.Henry.
No entendía el extraño comportamiento de su madre y sus continuas mentiras, ni tampoco su manía de enviarlo con esos hombres tan extraños que le hablaban como si le conocieran de siempre y que siempre que Emma tenía que ir a alguna parte le pedía a alguien del pueblo que cuidase de él como si fuera un niño pequeño. ¡Ya tenía casi trece años! Y para su información ya era un caballero de nivel 26, así que podía cuidarse por si solo.
De nuevo encerrado en su habitación de ese extraño hostal, jugando a su psp y a punto de pasar de nivel, alguien llamó a la puerta. Como estaba solo, pensó que seguramente sería alguno de los amigos de su madre que iba a llevarlo de pesca otra vez, o tal vez esa atractiva camarera que trabajaba en la cafetería o… Al abrir la puerta se encontró con una mujer joven, tendría unos veinte años, pelirroja y de ojos verdes que le sonreía. Detrás de ella había un carrito con dos niños pequeños que balbuceaban y agitaban un par de sonajeros en sus manitas.
- ¿Puedo ayudarla en algo? ¿Es otra de las amigas de mi madre que viene a vigilar que no me meta en problemas? –preguntó un poco cansado de que le tratasen como a un niño pequeño. Él ya era mayor.
- Pues no. He venido a machacar a un caballero de nivel 26 –sonrió divertida ante su cara de sorpresa. – Emma me ha dicho que eres imbatible, y yo vengo a demostrar que no lo eres… ¿Podemos pasar?
Henry se apartó de la puerta, abriendo para dejar pasar a la mujer y a los niños. La ayudó a bajarlos del carrito y vio como les entregaba unos juguetes y los dejaba jugar sobre la alfombra.
- Bien, ahora que los niños están entretenidos, es hora de machacarte, chico. – Dijo ella con una enorme sonrisa, sacando su propia consola del bolso.
Empezaron a jugar los dos, sentados él en la cama con las piernas cruzadas al modo indio y ella en el suelo, cerca de los gemelos que jugaban tranquilamente en su pequeño mundo. De vez en cuando Henry apartaba la vista de la pantalla de su psp para mirar a esa extraña muchacha que había entrado en su habitación con dos niños. No era la primera vez que la veía, pero si la primera vez que hablaba con ella, y le sorprendía saber que los niños eran sus hijos. Pensaba que era la canguro de ellos dos también. Entre risas y burlas pasaron la tarde jugando con las maquinitas, parando solo para comer algo, ir al baño o atender a los pequeños. Lo cierto es que el chico se lo pasó bastante bien con la pelirroja. Era extraño, sentía como si la conociese de antes, pero no podría decir de que.
Se marchó cuando su madre regresó para llevarlo a cenar a Granny´s, prometiendo volver otro día para seguir jugando, o para llevarle a su cabaña del bosque. Lo cierto es que tenía ganas de pasar otro día con ella.
.Rapunzel.
Cuidar de su pequeño hermanastro fue bastante divertido. Pese a no tener sus recuerdos se convirtió en un chico maduro, inteligente y muy divertido. ¡Y muy bueno jugando a videojuegos! Cosa que a Regina es posible que no le hiciera especial ilusión pero al menos descubrió que le encantaban las matemáticas y que era muy bueno en literatura, claro que teniendo en cuenta quienes eran sus abuelos era algo lógico. Era un muchacho despierto que se daba cuenta de más cosas de las que debería, pero también era parte de su encanto.
Cuando Emma regresó a la habitación no pudo hacerle ninguna pregunta sobre como había ido la excursión por el bosque, pero solo con su ver su cara agotada supo que algo había ocurrido. Cogió a los niños y se los llevó de allí, y bien no se hubo cerrado la puerta a sus espaldas cuando se materializó en la mansión de Regina en su busca. La encontró allí, preparándose un aperitivo con el que recuperar las fuerzas tras el episodio vivido hacía un rato. Rapunzel la notó cansada, agotada mentalmente, por algo que habían descubierto. ¿Qué sería? Llevó a los niños al pequeño parque que Regina tenía en el salón y los dejó allí jugando mientras ella iba a interrogar a su madre. Ella le contó el episodio que había vivido David con su Doppelganger para enfrentarse a su miedo así como a la conclusión a la que había llegado. Rapunzel escuchaba las teorías de su madre con creciente tensión. Emma había seguido unas huellas que la llevaron hasta una granja vacía en las afueras del Bosque, en mitad de un enorme prado, y pensaban acudir todos allí en busca de respuestas, y con suerte, encontrarían allí a la bruja y podrían por fin poner punto y final a esta situación. Rapunzel sabía que si acudían a la guarida de la bruja, donde ella era fuerte, armados solo con una pistola, una espada rota y las bolas de fuego de su madre solo conseguirían salir escaldados, y tal vez heridos. Por supuesto, Regina le prohibió expresamente ir con ellos o dejar solos a los niños para seguirlos hasta la granja, pero ella sabía que no podría estar tranquila si no iba con ellos. Regina atajó sus ruegos colocando ambas manos sobre los hombros de su hija obligándola así a mirarla a los ojos.
- Rapunzel, quiero que te quedes en la cabaña con los niños y con Henry. Has estado cuidando hoy de tu hermano y por lo que parece le has caído bien. Necesito saber que estaréis bien los cuatro mientras yo me enfrento a esa Bruja…
- Chantaje emocional. Eso es sucio hasta para ti.
- Pero funciona, que es lo importante. –respondió ella con media sonrisa ladeada.
- Por desgracia, si. Mientras tanto, tengo intenciones de disfrutar de mi madre y de mis hijos… -llevó de la mano a Regina al salón donde jugaban los niños- ¿Sabes que se dice por el pueblo que somos amantes? –dijo la pelirroja con el tono de quien habla sobre el tiempo, provocando que su madre se atragantase con el trago de sidra que estaba tomando.
- ¿¡Que que?!
- Y yo he pensado que es una buena idea. –continuó la joven como si no hubiera sido interrumpida.
- ¡¿Qué!?
Los niños alzaron sus caritas y comenzaron a hacer pucheros, asustados por los gritos de la morena, quien aún tenía cara de estupefación. Regina tomó a Daniel en brazos e intentó calmarlo susurrándole palabras tranquilizadoras al oído, siendo imitada por Rapunzel que hacía lo mismo con Cora. Se sentaron una junto a la otra en el sofá de la Alcaldesa, con los niños aún sollozando en sus brazos. Rapunzel comenzó a tararear la nana que solía cantarles para dormir, y pareció funcionar como un hechizo, pues empezaron a calmarse de inmediato. Una vez todos se habían calmado un poco, Regina retomó la questión por donde se habían quedado.
- ¿Qué dices de que…? Por los Dioses… ¿Qué es eso de que seamos pareja, Rapunzel? –intentó preguntar en el tono más calmado que le fue posible, aunque su corazón latía desbocado.
- ¿Recuerdas el plan que se me ocurrió en casa de Mary Margaret la otra noche? – al recibir un asentimiento, continuó- Verás, como te dije, en Oz tienen fama de ser un poco…
- Si, ya se.
- Pues, mi idea era aprovecharme de ello. Casi todo el pueblo cree que somos pareja, por eso de vivir juntas y tener a los gemelos, que para colmo se parecen más a ti que a mi, y había pensado en "hacerlo oficial" con un pequeño hechizo que alterase los recuerdos de cualquiera que sepa la verdad, cambiándolos por "nuestra" verdad.
Regina miraba a su hija con las cejas alzadas por la sorpresa. Era un plan extraño, pero no podía negar que el pueblo pensaba que ellas eran pareja desde antes de que Peter Pan intentase maldecirlos y ella lo impidiese regresándolos a todos al Bosque Encantado un año antes. Las habían visto pasear por las calles cogidas de la mano, sabían que se había mudado a su mansión y que poco después había quedado embaraza. Se dedicaban muestras de cariño en público, y como Rapunzel decía, los gemelos se parecían más a la morena que a su propia madre. A Regina nunca le había importado lo que pensaran en el pueblo, pero la niña tenía razón al decir que en Oz eran todo eso y más. Si la Bruja Mala del Oeste se había criado allí, no era extraño pensar que una relación homosexual le repulsaría tanto que tal vez se descubriese a sí misma en un descuido.
- Después de todo, nosotras tampoco es que hayamos intentado rebatir ese rumor, ni tampoco nos hemos comportado como madre e hija en público. Hasta Rubi me ha dicho alguna que otra vez que huelo a ti, como cuando una pareja comparte –ejem- intimidad…
Dichas palabras sorprendieron y divirtieron a la morena a partes iguales, terminando de convencerla de que la idea de su hija era una buena idea.
- ¿Has pensado en el hechizo que quieres lanzar, y desde donde?
- Por supuesto. Ya lo tengo preparado, solo quería saber tu opinión. De lanzarlo, pensé que la torre del Reloj sería lo más apropiado, por estar en el centro del pueblo…
- Estoy de acuerdo.
- ¿De verdad?
- Por supuesto.
- ¿Vamos ahora? Cuanto antes se haga oficial, antes nos aseguraremos de que no obligue a Rumpelstiltskin a decirle la verdad, y nuestro hechizo sea inútil.
- Perfecto. Vamos a la cabaña a dejar a los niños y a por tu hechizo..
Ignorando el carrito de los gemelos y dejándolo olvidado en la casa de la Alcaldesa, las dos mujeres se aparecieron en la cabaña del bosque, cada una con un niño dormido en brazos que dejaron a salvo en sus cunas, recuperaron el hechizo del cajón de la mesita de la habitación de la pelirroja y se marcharon a la Torre del Reloj para cambiar los recuerdos de todo un pueblo a su favor.
Jajajajaja que? Raro eh? Como reaccionaran en el pueblo? Que hará Zelena? Le dirá Rumpel la verdad? Es más, al estar loco, le afectará el hechizo de Rapunzel y Regina?
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