he hecho un mal papel antes, y que no he podido cumplir mis promesas, pero ésta vez es diferente, ésta vez sí estoy dispuesta…

Ella pareció encontrar cierta franqueza en mis palabras y caminó unos pocos pasos para mirarme a menor distancia, estiró su mano y rozó mi mejilla, yo me dejé envolver por esa caricia, una caricia que extrañaba demasiado, una caricia por la que estuve esperando montones de días; finalmente me abrazó.

-Está bien – dijo, con una calidez que hizo que todo mi ánimo se hiciera presente – está bien, hagámoslo así. Pero… prométeme que si las cosas no se logran de la manera como vislumbras, y aun si Victoria y yo no regresamos, y yo tomo la decisión de estar sola, la vas a respetar, y tú seguirás tu vida por delante, sin deprimirte, ni aquejarte, ni parar, seguirás tu vida sin preocuparte por mí, prométeme eso, Ari, prométemelo.

Lamí mis ya casi secos labios y asentí – Lo prometo, Liz, lo prometo.

Ella esbozó una bellísima sonrisa que me contagió – Muy bien señorita Grande, ahora indíqueme dónde está la ropa que ocultó de mí antes de que me fuera, porque necesito darme una fría ducha antes de probar uno de esos deliciosos bocados italianos.

Sequé los últimos rastros de llanto y le tomé la mano para dirigirla de nuevo más allá de las escaleras.

XXX

-¿Te sucede algo?

-¿Qué? No… no, no, no. Hola, Victoria, buenos días, ¿cómo estás?

El semblante distraído de Daniella me causó más gracia que curiosidad, ella era una chica muy atenta, siempre estaba ahí, pendiente de cualquier detalle, conocía a cada miembro del elenco con una exactitud pocas veces errada. Si una vez queríamos sorprender a alguien con un detalle, podíamos acudir a ella y sus consejos siempre daban excelente resultado. Era muy observadora y demasiado inconsecuente, una gran amiga para el momento exacto, por eso encontrarla perdida entre pensamientos me resultaba muy curioso de ella, usualmente, nunca era así.

-¿Ya vamos a comenzar? – Preguntó bebiendo un largo sorbo de café, y ella no bebía café.

-No – dije advirtiendo mis sospechas, ninguna concreta pero, solo quería que ella estuviera al tanto que no me engañaba – todavía no.

-Ah… bueno… ¿y qué tal la pasaron tú y Lane anoche?

-Pues… muy bien, luego del cine fuimos a cenar y… después me llevó a mi casa… como acababa de contarte hace unos minutos – sonreí ante su gesto sorprendido.

-Ya… lo siento es que… no sé qué… - puso el vaso térmico con más de la mitad del café entre mis manos y se alejó, con las suyas metidas en los bolsillos de su cortos pantalones.

Mi vista dejó de seguirla cuando noté una negra cabellera pasar a mi lado, percibí el auténtico aroma a vainilla y rápidamente mis pupilas se concentraron en ese monumento de mujer que tenía delante, encarnando a Jade West. Grabaríamos el episodio del regreso de Beck y Jade y estaba metida en ese negro vestido más arriba de su media pierna, con ese pronunciado escote que dejaba entrever la delgada blusa azul que tenía por debajo, misma que no cumplía otra función más que la ideal de resaltar sus dos más claras perfecciones anatómicas y que eran sexualmente por demás atractivas; siempre lo he dicho, el éxito de Jade West con las mujeres se debe al hecho de ser un personaje rudo, esto define que sus habilidades masculinas otorgan una seguridad estando a su lado, lo que implica, en su modo de emplearlas, protección, que es lo que una mujer ordinaria suele buscar por principio en un chico, sentirse protegidas, pues Jade era eso, protección, seguridad, a su lado los malos no tenían una oportunidad de dañarte. A juego con eso entraba al mismo tiempo su delicadeza femenina, su tosquedad no le quitaba feminidad a su persona, era sexy, realmente sexy, y a pesar de su, insisto, rudeza, ella no perdía ese toque femenino y elegante que pocos personajes góticos pueden lograr, y de hecho, no conozco otro personaje gótico dentro de la televisión que resultara tan atractivo como lo era ella, los góticos suelen ser los frikies en un programa, la sensualidad no es su principal característica, totalmente diferente en ella, y estoy segura que Dan no estaba pensando en eso cuando creó al personaje. Acertó, acertó indirectamente y esto es algo propio de su talento, combinar esos elementos enfrascados en ese cuerpo perfecto y esa cara perfecta, exactamente para ese personaje, sin duda, nadie lo pudo interpretar mejor, y yo estaba contenta de participar en un casting de esa magnitud, lo agradecía sobremanera.

La maquillista, que la había seguido hasta el punto donde se encontraba ahora, y que por cierto, no podía evitar ponerse nerviosa cada vez que debía trabajar en ese bello rostro, y cómo no, si la propia estrella tampoco evitaba intimidar a las personas, es una coqueta; pues bien, la maquillista estaba dando fin a su trabajo cuando nuestras miradas se cruzaron de repente, envuelta en Jade, su mirada parecía más retadora que otras ocasiones, como si realmente yo fuera Tori Vega, la noté malvada, la noté intensa.

Dio unos pocos pasos hacia mí, lo más seguro es que quisiera decirme algo, desde la noche con Lane, un par de días atrás, no habíamos vuelto a entablar más comunicación que la necesaria en el trabajo; no la busqué en su departamento, como le escribí en los mensajes enviados, y fue porque no la encontraría ahí, quizás intuyó que de verdad estaba llevando las cosas tan bien con Lane, que decidió no insistir más, y yo intuí que posiblemente ella estaba comenzando todo de nuevo con Ariana.

De mi parte, la verdad es que no hallaba el momento para terminar con Lane, no hacía tantas horas que se fue decepcionado a casa porque no le pude cumplir; estábamos ahí, en mi departamento, habíamos erotizado lo suficiente antes de caer en la cama, pero cuando sentí su cuerpo desnudo sobre el mío, y cuando sentí que su sexo estaba abriéndose paso dentro de mí, decidí parar. No era el cuerpo de Liz Gillies el que estaba sintiendo, no era la suavidad de la chica rockera, no era su delicadeza, no era su tacto, no eran sus cálidas manos que me estrujaban contra su precioso cuerpo; encontraba el de Lane tan tosco, tan incómodo, que simplemente no podía seguir.

Lo aparté cuidadosamente y me senté recargándome contra el respaldo de la cama y cubriendo mi cuerpo con la sábana de algodón hasta el pecho, ni siquiera me sentía cómoda de que él me viera desnuda, siendo que con Liz, por cada vez que estábamos juntas, se iba liberando una parte de mí, pasé de ser la chica avergonzada que teme mostrarle su cuerpo a su compañera de reparto… no, que teme mostrarle su cuerpo a su PERFECTA compañera de reparto… a una chica que se quitaba la toalla para meterse a la ducha con ella, sin ningún pudor, porque sabía que su amante lo recibiría con aprecio y delicadeza.

-¿Hay algo que debería saber?

-No… no es sólo que…

-¿No tienes ganas ahora? – cuestionó él y yo desvié mi mirada, jugueteando con la tela blanca del edredón.

-Tenía, tenía, Lane pero yo…

-Hace tiempo que vengo evitando que me digas algo que no quería escuchar… tal vez sea el momento de que lo hagas… lo que sea Victoria, dímelo ya… - lo miré, sorprendida de su decisión – prometo no hacer mayor escándalo sea lo que sea…

Estaba puesto de rodillas delante de mí, recargado sobre sus talones, esperando, paciente, a que yo soltara algo que debí haberle dicho desde antes.

-Hay otra persona – y volví a desviar mi mirada, ésta vez, a la ventana abierta de par en par y que estaba comenzando por recibir los primeros rayos del sol.

-Otra persona…

-Sí – asentí entre un susurro.

-¿Y eso es todo? ¿O hay algo más?

Alcé mi vista para mirarle por fin a los ojos, ¿qué otra cosa quería que le dijera?

-L-Lane… no sé qué más…

-Lo vengo sospechando casi desde que comenzamos a salir, Victoria, pero nunca lo mencioné porque pensé que solo estabas confundida, y porque creí que lograría enamorarte, pero ahora veo que nunca fue así… - me quedé callada, incapaz de decir algo pero más porque me invadía la curiosidad por saber qué cosas estaría imaginando de mí éste chico – Creo que nunca te atraje, no sexualmente al menos – arrugué las cejas, tratando de entender y sacar una conclusión de entre sus palabras – más bien creo que sexualmente no te atraen mucho los hombres – quise hablar, pero caballerosamente él lo impidió – lo que tú sientes por nosotros es un interés social y porque estás persuadida por el entorno en el que te mueves, pero a ti no te atraen los cuerpos masculinos, a ti te gustan las mujeres y… - continuó, haciéndome callar de nuevo – te lo digo porque jamás vi que prestaras atención a ninguno en específico, y estabas rodeada de montones… eres una mujer demasiado atractiva para nosotros, te siguieron muchos, siempre respondiste de la misma manera, no como una mujer suele negarse a una insinuación masculina, tú ni siquiera les mirabas, sólo les veías y con una sonrisa lo decías todo.

-Lane…

-No es una crítica, yo no creo que esté mal, sólo te estoy contando lo que no te atreviste a decirme tú.

-Lo siento – volví a bajar la mirada a mis manos nerviosas.

-Y también sé quién es la persona en medio - de acuerdo, otra vez tuvo toda mi atención – Elizabeth Gillies…

-Lane…

-¿En qué momento podrás negarlo si tantas veces pronunciaste su nombre mientras estabas conmigo? – no tenía nada qué decir – Entre charlas, no mencionabas a nadie como la mencionabas a ella, y lo sigues haciendo, aun cuando están distanciadas y creo saber la razón…

-Lane…

-Vives pensando en ella, sueñas con ella, comes con ella, te duchas con ella todo el tiempo en tu pensamiento… conservas todos sus mensajes en tu celular, tienes tu computadora y demás dispositivos móviles saturados de fotografías de ella, no te asustes, no creo que sea una obsesión, es más bien que la admiras y te parece una muchacha demasiado grandiosa, eres como una fan a la que le gusta tapizar su habitación con recortes de su artista favorita.

-Lane yo no…

-Por eso te recomiendo… juégatela por ella, si te corresponde, y si no, has que lo haga.

-La amo, Lane.

-Lo sé, y mejor que nadie, me atrevo a pensar, que mejor que tú misma.

-¿Me perdonas? – pregunté con un hilillo de voz.

-No tengo qué, tal vez el que no hayas sido sincera pero entiendo la razón, no es fácil para una estrella de canal infantil revelar sus preferencias y admitir que está enamorada de una de sus compañeras, así que… a pesar de las ganas con las que me has dejado ésta noche y de que tal vez te extrañe mucho después… gracias por regalarme todos esos momentos felices que compartiste conmigo, y fueron bastantes. Te deseo buena suerte con la señorita Sensualidad.

Eso fue lo último que dijo antes de meterse a la ducha, luego lo despedí y entonces vine acá, al lugar donde me sentía tan yo a pesar de mi personaje. Y ahí estaba ella, acercándose, el traje le quedaba a la perfección, maldito staff que se llevaba su premio al elegir ese tipo de atuendo para ella, varias veces los captamos decidiendo sobre cómo de bien le sentaría el corte bajo de los vestidos y blusas de Jade, pero a que muchos les agradecemos sus acertadas decisiones, porque sí que lo mostraban muy bien, les daría un premio si se entregara uno.

Y ahí estaba yo, moviendo mis pies y jugando a entrelazar mis dedos, nerviosa, mirando cómo ella se acercaba a mí, hasta que una voz melosa la llamó a ya pocos pasos de tenerla justo enfrente.

-Ya vamos a comenzar – era Ariana, la pequeña pelirroja me miró y luego sujetó más fuerte el brazo de su posible amiga, llevándosela consigo, mientras que dos pares de ojos seguían a ambas chicas, unos eran los míos, y otros los de Daniella.

Eso es to, eso es to, eso es todo amigos :v Por hoy, espero traerles la próxima actualización no muy retrasada, le quedan creo, dos capítulos más a ésta historia, y ya están escritos en mi mente. Gracias por llegar hasta acá todavía, saben que se les aprecia sobremanera. Actualizo por estos días Zona de riesgo y nos estamos leyendo apreciado público lector. Beso y abrazo reciban de su guapa amiga… LindsayWest…