Quiero avisar de que a partir de ahora empiezo a pasarme un poco por la torera el avance de la serie, añadiendo o cambiando escenas o partes importantes de la trama, como lo que leeréis un poco más adelante (jijiji) Por eso quiero pedir que me comentéis lo que no os guste, o lo que dudéis, pero que conste que todo va a acabar más o menos como en la serie, salvo un par de cosillas… no os preocupéis.
Enjoy! Y dejad reviews que si no me creo que el fic no gusta y mis musas se ponen en huelga! T_T
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Angus sacó su enorme cuchillo de sierra que usaba para despellejar a sus presas y lo blandió contra Daeron, el lobo que había acompañado a los cazadores esa tarde. Sus hombres no pudieron detenerlo, y él estaba tan cegado por la ira que era más fuerte que de costumbre. Daeron, por su puesto, esperaba ese ataque y no le costó ningún trabajo coger el antebrazo del cazador con mano firme y evitar así que enterrase su cuchillo en su pecho.
Kieron y Robin ya corrían hacia ellos para separarlos, pero ellos se peleaban a puñetazo limpio y separarlos a dos hombres quieren pelear es casi imposible, por lo que Rapunzel usó la magia para separarlos cortando así por lo sano.
- ¡Basta ya! Parecéis dos niños pequeños peleando por el mismo juguete. ¡Ni siquiera mis gemelos se comportan así, por el polvo de Estrellas! ¿Alguno de vosotros tiene a bien contarnos a que viene esta estúpida disputa?
- ¡Es culpa de ese maldito perro-sarnoso-roba-piezas! –Gritó Angus hecho una furia, señalando a Daeron con un dedo, como si él tuviera la culpa de todos los horrores del mundo.
Como respuesta a sus acusaciones, él le enseñó los dientes en un largo y profundo gruñido animal. Aunque aún faltaban días para que la luna fuese completamente llena, ya empezaban a notarse sus efectos en la manada, y como ejemplo y amenaza, los ojos de Dae se volvieron completamente amarillos como los de su lado animal. Ese despliegue, lejos de amedrentar al cazador, solo espoleó aún más su furia pero la magia de la pelirroja lo tenía bien sujeto sin opciones de escapar.
- Eso es mentira, viejo inútil. Si fallaste el tiro, no fue mi culpa. –gruñó el lobo.
Antes de que Rapunzel tuviera tiempo de preguntar a que venía eso, Angus se arrancó a gritarle toda clase de palabrotas y obscenos insultos tales que habrían echo sonrojar al marinero más experimentado. Con un giro de muñeca, Rapunzel silenció su voz, pero él no se dio cuenta hasta varios segundo después cuando no se escuchó a sí mismo. Fue entonces cuando dedicó una incendiaria mirada a la muchacha que miraba impasible, pero con la furia y la magia ardiendo en sus ojos verdes, ahora teñidos de púrpura brillante. Al hablar, lo hizo en un tono bajo y calmado que denotaba el nivel de su furia.
- No consiento el uso de semejante lenguaje delante de mis hijos. Te quedarás mudo hasta que decida que has aprendido la lección, o que necesite que hables, pero si te oigo decir una sola palabra que considere malsonante te cortaré la lengua con tu propio cuchillo. ¿Me he expresado bien?
Al no poder hablar, el viejo cazador asintió.
Ella miró hacia ambos lados en el campamento, buscando a sus hijos con la mirada, encontrándolos en brazos de Rubi que estaba flanqueada por Robin y Kieron, que la miraban con sendas sonrisas de ánimo, y con Roland delante de ellos. Satisfecha de que estuvieran en buenas manos, decidió seguir con el interrogatorio.
- Bien. Ahora que todos volvemos a ser amigos, repetiré la pregunta. ¿Quién puede contarme lo que ha pasado? – Rapunzel miró primero al lobo, que gruñía, pero al no percibir hostilidad comenzó a hablar.
- Hoy me tocaba acompañar al grupo de cazadores al bosque, ya que las reservas de carne estaban casi vacías, y había percibido el olor de un ciervo grande así como las huellas. Después de horas de rastreo, lo vimos pastando entre los árboles. Yo era el encargado de proteger al grupo durante la expedición, por lo que iba más atento a los ruidos extraños que a la presa. En un momento dado, la teníamos acorralada y Angus le disparó con su ballesta, pero erró el tiro. Yo disparé después, y acerté. Por eso está rabioso. Cree que hice ruido para asustarle y que fallase el tiro para poder cobrarme yo la pieza.
Tras escuchar al hombre lobo le dieron la palabra al cazador, quién gritó que eso era lo que había ocurrido, que el otro había pisado una rama para que él fallase al disparar y llevarse el mérito delante del campamento.
Rapunzel rodó los ojos al oírle vociferar insultos de nuevo, solo dirigidos exclusivamente a la raza de hombres lobo y a Daeron en particular, por lo que volvió a robarle la voz. Soltó el agarre que sujetaba al lobo y le pidió disculpas por haberle tenido que hechizarle. Tras eso se volvió de frente al cazador, cuyo rostro estaba escarlata de ira pero que palideció al recordar la amenaza de la mujer de cortarle la lengua si volvía a pronunciar un solo insulto delante de ella, aun que no creyó que fuera capaz de hacerlo. Al menos, eso esperaba.
- Ya hemos escuchado vuestras versiones. Ahora vais a escucharme vosotros a mí. Daeron hizo bien en disparar, pues de lo contrario el ciervo hubiera huido y el campamento hubiera pasado hambre hasta la próxima cacería. La carne de ese animal os mantendrá fuertes, ya que vivís en mitad de ninguna parte, con vuestras ropas y algunas tiendas de campaña como única protección contra los elementos… Ya que sois tan estúpidamente orgullosos que no aceptáis mi hospitalidad ni mi ayuda. Angus, fallaste el tiro. ¿Y que? ¿Que te molesta más, que otro hombre acertase el suyo, o que ese hombre fuese un hombre lobo? Te diré que lamentarse por no haber cobrado tú mismo esa pieza es comportarse como un bebé mimado. Tus hombres tendrán comida, y no les importa quién se la proporcione. Sabemos que te gusta ser considerado el mejor cazador del campamento, y nadie hasta ahora te ha hecho sombra por que te respetaban como jefe y cazador. Creo que con tu pataleta de hoy acabas de demostrar tu verdadero carácter. Espero que no hayas perdido ese respeto del que te vanagloriabas… o que, al menos, te cueste poco recuperarlo.- El cazador parecía realmente afectado, pues se daba cuenta de cómo debían verle sus hombres en ese momento. Tenía razón, se había comportado como un niño. – Yo por mi parte, no he olvidado mi promesa.
Con una sonrisa tan macabra que hubiera hecho llorar de orgullo a su abuela Cora, hizo un gesto de muñeca y cuando el humo se desvaneció, sobre la palma de su mano había posada una lengua humana.
- Guardaré esto hasta que decida que has aprendido la lección. Hasta entonces, tendrás que trabajar en el campamento y no volverás a salir a cazar hasta que tus hombres me convenzan a mí de que lo mereces.
Un chasquido de sus dedos y la lengua desapareció de nuevo.
- ¿Quién te ha nombrado nuestra jefa, mujer? Vosotras no servís para nada más que para cocinar las presas que traemos nosotros y para parir niños. Al menos has hecho una cosa bien… – preguntó un hombre en mitad del grupo allí reunido, tal vez, para que no le reconocieran. A su alrededor se escucharon algunas risitas conformes a su opinión, lo cual solo hizo hervir de furia a Rapunzel, quien lo ocultó perfectamente tras una calmada expresión e, incluso, una sonrisa cordial.
- Nadie, tienes razón, pero ¿Qué hay que hacer para ser nombrado jefe, hmm? ¿Traer comida, proteger el campamento y preocuparse de los hombres que viven aquí? Entonces creo que voy a llevarme los utensilios, los cuchillos y la comida que os traje. También creo que voy a deshacer el hechizo de protección que rodea el campamento y dejaré que vosotros mismos os lavéis la ropa y os bañéis en las gélidas aguas del rio… - Chasqueó los dedos y desaparecieron todas las herramientas, las cacerolas y demás objetos que les había proporcionado a esos hombres. También el hechizo se desactivó, provocándoles a todos un estremecimiento pues corría una corriente helada entre los árboles. El campamento quedó casi desierto al desaparecer todo lo que ella les había proporcionado, salvo una par de cacerolas que había sobre los fuegos donde estaban cocinando. – Así mismo, os queda vedado el acceso a mi cabaña. Apañáoslas como podáis sin mi ayuda, caballeros. Como simple mujer que soy, me dedicaré a cuidar de mis hijos y estar metida en MI casa, como bien habéis señalado. Quiero avisaros de que a cualquiera que tenga intenciones de recuperar esas cosas sin mi permiso, o atacarme en mi cabaña como a la mujer indefensa que creéis que soy, recordad que también soy una hechicera que puede dejaros convertidos en pequeñas cucarachas ante mi puerta.
Y con una dulce sonrisa y una falsa reverencia, desapareció envuelta en humo junto con Rubi y los niños, dejándolos a todos desconcertados en el campamento.
De regreso en la casa, cogió a sus hijos y los metió en su parque para que jugasen con sus juguetes y peluches mientras ella servía un par de copas para ella y para Rubi, que no tardó en abrir la boca para hacerle saber su opinión.
- Yo en tu lugar les hubiera quitado también la ropa que llevaban puesta, ya que se las diste tú. –Dijo la loba con total convencimiento, arrancando una sonrisa agradecida a su amiga.
- Cariño, aunque lo lleve en la sangre, no soy tan cruel… Pero a ver que tal se las apañan esta noche para conservar el calor corporal con la tormenta que se acerca… -Ocultó una maliciosa sonrisa tras el cristal de su vaso al tomar un trago.
- ¿En la sangre? ¿A que te refieres? –preguntó la morena con curiosidad. Se conocían desde hace años, pero apenas sabía nada de la familia o del pasado de Rapunzel más allá del día que se conocieron en el Bosque Encantado. Como respuesta solo consiguió otra de esas enigmáticas sonrisas suyas.
- ¿Te quedas a cenar, o prefieres que te lleve a tu apartamento?
- No, tengo turno mañana temprano, mejor regreso al pueblo.
- Entonces, nos vemos mañana. Tengo que ir a ver a Mary Margaret, seguramente desayunemos en Granny´s –tomó el vaso vacío de su amiga y lo dejó sobre la mesa para poderla abrazar para despedirse. Un segundo después, una cortina de humo púrpura claro envolvía a la loba y la transportaba a su propio apartamento.
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A la mañana siguiente colocó a los niños en sus asientos protectores y les abrochó sus cinturones, guardó el armazón del carro en el maletero, y condujo tranquilamente hasta el pueblo sin pensar en lo ocurrido el día anterior. Roland había dormido en la cabaña con ella, ya que como mujer debía cuidar de los niños, pero los adultos estaban todos castigados a dormir sobre el frio suelo hasta aprender la lección. Kieron y Robin dijeron que estaban de acuerdo con su decisión de darles un escarmiento a los hombres y que ellos pasarían las mismas penurias que ellos, ya que no veían justos disfrutar de su ayuda ellos dos solos y no el resto. Eran hombres rectos y honorables, eso se lo reconocía. Por eso accedió a llevarlos en su coche al pueblo y les dio dinero suficiente para comprar algunas cosas que necesitasen con más urgencia. Les señaló donde encontrar las tiendas y establecimientos que tendrían que visitar y se separaron delante de Granny´s. Les entregó un teléfono móvil con el que podrían localizarla por si la necesitaban y dejó que se fueran por su lado, entrando ella a la cafetería.
A los pocos minutos de que la familia Charming al completo llegase, Regina entró por la puerta saludando a la pelirroja con una brillante sonrisa que guardaba solo para ella. Rapunzel se levantó de su asiento y le dio un beso en la mejilla a la morena, quién lo aceptó con otra sonrisa, esta más dulce que la anterior, y le quitó a Daniel de los brazos para achucharlo delante de los atónitos clientes del local que nunca habían visto a Regina tan… tan… amorosa con nadie, lo cual solo conseguía acentuar la sonrisa divertida de Rapunzel.
Las expresiones anonadadas de la Salvadora y sus padres no tenían precio para ninguna de las dos, que se reían entre dientes al tomar de nuevo asiento.
El silencio en el local era solo roto por los balbuceos de los gemelos que, ajenos a todo, seguían en su mundo infantil mordiendo sus respectivos chupetes y jugando con los cabellos de ambas mujeres Mills. Fue Regina quien llamó la atención de Rubi, quién parecía haberse quedado congelada con la cafetera en la mano y la boca abierta de la impresión, para que le trajese su pedido de siempre: un café solo con azúcar. Eso pareció deshacer el encanto que había sumido en la inmovilidad a todo el mundo, pues todos se pusieron a murmurar el extraordinario comportamiento de la Reina Malvada con esa extraña muchacha pelirroja, y es que habían pasado casi dos años desde que se llevó a Rapunzel a vivir a su casa con ella tras el ataque que sufrió en el bosque, y nunca le dijeron a nadie que eran madre e hija ni tampoco la naturaleza de tal ataque, por lo que todos los que sabían que habían vivido juntas en la mansión de la morena pensaban que eran pareja desde entonces, rumor que no se habían molestado en callar pues les importaba bien poco lo que unos cuantos chismosos pensaran de ellas. El que durante ese tiempo nacieran los gemelos jugó en su favor, pues todos (las Hadas incluidas) pensaron que habían nacido de la magia del amor verdadero y eso significaba que realmente Regina había cambiado. Ellas simplemente se comportaban de manera normal, como lo habían hecho siempre, y se llamaban por sus nombres o por apodos cariñosos que de vez en cuando se les escapaban, pero nunca se llamaban "madre" o "hija" pues les divertía sobremanera las caras incrédulas de quienes las observaban. Incluso se permitían gestos cariñosos, como entrelazar las manos, cosa que habían hecho ante la familia Charming sin ningún pudor, o se dedicaban miradas tiernas.
...
Desayunaron tranquilamente, hablando de temas variados y superficiales a los que Rapunzel apenas prestó atención pues estaba centrada en sus hijos y en la cara desconcertada de Mary Margaret.
- No te preocupes querida. Lo peor es traerlos al mundo, luego ya se va haciendo más fácil. Sobre todo si tienes a alguien que te ayude. –miró tiernamente a Regina, quien le devolvió la sonrisa- Nosotras nos las arreglamos bien, y eso que tenemos dos bebés. Tú esperas solo uno y tienes a tu marido y tu hija para ayudarte, así como a las Hadas, a Rubi y la abuelita, y a muchos más que te echarán una mano encantadas. Nosotras también te ayudaremos, ¿verdad Gina?
Regina arrugó levemente la nariz al oírse mencionar, más por costumbre que por un verdadero motivo por el que no desear ayudar a Snow, pero dedicó una comprensiva sonrisa a su hijastra y asintió conforme. Habían aprendido a comportarse como "madrastra e hija" durante los últimos tiempos, aunque no lo recordaran, pero para ellas era normal esa extraña cercanía que sentían la una por la otra.
- Gracias Sharon –agradeció Mary Margaret, usando el nombre por el que había conocido a Rapunzel durante los 28 años de la maldición.
- Es un placer… Ahora, si me disculpáis, tengo que ir a cambiar a este par de diablillos…
- ¿Necesitas…?
- No Gina, siempre lo hago sola. Puedo con los dos. –Le dio un apretó en el hombro, diciéndole en silencio que se quedase con ellos y hablasen de aquello de lo que no podrían hablar estando ella delante, y mientras ella se ocuparía de los gemelos con tranquilidad. Los cogió a ambos, uno en cada brazo, y marchó a los baños seguida de Rubi que le llevaba el bolso con todas las cosas de los niños ya que ella no había podido cogerlo.
Una vez en los baños de mujeres Rubi sacó una mantita de lana de la bolsa y la puso sobre la encimera de mármol para poder tumbar en ella a Daniel para poder desvestirlo y cambiarle el pañal. Ella le iba pasando lo que Rapunzel necesitara en silencio, aún aturdida por lo que había pasado con la llegada de la Reina. Había ya terminado con Daniel y se disponía a hacer lo mismo con su hermanita cuando se le escapó una pregunta en voz baja que debería haber pensado y no murmurado.
- Yo creía que estabas colada por Kieron…
La pelirroja dejó escapar una risilla perversa entre dientes, similar a las risitas burlonas de Regina.
- Hay muchos tipos de amor, Rubs, y que conste que no digo que ame a tu Alfa.
Para remarcar sus palabras, la pequeña Cora hizo una pedorreta con la boca que formó pequeñas burbujas de baba en su boquita rosada. Su madre la limpió con una toallita húmeda limpia que Rubi le pasó, y luego le hizo una pedorreta a ella en la barriguita antes de vestirla, haciéndola reír estruendosamente. La camarera observaba a madre e hija con una sutil sonrisa fruto de tan adorable cuadro, pero aún confusa por esas palabras que le había dicho.
- ¿Entonces si estás con Regina, por qué no vives en la mansión con ella?
- Prefiere mantenernos ocultos hasta que descubra la identidad de la Bruja. No va a exponer a un solo ser querido ante un enemigo potencial sin sus recuerdos de todo un año. Y yo la entiendo. La última vez tuvo que dejarme atrás para ir a rescatar a Henry y destruir a Pan. Cuando regresaron la pobre estaba tan exhausta que durmió durante dos días sin despertarse con los llantos de los gemelos. La cabaña está oculta con magia, estamos protegidos allí y vivimos muy bien, aunque no lo parezca. –Mientras hablaba iba vistiendo a la niña y haciéndole carantoñas al mismo tiempo. Rubi notaba el amor que les tenía a sus niños, amor que compartía con Regina por ellos. Si ellas eran felices, y sus hijos eran tan amados, ¿quién era ella, o cualquiera, para decir que eso no era correcto?
- Te preocupa que el resto del pueblo rechace de nuevo a Regina por el pequeño inconveniente de tener hijos con otra mujer… -no era una pregunta.
- En el Bosque Encantado el Amor Verdadero era el Amor Verdadero y la gente lo aceptaba, aunque eso solo era entre la alta nobleza y la realeza, pues pocas veces se daba un caso de este tipo… pero entre el pueblo a veces era…
- … perseguido. Lo se, Rubi. Viví entre en el bosque, pero no era ninguna ermitaña. A Regina no le importa lo más mínimo lo que piensen de ella, o a mi, lo que no toleraríamos sería que intenten hacer daño o arrebatarnos a nuestros hijos. En tal caso si que correría la sangre, y Regina no sería la principal culpable, te lo aseguro.
.Regina.
Llevaron a Rapunzel a casa de los Charming para que pudiese acostar a los niños un rato, aprovechando que Mary Margaret tenía que descansar pues el embarazo la agotaba mucho, señal de que ya estaba próximo el "Gran Momento". Su maridito y su hija hablaban en un rincón en voz baja, ella se había subido a su habitación a echarse y Regina estaba preparando café y chocolate caliente con nata y canela en la pequeña cocina del apartamento. Los gemelos estaban durmiendo en un par de cunas que transportó desde la cabaña con un giro de muñeca, vigilados en todo momento por su madre. Esta parecía ausente, perdida en sus pensamientos mientras los arrullaba con una nana que la reina nunca le cantó, pero que le resultaba vagamente familiar. Llevó un café y un chocolate con nata y canela a los rubios y dejó que siguieran hablando a lo suyo, por su parte tomó su café y el chocolate de Rapunzel y fue a reunirse con ella, que seguía embobada mirando a los niños dormir.
- Un reino por tus pensamientos –le susurró a su espalda, consiguiendo sobresaltarla.
- ¿Cuál de todos? –preguntó sonriendo ausente.
- ¿En cual piensas?
- En Oz. –esa franca respuesta extrañó a la morena, que la miraba pacientemente mientras su hija ordenaba sus pensamientos. La condujo hasta el sofá del fondo de la habitación que estaba lo suficientemente lejos para poder hablar sin susurrar y sin que las escuchasen los demás.- ¿Sabes que el Gran Mago de Oz, Oz el Grande y Terrible… era un fraude? Era un humano sin una sola chispa de magia en su sangre. Había sido absorbido por un tornado y transportado allí desde Kansas. Desde "Este" mundo. Y en aquel entonces, Kansas era muy parecido a Texas…
- ¿A dónde quieres ir a parar, pequeña? –Regina tenía el ceño fruncido de intentar adivinar el hilo de los pensamientos de su hija.
- A que en Oz son unos retrógrados, misóginos y homófobos, todo eso mezclado con una tierra excesivamente coloreada y con algunas criaturas mágicas interesantes a la par que estresantes... y creo que podemos aprovecharnos de eso.
- Ya se lo que sintió Swan cuando se enteró de que la Bruja Mala del Oeste es real… -Regina se frotó un lado de la frente con dos dedos, simulando un repentino dolor de cabeza, haciendo reír a Rapunzel y que le diese un suave empujó con el hombro.
- De cualquier manera… mi plan aún tiene que pulirse un poco. Te lo contaré cuando esté segura de que es buena idea llevarlo a cabo, no te preocupes.
- Me da miedo todo lo que esa cabecita tuya pueda maquinar…
- Gracias. –sonrió Rapunzel, contenta de esas palabras que ella se tomó como un cumplido, ganándose una risilla divertida de Regina.
Estaban en esas, sonriendo y bromeando como dos chiquillas, cuando Emma y David se reunieron con ellas para anunciarles que tenían que salir a investigar de nuevo el despacho de Regina en busca de pistas que pudiesen serles útiles. David no quería dejar sola a su esposa, y Regina no veía la utilidad de volver al despacho cuando ella ya había buscado pistas la noche anterior, pero Emma le dijo que había buscado pistas mágicas, no físicas, que era lo que ella usaba para rastrear a los hombres para su oficina de fianzas. Tal vez hubiera algo que les sirviera… Rapunzel se ofreció para quedarse con Mary Margaret, así como con Henry cuando el muchacho regresara de su "excursión" con los enanos. Conformes, se marcharon todos en el coche de la alcaldesa en dirección al Ayuntamiento.
continuará muahaha... Espero vuestras opiniones!
