¡Hola! Vengo con el capítulo tres de esta historia, antes de empezar quiero agradecer a la bella Katra Belikov por ese comentario tan mono que me dejó, me subió bastante el ánimo. Igual agradezco los favs y follows. Sin más que comentar espero disfruten la lectura, sólo nos queda un capítulo más.

Disclaimer: Ace of Diamond no me pertecene, es propiedad de Terajima Yuji-sensei. Yo sólo utilizó sus sensuales personajes para divertirme(?)

Advertencias: OCs, posible OOC y mucho drama(?)


Perfect Plan

Capítulo 3

La verdad y nada más que la verdad


Flasback

—Rillene, cariño, ayúdame con esto por favor. —Un hombre anciano de sonrisa amable le pasa una caja a una pequeña niña.

Acaban de mudarse a ese nuevo vecindario y tienen que acomodar todas sus pertenencias en el departamento que han conseguido arrendar. Atrás quedaron los días en el campo, donde eran libres y podían respirar aire fresco, puro, el aroma de las flores y escuchar con claridad el cantar de los pájaros.

—¿Dónde la coloco, abuelito?

—Por aquí. —Le señala una mesita esquinera al fondo de la habitación. Con la pensión que tiene y lo que obtuvo de la venta de la granja de cerdos que tenían, ha conseguido matricular a su nieta en una buena escuela en la ciudad.

Definitivamente no quiere que el único pedacito que conserva de su joven hija tenga un futuro tan desalentador como el suyo, quiere que conozca el mundo y se abra paso por el camino que ella misma elija; ahí en el campo sólo tenían un par de vecinos y ni una amiguita con la cual jugar. Además, siendo un hombre anciano y solitario, no puede trabajar de sol a sol como antes, así que prefirió despedirse de su antigua vida y traer a su nieta a la ciudad.

—Mañana inician tus clases, ¿quieres que demos una vuelta por el vecindario?

Rillene asiente y esboza una tímida sonrisa, toma la mano que su abuelo le ofrece y lo sigue para iniciar el paseo. Las callejuelas de esa parte de la ciudad se hacen cada vez amplias conforme avanzan, dando paso al centro bullicioso y repleto de comercios de chucherías. Un helado con este clima tan cálido, le caería perfecto a su infantil paladar pero sabe, a pesar de su corta edad, que no tienen mucho dinero para gastar y prefiere no molestar pidiéndolo.

Pasan por la que será su nueva escuela, tan grande y bonita que parece salida de un cuento de hadas y aunque todavía no comprende cómo es que alguien como ella, tan simplona, va a estudiar ahí, no puede evitar sentirse feliz.

—¿Qué están haciendo, abuelito? —Se detiene para observar a unos chicos en un campo de tierra.

—Están entrenando, son jugadores de beisbol. —Sonrió con nostalgia. Todavía recuerda su juventud cuando se escapaba con sus amigos para echarse un juego rápido mientras soñaban que las bolas llegaban hasta la luna.

De repente una bola rápida se desvía de su trayectoria y amenaza con golpear a Rillene, quien la esquiva por muy poco y se echa a llorar.

—¡Lo sentimos mucho! —Gritan desde el campo mientras uno de los chicos corre por la pelota.

El chico que ha venido es pequeño, mucho más bajito que Rillene así que ella intuye que ha de ser menor. No puede enojarse con alguien que es más pequeño que ella, eso es lo que siempre le decía su madre.

—Lamento lo que pasó, mis senpais son algo lentos para atraparlas. —Le habla confianzudamente con la bola entre sus manos. Lleva una gorra color azul y lentes de pasta gruesa. Luce muy alegre, tanto que Rillene piensa por un momento que brilla más que el propio sol.

—No hay problema, jovencito. Sigue esforzándote y mantén ese ímpetu, serás un gran cátcher algún día. —Había visto algunas de sus jugadas antes del incidente y no cabía duda que el chiquillo tenía talento y sobre todo, un corazón entregado al beisbol.

El niño sonrió tremendamente feliz. Que un desconocido le dijera eso era porque seguramente había notado algo en él. Algo especial.

—¡Me esforzaré, ojii-san! —Y regresó al campo, no sin antes dedicarle una última sonrisa a la niña que lo miraba fascinado.

El colegio no había resultado ser tan bueno o tal vez fueron las niñas de clase quienes le hicieron pensar así al decirle que no la querían cerca porque apestaba a chiquero de puerco. Así que ahí estaba sola en el jardín de la escuela comiendo un onigiri e intentado no llorar.

—Hola.

Una voz amable llegó hasta sus oídos. Era una chica un poco más alta que ella, de cabello largo y castaño y ojos del color del cielo que le daban apariencia de ser una muñequita.

—Voy a sentarme aquí. Tengo galletas de chocolate, ¿quieres una?

Y así es como Ro y Rillene habían empezado a ser amigas. Ro era la clase de chica que se enfadaba demasiado cuando veía una injusticia y en más de una ocasión había defendido a Rillene de aquellas chicas que le causaban problemas. Claro que la pequeña Ri tampoco se quedaba muy quieta y no perdía la oportunidad de defenderse ella misma cuando podía.

—Otra vez estás aquí. ¿Qué tanto miras?

Ro se detuvo junto a su amiga que no despegaba la vista de los chiquillos que jugaban en el campo de beisbol.

—¿Te gusta alguien? —Dijo en broma.

—Sí.

—¿Eh? —Los colores se le subieron al rostro. No imaginó recibir una respuesta afirmativa.

—El cátcher, Miyuki Kazuya.

—Ya… ¿en serio?

—Mucho. Es brillante…como un sol. Quiero ser su amiga.

—Ah…ya… creí que te gustaba de otra forma. Ya sabes, como de n-novios.

—¿Novios? —Rillene ladeó la cabeza. A ella le gustaba mucho ese chico, lo observaba cada que podía y le parecía tremendamente agradable. Irradiaba mucha fuerza, pero….

—Dijiste gustar, los que se gustan son novios.

—Gustar…me gusta como los gatitos, los cerditos y las estrellas. —Acostumbrada como estaba a la soledad del campo, no conseguía diferenciar ambos conceptos.

Ro se echó a reír y le palmeó el hombro a su amiga. Era más que obvio que ese chico Miyuki le encantaba y no como los gatos, pero dejaría que ella misma lo descubriera. No fue hasta el último año de primaria cuando Rillene se percató que aquella opresión en el pecho que sentía al verlo no era otra cosa más que amor.

—¡Date prisa, Ro!

En ese entonces Miyuki parecía no darse cuenta de había alguien siguiéndolo a todas partes, no exactamente todas, pero sí las suficientes como para que cualquiera pensara que tenía una admiradora de esas que saben todo acerca de ti. Pero se equivocaban si apostaban por eso.

¡Claro que lo sabía! Era tan consciente de ello que incluso la buscaba con la mirada en cada uno de sus juegos, se había convertido en algo así como su amuleto de la suerte. Definitivamente era muy agradable que alguien lo observara y apoyara. Incluso pensó en obsequiarle algo pero eso sería extraño y muy directo tomando en cuenta que ni siquiera estaban en la misma escuela o habían cruzado más palabras que aquellas del incidente.

—¿Y esto? —Miyuki se topó con un pequeño paquete color bermellón coronado con un lazo enorme descansando sobre su maleta— Sería posible que…. —Abrió la cajita con cuidado, topándose con un brazalete tejido del cual pendía un bonito dije con forma de guante de cátcher. Los colores azul y blanco resaltaban dándole un toque juvenil. También había un diminuto papel que decía:

Esfuérzate

Miyuki escondió tras los lentes la mirada desconcertada, pero no pudo hacer lo mismo con el tinte carmín de sus mejillas.

—¡Kazuya! —Mei Narumiya, amigo suyo desde hacía un par de semanas, apareció justo detrás.

—Ah, Mei.

—¿Qué clase de saludo es ese? —El rubio hizo un puchero y golpeó el piso con la punta del pie—¿Y eso? —Sin preguntar le arrebató el brazalete para observarlo mejor—¡Es injusto! ¡Seguro que has pillado novia antes que yo!

—¿Eh? Q-qué cosas dices…

—Mira nada más…esto lo hizo alguna chica poniendo todo su amor en él.

—Tonterías, Mei. Seguro a alguien se le cayó por accidente aquí.

—¿No será que tienes miedo de que alguien guste de ti? —Usando ese tono serio en la voz el aura de Narumiya imponía respeto—Yo admito que ya me gusta alguien.

—Tenemos doce años….

—¿Y? Nadie va a impedirme que sea mi esposa cuando sea mayor…como a los dieciocho.

—No serás demasiado mayor aún.

—¡Cállate! —Quizá era cierto, pero lo veía tan lejano que le parecía que a los dieciocho sería un anciano.

—¿Y qué si tal vez si me gusta alguien?

Vaya…esas sí eran palabras mayores, sobre todo viniendo de él. Mei se tensó y no supo que responder.

—Mei… ¿Qué pasaría si te digo que creo que ya sé quién es la chica que te gusta?

— ¡¿Lo sabes?!

—Sí, pero no te lo diré gratis. —Canturreó—Algún día te pediré que me devuelvas el favor y no podrás negarte.

—¡Haré lo que sea!

Miyuki sonrió y le soltó el nombre de la delicada damisela, como Mei la llamaba, que le había causado tremendo chichón en la frente unos años atrás. Igualmente empezó a contarle cierta idea que había empezado a maquinar desde tiempo atrás.

—Suena simple…pero ¿crees que ellas no se den cuenta?

—¡No lo harán! Lo único que tenemos que hacer es que ellas mantengan la mirada fija en nosotros, resaltar tanto como podamos y crear las oportunidades perfectas.

—¡Cierto!

Así es como había empezado la operación Osito Gominola, Mei la nombró así porque tenía un antojo enorme de esos ositos de goma.

No fue casualidad que Mei, la estrella del equipo, secundara la propuesta de aquella chica nueva para ser mánager en Inashiro, un equipo que sólo admitía mánagers masculinos para vigilarla mejor y comentarle a Kazuya sobre sus gustos y aficiones. Tampoco fue cosa del destino que Rei-chan le pidiera a Ro ir por esos uniformes nuevos, sino que casualmente Miyuki se sintió indispuesto para hacerlo y sugirió a la chica como suplente.

Ya hasta habían perdido la cuenta de las veces en que torcieron el destino a su antojo para toparse con ellas o mirarlas un momento.

End Flashback


—Siempre lo supiste…—Ro, sentada en una banca del parque de diversiones, bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas.

—Sí. Siempre…pero…¿cómo debería decirlo?...no tuve el valor para decirlo antes.

—Nunca fue mi intención matricularme en Seido, quería asistir a Inashiro para estar contigo, para mirarte aunque sea de lejos y apoyarte como mánager del equipo.

—¿Y qué pasó?

—Mi papá dijo que Seido era mejor porque había estudiado ahí, no escuchó mis ruegos y terminó por inscribirme en su ex escuela.

—¿Y Rillene?

—Su abuelo enfermó e Inashiro era la más cercana a su casa, así que la decisión era obvia. Ni siquiera lo pensó, simplemente se anotó ahí para presentar el examen y obtuvo la beca. Debiste ver su cara cuando supo que no podría estar en la misma escuela que Miyuki-senpai, estaba devastada…lo estábamos. Fue ahí cuando decidimos ayudarnos mutuamente.

—Kazuya siempre lo supo, siempre estuvo al tanto de que era ella quien le mandaba todos esos obsequios y….¡Oye, yo no he recibido ni un solo regalo de tu parte! ¡Te exijo que hornees unas galletas para mí ahora mismo!

—Te compré un algodón de azúcar. Sé feliz.

—Eso no compensa todos estos años. Merezco algo mucho mejor.

—B-bien…te herviré un vaso con agua entonces y le echaré una bolsita de té de canela…

—¡¿Qué?!

—No sé hornear galletas.

Mei se sentó a su lado y se recargó sobre su hombro.

—Entonces bésame. Con eso me harás feliz.

Ro se levantó de golpe, provocando que Mei tambalee. ¿Besarlo? Ese rubio sí que era un descarado. ¿Cómo iba a besarlo si no eran novios ni nada? Apenas acababa de descubrir que ella le gustaba y le pedía esto.

—Está bien, pero cierra los ojos.

Mei obedeció sin creerse todavía que ella aceptara. Juntó las manos entrelazando los dedos muy nervioso. Ese sería su primer beso, seguramente iba a ser inolvidable. Ro se paró frente él, que permanecía sentado en la banca, e inclinándose un poco posó los labios justo en su frente.

—Listo. Un beso. ¿Estás feliz?

—¡E-eso no cuenta como beso!

—Pediste un beso y te lo di, no especificaste en dónde así que no me culpes.

—Tch…eres peor que Kazuya y esa mujer loca. Ellos son tal para cual.

—¿Y nosotros? —Preguntó con un sonrojo.

—Te estuve persiguiendo desde que me golpeaste con una pelota… ¿dudas que lo seamos?

Esa respuesta la hizo sentirse muy feliz. Era verdad, no tenía por qué dudar de las palabras del rubio y de los sentimientos que ambos tenían. Si aún no tenían un nombre era porque no era el tiempo, pero sería éste quien se encargaría de unirlos o separarlos definitivamente.

—Miyuki- senpai…él…¿hablará con Ri?

—Kazuya es…—Se rascó la cabeza y luego la echó para atrás—No puedo decir que , de la misma forma en que no puedo decir que no. Es asunto de ellos dos.

—Pero...nuestro plan iba a dar como resultado que se confesaran ambos.

—¿Recuerdas que dije que Kazuya me pidió algo a cambio de decirme quién eras? —Obtuvo un asentimiento—Pues ese algo fue no interferir. Me conoce bien y te conoce bien, así que lo único que quería era poder seguir a su ritmo, hablar con ella cuando estuviera listo para no asustarla o darle una respuesta confusa.

—Ya veo…aun así, Ri…¿Cómo voy a contarle que me siento feliz?

—Ella lo entenderá, lo presiente. Tiene la cara de tonta pero es muy lista.

—¿Y si alguien le toma la delantera a Miyuki-senpai? Quiero decir que tal vez hay alguien interesado en ella y eso podría ser una desventaja para él.

—¿Qué dices? —Mei se puso de pie y la miró serio. Que hubiera otro chico en la jugada era un problema. Una variable que ni Kazuya ni él consideraron.

Ro le dio la espalda fingiendo pena cuando en realidad sólo intentaba ocultar su risa. Ese jueguito de los planes malignos podían jugarlo entre tres y si Miyuki-senpai creía que iba a dejarlo ir así como así, libre de todo esto, estaba muy equivocado.

—Por favor, no le digas a nadie que te conté que Ri tiene un pretendiente. ¡Mucho menos a Miyuki-senpai! Si él te pidió no interferir es porque sabe que esto podría pasar y ha de tener un plan de reserva.

Mei asintió solo por darle el gusto, pero claro que iba a contarle todo a su amigo castaño. ¡Pero si estaban a punto de robarle a la no novia! Definitivamente no podía quedarse cruzado de brazos.

—Tampoco le cuentes que es…es…es Chris-senpai ese pretendiente.

Ahora sí no había marcha atrás. Si tenía que arrodillarse en el piso a suplicarle a su senpai que le siguiera el juego, lo haría sin pensarlo.

—¡¿Ese hombre perfecto?! —Mei gritó mientras se halaba el cabello. Ahora sí que Kazuya estaba en problemas.

—Sí, el mismo con cara de ángel.

¡Oh, Dios! Si estás ahí en el cielo sé cómplice de esto por favor y no permitas que nos descubran, pensaba Ro.


Gracias por llegar hasta aquí. ¡Nos leemos pronto!