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Bella gritó y el algo o alguien que le había caído encima después de abrir la puerta también gritó. Su grito se escuchó en todo el castillo pero lo más raro fue que nadie acudiera a ver qué había pasado ¿Qué no lo habrían escuchado?

La joven se dio cuenta de que no tenía razón seguir gritando además si quería ayudar a Bestia a recuperarse tenía que encontrar una solución y no estar perdiendo el tiempo gritando en el corredor más alejado de todo el castillo encantado.

¿Estás bien?- preguntó a quien tenía encima pese a tener miedo.

¿Le estaba hablando? ¿La cosa tibia estaba hablando? ¡Claro! ¡Tenía que ser un mortal! Una sonrisa se dibujo en su cara, por un momento había tenido miedo de que se tratara de un gnomo o un troll.

Sí… creo… ¿y tú?- preguntó quién estaba encima de ella.

Bella no podía creerlo, esperaba gruñidos o un lenguaje ininteligible de quién le había sorprendido pero en lugar de eso hasta amable parecía.

Deberíamos levantarnos- sugirió Bella.

Ah lo lamento- se disculpó la figura sobre ella- debo haberte empapado.

Bella logró sentarse sobre la alfombra ¡Su vestido estaba completamente mojado donde le había caído quien fuera que sea que le había sorprendido! La doncella levantó la vista para toparse con un… con un ¿Era una niña?

Pues si no era una niña lo parecía mucho, pero muchísimo salvo que su cabello era azul marino y su piel completamente blanca, como si de una figura de nieve se tratara, sus ojos eran los ojos azul marino más azules que Bella jamás hubiera visto ¡Ni los ojos de la Bestia eran tan azules! Y sus labios ¡Sus labios también eran azules! Y su vestidito, su vestidito parecía el de una muñeca de porcelana, con encajes y listones azules y blancos.

Por su parte la "niña" también la miraba con sus hermosos ojos azules completamente abiertos, como si al parpadear Bella pudiera desaparecer. ¡Era una mortal hermosa! Su cabello castaño, sus ojos cafés, sus bonitos labios ¿Pero, por qué se veía triste? ¿Por qué estaría triste?

Un ligero silencio incómodo se hizo presente entre ellas dos ¿Por qué ambas eran chicas, cierto?

Mi nombre es Bella- se presentó la hija de Maurice.

Mi nombre es Bianca- se presentó la niña- ¿Eres una mortal? ¿Por eso estás tibia?

¿Mortal? Y Bella pensaba que ya lo había visto todo al estar en el castillo de la Bestia.

Soy una chica- contestó ella sin saber realmente qué es lo que tenía que contestar- ¿Y tú?

Ah no- la niña dio una risita traviesa- yo no soy una mortal. Yo soy una "Dama de las nieves" bueno, lo seré cuando cumpla doscientos inviernos, creo.

¿Dama de las nieves? Bella tuvo que hacer memoria de todos los libros de cuentos de hadas que había leído durante toda su vida pero al parecer en ninguno aparecían "las damas de las nieves"

¿De dónde eres?- preguntó Bella sin poder ocultar su curiosidad.

De las nieves eternas de las montañas más altas- explicó la niña mirando a la doncella con la misma curiosidad con la que ella la veía- los mortales no van hasta allá por el frío y nosotras no bajamos con ustedes salvo en invierno, claro.

¿Qué haces en el castillo de la Bestia?- Bella tenía muchas preguntas pero esa fue la primera que se le ocurrió.

¿Bestia? Así que esto es un castillo- Bianca se levantó de un saltito mirando a su alrededor- Pues… la verdad, no sabía que los mortales también hicieran castillos… Claro, los nuestros son de hielo y nieve, escarcha y témpanos…- los ojos azules de la niñita de las nieves se perdieron observando el color de la alfombra- ¡Ah cierto!- exclamó de pronto- ¡Mis campanillas de nieve!

¿Qué?- Bella se sorprendió un poco- ¿Qué son las campanillas de nieve?

Ayer por la noche- explicó Bianca- ¡Ese viejo malo, feo y desdentado me robó mis campanillas de nieve! ¡Dijo que le gustaban mucho y me las quitó! ¡Me las quitó! ¡Y como si no fuera suficiente me hizo caer! ¡Me hizo caer a mí! ¡A mí! ¡Pero mi madre se enterará!

Espera un momento- Bella comenzaba a tener una idea- ¿dices que ayer por la noche? ¡Esa fue la capa de nieve que le cayó a Bestia encima! ¡Él está muy enfermo!

Bianca se llevó la fría manita al mentón.

Puede ser, ayer ese viejo desdentado lanzó mucha nieve, supongo que la nieve que nosotros tocamos se vuelve peligrosa para los mortales, bueno finalmente ha sido tocada por la magia, creo- Bianca comenzó a marcar un círculo mientras pensaba- ¿enfermo? ¡Ah claro, sí, claro, por el frío, claro!

¿Puedes ayudarme? ¿Puedes hacer algo para que Bestia se sienta mejor?- Bella esperaba con todas sus fuerzas esa niña pudiera ayudarle.

Me gustaría- se detuvo en seco Bianca- pero… sin mis campanillas de nieve ni siquiera puedo regresar a mi casa ¡Pero ese viejo desdentado me las pagará! ¡Mamá va a castigarlo!

Bella sintió que su mundo se desmoronaba en ese momento, si ella tampoco podía ayudar a Bestia entonces ¿quién podría hacerlo? Estaba a punto de ponerse a llorar de nuevo por la pena que sentía.

La niñita de piel blanca se había girado para ver a Bella ¿Por qué estaba triste? ¿Por qué se sentían tristes los mortales? ¡Claro! Estaba preocupada por ¿Cómo lo había llamado? ¿Bestia? ¿Bestia era nombre de mortal?

Oye… Bella- habló una vocecita tímida y tierna.

Bella levantó sus ojos llenos de tristeza hacia ella. Bianca le sonreía dulcemente para inspirarle un poco de confianza y valor.

No puedo hacer nada por tu Bestia, pero tal vez si logramos quitarle mis campanillas a ese viejo feo y desdentado- explicó con ese brillo de esperanza en la mirada- tal vez podamos hacer algo por tu Bestia… y si no funciona… Mi mamá puede hacer algo ¡Ella puede hacer cualquier cosa! ¿Qué dices? ¿Me ayudas? Bella, ya no estés triste…

Bella sonrió a su vez, no podía continuar sin hacer nada para ayudar a Bestia, y todo lo que había intentado no funcionaba, tal vez Bianca pudiera ayudarle ¡Sí! ¡Tal vez pudiera ayudarle!

De acuerdo, te ayudaré- Bella se puso de pie.

¡Vaya que era alta en comparación con la niña! ¿Cuántos años tendría la niñita de nieve? No, no era momento de ponerse a pensar en esas cosas ni por parte de Bella ni por parte de Bianca.

¿Dónde empezaremos a buscar tus campanillas?- preguntó Bella sin titubear.

Continuara…