Esta mini historia está situada después de la guerra contra Gea, como siempre.

PD: Estos personajes los ha creado Rick Riordan, no yo.

Punto de vista de Annabeth

Hay algo que tenía claro, me iba a morir…

… de los nervios

No podía con todo este tinglado que había montado Piper, mi corazón parecía que se iba a salir de mi pecho.

¿Motivo?

Hoy era el día de mi boda y Piper se había empeñado en montar una boda a lo grande.

Ahora me encontraba en mi cabaña poniéndome, o al menos intentándolo, mi hermoso vestido blanco para la boda.

Mi vestido era blanco, obviamente, de palabra de honor y me llega hasta los tobillos, un vestido que combina con mis tacones blancos, Piper estuvo convenciéndome media hora para que los comprara, y llevaba un collar azul que me dio mi padre, lo llevo mi abuela en su boda.

Hoy como era un día especial, el campamento mestizo ha dejado que algunos mortales crucen la barrera mágica y los dioses han bajado del Olimpo o han subido del inframundo para asistir a esta celebración.

Y yo no podía estar más nerviosa.

-Ya esta- sonrió Piper acabando de ponerme una corona de flores en mi pelo suelto.

-Ha quedado genial- le sonreí.

Piper llevaba un vestido azul cian de dos asillas que le llegaba por las rodillas.

Por la puerta entró Thalía que llevaba el mismo vestido que Piper ya que las dos chicas eran mis damas de honor.

-Ha venido mucha gente- dijo ella acercándose.

-¿Y mi bebe?- pregunte.

-¿Lucía?

-¿Tengo más hijas?

-Esta con tu madre.

-¿Mi madre?- pregunte atónita.

-Sí, al parecer se llevan bien.

Lo que me faltaba, que mi hija fuera una copia de su abuela, válgame dios que solo se lleven bien y de mayor no quiera ser como ella.

-¿Alguien me la puede traer? Ella me calma.

No hizo falta que nadie fuera a buscarla porque mi madre entró por la puerta con mi niña en brazos.

-Toma- me la entrego sonriente.

Lucía me sonrió y apoyo su pequeña cabecita sobre mi hombro.

-¡Qué bonito!- exclamo Piper.

Me relaje, Lucía tenía ese efecto calmante sobre mí.

-Pronto tendrás que ir al altar- comento mi madre.

-Sí- asentí.

Piper y Thalía captaron el mensaje y salieron dejándome sola con mi madre.

-Cariño, sé que Percy no es el marido que habría escogido para ti.

-Ya empezamos- murmure.

-No, déjame acabar, no lo habría escogido es más le odiaba, pero me he dado cuenta con el tiempo que la cría de barba percebe haría cualquier cosa por ti y después de darme a esta fantástica y hermosa nieta lo puedo aceptar- sonreí.

-Mama…

-Hija déjame acabar- me regaño dulcemente- sé que no he sido la madre del año pero solo quiero que me aceptes en tu vida porque te quiero.

-Lo sé mama yo también te quiero.

Me dio un dulce beso en la mejilla, nunca me había dado un beso.

Lucía se removió encima de mí, la pobre se había dormido.

-Dámela, yo te la cuido, tú tienes que prepararte- asentí y mi madre la cogió.

Lucía se despertó y me miro con sus ojos verdes mar, me señalo.

-Mami- dijo.

-Adiós cariño- le bese la mejilla- mamá te verá pronto.

Mi madre desapareció y por la puerta entraron mis damas de honor.

-Ya están los invitados- anunció Thalía.

-Genial, ha llegado la hora- murmure.

-Tranquila estaremos detrás de ti- me tranquilizo Piper.

Mi padre entró por la puerta.

-Llego la hora.

Suspire.

Le cogí del brazo y le susurre.

-Agárrame muy fuerte, que con estos zapatos me voy a caer.

Él se rió.

Pude ver como mi madre pasaba por el altar con Lucía en brazos y como la pequeña tiraba pétalos de rosa.

Se sentaron en sus sitios y nosotros comenzamos a andar.

Pude ver como mortales, semidioses, dioses y criaturas de la naturaleza se juntaban para presenciar cómo me casaba.

Había una cosa que tenía claro, Piper había hecho un perfecto trabajo, había un arco de flores encima de la alfombra roja por la cual estaba caminando, había silla a los lados de la alfombra y lo mejor de todo, Percy estaba en el altar esperándome.

Usaba un esmoquin negro con una corbata azul, y en un bolsillo se encontraba una pequeña rosa blanca como la leche.

Mientras caminaba hacia el altar pude ver mi futuro y mi futuro era ese hombre que me esperaba con una sonrisa sarcástica pintada en los labios, no tenía ninguna duda, quería estar junto a él y nada ni nadie impediría que dijera que sí a mi destino.

Mi padre me entrego a Percy.

-Sujétame que me caigo- le susurre y él rió.

-Mortales, semidioses y semidiosas, dioses y diosas y demás criaturas mitológicas hoy estamos reunidos aquí para presenciar la unión entre dos almas gemelas, Percy Jackson y Annabeth Chase.

Todos aplaudieron.

-Estoy nervioso- me susurro Percy mientras el cura hablaba.

-Y yo- le sonreí.

-Ahora Percy repite después de mi, yo Percy Jackson.

-Yo Percy Jackson te respetare el resto de mis días en la salud y en la enfermedad, en riqueza y en la pobreza hasta que la muerte nos separé.

-Y ahora tú Annabeth.

-Yo Annabeth Chase juro respetarte por el resto de mis días en la salud y en la enfermada, en la riqueza y en la pobreza, hasta que mi corazón deje de latir.

-Ahora ¿Percy Jackson aceptas a Annabeth Chase como tú legitima esposa hasta que la muerte os separe?

-Si quiero.

-¿Annabeth Chase aceptas a Percy Jackson como tú legitimo esposo hasta que la muerte os separe?

Mire a Percy, y no tuve dudas.

-Si quiero- sonreí.

-Pues por el poder que me ha sido conseguido yo os declaro marido y mujer, ya puedes besar a la novia.

Percy puso su mano en mi mejilla y me acercó a él.

Sus labios y los míos se tocaron, fue un beso suave y dulce, los presentes estallaron en aplausos pero a mí no me podía importar menos, solos éramos Percy y yo.

-¡Qué vivan los novios!- grito Thalía.

Y empezaron a tirarnos arroz.

-¡Es hora de la fiesta!- declaro Leo Valdez.

Cogí a mi hija, ahora estaba rodeada de las personas que más quería, mi hija y mi marido.