N/A: Segunda parte.

DISCLAIMER: No soy GRRM.

Aviso: Este fic participa en el Reto#55 El primer amor, del foro Alas negras, palabras negras.


II

Brienne la Bella la llamaban.

Una forma de burlarse de ella, de reírse de ella. De hacerle saber que ni el adjetivo más codiciado por las mujeres lo llevaría ella con gracia. Nadie la llamaría bella nunca más para hablar de su atractivo (el cual no tenía). Una buena forma de asegurarse de que jamás recibiría un trato como el resto de las damas de su rango.

Porque era alta, tenía una espalda ancha, y peleaba mejor que los hombres. Aunque nunca pudiera ser un hombre, y hubiera dejado de ser una mujer hacía muchos años.

Siempre sería, Brienne la Bella.

Pero hubo una vez. Durante los minutos que dura una canción, en los que un hombre la trató como si fuera una mujer. Aunque ambos eran jóvenes y más bien debería catalogárseles como un joven caballero y una joven dama.

Ella llevaba uno de esos vestidos que le sentaban bien a cualquier chica de su edad menos a ella. El pelo era un intento de un peinado refinado que había acabado en un desastre total. No le sentaba bien el pelo largo, y el pelo largo peinado como se lo peinaban las damas del momento le quedaba aún peor.

Él era todo lo contrario, era mayor que ella por lo tanto todavía era más alto que ella. Iba pulcramente vestido con vestimentas propias de su edad (que le sentaban muy bien) y de su rango.

Y sin el miedo que tenían los demás al acercarse a ella, la cogió con la delicadeza de quien coge una flor. Como hacían todos los jóvenes (y otro no tan jóvenes) caballeros.

Fueron dando vueltas y vueltas por la sala al ritmo de una música que no recordaba. Ambos con una sonrisa. Él por querer ser amable, ella por sentirse como una princesa.

Había muchos hombres que la habían marcado a lo largo de su vida. Generalmente por el alto nivel que habían alcanzado los insultos o las bromas. Pero él la marcó de una forma especial, distinta.

Él, que la había hecho sentirse como una dama cuando todos la consideraban un género único, mezcla de hombre y mujer sin llegar a ser nunca ninguno de los dos. Él, que la cogía con gracia y elegancia y no como si pudiera contagiarle algo por el mero hecho de tocarse. Él, que la había hablado con amabilidad y respeto cuando todo eso había sido algo desconocido, casi un mito para ella. Él, que la había nombrado parte de su guardia personal después de años de servirle fielmente.

Él, que había sido el primer hombre en hacerse sentir mujer, el que había hecho que surgiera en ella el deseo de ser una mujer, más delgada, menos alta, con el pelo más largo y sabiendo llevar vestidos y lucirlos de tal forma que levantaran pasión allá por donde pasaban.

Él que había sido el hombre que le había hecho descubrir lo que era un sentimiento que hasta ahora solo pensaba que estaba escondido entre las páginas de los libros. Él, que le había hecho descubrir lo que era el amor.

Él, que había sido su primer y único amor.


Y ahora la última...