Holo n.n
Disculpen la tardanza, es que estuve de viaje y no sentía inspiración alguna :C Espero que hallan pasado una Feliz Navidad y empezado el año bien.
Muchísimas gracias por sus reviews, de verdad me alegra que les guste :D Y algo que me olvide de comentarles sobre el capítulo anterior, es que es un resumen de los 7 años previos a la historia que estoy relatando.
Sin mas, los dejo con el segundo capítulo de la historia, que los disfruten :3
Capitulo 2: Malestar
Mikasa se encontraba en su habitación, la cual se ubicaba a dos habitaciones de Eren. Despertó temprano, como era su costumbre, y se dispuso a vestirse con su uniforme de siempre, lista para prestar su servicio. Salió de su habitación para repetir lo de todas las mañanas.
-Arriba Eren, hoy nos toca a nosotros recorrer el cuartel- Golpeaba la puerta, intentando vanamente causarle a Eren molestias para despertar.
Más de una noche se habrían escabullido para dormir juntos, sobretodo en el frío invierno, donde el calor del otro era lo que más les gustaba. En esos momentos, despertarlo era mucho más sencillo, ya que con solo destaparlo era suficiente para que dé un brinco de la cama. Pero ese no era el caso, aún faltaban un par de meses para empezar el invierno, y ellos lo esperaban con ansias.
La temperatura era poco usual. El calor era agobiante.
Mikasa volvió a su habitación, y buscó en uno de los cajones de su mesita de noche un boleto, el cual le permitía entrar al comedor para desayunar. Sintió un sutil mareo al incorporarse bruscamente, el calor era tan pesado que la hacía perder noción de sus movimientos.
Ya volviendo en sí, se dirigió nuevamente al cuarto de Eren, al cual entro sin pedir permiso. Se sentó en la cama, junto al castaño que dormía plácidamente, y le tapó la nariz con las manos. Segundos más tarde, Eren la fulminaba con la mirada, aún con la cabeza apoyada de lleno en la almohada.
-¿Era muy necesario despertarme de esa forma?- Le preguntó, mientras intentaba salir del revoltijo de sábanas que el mismo había creado durante la noche. –Podrías ser más tierna.
Ella se acercó a él y deposito un suave beso en sus labios. –Vístete, o nos perderemos el desayuno.
Nuevamente la atacó un mareo, justo en el momento en el que sus rostros se alejaban.
Se apartó de la cama, desorientada, y al impactar, se sostuvo de una silla, que gracias al desorden del cuarto, se encontraba a no más de medio metro. Disimuló su malestar diciendo que debería ser más ordenado, ya que resbaló al pisar una camisa usada que se encontraba en el suelo. La recogió con una expresión de molestia en el rostro, y la dejó sobre la cama, mientras esperaba que Eren terminara de cambiarse en el baño.
Una vez ya vestido, el castaño buscó su boleto dentro de su cajón, y juntos bajaron hacia la cocina.
Había pocas personas en el comedor, aún era temprano y la mayoría de los soldados estaba apenas despertando. Mikasa y Eren entraron presentando su boleto, y se sentaron en una mesa no muy lejos de la puerta, ya que con el calor era mejor estar junto a una corriente de aire.
Al poner la comida en la mesa, Mikasa la miró con recelo, no parecía tan apetecible como solía.
Empalideció, y miró a Eren por unos segundos, antes de salir disparada hacia su habitación, tropezando con algunos soldados recién despiertos, y el Cabo, quién la siguió con la mirada en completo silencio.
Detrás de ella, corría Eren, esquivando a quienes ella había empujado, e ignorando al Cabo, quien permanecía en la misma postura, siguiéndolos con la mirada.
Al entrar a la habitación, presenció el momento exacto en el que ella se agachaba frente la taza del retrete y dejaba salir algo de lo que había cenado en el. Se acercó, acariciándole la espalda, y se hincó a su lado.
-¿Te sientes bien?
-Me he sentido mal toda la mañana, el calor me tiene a mal traer.- Logró decir ella, antes de volver a asomarse al retrete, apretando su estomago con fuerza.
A Eren no le quedó más remedio que quedarse junto a ella por un rato, haciéndola sentir que estaría a su lado sin importar que le pasara.
Luego de unos minutos, le llevó un vaso con agua fresca.
-Deberías ir a la enfermería.- Dijo él, ofreciéndole el vaso, al tiempo que tomaba su mano.
-No, es solo un golpe de calor. No es época para las altas temperaturas.
-¿Estás segura que es solo eso?
-Sí, no me he sentido mal durante la semana, es solo hoy.- Se llevó el vaso a los labios y lo vació de un par de tragos.- Estaré bien por la tarde.
-De acuerdo… - La ayudó a levantarse, sosteniéndola con delicadeza. –Déjame cuidarte por el resto del día.
Y así lo hizo, aunque después de ese pequeño episodio de vómito, solo lo secundaron algunos mareos durante la tarde mientras recorrían todo el cuartel, controlando que todo estuviera en orden.
Esa noche, después de que Eren insistiera incansablemente, Mikasa durmió junto a él. Ninguno de los dos descansó bien, el calor era insoportable, y la cama era demasiado chica como para que ambos pudieran dormir estirados por completo, aunque nada se comparaba con el dormir el uno junto al otro.
La mañana siguiente fue igual, Mikasa sentía repentinos mareos y en cuanto sintió el aroma del desayuno, escapó corriendo al baño. No solo eso, sino que casi no tocó la comida porque ésta le producía nauseas.
Al cabo de una semana, ambos estaban desorientados, algo no estaba bien, era evidente que necesitaban ayuda, y no precisamente de Armin, a quién le comentaron brevemente los síntomas.
Eren insistía una y otra vez con ir a la enfermería, pero Mikasa se negaba con total frialdad.
-Estoy bien, no te preocupes.- Decía cada vez que se le presentaba la oportunidad.
Pasó otra semana, y los síntomas seguían presentes, de modo que ella sintió la necesidad de consultar con un doctor. Se dirigió hacia la enfermería, donde fue asistida por una de las enfermeras de la legión.
Los exámenes que le hicieron fueron extensos, desde mirarle la garganta hasta exámenes de sangre, todo en busca de la causa de su malestar.
-Señorita, ¿Es usted activa sexualmente?- Preguntó la doctora, quien tenía frascos con sustancias de colores en su interior.- Si es así, el diagnóstico está confirmado.
Para la hora del almuerzo, Mikasa ya tenía la respuesta a sus repentinos síntomas.
Buscó a Eren en el comedor. Estaba ahí, en una mesa junto a la puerta, donde la brisa lo mantenía fresco.
Ella se sentó frente a él, mientras contenía las ganas de vomitar que azotaban su estómago.
-Mikasa, ¿Tienes nauseas otra vez? – Dijo Eren, dejando la cuchara con la que estaba comiendo.
Ella asintió suavemente con la cabeza, con la mirada baja, como si estuviera avergonzada.
-¿Quieres ir al baño?
Ella negó con la cabeza, aún con la mirada baja.
-Mikasa, ¿Quieres decirme que tienes? – Preguntó Eren, ya preocupado por las actitudes de su compañera.
-¿Podemos ir a tu habitación? Pero primero acaba tu comida.
Sin pensarlo previamente, él se levantó de su silla, y, tomando a la pelinegra de la mano, la acompañó hasta su habitación.
Ambos se sentaron al borde de la cama. Eren tomó las manos de Mikasa entre las suyas, y buscó su mirada entre los negros cabellos que cubrían sus ojos.
Repentinamente, los ojos grises de la chica solo tenían un punto fijo, los ojos esmeraldas de la persona con la que se encontraba.
-Mikasa, ¿Qué tienes?
-Eren… Llevo ocho semanas de embarazo.- Soltó ella, dejando al castaño perplejo.
