Expreso mis disculpas por haberme ido sin explicaciones ni actualizaciones, no tengo perdón de Dios. Pero he vuelto para no dejar esta historia en el aire sin concluir.
Tengo que confesar, que me quedé sin argumentos para mantener a flote este fanfic, por lo que pensé en eliminarla, pero a sabiendas que a muchos les había gustado y esperaban que la continuara, decidí darle carpetazo. Este capítulo en realidad, no existía desde la concepción original del fic, pero como no me siento muy motivada, ni con recursos para seguirla alimentando, decidí que este sería el capítulo final con un epílogo por delante.
Una disculpa, pero es difícil darle continuidad a una historia cuyo punto de origen llegó a su fin sin nada más qué proponer para los personajes que la inspiraron. Y ciertamente no me sentí ya cómoda escribiendo fuera de la ficción de Victorious. Las cosas se han enfriado, al parecer, entre los actores y… bien, hay poco jugo qué sacar de todo lo que quedó. Pero acá estoy, prometiendo que el epílogo próximo será como un análisis de los últimos datos que nos arrojaron nuestras niñas sobre sus interacciones, y veamos cómo se arma la historia de amor a raíz de eso. Mientras tanto, les dejo con esta lectura.
Me gustaría leer sus opiniones, pero como no hay mucho qué decir sobre esto, entenderé que tampoco haya mucho qué comentar, así que, estamos a mano, mi estimado público lector. Muchas gracias por aguantar hasta aquí.
Nota: este capítulo es por demás burdo, porque solo son anécdotas narradas desde la perspectiva de una chica, no tiene mucha ciencia literaria… como nada de lo que escribo u.u
Disclaimer: ni Victorious, ni sus personajes me pertenecen, así como la vida fuera de la pantalla de sus respectivos actores. Nada de lo que se lee aquí es real, todo es escrito con fines de entretenimiento.
Dedicado a:DESTACADO117
Chapter 8.
Lo sé, soy una perra, una completa en realidad.
Lo conseguí. Conseguí separar a Victoria de Liz. De mi chica.
Pasaron varias semanas en las que todos los días estaba segura sería el definitivo para que Victoria se acercara a ella y finalmente terminaran por arreglar sus diferencias y volvieran a estar juntas, porque yo estaba segura que eso es lo que Liz quería.
Lo veía cada vez en sus ojos.
Porque ella regresó conmigo, por supuesto, aunque las cosas no resultaron como yo las esperaba. Insistí tanto que al cabo de pocos días la pelinegra terminó por volver a mi casa, y eso me tenía más que contenta; no tengo qué reitarlo pero, claro que no fue lo mismo.
Para empezar, las condiciones de Liz fueron muy claras:
—No somos novias. Nuestra relación es únicamente amistosa, por tanto no hay besos, no hay caricias, no hay insinuaciones, no hay nada romántico. No hay nada…
No hay nada.
Sí, no voy a negar el derrumbamiento de mis emociones cuando ella lo dijo tan convincentemente, sin trastabillar. Estaba poniendo una barrera entre las dos y eso por principio, ya me estaba enloqueciendo. No me sentía segura de poder cumplir con todos los términos, pero acepté de todos modos, era eso o nada. Y realmente, yo tenía otras intenciones ocultas. Lo sabemos, porque es el recurso al que recurren siempre en las telenovelas, ¿no es verdad? Una borrachera y tienes una noche qué recordar. Pues bien, Liz podría poner todas las condiciones que quisiera, pero yo también me había propuesto hacer que estas no se cumplieran en toda medida; e iba a lograrlo. Jamás me sentí más fuerte como en aquél momento.
Mi sonrisa estaba medio oculta, y la dejé hablar, mientras que en mis pensamientos solo se repetía una constante: "sí, Liz, lo que tú digas", "sí, Liz, estoy de acuerdo", "sí, Liz, me ha quedado más que claro…", "de todos modos, caerás de nuevo".
Pero habían pasado estas semanas y ella seguía en pie. Mis intentos por tumbarla en mi cama no daban resultados y me estaba volviendo loca. Frankie tampoco ayudaba, sólo me veía romper tazas y platos para calmar las rabietas en la cocina. No estaba de acuerdo, así que solo cerraba la puerta y se marchaba fingiendo que no lo había notado.
Liz y yo no llegábamos siempre juntas a casa. Cuando lo hacíamos, nuestras conversaciones en el auto versaban sobre el trabajo y únicamente el trabajo. Algunas ocasiones conseguí desviarla a tomar una copa, pero solo fue eso: una copa. La señorita Gillies era una mujer precisa, imperturbable, fija. Cuando ella llegaba a casa por su propio medio, se tomaba un tiempo para conversar con Frankie o con mamá, y después permanecía largo rato escribiendo en su móvil. Hasta el momento, ignoraba con quién se escribía, pero no tardé mucho tiempo en enterarme, yo solo… asalté su teléfono y entonces lo supe.
Estaba sumida en un letargo emocional ambivalente: amor y odio, tal vez. Incluso llegué a reírme de mi propia demencia, ¿pero qué podía hacer? Lo había intentado todo y fallado cada tiro, mis mejores recursos se estaban agotando y no me quedaba más que aplicar los métodos que podían conducirme en lugar del éxito, al fracaso; pero tenía qué hacerlo, de cualquier modo, no iba a desperdiciar la oportunidad que tenía ahora a la mano, sería una estúpida si solo lo dejaba ser un sueño efímero.
Liz estaba ahí, ocupando un lugar en el mismo sofá de siempre, escribiendo en su móvil, mientras yo la miraba discretamente detrás de mi portátil. Había compartido escenas con Victoria ese día, y fueron tensos momentos de angustia que viví.
Yo vi sus caras entre las escenas, vi sus sentimientos expresados entre endurecidos rostros que hacían el esfuerzo máximo para contenerse. El maldito capítulo había dejado el guion abierto para las interpretaciones que los fans de la pareja entre sus dos personajes levantaran gritos de victoria: Jade había pasado una cómoda tarde con Tori, en lugar de pasarla con Beck. No es mi capítulo favorito de la serie, y a decir verdad, no sé si tengo un capítulo favorito en toda la serie. Cada vez que lo veo, la vea a ella, las veo a las dos, y sé lo que se esconde detrás de la pantalla. Nadie podía imaginarse lo que ocurría tras bambalinas entre aquellas dos jóvenes actrices. Y por supuesto, nadie sufría como yo. Liz estaba conmigo, pero al mismo tiempo, estaba con ella.
Victoria la dejó. Decidió darle la oportunidad para que intentara ser feliz conmigo; y a pesar de que claramente ella deseaba otra cosa, y de que cada día esperaba poder arrebatarla de mi lado, la muy cobarde simplemente no lo hacía. Creo que jamás voy a conocer sus razones, porque lo tenía todo para vencerme, y simplemente no lo intentó. Se conformaba con mirarla a lo lejos, con compartir algunas cuantas palabras con ella, todas enfocadas al trabajo y solo al trabajo.
Excepto ese día.
Ese día no.
Ese día la línea de lo pasional atravesó la de lo profesional, y fue para mí el mayor de los desastres. Las miradas fueron más que un espectáculo pirotécnico proveído para las fiestas patrias de un pequeño poblado religioso. Vi más brillo en sus miradas cruzadas que montones de cohetes explotando en un cielo nocturno estrellado.
Se deseaban, las dos se deseaban. Se deseaban como a nada, como a nadie. Su romance prohibido bien podría haber inundado el planeta si pudiera derretirse como agua salada. Era más extenso que los mares sobre la tierra, era mucho más que todo. Era incluso, más que ellas y junto con ellas, su razón.
Ambas estaban ahí, esperando a que comenzaran a rodar las escenas. Liz tenía una portátil de utilería en las manos, la chaqueta caída de los hombros y esa blusa de tirantes que denotaba perfectamente sus más que bien redondeados pechos. De repente Victoria, que había permanecido largo rato a sus espaldas, mirándola, decidió por fin acercarse a ella y sentarse jovialmente a su lado.
—Es… es curioso que en unos cuantos días… no tendremos que regresar acá… ¿no? Es… es como extraño…
Liz cerró la portátil falsa y clavó los ojos en la mitad latina. Los nervios de la actriz saltaron de la sorpresa, pero Liz era así, cuando ella miraba a una persona, lo hacía con toda la intención; qué sé yo si intentaba incomodarnos con su penetrante mirada, pero eso es lo que es, ella mira de ese modo. Su atención se fija en el individuo que tiene al frente y le habla directo, escuchando a la vez cada una de las palabras que le son proferidas, sin desperdiciar una sola como pluma echada al viento corriente.
—Es bueno. Cada uno tiene sus proyectos en puerta y necesitábamos este cambio.
El comentario no le tomó por sorpresa a la castaña, no esperaba que Liz mantuviera ese triste sentimiento por ver un trabajo de años finalizado, ella siempre fue la más madura en todo esto.
A pesar que últimamente yo no andaba del mejor genio y solo deseaba que todo llegara a su fin, iba a extrañarlo, Victorious me llevó a la fama. Cat fue el trampolín con el que logré catapultar mi carrera, yo me estaba convirtiendo en un ícono para la juventud de estas épocas, tenía la voz, tenía el talento, tenía la imagen y el futuro más prometedor de todos ellos. Mi presencia en ese lugar se estaba volviendo tediosa e incómoda para todos, no solo para mí. Pero había qué terminar la cláusula y a pesar de que me hubiese gustado que las cosas fueran diferentes y haber firmado para una temporada más, era imposible seguir adelante, para mí, para Liz y para Victoria.
—Cr-creí que te pesaría un poco.
—No he dicho que no. Solo dije que es necesario. A todos nos conviene.
—¿Así que ya tienes proyectos en puerta?
—Algunos, no muchos —ella volvió a juguetear con la portátil falsa, bajando su vista.
—Me… —tartamudeó Victoria —Me habría gustado estar contigo para acompañarte en cada uno de ellos.
Liz se puso de pie, en toda su fina altura, y volvió su vista al frente, lejos de la portátil. Y todavía dejó pasar unos segundos antes de responderle a su compañera, de manera seca, como solo ella podía hacer.
—Sin sentimentalismos, Victoria.
—No son sentimentalismos.
—Entonces tampoco deseos de buena amistad. Tal vez no lo comprendas pero a pesar de ser como soy, todavía me lastima lo que pasó entre nosotras. Y no me ha sido nada fácil venir a trabajar a este lugar y tener qué compartir mis escenas contigo. Lo siento, pero no estoy preparada para ser tu amiga. Aun no.
Los ojos de la morena castañetearon. Ahora envuelta entre un mar agitado de incredulidad. ¿Acaso había escuchado bien lo que su receptora había expresado? Había sido una respuesta inesperada. Su intención al acercarse a la chica pálida había sido solo para entablar una sutil conversación mientras esperaban el llamado para ponerse a trabajar, no esperaba otra reacción de Liz aparte de sus respuestas anunciadas con cortesía, quizás comentarios mordaces, monosílabos o solo asentimientos de cabeza, lo que sea menos eso. Lo que sea menos una confesión como aquella.
—No-no sabía que te sentías así.
—No importa.
—No, claro que importa —. Ambas se habían puesto ahora de pie y Victoria la tomaba gentilmente por el brazo —Liz, tampoco lo he llevado sencillo.
—Parece que mientes, y muy bien, de hecho. ¿Las cosas con Lane te son conformes?
La latina resopló, girando los ojos —. Terminé con Lane hace bastante tiempo, pero seguimos siendo amigos, por eso lo ves venir acá.
—Sí, claro.
—Bueno, ¿qué quieres que piense? Tú vives con Ariana.
—¿Me lo estás reclamando?
—¡No! Pero es la verdad, volviste con tu exnovia.
—No somos una pareja.
—¿Y por qué están viviendo juntas?
Liz echó de nuevo la mirada más allá de Victoria, como si esperara que alguien viniera a llamarla para decirle que se acababa el mundo, que finalmente era verdad, Dios existía y las trompetas del apocalipsis estaban comenzando a escucharse allá afuera. Quería ver los cielos abrirse y las almas de los creyentes ascendiendo para encontrarse con su Creador que todo el tiempo ella misma creyó ficticio.
Y por lo visto lo seguiría haciendo, porque luego de varios segundos no se escuchó ninguna trompeta, ni la gente se movió de su lugar de trabajo, ni los cielos se abrieron recibiendo a las almas puras. Luego de esos segundos, todavía seguía en el mismo lugar, mirando sin mirar a la morena chica de enfrente, la que se había robado, hace mucho tiempo, su corazón sin que aun terminara por creérselo. Se preguntó si acaso alguna vez ella sería capaz de creer en algo, pero no era el momento para volverse mística. Solo tenía una oportunidad para hacer locuras, solo una vida para ser ella. No podía simplemente ignorarlo, como había ignorado tantas cosas antes.
—Porque necesito encontrar una manera de recordarme todos los días porqué estoy con ella y no contigo. Eso me hace motivarme.
Liz comenzó a caminar fuera de la escenografía, y Victoria tardó en decidirse unos segundos antes de seguirla.
—¿Motivarte? —Le habló a sus espaldas.
—Tú me dejaste. Hiciste un trato con Ariana para dejarle el camino libre conmigo; no sé cuáles fueron las cláusulas de aquello pero no soy estúpida —. Respondió sin detenerse —Me veo fuerte, pero soy débil, si no estuviera con Ariana entonces tarde que temprano tendría qué ir a buscarte y hacer más que solo cruzar palabra contigo, estés donde estés y con quien te encuentres. Pero Ariana me detiene de obrar con locura, la veo a ella y me recuerda que no puedo hacer lo que deseo porque tú así lo quisiste, lo que significa que te importaron poco mis sentimientos. Pasaste por encima de lo que yo sentía para compadecerte solo de los sentimientos de Ariana, ¿no es así? Y no pediste mi consentimiento, decidiste por las dos. Bien, pues por eso yo decidí mudarme de nuevo con ella. No pierdo nada, lo tiene todo claro respecto hasta dónde puede llegar conmigo y no se niega. Nada pasa entre nosotras aunque ciertamente no es lo que yo había deseado para mi vida, pero entonces recuerdo que te comportaste como imbécil y entonces… estoy bien.
Las cejas de Victoria se ciñeron, engullendo toda la información que de repente le estaba siendo entregada como partícula protegida por los héroes de Marvel. Ella no esperaría eso de Liz. Liz era fuerte, incluso creía que la había olvidado, o que al menos, estaba en el proceso de conseguirlo, pero por lo visto y escuchado, la gótica la tenía aun muy presente. Y ciertamente ella tampoco tenía la mente fría para re-pensar cada una de sus palabras.
—¿Qué harías si esta noche yo dejara la puerta abierta de mi departamento?
En ese momento Liz detuvo sus pasos. Y esperó, otra vez, con paciencia. Luego se volvió a Victoria y la confrontó —. Te diría que no seas descuidada, hay gente mala vagando por las noches y vives sola. Mejor que la cierres.
Y finalmente la dejó de pie en medio de la nada.
El perfecto final para mí.
Pero por desgracia, dije que el día había resultado fatídico, así que no todo había terminado entre una discusión confiesa de amor por parte de la chica gótica. Más que eso, en Victoria se había encendido otra vez la llama, que en realidad había permanecido viva dentro de ella, solo que controlada para no explotar con el fuego abrasador que podría terminar por consumirlo todo, incluso a ella y al amor del que pendía su felicidad.
Liz recibió su nota para que pasara a verla en su camerino, y estuvo a punto de romperla y retirarse, como cada noche, a descansar a su departamento, ese que había conservado para los momentos en los que toparse con alguien le hubiese resultado como chispa explosiva. Después de la breve conversación con Victoria, todo lo que deseaba era relajarse a solas, en la tranquilidad de ese frío departamento en el centro de la ciudad, pero fue su curiosidad, y nada más que eso, lo que la llevó a decidir a encontrarse de nuevo con ella.
Apagó las luces de su camerino y se colocó el abrigo para salir. Yo la encontré por uno de los pasillos internos.
—¿No te llegó mi mensaje? —Dijo ella, con la mirada más glacial que de costumbre —Te escribí que me tomaría unas horas fuera, necesito un momento.
Lo había hecho otras veces, varias, a las que siempre cedí sin oponerme, después de todo, ¿qué podía discutirle? Apenas éramos algo parecido a amigas.
—¿Estarás bien?
—Sí —respondió, sobándose el puente de la nariz —Te aviso si decido otra cosa. Nos vemos luego.
Mis ojos se cerraron en los de ella, y estoy segura que notó la mirada cristalina, porque para entonces me fue imposible contener las emociones que me hacían presa de lo más oscuro y desgarrador de mi alma, sabía que la estaba perdiendo, y ese era apenas el principio de todo.
Antes de que pudiera decir algo más, ella dio la vuelta y se alejó, con las manos metidas en el grueso abrigo. La vi alejarse y perderse entre los pasillos, así que no tuve otra cosa mejor qué hacer qué tomar mi dignidad rota en mil pedazos para apartarme de ese lugar; por suerte para mí, todo terminaría rápido, y mientras más rápida la muerte, menos dolorosa resulta.
—¿Querías hablar conmigo?
Sus palabras chocaron en el espejo del tenuemente iluminado camerino de la protagonista de la serie que tan feliz nos hizo a todos, y tan desgraciados a otros. Victoria se volvió hacia Liz y la miró, con sus ojos castaños atentos a su presencia fuerte y dominante.
—Sí.
Liz esperó. Esperó en esa media oscuridad. Esperó a que el ambiente en ese reducido espacio se volviera espeso, como si se estuviera moviendo en una dimensión a cámara lenta y acuosa. Esperó, esperó hasta que cada uno de los pasos de Victoria tuviera su principio y su fin, trazando una línea recta directo a su posición en aquél espacio terrestre.
Esperó, pestañeando entre las olas que reflejaban el azul de su mirada, conduciendo el barco de su amante hasta el puerto más cercano de su alma. El único movimiento que fue capaz de hacer, es haber levantado sus manos para atrapar a la morena entre sus delicadas brazos, cuando su cuerpo colapsó entre una explosión de amor finalmente liberada.
No hubo más. Los labios de Victoria se encontraron con los de Elizabeth, y se besaron como si no hubiera otra luna por delante, como si su destino tuviera el final escrito para ese día y ese momento.
Habían pasado por mucho. Un camino zombie que Liz había recorrido mientras ella estuvo ausente. Días grises donde ni siquiera las bromas de Matt fungeron el mismo entusiasmo que antes, no había colores en ellos, solo una línea recta que debía seguir porque así le estaba establecido. Y para Victoria no fue menos, ella tuvo ahora la valentía que antes había dejado en los bolsillos de su chaqueta, colgada en el perchero de la entrada para ser la actriz profesional que se requería en el trabajo, y no la tonta chica enamorada de su compañera de reparto.
Había sentido los azotes de un calvario cada vez que sus diálogos entraban en la misma escena, y cómo sus ojos tenían qué encontrarse entre mezclas verdes y marrones para deleitar al público con sus interpretaciones de personajes que se detestaban entre ellos, o fingían hacerlo.
Pero la química siempre estuvo ahí, la química nunca se fue. Ellas fueron contratadas para representar un papel que las había llevado más allá de la pantalla, donde ni siquiera eran tan distintas. Donde de la misma forma, tenían qué vivir en una realidad actuando diferente, no como ellas eran en verdad, sino como se esperara que fueran. Donde solo eran compañeras, y no amantes, donde sus relaciones solo eran afines cuando de Tori y Jade se trataba. Pero Liz y Victoria estaban fuera de eso, o eso es lo que el público veía, porque la realidad era otra, la realidad era una que a mí no me gustaba, pero tenía qué vivir con ello.
—Si el delincuente malvado que ronda a las afueras de mi departamento, tiene tus manos, y besa con tus labios… estoy dispuesta a dejar la puerta abierta para que entre.
—¿Estás segura? Probablemente no te convenga —. Le decía ella entre besos —¿Qué sabes tú si no tiene mañas psicópatas? ¿Qué sabes tú si no le gusta azotar a sus presas?
—Creo que podríamos arreglarlo fácilmente.
—¿Ah, sí? ¿Cómo?
—No es delito si la "víctima" es mayor de edad, y si se deja.
Liz enredó sus manos en las delgadas caderas de Victoria y la alzó sobre sus piernas.
—Tal vez el departamento no me suena ahora tentador, pero, ¿nunca te conté acerca de mi perversa fantasía de hacerlo en un camerino?
La risa de Victoria se escuchó jovial y sincera porque, tengo que admitirlo, ella no era la muchacha más humilde del mundo de la televisión, pero lo intentaba.
—A mano, la idea siempre me ha parecido atractiva.
Liz se separó un poco de su cuerpo y la miró, escrutadora —¿Y la soñaste conmigo? ¿O te imaginaste con alguien más?
—Hey… tranquila —la besó de nuevo —era una niña cuando grabábamos Zoey101, y desde que este show comenzó, solo he tenido la loca fantasía rondando en mi mente de tirarme a mi compañera gótica del espectáculo. ¡Auch!
Se quejó, Liz había clavado sus colmillos en su labio inferior —. Jade tiene una fijación hacia la sangre. ¿Podrás saciarla tú?
—Creo que sí — Respondió Victoria, limpiando la pequeña gotita que había emanado de su labio —Y Tori tenía la suya con tus pechos.
En el acto, tiró del grueso abrigo de la pelinegra y lo lanzó fuera, metiendo sus manos por debajo de la delgada blusa.
—¿Te gusta la lucha libre? —La pelinegra preguntó, apartándola lejos de ella.
—No —las manos de la morena se movieron para volver a acercarse, pero Liz solo la empujó hacia atrás.
—Déjame tocarte.
—Suplícalo.
—Por favor… déjame tocarte.
Liz la volvió a empujar.
—Repítelo.
El pecho de Victoria subía y bajaba por el extenuante combate y la excitación que le provocaba aquello.
—Por-favor… —la respiración la tenía agitada.
En respuesta, recibió otro empujón que la tumbó contra el cómodo sofá forrado en elegante cuero, y antes de que pudiera realizar otro movimiento, el peso de la chica de los ojos azules la imposibilitó.
Una mordida en su clavícula provocó el primer estremecimiento. Los labios de Liz recorrieron después una línea hasta su oreja, donde mordió también el lóbulo. Un choque celular se impactó en su cerebro, y fue el momento en el que todo su buen razonamiento dejó de funcionar coherentemente.
La actriz se olvidó de sus modales, de su contrato, de sus proyectos, de los otros seres que vagaban alrededor suyo. En ese momento solo era ella, con la gótica, en ese momento solo era Victoria, moviendo sus caderas contra las de Elizabeth Gillies, en un suave ritmo que armonizaba como si desde el principio de los tiempos, ellas hubieran sido Adán y Eva.
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—¿Te llevo a tu casa?
Alcé la vista y me encontré con la cálida mirada de Daniella que me sonreía, con su limpia dentadura haciendo gala de la belleza interna que llevaba por dentro.
No respondí, pero le dije que sí cuando me levanté de mi helado asiento en la banqueta limpiándome las lágrimas, para dirigirme hacia su auto.
Esa noche no quería pasarla.
Esa noche necesitaba a Daniella, como siempre que Liz se ausentaba de casa y yo recurría a la latina para encontrar un poco de consuelo.
Esa noche necesitaba más que sus palabras.
La necesitaba a ella.
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Por las molestias que la espera de esta actualización les haya ocasionado, mil disculpas, mi público querido. La verdad es que, aparte de lo que escribí al principio, tengo otros escritos por ahí que me interesa continuar más que este, por ejemplo, mis otros dos fanfics Jori. Si los leen, quiero escribir algo mejor en aquello. Espero puedan comprenderme.
Mis agradecimientos especiales a todos mis lectores en anonimato, a mis críticos y a quienes añadieron esta historia a favoritos y la han seguido desde su publicación hasta ahora. Igual, hago mención especial a quienes se animaron a comentar en el capítulo anterior:
Guest1, Misticgwen, Wiltamber, Extremebrony, Destacado117, 000, StrangeGirlNelle, J A Fredo, Faddy856, Ross55, Joririzzles, Wiiiii, Marilinn, Clel, Guest2, Karoolina, Mate, VyE, Gust3, Angela, Vanessa Kelly, Guest4, Valeria, Valery, Guest5, Lizmary y EdiitsGrande… ¡Muchas gracias a todos!
