La siguiente mini historia también está situada después de la guerra contra Gea.
PD: Los siguientes personajes los ha creado Rick Riordan.
Punto de vista de Anthony
-Niños es hora de merendar- sonreí.
Yo me dedicaba a ser maestro de preescolar, y me encantaba mi trabajo, siempre me había encantado tratar con niños y se me daba bastante bien, además mi sueño de toda la vida era formar una familia.
Pero no tenía novia ni hijos así que me tenía que conformar con estos adorables chiquillos de otros padres.
Todos eran adorables y tenían grandes cualidades.
Por ejemplo, a Tobías se le daba muy bien correr e ir de aquí por allí, era muy inquieto, Ángela era una niña tranquila y tímida, ella siempre estaba calmada y nunca se metía en ningún problema, Carlos siempre alegre hacía reír a sus compañeros, y por ello todos estaban siempre contentos pero la joya de esta clase de preescolar era sin duda alguna Lucía.
Ella con su pelo rubio, su sonrisa sarcástica y sus ojos verdes como el mar te enamoraba pero su personalidad te remataba, siempre era amable con todas a excepción de cuando se enfadaba que dejaba de ser un perfecto ángel para ser un pequeño diablillo, a veces cuando ella se enfadaba agua brotaba, se podían escuchar truenos y juraría que una vez vi a un fantasma. Ella se preocupaba por los demás, cuando un niño lloraba ella se encargaba de consolarlo, era muy leal a la gente que quería además de que era muy inteligente.
Pero lo mejor de la niña era su madre, Annabeth Chase, era la famosa arquitecta creadora de la famosa empresa arquitectónica de Olimpia, se notaba que la niña había heredado mucho de su madre, tenían el mismo pelo rubio, la misma piel bronceada y la misma inteligencia, las únicas diferencias eran la sonrisa, la sonrisa de Annabeth era dulce y sus ojos eran grises cual tormenta.
Enseguida el día había acabado y los padres venían a recoger a sus hijos.
Y como siempre Lucía era la última en ser recogida.
Su madre trabajaba mucho, y por ello solía llegar tarde a recogerla, la escuela entendía eso y porque ella era un ejemplo para que las chicas supieran que ponían triunfar en el mundo laborar.
Yo pensaba que ella era soltera, pues ya estábamos en el segundo trimestre y nunca he visto al padre de Lucía.
Lo único que sé del padre es que tiene que tener unos ojos verdes como el mar y una sonrisa sarcástica.
Si tuviera una mujer como Annabeth créeme que nunca me apartaría de ella, además de que tampoco me despegaría de una niña tan buena y preciosa como Lucía, que injusta era la vida.
Como le daba a alguien que no quería una mujer preciosa y una hija maravillosa que no merecía y a mí un chico humilde que ha estado toda su vida queriendo formar una familia le deje solo.
-Hoy tú madre vine más tarde que de costumbre- dije.
-Hoy creo que tenía no sé qué cosa importante que hacer- murmuro la Lucía frunciendo el ceño intentando recordar que era exactamente lo que su madre le había dicho.
Adorable, esa era la palabra que mejor la describía.
-Voy a llamar a tu madre para ver qué pasa.
-¿Es que te molesto?
-No, tú nunca me podrías molestar- le acaricié la mejilla- pero es que no te puedes quedar todo el día en el colegio, tendrás que estar con tú madre.
-¿Te sabes su número? Porque yo sí, mami me dijo que tenía que aprendérmelo por si alguna vez me perdía.
Encima era buena madre, lo tenía todo.
Marque su número en mi teléfono y enseguida me contesto.
-¿Diga?
-Soy el profesor de Lucía- informe- ya son las tres y no han venido a recogerla.
-Perdón, no sé me ha olvidado, lo juro, le pedí a la escuela que si podría llevarme a mi hija a casa porque tengo un proyecto muy importante, además que la niñera me ha fallado y no puedo dejar solo a Luke.
¿Luke? ¿Quién era Luke?
-Tranquila, yo mismo puedo ir a llevarla.
-Muchas gracias, podría invitarle a comer por las molestias.
-Si insiste me encantaría.
-Pues les veo luego.
Sonreí, este era el primer paso para ser el padre de Lucía.
-Te llevare a tu casa- le sonreí a la pequeña.
Nos montamos en el coche y me dirigí a la casa de mi amada, la sabía porque había leído el expediente de Lucía unas cientos de veces.
Su casa era enorme, se notaba que a la hora de diseñarla su madre había tenido mucho que ver.
Toque la puerta y Annabeth me recibió.
-¡Mami!- la niña se lanzó a los brazos de su madre.
-Hola cariño ¿qué tal el día?
-Bien- sonrió y enseguida corrió a lo que creía ser el comedor.
-Gracias por traerla, por favor sígame.
-De nada- sonreí.
En el comedor puede ver un parque para bebes, y dentro había un pequeño niño de unos cinco o seis meses.
-Ese es mi hijo Luke- señalo al pequeño bebe también rubio como su madre.
Así que por el bebe deduje que había roto con su marido hace poco, me podría aprovechar.
-Es muy guapo- sonreí.
Era cierto el bebe era encantador, tenía los ojos castaños y aparte del pelo y la sonrisa, no se parecía a Annabeth.
Enseguida nos sentamos en la mesa a comer, como era de esperar Annabeth tenía servicio y preparaba un bacalao buenísimo.
Oí como abrían la puerta.
Delante de mí apareció un hombre, tenía el pelo negro azabache, era musculoso, supe quien era por sus ojos verdes como el mar.
Ese chico era el padre de Lucía.
Lo primero que hizo fue abrazar a la pequeña, que estaba muy contenta por la presencia de su padre.
Luego cogió al bebe en brazos, y beso su mejilla y con todavía el bebe en brazos le dio un casto beso a Annabeth en los labios.
-Perdón por llegar tarde pero hemos encontrado una nueva especie de pez- se disculpo.
-Da igual, puedes unirte a nosotros para comer- Annabeth sonrió.
-No, ya he comido en el trabajo, además quiero estar un poco con mi hijo.
-Vale.
-¿Quién es el chico?
-Es el profesor de Lucía, me hizo un favor al traerla.
-Muchas gracias- Percy me dio una sonrisa sarcástica, igual a la de su hija.
-De nada, yo ya me iba- y salí pitando de la casa.
Yo no era nadie para destruir una familia tan bonita, Percy no era tan mal marido y padre como pensaba.
