.Anjélica.

La sesión en el ayuntamiento había sido un completo desastre. Anjélica se había sentado lo más al fondo que pudo con la intención de observar sin ser vista a todos los vecinos del pueblo. Ella sabía que su hermana no podía haberlos maldecido de nuevo por que la maldición necesitaba del corazón de lo que más amara, y ese era su hijo Henry. Era realmente imposible que Regina hubiera podido hacerlo, pero la gente estaba poco dispuesta a escuchar sus teorías, demasiado conformes con la facilidad de odiar a la Reina por su pasado como habían hecho durante ya más de 30 años. Les era fácil continuar con el odio por sus actos pasados, mostrando poco o ningún interés en recordar sus buenas acciones de los últimos tiempos. Salvarles de la maldición de Peter Pan, por ejemplo. Renunciar al uso de la magia por amor a su hijo Henry… Estaban tan concentrados en su odio por ella que no veían, ni querían ver, que ella había cambiado para bien y eso la enervaba. A veces odiaba no poder mostrarse ante sus vecinos y amigos como verdaderamente era, su parentesco con Regina o su fe y amor por ella pese a su pasado oscuro.

Para colmo, Gruñón empezó a hacerle honor a su nombre al gritar que le dejasen cinco minutos a solas con "la bruja" y que él le haría confesar. Pobre enanito iluso. Hasta ella sabía que Regina no se tomaría en gracia que la encerrasen sola en una celda, ni que decir que lo hicieran con un hombre, o peor aún uno de los enanos de Blancanieves, que tenía intenciones de torturarla hasta hacerla confesar algo que esa vez ni siquiera había hecho. Él no tendría ninguna oportunidad de salir indemne de ese enfrentamiento.

Swan parecía pensar lo mismo, por que se dio prisa en intentar calmar los ánimos de la gente reunida en el salón, pero Gruñón no era el único que tenía deseos de venganza contra Regina, o algo tan simple como ganas de armar escándalo. Miró a Rubi, que estaba sentada algunas filas por delante de ella y de su madrina. Incluso Archie se había levantado de su asiento preguntando con bastante más hostilidad de la que Anjélica esperaba por qué Regina les había vuelto a hacer lo mismo.

- Oh, por el polvo de Estrellas… -gruñó la joven entre dientes, siendo solo escuchada por Viviane, sentada a su lado.

- Lo se, pequeña.

Anjélica miró a su madrina apretando los dientes. Estaba a punto de levantarse de su asiento y gritarles a todos que no eran más que unos inútiles borregos que se dejaban arrastrar por sus débiles mentes hacía la comodidad del odio que siempre le tuvieron a su hermana, y de paso hacerles una perfecta demostración de lo borregos que podían llegar a ser dejándolos convertidos en un rebaño de ovejas que balaran sin cesar cuando la respuesta de Regina a los ataques contra su persona hizo temblar la sala. Los gritos de terror del pueblo enmascararon a la perfección su risilla divertida. Oh si, ese susto era del todo merecido. En cuanto Regina desapareció, los gritos de nuevo se hicieron eco en las paredes del salón. Gritos de "La Reina nos ha atacado de nuevo" "ella solo quiere hacernos daño" "¡Hay que pararla!"

Viviane tuvo que sujetar a su princesa del brazo para evitar que atacara a Whale, el último en gritar y el más cercano a ellas, pues pudo ver la determinación y el odio en los ojos de Anjélica.

- No merece la pena. –le murmuró al oído para calmarla, y para recordarle que ella no se dejaba arrastrar por el odio, que ella debía ayudar a su hermana a ser buena, no acabar con los mismos idiotas que tenían miedo de su hermana y lo que podía hacer. Además, estaba el asunto de que nadie debía saber de su parentesco con la reina hasta que descubrieran al verdadero culpable- mejor vamos a cenar algo.

- Será lo mejor –salieron del ayuntamiento cogidas de la mano en dirección a Granny´s, como muchos de los que habían estado en la reunión.

Anjélica trató de serenarse durante el trayecto. Su madrina tenía razón, ella no se dejaba llevar por el odio nunca, pero esa gente no se merecía tener a Regina cuidando de ellos ni preocupándose de su bienestar. No eran más que unos desagradecidos.

- Cariño, recuerda que solo tienen miedo. Han perdido un año de sus vidas y de repente, en vez de estar de regreso en sus hogares del Bosque Encantado, están de nuevo atrapados en Storybrooke sin comprender que ha pasado.

- Lo se. Es solo que prefieren centrarse en la comodidad de poner a Regina en sus puntos de mira y jugar a convertirla en una antorcha humana sin pararse a pensar que tal vez ella es inocente, que tal vez ha sido otro quien nos ha maldecido. –decía la joven hechicera, con los puños fuertemente apretados a los lados de su cuerpo. Una mirada colérica que hubiera prendido fuego a cualquiera brillaba en sus ojos.

- Comprendo tu dolor, pequeña, pero recuerda nuestra misión. Las dos sabemos que tu herm-… -Viviane se contuvo a tiempo de completar esa palabra pues justamente Rubi se había acercado a ellas con una cansada sonrisa en los labios- Que la reina es inocente. Necesitaba el corazón de Henry para volver a lanzar ese conjuro y yo personalmente estoy segura que, de haber tenido a Henry con ella en el Bosque Encantado, no hubiera lanzado maldición alguna.

- Yo estoy de acuerdo con lo que dice Viviane. –dijo Rubi, sorprendiéndolas a las dos- He hablado con Archie, y él también piensa lo mismo. Puede que no recordemos lo que ha pasado pero recordamos el cambio de Regina antes de que ocurriera todo esto.

- Bien, al menos hay dos personas racionales en el pueblo. Empezaba a pensar que la maldición también les había convertido el cerebro en serrín a todos. –gruño Anjélica con sarcasmo, ganándose una mirada cómplice de Rubi y de su madre.

Una vez en el restaurante se sentaron en su mesa de siempre, situada al fondo y en la pared de las ventanas, desde donde podían ver entrar a los nuevos clientes y ver también quién paseaba por la calle sin ser descubiertas espiando. Belle se les unió para la cena, y las tres conversaron tranquilamente, intercambiando chismes y teorías sobre quién estaba detrás de la nueva maldición, pues ninguna creía que fuera Regina la responsable. Estaban ya esperando el postre, el delicioso pastel de Granny, cuya receta original había pertenecido a Viviane, cuando la campanilla de la puerta se abrió con un estruendo, seguida de cerca por la puerta, que se estrelló contra el marco cuando Gruñón entró gritando que la Reina estaba a punto de conseguir una poción con la que todos recuperarían los recuerdos del año perdido. De inmediato el lugar se llenó de gritos de júbilo. Algunos de los clientes salieron con prisas, seguramente a contarles la buena noticia a sus familiares y amigos, pensó Anjélica. Sin embargo alguien salió despacio, como si no quisiera que se fijasen en ella. Algo picaba a Anjélica en la nuca. Su instinto le decía que debería recordarlo, que era importante, pero no conseguía alcanzar ese recuerdo. Iba a levantarse para seguir a esa sombre que había visto abandonar el local, pero había tanta gente feliz, celebrando y bailando, que le impidieron llegar a la puerta a tiempo y cuando salió solo vio la oscuridad y a algunas personas paseando por las calles iluminadas por algunas farolas encendidas. Bufó con fastidio y volvió dentro con sus amigas, con las que trató celebrar la buena noticia, si era realmente verdad.

Era ya tarde cuando ayudó a Rubi y a Granny a cerrar el restaurante. Viviane se había marchado a casa un par de horas antes, pero Anjélica no tenía ganas de irse a dormir y Rubi le ofreció tomarse una copa tras cerrar el local, cosa que la morena aceptó de buena gana.

Ambas se fueron juntas al Rabbit Hole a tomar esa copa que ambas necesitaban y se merecían. Una vez sentadas en uno de los numerosos rincones oscuros del bar, ambas con sus copas sobre la mesa y una frente a la otra sumidas en sus pensamientos. Anjélica pensando en que hacer para ayudar a su hermana, y Rubi en sus propias frustraciones personales. La música era ensordecedora, pero ninguna de las dos parecía percibirla hasta que Rubi tomó la mano de su amiga por encima de la mesa para llamar su atención. Le hizo una seña para que se acercara, quería hablar con ella.

- ¿Vas a decirme por que te has puesto así después de la reunión?

- No se de que me hablas –respondió Anjélica a la defensiva, aunque sabía que no podría engañar a su amiga por mucho tiempo. De hecho, su mirada le decía que sabía que le ocultaba algo. Suspiró cansada de tantos secretos y vació la mitad de su copa de un trago, provocando que una especie de fuego líquido se escurriese por su garganta y el calor se instalase en su estómago y pronto corriera por sus venas.

Rubi esperaba paciente a que su amiga se armase de valor y admitiese algo que ella sospechaba desde que la primera maldición había sido rota por la Salvadora y ella recuperó sus finos sentidos lobunos.

Las copas se vaciaron rápidamente y tras una buena sesión de baile, ambas amigas salieron del bar hacia el coche de Rubi para ir al apartamento de esta y poder hablar sin temor a ser escuchadas.

Rubi vivía sola, en un pequeño apartamento privado dentro del hostal de su abuela, separado del propio apartamento de Granny y de las habitaciones disponibles para alquilar. La esencia y la personalidad de Rubi eran bien patentes en su piso, tanto en la decoración como en el caos que reinaba en todas las habitaciones. Ese caos siempre le sacaba una sonrisa a Anjélica, pues sabía que aunque todo pareciera manga por hombro, Rubi siempre sabía donde estaba colocada cada cosa. Aunque tal vez las encontrase debido a su olfato lobuno.

Sin necesitar invitación, fue directa a la sala de estar-comedor-cocina de su amiga y se dejó caer a su mullido y cómodo sofá de cuero. Al poco llegó Rubi con dos copas de Whisky en las manos y le ofreció a ella una, que no llegó a probar pues los nervios le habían cerrado la garganta de repente. Recordaba perfectamente las palabras de Viviane diciéndole lo importante que era proteger su secreto, pero ella sabía que podía confiar en Rubi y en su discreción. Habían sido amigas desde los tiempos de antes de la primera maldición, cuando vivía en una casita del Bosque y había encontrado rastros de un lobo que rondaba la casa algunas noches. Por supuesto, en aquel entonces siempre usaba un hechizo que cambiaba su aspecto, convirtiendo los finos rasgos que compartía con Regina en una elegante fusión de los rasgos de su madre Cora y los de su madrina Viviane. Tan solo su largo cabello negro y sus ojos marrones eran sus propios rasgos naturales. Precisamente, esos eran los ojos que la miraban desde el cristal del vaso que sujetaba entre sus temblorosos dedos.

- Rubi, hay algo que nunca te he dicho. Algo de mí que se que sospechas desde hace tiempo.

Su voz, en principio temblorosa, fue ganando fuerza y confianza conforme las palabras iban abandonando su boca. Rubi asintió, sin decir nada, solo esperando que su querida amiga continuase.

- Antes me has preguntado por que defiendo a Regina, después de todo lo que ha hecho, del dolor que ha provocado. –un suspiro escapó de entre sus labios- Ella es… bueno. Es la única familia que tengo en el mundo, además de mi madrina. Regina es mi hermana. –dijo Anjélica mientras una suave neblina púrpura, marca mágica que compartía con su hermana, cubrió su cuerpo. Al desvanecerse por completo, una réplica perfecta de Regina estaba sentada en su lugar, vestida con su ropa. El parecido entre ambas era excepcional. Incluso ambas compartían esa pequeña cicatriz sobre el labio, cicatriz infligida en Regina cuando era pequeña y que se reflejó en su hermana en el mismo instante en el que la princesa era herida. La única diferencia entre ambas era que el rostro de Anjélica no estaba marcado por la misma clase de dolor, ni sus ojos chocolate brillaban cansados, así como su cabello, que Anjélica conservaba largo y Regina llevaba cortado a media melena.

Hasta aqui podeis leer ;) muahahaha

¿Como creeis que reaccionará Rubi?

¿Anjélica investigará por su propia cuenta, o por el contrario, intentará ayudar a la sherrif y a su hermana sin que ellas lo sepan?

¿Que pasará en el próximo episodio?

Chanááááán!

espero vuestros comentarios!