Te voy a ganar y lo sabes, solo me queda otro capítulo, esta mini historia está situada después de la guerra contra Gea.
PD: ¿Yo he dicho alguna vez que los personajes son míos?
Punto de vista de Roger
Estaba en mi clase, esperando a que los alumnos entraran por la puerta.
Yo me dedicaba a dar clases de cocina y hoy empezaríamos con unos diez alumnos. Pocos, lo sé, pero pronto se apuntarían más por mis artes culinarias.
Yo había estudiado en la mejor escuela de cocina del país, ¿cómo había acabado aquí? Pues había acertado la oferta que me habían hecho de dar clases para empezar practicando en las vacaciones de invierno, ya que después de eso iba a ser un pinche de concina de un gran cocinero.
Estaba ansioso y nervioso a la misma vez.
Nunca me había imaginando dando clase, de pequeño odiaba con toda mi alma a los profesores, me pasaba los días atormentando a los pobres, y por ello me habían echado de varios colegios, de pequeño era un caso.
Ahora era tranquilo y solucionaba mis problemas hablando, antes no se podía estar quieto en ningún sitio, siempre tenían que hacer lo que él decía, eran bastante travieso y a la mínima provocación ya me liaba a golpes.
Definitivamente me había calmado de mayor, la madures me había sentado muy bien.
Por la puerta fueron entrando poco a poco los alumnos.
Habían entrado ocho en total, seis chicas y dos chicos, y parecía que los habían obligado a venir, pues uno se quejaba de que su madre lo hacía para molestar y el otro se quejaba a la chica pelirroja que tenía al lado, y después me entere que era la hermana.
Iba a comenzar la clase cuando un chico apareció.
Él tenía el pelo negro como el azabache, era musculoso pero no demasiado, sonreía pidiendo perdón, su sonrisa era sarcástica, pero lo que más me sorprendió fueron sus ojos verdes como el inmenso mar.
Todas las chicas suspiraron, vaya, era el típico chico rompecorazones por las que todas suspiraran.
Se habría apuntado aquí para ligar.
-Hola- se presento- soy Percy Jackson.
Las chicas le sonrieron pero Percy simplemente frunció el ceño.
-¡Qué guapo es!- oí como la chica pelirroja decía.
-Pues a mí me parece un egocéntrico- gruño el hermano de la chica.
Percy estaba llamando por teléfono.
-¿Dónde estás?- miro a la clase- aquí no estás así que ni se te ocurra mentirme, más te vale que estés aquí rápido, sí, tienes que venir.
Colgó el teléfono, parecía enfadado y no dejaba de mirar a la puerta.
-Mira encima es borde- le dijo el chico a su hermana.
-Pero está bueno- le quito importancia la chica.
De repente una chica entró en la clase.
Mi corazón se aceleró, era hermosa.
Su pelo era dorado como el oro, lo tenía recogido en una coleta alta y varios rizos se le escapaban, su piel estaba perfectamente bronceada, pero como en el caso del chico, lo que más me impresionó fueron sus ojos, eran grises cual tormenta, eran calculadores y parecía que te estaba observando para ver la mejor forma de tumbarte.
Inmediatamente todos, a excepción del pelinegro, se sonrojaron y miraron a la hermosa rubia.
-Es hermosa- murmuró el chico.
-No es para tirar cohetes- gruño su hermana.
-¡Aleluya!- Percy se acercó a la chica- pensé que no ibas a venir.
-No lo iba a hacer, pero Thalía me arrastro hasta aquí- la chica se encogió de hombros.
-Annabeth…- le reprendió Percy.
-Yo no estoy hecha para la cocina- afirmó Annabeth- la última vez que intente preparar algo le prendí fuego.
-Por eso estamos aquí, para aprender- sonrió dulcemente Percy a Annabeth.
Ella rodo los ojos.
Los dos se colocaron en sus sitios.
-Chicos, hola soy vuestro profesor y hoy aprenderemos a freír un huevo.
Todos asintieron entusiasmados.
La pelirroja levanto la mano.
-¿Y los que ya sabemos?
-Pues perfeccionáis la técnica, la cocina es un arte, además poco a poco pondremos más dificultad a los platos.
Empezaron con poner el aceite en la sartén, todos lo hacían bastante bien.
Menos Annabeth, ella todavía no había puesto su aceite, es más creo que estaba intentado obligar al pobre Percy a ponérselo.
Vio como la rubia le susurraba algo al oído.
-No te atreverás- dijo Percy y ella solo sonrió.
Percy puso el aceite en la sartén de Annabeth gruñendo.
-Ahora vamos a poner el huevo- mostré como partía el huevo y lo colocaba en la sartén- es normal que el aceite chisporrotee.
Los alumnos comenzaron a hacer lo que les había dicho, pero como para algunos era la primera vez les costaba, me sorprendía que Percy fuera tan bueno en la cocina, enseguida había partido el huevo y eso que aseguraba que no tenía experiencia, por otro lado a Annabeth no se le daba también.
-Si quieres te ayudo- me ofrecí y ella asintió y me devolvió la sonrisa.
-El estúpido de mi novio no quiere.
-Si no vas a cocinar ¿por qué te apuntaste a un curso de cocina?- pregunté curioso.
-Percy me obligo- se quejo- dice que así haremos más cosas juntos y que así si estaba sola en casa y tenía que preparar algo no le prendería fuego.
Reí.
-¿Tan mala eres?
-No estoy hecha para la cocina.
-¿Y entonces para qué?
-Los libros, leo sin parar me encanta, además de que también estoy hecha para el estudio nunca en mi vida he sacado una nota inferior a un diez alto, tengo el mejor promedio de mi instituto.
Le di mi mejor sonrisa.
-Ahora solo hecha el huevo a la sartén le animé.
Once minutos más tarde los bomberos ya habían extinguido el incendio.
Sin duda alguna Annabeth no estaba hecha para cocinar.
Después de una larga charla con el director de donde impartía las clases, le había comunicado a la rubia que no podía seguir tomando su clase.
Y ella simplemente asintió sin perder la sonrisa.
A la clase siguiente Percy no apareció.
Necesitaría un extintor si quería que Annabeth cocinase.
