Hola, se que dice que lo iba a publicar en Mayo, pero como saben no soy buena con eso de seguir fechas.
"Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo."
-Franz Grillparzer
El sol comenzaba a asomarse por las fronteras del Este, siendo siempre este reino el primer en tener luez, trayendo con él la luz del día.
Sin embargo en el castillo del Norte desde horas antes de que el sol se levantara, ya había movimiento, la luz no era indispensable para su gente. Ese día el palacio debía ser limpiado completamente. Las 2 mucamas mayores se hacían cargo de revisar que las sirvientas y los esclavos hicieran bien su trabajo.
Imo, el porquerizo trajo esa mañana a sus 7 mejores cerdos. Todos ellos gordos y rebosando de carne. Orlon, el carnicero trajo consigo 20 reses, todas ellos hembras y vírgenes aún. En el reino del Norte se creía que la mejor carne era aquella que aún no había sido amancillada. Los agricultores habían llevado su mejor cosecha, dando así un tributo no pedido a sus reyes.
En el centro del castillo se encontraban 3 recamaras pegadas. La primera pertenecía al príncipe Itachi, conocido por todos por su gran fuerza y humildad. Un hombre fuerte, de pies veloces, antes él era el sucesor de la corona, sin embargo ahora era diferente. Nadie sabía el porqué del rechazo la corona, pero parecía que al actual rey no le importaba o simplemente respetaba la decisión del príncipe, aquellos que tenían contacto cercano con el príncipe lo veían mas feliz y con ojeras menos pronunciadas, lo cual alegraba el corazón de todos.
La segunda recamara le pertenecía al actual rey. Tiempo atrás era compartida con la difunta reina sin embargo tras su muerte, nadie ni los propios hijos del rey podían pasar. Ese lugar era sagrado para toda la familia y nadie podía entrar. Había ocasiones en las que ni el mismo rey entraba, el recuerdo de su difunta esposa era demasiado para el pobre rey. El rey cada ves envejecía mas y ya no podía con el peso del reino, había dejado de ser el gran rey que una vez era temido por todos, ahora solo era un viejo hombre que había perdido una de las cosas que mas amaba y sin embargo seguía agradecido con las deidades por haberle dejado a sus dos sucesores con vida.
La ultima recamara pertenecía al menor de los Uchihas. El joven príncipe que era conocido en estas tierras y en las lejanas por su perfección que asimilaba a la de un dios, aunque no era la mejor de sus cualidades, lamentablemente la mas recordada. Él sería dentro de unos días el soberano de las tierras del Norte, sin embargo para eso debía casarse antes con una princesa, según dictaba la tradición.
El joven Sasuke no podía soportar a las princesas de otros reinos por ser tan delicadas y molestosas como el solía decir, pero sabía que el rey solo se podía casar con una mujer de la realeza y nada menos. Lo que le atormentaba era que no supiera reconocer a su consorte entre las mujeres que irían ese día. Este pensamiento jamás dejo al joven príncipe desde hace dos semanas.
El Rey fue el primero en levantarse y dirigirse a su trono en donde recibió a las amas de llaves que le informaron sobre la situación de los arreglos para ese día.
-Todo parece perfecto, padre- Itachi se acercaba a su padre con la elegancia que lo hacía tan conocido.
-Lo sé, ¿Dónde se encuentra tu hermano?- El rey busco con la vista a su joven hijo mas no lo encontró.
-Aún se encuentra en su habitación y no creo que lo veamos hasta que sea la hora- Itachi vio por uno de los ventanales como el porquerizo batallaba con uno de los cerdos que no deseaba entrar a la cocina- Me informo que saldría que no deseaba que lo molestara…
-Lo se –Fugaka vio como la luz iluminaba el gran salón de presencia en donde recibía información de la situación del reinado. Era una sala muy iluminada con una gran puerta al frente del Rey. La sala se encontraba apoyada en unos gruesos pilares, decorados con ornamentos de bronce y oro. El trono del Rey se encontraba sobre una plataforma, decorado por colchones rojos y decorados con hilos negros, e hilos de plata. El contorno del trono era completamente de oro y plata, una reliquia obsequiada por el primer rey del sur al rey del norte sellando así un pacto no solo entre países sino también entre familias- Hijo, sé que algo perturba tu mente y tu corazón, se podría saber ¿qué es?
-Padre, mi hermano merece ser feliz.- Sus ojos se dirigieron hacia el Este por donde el gran astro rey había salido- Se que renuncie al trono por motivos egoístas y ahora me arrepiento, mi hermano es aún demasiado joven para el peso que se le esta dejando. Debía de ser yo...
-Hijo mío, de eso no te debes de preocupar- Fugaka voltio a ver a su hijo quien le respondió la mirada- El destino de tu hermano será lo que él decida, confía en él. A pesar de la juventud de tu hermano, el ha tenido que madurar desde antes de que tu decidieras dejar el trono.
Estas palabras no calmaron los pensamientos de Itachi, sin embargo, le daba esperanza saber que su padre confiara en el. Era cierto, desde antes de haber rechazado el trono, su hermano había madurado, siendo el mas serio de los Uchihas.
El castillo del sur nunca había sido conocido con un lugar de silencio, se podría decir que era casi lo opuesto al castillo de Norte. El Sur era cálido, alegre como sus reyes y sus ministros tenían un aire de tranquilidad única de aquellos que saben que siempre hay una solución. Sin embargo, hoy el castillo retumbaba de protestas.
-¡Mi rey, no puede irse así nada más! – El ministro de defensa siempre fue un hombre razonable de gran carácter, no era extraño que se opusiera a las decisiones del joven rey, después de todo prácticamente lo había criado.
-No sé de que hablas, si no me estoy así nada más… - Un joven de tez morena y cabellos rubios tan brillantes como los rayos del sol, se erguía sobre su trono mientras que una sonrisa zorruna aparecía en su rostro. ¿Su nombre? Namizake Naruto, único como cada uno de los hijos del matrimonio Namizake.- Si les estoy avisando, Kakashi, para eso es está junta. Desde ahora les informo que mi padre tomara mi lugar por un tiempo. En lo que yo arreglo unos asuntos en el Norte.-
- ¿Su padre? – En rostro sorprendido del general Kakashi no podía ser visto ya que llevaba unas vendas cubriéndolo hasta un poco debajo de los ojos. Así también su ojo derecho se encontraba oculto. – ¡Pero, él no se encuentra, hace años que no pisa este castillo!
-¿Quién dijo que no me encontraba?-Las puertas del gran salón del Sur habían sido abiertas de golpe al momento que entraba un señor muy parecido al actual Rey, aunque con un semblante más maduro.
-Mi señor- Un exclamo de sorpresa se logró escapar de la boca de muchos mientras que este caminaba alegremente entre los miembros hasta pararse junto con su hijo.
-Hola enano- El antiguo rey llego al lado del joven mientras que le daba un coscorrón en la cabeza.
Está acción hizo que a los nuevos miembros de la corte casi se atragantaran con la sorpresa mientras que los antiguos miembros que ya habían conocido a esos dos juntos, no pudieron evitar soltar una carcajada mientras que recuerdos de la niñez de Naruto les llegara a la cabeza. Minato, voltio a ver a ambos lados buscando algo o mejor dicho a alguien.
- Oye Naruto, ¿de casualidad haz visto a Kushina? Hace un segundo estaba a mi lado-
-Padre, debió de a ver ido a ver a mis hermanas- Naruto intentaba recuperarse del coscorrón de su padre, agradeciendo que su madre no se encontrara también, esa mujer tenía fuerza bruta solo superada por su hermana menor.
-¿Hermanas?- En ese momento pareció que el mayor se acordaba de algo importante, -¡Cierto! ¿Dónde están mis princesas?- El semblante serio y alegre se transformó en uno de euforia que solo era visto ante la mención de las princesas.
-En la biblioteca, la princesita se niega a salir de ahí, otra vez- Un sonoro suspiro resonó por toda la sala.
Naruto recordó que no estaban solos así que dirigió su mirada hacia la corte, en donde divisó a Kakashi y se dio cuenta que este tenía los puños cerrados. Esto no le sorprendía, los dos habían intentado sacar a la pequeña Miko, así es como le decían en esas tierras y en las lejas también. Kakashi era quizás a parte de la familia Namizake el único que recordaba a la pequeña
– Volviendo al tema de mi partida. Mi padre se quedara a cargo mientras que voy al Reino del Norte, así como también mi hermana Ino.
-Nee Naruto, no creo que a Miko le agrade saber que se va a quedar.- Su padre se rasco la cabeza mientras que un escalofrió le subía por la espalda Niñato astuto, él se va mientras que yo me quedo con Miko-Chan… aunque viendo el lado bueno tendré más tiempo con mi preciosa Miko.
-Lo sé, padre pero sabes mejor que nadie que no puede salir del castillo.- A Naruto le pesaba dejar a su hermana ahí, pero él no podía hacer nada.
Era la situación en la que la pequeña Namizake había nacido por lo cual nunca salía. Para muchos era una maldición que ella viviera pero para ellos era una bendición, sin embargo ya no estaba tan seguro de ello, cada día que pasaba la pequeña Namizake se encerraba más. Era, como si supiera algo, como si temiera a algo o a alguien. O quizás, él solo se lo imaginaba y lo que su hermana lo que en realidad quería era salir de ahí. Debía de haber una razón para su extraño comportamiento sin embargo ella no le decía nada. Era injusto que no pudiera para las supersticiones de un maldito pueblo.
-En fin… Supongo que la reunión ha terminado. La corte se puede retirar.- Los presentes dudaron un poco antes de comenzar a retirarse.
Naruto, normalmente hubiera dicho algo, sin embargo sabía que los nuevos miembros debían de darse cuenta que su padre estaría al mando aunque fuera por poco tiempo.
Cuando el sol se encontraba en todo su esplendor, 3 cabezas brillantes se podían divisar en la entrada del palacio. A diferencia de los palacios conocidos en este tiempo, en aquellas tierras los palacios se encontraban sobre un océano de nubes que permitía la salida solamente sobre montaduras aéreas.
-Padre, nos vamos- Naruto se encontraba a las afueras palacio del Sur, en frente de la entrada los esperaba 3 carrozas con 2 bestias cada una. Una de las carrosas llevaba la ropa mientras que en la otra iban las sirvientas, y en la última irían su hermana y él.
-Muy bien, recuerda cuidar a tu hermana de esos malditos…
- ¡Alto!- Una voz llamo la atención de todos los presentes, al voltear se encontraron con una señora de cabellos rojos sangre y ojos verdes como la hierva en primavera. A pesar de sus años Kushina Namizake seguía conservando su belleza de adolescente.
Aún lado de ella venía una persona encapuchada de pies a cabeza. Los guardias no lograron identificar a esa persona, ya que nunca habían sentido su presencia y ahora tampoco la sentían.
-¿Qué pasa? ¿Vienen a decir cuánto nos extrañaran?- La rubia que se encontraba a un lado del joven rey saco la lengua en forma de burla, acostumbrada a tratar así a su familia ante la presencia de otros.
- Iré. – Quien hablo esta vez, era la persona encapuchada. Su voz era suave y neutra a tal grado que dudaban si era hombre o mujer.
Ante lo dicho, la rubia y Minato se sorprendieron. Esa persona ahí enfrente de ellos les estaba afirmando algo que jamás hubieran pensado. La sensatez siempre fue una de sus virtudes y a pesar de enojarse de vez en cuando jamás hacia algo con imprudencia o sin algún muy buen motivo.
-¿A esto te referías ayer? – Naruto no parecía para nada sorprendido. Sus ojos mostraban melancolía. – Madre… ¿Estás de su lado?- El joven se había dado cuenta de que su madre tampoco se mostraba asombrada. Sino que al contrario tenía una suave sonrisa en su rostro, una sonrisa que solamente le dirigía a sus hijos.
-Hay veces en las que uno debe de seguir su corazón. – Ante lo dicho cargo el equipaje de la persona que se acercaba cada vez más hasta quedar enfrente de los rubios.
-Pero… - Minato que se había mantenido al tanto, no estaba seguro de lo que hacían. Ante esto la persona voltio a ver a Minato.
-Lo siento, deje a la gente necesaria para que no se notara mi ausencia- Decía la persona encapuchada mientras que hacia una leve inclinación a Minato.
-Confió en tu palabra pero considera las consecuencias de tus actos o me temo que no saldrás de aquí jamás. – Ante esto Minato le dio la espalda. CuídateEl antiguo rey jamás fue bueno para las despedidas, y menos ante su familia.
Así Ino monto dentro del carruaje mientras que Naruto subió adelante, ya que no dejaría que nadie manejara ese carruaje más que él. Cuando la tercera persona estaba por subir en la parte trasera del carruaje para ir vigilando, Kushina le hablo.
-Hey… - La persona voltio a ver a la pelirroja. Esta extendió su brazo, mientras que la otra hacia lo mismo para recibir en su mano un collar, a pesar de que no se notaba mucho se veía que la persona estaba temblando. – Tú conoces mejor que yo ese collar. Es muy parecido al del primer rey del Sur que lleva Naruto… Solo que… Tiene dos colores, el verde y el rojo… Aún no sé qué significan, pero supongo que tú sí. –Ante esto la pelirroja sonrió ampliamente, a pesar de la tristeza reflejada en sus ojos cristalinos.
-Gracias- Dijo en un suave murmullo que apenas llego a los oídos de Kushina. Después se guardó el collar en el bolsillo y se montó en la parte de atrás del carruaje. Con una ultima mirada observó el castillo que había sido su hogar y su prisión, era momento de salir.
Kushina subió la escalares hasta llegar al lado de su esposo, cuyo semblante serio ocultaba la tristeza de su rostro.
-Es necesario - La pelirroja sonreía dulcemente a su esposo mientras que enrollaba uno de sus brazo alrededor de su esposo.
De todos los hombres que la habían perseguido, Minato había sido el más persistente y el más enfadoso (también el más guapo aunque eso jamás lo admitiría). Hoy se daba cuenta que había hecho lo correcto en aceptarlo.
Mucha gente había estado en contra de su matrimonio, después de todo la sangre de un demonio y la de un semi-dios no debían de ser mezclada, o al menos eso era lo que decían aquellos viejos.
-Lo se - Minato sabía lo que debía de pasar. -Le escribiré a Fugaku.
La pareja se quedo en la entraba hasta que el carruaje que llevaba lo más importante de sus vidas desapareció entre el océano de nubes.
Creo que ahí va la cosa, no se si mejor o peor, pero personalmente me gusta más que antes.
No olviden dejar de su review y darle a Follow, ya que como se habrán dado cuenta nunca cumplo con las fechas limites.
Otra cosa, ¿Sabían que en momentos de depresión uno escribe mejor?
Saludos!
