Primero que todo, muchas gracias por sus comentarios, sus follows y sus favorites :3 en verdad se les agradece (corazóngay)
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"Siempre a tu lado"
Capítulo 2: Sólo por curiosidad
Unas horas pasaron, y el pequeño Eren regresó a casa. Abrió la puerta y entró frotando sus manos enguantadas.
— ¡Señorita Hanji, ya estoy de regreso! —Anunció mientras se sacaba el abrigo y lo colgaba en el perchero de madera.
Avanzó por la vivienda, pasando de largo la pequeña entrada y adentrándose en el salón principal donde solo había un sillón, la chimenea (encendida) y una que otra mesita de adorno con un jarrón con pequeñas flores que se iban poniendo un poco marchitas por la fría estación. Eren echó un vistazo a la cocina pero no había nadie. Comenzó a pensar que seguramente la señorita Hanji estaría aún con el ángel.
Dando pequeños saltitos de emoción, fue directo a su habitación donde ahora residía su nuevo invitado. La puerta estaba abierta, así que, con los pasos más lentos y silenciosos, se fue acercando hasta quedar en el umbral, donde se apoyó y echó un vistazo dentro del cuarto. Vio al ángel sentado en un costado de la cama con una mano en su hombro, tratando de moverlo. Como estaba sin camiseta, notaba como sus músculos se tensaban al tratar de hacer un movimiento, también notó que hacia una mueca de dolor al hacerlo y, sus alas, tan negras y quietas como siempre, se movieron un poco cuando lo vio hacer el gesto. Eren hizo una mueca y le dio un escalofrío al ver cómo el mismo ángel se provocaba dolor.
—N-No lo hagas…—susurró Eren.
Levi giró su atención a él, un poco sorprendido al verlo parado allí con un poco de nervios. El pequeño trataba de mirar hacia otro lado, pues no le agradaba ver el dolor de las personas. Nunca le agradó. Levi baja su brazo lentamente hasta dejarlo reposar sobre la cama pero sin apartar la mirada del mocoso que se encontraba menos incómodo que antes. Según había escuchado de la mujer, su nombre era Eren Jaeger. Desde la perspectiva del ángel, este niño parecía agradable, tierno, tímido y un poco educado. Jamás había visto a los niños humanos; lo único que sabía de ellos es que cargaban tanta inocencia que podían ver a los ángeles.
—Disculpa…pero no es bueno hacer eso cuando se está herido…—habló el niño en voz baja pero audible para el ángel.
Solo estaba entumido, pensó Levi un poco encantado con la actitud de preocupación del pequeño.
Ambos escucharon unos pasos aproximarse. Eren le sonrió a Hanji en cuanto la vio detenerse a su lado un poco confundida.
—Ah, no te escuché entrar, Eren —dijo ella. Eren negó con la cabeza.
—Está bien —respondió tranquilo.
El ángel notaba que estas dos personas se llevaban bien entre sí, parecían tener una buena relación. Parecían casi una familia.
Hanji le puso una mano en la cabeza al pequeño para quitarle unos copos de nieve que traía, luego le sonrió y le puso la otra mano en el hombro para mirarlo con un poco de tristeza e inseguridad.
—Al parecer nuestro invitado no estará mucho tiempo con nosotros —dijo ella—. Permanecerá aquí hasta que se recupere totalmente de sus heridas.
Eren hizo una mueca de disgusto.
—P-Pero…—trató de articular pero Hanji arqueó una ceja, haciendo que callara de inmediato.
—Ya está decidido, Eren —trató de sonar suave, pero le fue imposible.
Y el pequeño no tuvo otra opción que resignarse, pero no sin antes echarle una última mirada al bello ángel que seguía sin mostrar una nueva expresión aparte de la seriedad. Hanji sonrió para sus adentros al ver la obediencia del niño. Eren iba a salir de la habitación, pero recordó algo importante. Con sus ojos confundidos y un poco de nerviosismo, volvió a dirigirse a Hanji, que lo miró expectante.
—H-Hanji… ¿y dónde dormiré yo…?
La mujer alzó ambas cejas, sorprendida ante la pregunta que resultaba un poco obvia. Es cierto, como el ángel ocupaba la habitación del pequeño, ¿dónde se supone que dormiría Eren? Claro que ella le ofrecería un espacio en su cama también, pero por otra parte quería saber qué era lo que el ángel miraba tanto en el niño. Como no había dicho palabra alguna desde que despertó, no podría saberlo. Estaba a punto de decirle a Eren que compartiera habitación con el ángel, pero también le daba un poco de miedo lo que podría pasarle si el ángel caído resultaba agresivo.
Toda ciencia tiene sus riesgos.
Se acomodó las gafas y sonrió sádica mientras tomaba a Eren por los hombros y lo empujaba hacia el costado contrario de la cama donde estaba el ángel. Levi solo los miraba en silencio, sin saber qué pensar exactamente de las acciones de la extraña mujer.
—Mira, Eren, podrías dormir aquí junto a él —dijo ella sin dejar su sonrisa. Eren se estremeció un poco pero luego formó una pequeña sonrisa.
—Señorita Hanji…no creo que a él le agrade…—dijo en voz baja. Levi se sorprendió pero no dijo nada, como siempre. De hecho solo se sintió un poco mal al hacerle entender al niño una cosa falsa como esa. No quería hacerlo sentir mal, solamente porque aún era un niño libre de males y cargado de hermosa inocencia.
—Ya deja las formalidades —regañó con una risa—. A él no parece que le desagrades, mira —lo señaló—. A él no le molesta nada.
Se quedará de todas formas, pensó Levi, pero sin rencor o disgusto. Apartó la mirada para volver a ver la ventana, donde la nieve caía pero más lenta que antes. Escuchó la risa del pequeño, un poco nerviosa pero le restó importancia.
Comenzó a asimilar lo que la mujer le había comentado cuando el pequeño salió. No dijo mucho, pero ella si dijo todo lo que debía decir para que aceptara vivir con ellos de cualquier manera. Aún recordaba esas palabras, que al escucharlas, sintió enojo pero también calma y curiosidad.
Se quedaría por ahora, sólo por curiosidad.
—P-Pero…—trató de decir Eren pero Hanji negó con la cabeza—. Señorita Hanji…
—Sin peros, pequeño —dijo firmemente—. No quiero que duermas en el sofá con este clima.
—Bueno…—se rindió el castaño.
El ojiverde miró al ángel con un poco de temor. Antes pudo haber estado muy emocionado con tenerlo a su lado, pero ahora le daba un poco de miedo dormir esta noche con él. De hecho sentía muchas cosas a la vez, emoción, miedo, ansiedad. Iba a estar cerca de un ángel, una criatura de los cielos que se considera muy pura, seres que te cuidaban desde arriba, velando por tu seguridad y acompañando a las personas muertas a su tranquilo letargo. Y quizás este ángel resultaba más especial por tener alas de un color distinto.
—Eren, ¿ya terminaste tu tarea?
Eren, saliendo de sus pensamientos, siente la piel de gallina al escuchar esa pregunta. Mira a la mujer un poco nervioso.
—Eh…No…
Hanji hace una mueca.
— ¿Y qué haces aquí parado, ah? Ya estuvieras buscando tus libros y cuadernos… ¡Ah, no! No me mires con esa carita, mejor ve a hacer tus deberes —le señala el escritorio que había a un lado de la puerta del cuarto, que tenía cuadernos desordenados encima—. Ahora, jovencito.
—De acuerdo —dijo frunciendo el ceño y sentándose sin cuidado sobre la silla frente al escritorio. Hanji suspiró con resignación. La actitud del pequeño era algo que dejaba mucho que desear, en especial cuando estaba molesto.
—Haz toda tu tarea y no dejes nada pendiente —le recordó. Eren suspiró con molestia y de forma exagerada. Hanji solo guardó silencio y salió de la habitación sin decir nada más.
Eren volvió a suspirar con disgusto y comenzó a remover los cuadernos que había sobre el escritorio. El ángel veía al niño que estaba de espaldas a él sentado en esa silla. No comprendía del todo el por qué una mujer humana adulta podía ver a los ángeles. ¿Acaso sería tan pura de corazón? ¿O alguna otra clase de magia? No podría saberlo, y tampoco preguntaría aunque lo carcomiera la curiosidad. Ya había decidido que no hablaría con ninguno de ellos, solo se limitaría a ser un espectador silencioso de su día a día para ver cómo viven estas criaturas llamadas humanos.
Y bueno, queridos lectores, ¿Qué les ha parecido en esta ocasión? :3
By: Dazo & Karin.
