La puerta se comenzó a abrir tétricamente dejando por fin ver las dos figuras tras ella, los presentes quedaron boquiabiertos. ¿Él era su maestro? ¿Era acaso sólo una mala broma? Vieron impactados cómo Harry entraba lentamente a la casa acompañado de su mentor. Severus Snape.
—No me jodan —murmuró Ron bastante sorprendido, lo suficientemente bajo como para que únicamente Hermione lo escuchara.
Harry tenía exactamente el mismo aspecto del día anterior, cosa que no pudo evitar decepcionar a Hermione quien aún tenía la esperanza de que se hubiera tratado de una jugarreta de su cerebro, pero seguía con aquella pose de indiferencia y total desinterés.
En la luz del día Hermione pudo examinar más detenidamente su físico, su cabello negro era largo, le tapaba las orejas y le llegaba hasta las cejar, y nunca antes se le antojó tan oscuro. Lo que realmente llamó la atención de Hermione eran aquellas ojeras que adornaban sus hermosos ojos verdes, eran bastante grandes, dando la impresión que hacía varios días que no dormía. Se preguntó qué cosas hacía durante la noche, o qué era lo que lo mantenía despierto. Quería preguntarle tantas cosas.
Agitó su cabeza al notar que sus pensamientos se desviaban, en conjunto Harry Potter había dejado de ser un niño, ahora se veía cómo un adolescente problema, misterioso. Después su vista se concentró en su acompañante, Snape; tenía puesta la misma túnica negra de siempre, con aquellas cortinas grasosas de cabello adornando su rostro; las manos en la parte de atrás de su espalda y una mirada que en ese momento se encontraba fija en la de Moody, su rostro tenía un gesto grotesco, cómo si se mofara de la desdicha que estaban sufriendo.
— ¿No les habían dicho que es de mala educación hablar de las personas a sus espaldas?—preguntó Severus con lentitud mientras Harry y él se acercaban hacia la mesa.
Lupin hizo rápidamente aparecer dos sillas, una entre Hermione y Ron y la otra a la cabeza.
—Hijo de puta —soltó Fred en voz alta.
Nadie lo contradijo, ni siquiera Molly se molestó en lanzarle una mirada severa. Pero su comentario no logró enfadarlo, muy al contrario, el aludido sonrío divertido.
— ¿Es mi culpa que el haya acudido a mí, en lugar de ustedes?—inquirió mientras tomaba asiento. Harry se quedó parado junto a la mesa, observando. De alguna manera Snape tenía razón, no era su culpa—. Antes de hablar, Weasley, deberías informarte cómo sucedieron las cosas.
—Vaya, esto es algo que creí que mi ojo bueno llegara a presenciar jamás. Harry Potter alumno de Severus Snape —dijo Moody, se levantó de su silla y caminaba lentamente hacia Harry, éste se quedó exactamente donde estaba, observándolo en silencio—. Si no fuera porque te conociera, Potter, ya estarías en la tumba.
—No tiene que hacer ninguna diferencia —retó, viéndolo a los ojos y acercándose a él.
Ojoloco pareció darse cuenta de que no bromeaba y, aceptando el reto implícito en su oración, tomó rápidamente su varita y la puso contra su mentón, el corazón de Hermione empezó a latir rápidamente. Harry no hizo amago de defenderse, seguía en el más sepulcral de los silencios mientras Moody lo obligaba a alzar la vista al poner su varita bajo su mentón.
—Estoy esperando la historia —interrumpió justo a tiempo Sirius, todos sabían lo mucho que Sirius Black odiaba a Snape, y viceversa, pero Sirius parecía fuera de sus cabales, estaba a punto de reventar y eso era latente para todo el mundo. Al notarlo, muy a regañadientes, Moody volvió a sentarse—. Empieza.
—Por mí hay ningún problema, Harry tiene la última palabra —explicó Severus y acto seguido todas las miradas se posaron en Harry.
—Has lo que quieras —dijo con voz fría como el hielo e hizo un gesto desdeñoso con la mano, restándole importancia al asunto, antes de darse media vuelta, dispuesto a retirarse.
Y eso fue más de lo que Hermione pudo soportar.
— ¡Ato ahí, Potter!—ordenó y el aludido dejó de moverse, clavando sus pies sobre el piso—. Tú no pones un pie fuera de ésta casa hasta que hayas explicado, con de detalles, cómo te convertiste en… esto —saltó Hermione con furia en la voz.
No había estado esperando tanto tiempo para que él simplemente actuara cómo un idiota. Aquellos días había llorado todas sus lágrimas, hasta el punto de quedarse seca, al tan solo imaginar que algo malo le pudo haber ocurrido; se había martillado la cabeza en busca de cualquier explicación, por más disparatada e incoherente que ésta fuera, para justificar su desaparición; así que no, él no podía aparecer y esperar que lo dejara partir así de fácil.
Se puso de pie, desbordando cólera, y caminó alrededor de la mesa hasta llegar a unos pasos de su objetivo: Harry Potter. Éste se dio la media vuelta con parsimonia innecesaria para mirarla con los ojos levemente entrecerrados y las manos en los bolsillos, aún con aquella aura de indiferencia rodeándolo.
—Escúchame bien, que no te lo pienso repetir ni una sola vez, y a cualquier signo de rechazo o intenciones de irte que muestres te juro por Merlín que tú no sales de aquí completo —amenazó. A cada palabra se acercaba un poco más, parecía confundido, sin embargo tenía la misma postura de siempre y no retrocedía un centímetro—. He estado buscándote por mar y tierra, he esperado cartas o cualquier signo de vida de tu parte y tú ¡me sales con estas actuaciones! No, ¡te sentaras en esa silla ahora mismo y explicaras el porqué de tus acciones! ¿Quedó claro?
— ¡Amo a ésta chica!—dijo Moody entre carcajadas. Harry ignoró olímpicamente su comentario sin perder de vista a la castaña.
—Y... ¿por qué habría de explicarte?
Hermione estaba a tan solo centímetros de él, cara a cara. Sentía cómo su corazón comenzaba a acelerarse e intentaba controlarlo desesperadamente.
—Si crees que no nos debes nada, si piensas que tú solo llegaste a donde estas, entonces abandona ésta casa —dijo con rabia, acercándose un poco más a él, y éste por fin mostro señas de cobardía y retrocedió unos pasos—. Muy bien, ahora siéntate en esa silla y deja de actuar tan… insolente.
Harry se le quedó viendo un largo rato con aquellos ojos verdes tan penetrantes que por un momento se sintió presa de un escáner de rayos x. Hermione le sostuvo la mirada durante el escudriño, sin flaquear ni por un segundo. Por fin Harry se limitó a sonreír torcidamente, sin felicidad alguna, y con un caminar lento y ralentizado fue a sentarse sin decir ni una palabra más. Todos estaban muy quiotes, como si aún no terminaran de entender lo que había sucedido, Hermione lo había conseguido. Ésta se quedó de pie unos momentos, entendiendo lo que acababa de suceder antes de ocupar el lugar que estaba junto a Harry.
Al notar la mirada amenazadora de Hermione, Harry asintió al instante y, después de un suspiro cansino, inició con el relato.
—El último día en Hogwarts, fui al salón de Snape. Le dije el por qué quería que me enseñara y al principio se negaba… pero finalmente cedió y me dijo que me entrenaría. Fuimos a los bosques al norte de Londres y Snape me enseñó los principales hechizos para sobrevivir ahí, después usó un conjuro de desaparición y me dejó a la mitad del bosque.
La señora Weasley soltó un gritito de impresión al tiempo que Tonks se ponía la mano sobre la boca, los demás parecían impresionados y miraban a Severus con desdén mientras éste sólo sonreía despreocupadamente, sólo Moody miraba a Harry y le hizo un ademán apremiante con la mano para que continuara.
—Estaba a la mitad de los bosques más peligrosos y no sabía cómo aparecerme sin magia, ya que Snape me había dicho que si la usaba para eso el ministerio sabría al instante que fui yo… cosa que hace poco me di cuenta que no era verdad. Estuve allí tan solo un mes, aprendí las cosas y los hechizos más importantes.
Su voz dejó en claro que no relataría nada más, de hecho, se notaba a leguas que estaba ocultando innumerables cosas, mas nadie objetó.
— ¿Y quién te enseñó a ser un cretino? ¿Uno de los vagos?—atacó Hermione con desprecio, Ron y los gemelos soltaron una sonora carcajada pero Harry la había ignorado olímpicamente.
—Y esa es mi historia, después logré salir e… hice otros asuntos.
—Un mes en un bosque… ahí debiste aprender mucho, tienes suerte de seguir con vida —puntualizó Lupin—. Ahora, entonces, explícame ¿cómo hace dos meses te vi entrando al orfanatorio de Tom Riddle?
Todos se giraron a ver Harry sorprendidos, al parecer la historia aun no tenía un final.
—Como he dicho, lo que hice después del bosque son asuntos míos —contestó tajante sin mirarlo si quiera, al parecer el punto inexistente en la mesa era más interesante para él.
—Cuida tus modales —reprendió Sirius antes de girarse hacia Snape.
—No soy su niñera, Black —dijo Severus con irritante parsimonia, contestando a la muda queja que había en los ojos de Sirius.
— ¿¡Se puedes saber por qué carajos has llevado a mi ahijado a esos bosques!?—gritó colérico.
—Si vas a gritarle a alguien, que sea a mí —pidió Harry para goce de Snape.
—Oh, claro que lo haré, sólo espera que se vaya éste infeliz, pero créeme Harry James Potter ¡no vas a ver el sol en mucho tiempo!—explotó, viéndolo con una autentica mirada de asesino.
—Me tengo que ir —tajó, lanzándole una rápida mirada a Hermione para observar su reacción, mas ésta sólo lo vio a los ojos sin decir nada, consintiendo en silencio su partida.
Harry se levantó de su asiento lentamente y caminó hasta la puerta, seguido rápidamente por Snape, quien al parecer sólo había acudido a aquella reunión para burlarse libremente de la desdicha de los que alguna vez conocieron a Harry. Éste antes de irse se quedó estático justo atrás del asiento de Sirius, quien tenía los ojos sumergidos en lágrimas.
—Deberías superarlo —aconsejó con frialdad antes de seguir con su camino.
—Eras… lo único que me mantenía con vida, mi razón por la cual quería salir de aquella maldita prisión —farfulló con abrumante dolor en la voz.
—Encuentra otra cosa —respondió con arrogancia sin detener su andar, sin conmoverse.
Sirius se puso de pie a una velocidad alucinante, tanto que sólo se distinguió un borrón y de un momento a otro tomó a Harry por las solapas de la camisa, pegándolo contra la pared más cercana y éste no opuso resistencia alguna, simplemente soltó un suspiro cansino y lo miró con aburrimiento. Con lágrimas en los ojos y recorriendo sus mejillas Sirius apuntaba a Harry con su varita directo a la cabeza, buscando el más mínimo pretexto para soltar algún hechizo.
— ¡Sirius!—gritó alarmado Lupin, siendo el primero en entender lo que estaba sucediendo, sin embargo, no interferiría.
—Si tu padre viera en lo que estas convertido, lo mandarías de nuevo a la tumba —espetó Sirius con desprecio, ejerciendo más fuerza con su brazo contra el cuello de Harry.
— ¿Enserio quieres hablar de padres? Porque no creo que el tuyo haya estado muy orgulloso de ti —soltó, Hermione pudo observar cómo sonreía maliciosamente.
—No vuelvas nunca a ésta casa —gritó dándose media vuelta y dirigiéndose lo más rápido que le fue posible a las escaleras.
—Aun así, no planeaba volver —dijo incorporándose y yendo a la salida… atravesándola y caminando sobre la yerba.
Hermione no pudo aguantar más, de un movimiento rápido, y quizá con brusquedad innecesaria, se hizo camino a través de los obstáculos, abrió la puerta de un tirón y vio cómo su mejor amigo se giraba.
Simplemente no podía resistir más. Saltó hacia los brazos de Harry, causando que él retrocediera unos cuantos pasos para no perder el equilibrio, y lo abrazó rápidamente por el cuello, escondiendo su rostro entre su hombro y el hueco de su cuello. Éste parecía algo confundido, pero correspondió el abrazo de buena gana, pasando los brazos por su cintura, y aquel gesto fue suficiente para que su llanto se desatara, con la misma intensidad que días antes cuando lo había creído muerto.
—Eres...eres… un idiota, Harry Potter —alcanzó a susurrar entre sollozos.
—Lo sé, Herms —respondió. En su rostro apareció una gran sonrisa al escuchar aquel "Herms" que tanto le gustaba.
No dijeron nada, así como tampoco aflojaron en lo más mínimo su agarre. Hermione estaba temerosa de que, al momento de soltarlo, él volvería a desaparecer, como era su costumbre… así que no planeaba hacerlo, no aún.
Su llanto se fue calmando poco a poco, y a Harry no parecía molestarle en lo más mínimo seguir en esa posición, debido a que sus labios se posaban esporádicamente sobre el cabello de Hermione, logrando que el corazón de ésta se acelerara.
— ¿Te volveré a ver?—preguntó, temerosa de saber la respuesta.
—Irás a Hogwarts, ¿no?—dijo como si fuera la respuesta más obvia del mundo—. Ahora tengo que marcharme, nos vemos mañana.
— ¿Por qué no…? ¿Por qué no te quedas?—él sonrió y rodó los ojos únicamente cómo respuesta.
"O llévame contigo" agregó una voz en su cabeza, orillándola a morder sus labios para no decir aquello en voz alta. Muy a su pesar, Hermione lo soltó y se alejó unos cuantos pasos de él. No quería que se fuera y le insistió para que se quedara, pero éste sólo negaba firmemente con la cabeza, divertido. Hermione evitaba a toda costa ver a Harry a los ojos, sabedora de lo que estos le provocaban hacer y no estaba segura de poder controlarse estando tan cerca de él.
"¡Por Merlín, éste hombre es todo un problema!" pensó al verlo caminar hacia al bosque.
— ¡Espera! Snape se ha ido, ¿cómo vas a irte?— alcanzó a gritarle. Éste no dio respuesta alguna, sólo una risotada se hizo presente en el aire y, justo cuando estaba a punto de ir a hablarle, se había ido.
Sorprendida, Hermione entró de nuevo a la Madriguera, contestando algunas preguntas y soportando miradas críticas, pero ella estaba demasiado ocupada pensando en otra cosa, su mente bailaba de tan sólo pensar que mañana lo volvería a ver.
Pero por ese día al menos, su olor se había quedado impregnado en su ropa y la mente de Hermione había borrado cualquier recuerdo desagradable de esa noche y sólo había dejado lo más importante, el final.
¿Que les parecio? ¿Mala? ¿Buena? Pésima? Quieren saber mi dirección para hacerme un crucio T_T
Que les parece el titulo? prefieren "Cuando tus fríos ojos muestran ternura" o "Harry... vuelve a ser el mismo"?
Bueno, espero que les haya gustado. Y muchas gracias por comentar ^_^
