20/06/15 Nota de la autora:
Soy la misma autora de Potterfics, sólo que aquí ese usuario lamentablemente ya estaba ocupado, aclaro esto de nuevo para que no me vayan a caer crucios a avadas. xd
Historia total y completamente Harmione… de verdad, no les miento, no hay ni pizca de Ronmione, así que lamento si esto los decepciona.
Disclaimer: Nada de esto de mi propiedad, todo es cortesía de J.K. Rowling, yo ni siquiera bajo la influencia de cinco whiskeys de fuego sería capaz de imaginar tal cosa.
Sin más que decir, espero que la disfruten y comenten, será un placer seguir trabajando con ustedes si les gusta.
Capítulo 2: El mentor
Al momento de abrir los ojos su mente no pensó en otra cosa que no fuera Harry Potter. La noche anterior había sido extraña, y tan carente de sentido que aparentemente prefería no creerlo. Optaba por pensar que el día anterior no fue más que un producto de sus sueños y que nada de aquello había sucedido.
Saltó de su cama, viendo cómo Ginny aún dormía plácidamente en la cama contigua. Envidió la tranquilidad que su rostro poseía, debido a que el de ella seguramente lucía como el de una total desquiciada. Salió al pasillo haciendo gala de una velocidad envidiable, frunciendo levemente el entrecejo al escuchar los ronquidos de Ron que, a pesar de que su habitación estaba bastante alejada, se escuchaban con una nitidez sorprendente. Se echó a correr por el pasillo, subiendo las escaleras de dos en dos y estando a punto de tropezar varias veces, para finalmente profanar aquella habitación, sin importarle demasiado que su ocupante siguiera durmiendo. La decepción inundó cada fibra de su cuerpo al notar que la cama contigua a la de Ron estaba vacía, con una capa de polvo que anunciaba que nadie había dormido ahí desde hacía meses.
— ¿Qué demo…? ¡Hermione!—murmuró la voz exaltada de Ron, quien rápidamente subió sus cobijas hasta la barbilla, mirándola cómo si hubiera perdido la razón.
—No venía a verte a ti.
— ¡Es verdad!—soltó, abriendo los ojos como platos al ser presa de alguna clase de revelación—. ¿¡Dónde se metió ese papanatas!?—exclamó, poniéndose de pie rápidamente y examinando meticulosamente la habitación, como si esperara que estuviera por los alrededores.
— ¡Ronald!—gritó por mero reflejo, girándose rápidamente al notar que su amigo sólo tenía unos calzoncillos naranjas encima.
El aludido soltó un gemido ahogado al darse cuenta y se lanzó nuevamente a la cómoda, creando un sonido sordo al momento que su cuerpo azotó contra su colchón, y se apresuró a cubrirse por completo con sus cobijas, con un color rojo carmín por la vergüenza.
— ¿Qué pasa? ¿Están bien?—se escuchó la voz preocupada de Molly Weasley escaleras abajo.
—S-sí, señora, no se preocupe —gritó de vuelta Hermione, saliendo a toda prisa del cuarto y corriendo hacia la planta baja. No le dio corte seguir en pijama y fue a la cocina donde siempre estaba la señora Weasley—. Disculpe, ¿qué paso con Harry?
Molly la examinó unos segundos, sabedora de que ese día aquella sería la pregunta del millón, resopló y se dejó caer en la silla contigua.
—Será mejor que te bañes querida, cuando comamos les explicaré a todos juntos —sentenció, intentando sonar tierna pero con un deje de tristeza aún latente en su voz.
Temiendo lo peor, y sin ninguna otra opción, subió las escaleras sin preguntar más.
¿Realmente sería un mortífago? No, eso era completamente imposible, se reprimía mentalmente por siquiera pensarlo… pero el día anterior había sido tan extraño, como si Harry hubiera sido suplantado por otra persona que poseía una actitud opuesta a la de él.
Al momento que el chorro de agua caliente de la ducha azotó en contra de la parte superior de su cabeza, se terminó de convencer que absolutamente nada lograría que dejara de pensar en él. Su mente no dejaba de examinar la conversación, de recrearla una y otra vez con el simple afán de encontrar un inexistente trasfondo en las palabras que había dicho. Debió haber tenido cara de pocos amigos el resto de la mañana, porque George, quien parecía dispuesto a entablar una conversación con ella, abrió los ojos con desmesura al verla antes de pasar de largo, haciéndola resoplar.
Apenas terminó de bajar las escaleras notó que otra reunión se llevaba a cabo, aunque ésta vez el ambiente se notaba tenso, no había risas y cuchicheos surcándolo, y eso la hizo comprender que algo iba realmente mal.
Lupin y Tonks estaban sumidos en una calurosa discusión, sus voces se escuchaban subidas de tono, sobresaltando de las demás, aunque no lograba comprender las palabras, quizá porque no quería hacerlo. Tonks negaba firmemente con la cabeza mientras Lupin la miraba con exasperación, a punto de salirse de sus cabales; sintió que estaba mal mirar aquello, como si se tratara de algo íntimo, así que se apresuró a desviar la vista rápidamente hacia Moody, quien se encontraba sumido en sus pensamientos mientras jugaba distraídamente con su varita, la cual soltaba chispas celeste de vez en cuando. Todos lucían consternados, especialmente Sirius quien parecía que no había pegado ojo en toda la noche anterior y miraba a Moody con un deje de desdén.
—Bueno, chicos, como sabrán mañana inician las clases en Hogwarts —dijo el señor Weasley al volver en sí con fingido entusiasmo—. Sé que han pasado… ciertos eventos, que les han provocado algunas dudas.
—Algunas dudas —repitió atónita Hermione, sin darle crédito a sus oídos—. No sería las palabras que yo utilizaría.
—Vaya, Granger tiene caja de voz—dijo Moody con diversión, soltando una risa que fue callada al instante ante la mirada asesina de Hermione.
—Sí, claro que estoy de acuerdo —aclaró rápidamente, pasando por alto el comentario de Moody—, pero tiene que tener en cuenta que son asuntos algo… complicados…
—Creo que tendré más que la suficiente capacidad mental para entenderlos, señor —rebatió, intentando no sonar muy descortés—. Es Harry de quien hablamos —murmuró, deteniéndose al sentir su voz flaquear— y quiero una explicación.
—Ya somos dos —dijo Sirius para sorpresa de algunos.
—Sólo se cansó —soltó Moody—. Se hartó de ser un niñato. Él sabía que tendría que enfrentarse contra Voldemort, y que no estaba listo en lo absoluto…
—Yo mismo le enseñe varios trucos—rebatió Sirius, indignado.
— ¿Acaso no has tratado con magos tenebrosos?—dijo, mirándolo con desprecio—. Para vencerlos debes pelear como ellos, hablar como ellos, ¡pensar como ellos!—continuó alzando cada vez más la voz—. Nosotros no le enseñaríamos eso, nunca. Así que busco a alguien que sí. Buscó a un ser oscuro, infame, buscó entrenar con alguien así.
— ¿Con…? ¿Con quién, profesor?—tartamudeó Hermione.
Moody abrió y cerró la boca varias veces, como si aquel nombre se negara a salir más allá de su garganta.
—Alguien que odió desde que conoció, alguien a quien yo deposité mi confianza sin pensármelo dos veces, alguien que nadie hubiera pensado que acudiría Harry Potter —ni siquiera se molestaba en ocultar ni un poco su desprecio, en especial al decir el nombre de Harry.
— ¡Nosotros podíamos haberle enseñado!—saltó Sirius, haciendo uso de presencia por primera vez—. Nosotros debimos haberle enseñado. —corrigió.
—No, no podíamos—aseguró el señor Weasley con melancolía.
— ¿Por qué no? Somos aurores… sabemos lo que hacemos, por Merlín —rebatió Lupin, igualmente herido ante el hecho que Harry no le hablara al respecto.
— ¡Sólo tenía que preguntar!—dijo Tonks golpeando estrepitosamente sus puños contra la mesa.
— ¿De verdad? Dime, Nymphadora ¿hubieras sido capaz de enseñarle el hechizo "cruciatus"?—preguntó Moody, y ella titubeó—. Mejor aún, ¿hubieras dejado que alguien le lanzara un crucio para que él lo esquivara?
Hermione sabía perfectamente que Tonks jamás hubiera aceptado tal aberración, lo hubiera encerrado toda la tarde en su habitación si era necesario para mantenerlo seguro. Era demasiado protectora en cuanto a Harry se trataba, recordaba con ternura cómo ésta había regañado únicamente a Harry durante toda la noche por haber estado jugando Quidditch sin el casco y las rodilleras —material que todos estaban obligados a usar dentro de los terrenos de la Madriguera si se jugaba Quidditch—aunque ninguno las había utilizado. E, inclusive si Tonks bajo el uso de cualquier droga hubiera llegado a aceptar, ella misma hubiera prohibido estrictamente cualquier tipo de maldiciones imperdonables contra su amigo… o letales… o cualquier hechizo… de acuerdo, no hubiera permitido cualquier tipo conjuro contra Harry. Quizá tenían razón.
—Sobre mi cadáver —admitió finalmente, soltando un largo y profundo suspiro al terminar la oración.
—La cuestión ahora… es que haremos con él —razonó Sirius, haciendo que todas las mujeres presentes lo miraran de manera interrogante.
—No lo sé… quizá un obliviate…—caviló Moody, tan bajo que prácticamente tuvieron que leerle los labios.
— ¿Qué?—saltó Hermione, aquel hechizo borraba la memoria del afectado… ¿de verdad pensaban alterar la memoria de Harry?
— ¡No le harán absolutamente nada!—rugió Tonks, lanzándoles la mirada más amenazadora que alguna vez se había posado en sus ojos.
— ¡No podemos quedarnos con los brazos cruzados!—rebatió Sirius.
—Aun así, hacer algo con su memoria sería demasiado… drástico —dijo la señora Weasley intentando mantener la calma, aunque se notaba que en fondo se escocía de que estuvieran hablando de esa manera de Harry.
— ¡Yo sé lo que es mejor para él!—Sirius se puso de pie, apoyando ambas manos sobre la mesa, intentando demostrar superioridad.
—Sabes lo que es mejor para ti —corrigió Tonks imitando sus movimientos, Hermione notó con cierta preocupación que su mano se ceñía alrededor de su varita.
—Yo soy su padrino.
—Y yo la mujer que más lo quiere en éste mundo.
Hermione frunció el entrecejo con descontento al escuchar aquello, al igual que la señora Weasley, ambas intercambiaron una mirada cómplice, sonriendo al entender que estaban pensando exactamente lo mismo. No les había caído en gracia que Tonks se considerara la mujer que más quería a Harry, después de todo, aquel era un puesto que debatía entre ellas tres.
Justo cuando Sirius estaba a punto de contestar, unos golpeteos en la puerta se hicieron presentes, haciendo que la mente de Hermione reaccionara "¿El mentor de Harry? ¿Alguien que siempre odio? ¿Por qué Harry acudiría a una persona que odia?" Preguntas acribillaban su mente cómo aquellos golpeteos a la puerta.
—Pasen, pasen —concedió Lupin con tono cortés, sin embargo se notaba que estaba sumido en cólera. Fuera quien fuese la persona que estaba atrás de la puerta no era del agrado del profesor quien apretaba su mandíbula con fuerza y ponía la mano sobre su varita.
La puerta se comenzó a abrir tétricamente dejando por fin ver las dos figuras tras ella, los presentes quedaron impactados ¿Él era el maestro? ¿Era acaso sólo una mala broma? Vieron impactados cómo Harry entraba lentamente a la casa acompañado de su mentor.
Severus Snape.
