Perdóoooooooooooooon D: Perdón, perdón, perdón por tardar u.u Es que la inspiración no llegaba y tuve que inventarla u.u

Personalmente, me gustó como quedó este capítulo a pesar de que la inspiración la saqué de donde no tenía n.n El final me entusiasmó mucho.

Muchas gracias por sus reviews, realmente me alientan a seguir :'3 Por favor vuelvan a dejarlos al final de éste capítulo *-*

Sin más que decir, les dejo el capítulo tres de mi historia :3

Aclaración: Al momento de entrar en flashback, la letra estará en cursiva, al igual que los pensamientos de Eren. Una vez que la letra vuelva a la normalidad, el flashback y los pensamientos habrán acabado.


Capítulo 3: Promesa de verano.

Eren se quedó en silencio durante unos minutos. La noticia era algo difícil de digerir.

-Estás bromeando, ¿Verdad?

Mikasa negó con la cabeza. Por supuesto que no era una broma. Podría bromear con cualquier cosa, pero no con un embarazo.

-¿Crees que soy capaz de bromar con eso, después de todo?

-Pues, no.

El silencio volvió a reinar en la habitación, los minutos parecían eternos, mientras Mikasa, avergonzada de sí misma se escondía bajo la bufanda que tanto apreciaba.

De repente, Eren se levantó, serio, y se dirigió a la puerta. Mikasa intentó detenerlo, pero parecía enfurecido.

-No vamos a tener ese bebé.

-¿De qué estás hablando?- Mikasa dio un paso hacia atrás.

-No lo vamos a tener, yo no voy a tener hijos.

Y diciendo esto, Eren salió de la habitación, dejando a Mikasa con un nudo en el estómago, y otro en el corazón. Se sentó en la cama nuevamente, intentando procesar todo lo que había pasado.

-Ya lo habíamos acordado, sabíamos que esto pasaría. De todas formas, no lo hubiéramos logrado. ¿Por qué justo ahora? ¿Por qué a mí? Pero él dice que no quiere ser padre…- Sintió como una lágrima le caía por la mejilla. Pero era algo que no entendía. No estaba planeado, pero no lo mataría, era parte de ella. -Y ahora, ¿Qué?-

Se tiró de espaldas, y abrazó su almohada fuertemente. Cerró los ojos, y dejó que las lágrimas cayeran una tras otra, hasta que el sueño, producto de la angustia, se la llevara consigo.

Por su lado, Eren se había encerrado en su habitación, enojado con Mikasa, enojado con él mismo, enojado con los titanes, con su madre, con la vida.

Tomó su cara entre sus manos, mientras recordaba aquél día, el día en el que juntos habían hecho una promesa.

Flashback.

Estaban sentados a la orilla de un río, tal como cuando eran pequeños. El paisaje, muy parecido al que solían ver en sus días de juego. Ellos, totalmente cambiados.

Era verano. La suave brisa del río acariciaba sus rostros, mientras ellos miraban el horizonte, tomados de la mano. Mikasa apreciaba las aguas fluir, mientras Eren miraba las murallas a lo lejos. El silencio reinaba, hacía días que la tranquilidad se había apoderado del cuartel.

Eren decidió romper con eso.

-No me gusta esta quietud.

-¿Por qué no? Quisiera que fuera así siempre.

-Es igual a la tranquilidad que antecede a la tormenta. En cualquier momento, un titán entrará en los muros, y no estaremos preparados para ello.

En ese momento, la paz de Mikasa fue perturbada por el pensamiento de Eren, era cierto, como aquél día de su infancia. Nadie lo esperaba, nada ocurrió sino hasta que Armin mencionó la posibilidad.

Suspiraron al unísono, y el silencio volvió a apoderarse de la escena.

-¿En qué estás pensando?-Soltó Eren luego de unos minutos.

Mikasa se sonrojó levemente.

-En nuestro futuro.

-"Nuestro"

-Sí, nuestro. Tuyo, mío y de nuestros hijos.- La pelinegra recargó su cuerpo en el de Eren.

-¿Hijos?- Hizo una pausa antes de continuar. –No Mikasa, no tendremos hijos. No hasta acabar con los titanes. No quiero traer a un bebé a un mundo lleno de peligros, donde lo más probable es que uno de sus padres muera en batalla. Primero aseguraré un futuro, y luego, si ninguno de los dos ha muerto, tendremos a nuestros hijos.

-¿Me prometes que lo lograremos?- Preguntó ella, sabiendo que no lo lograrían. No por falta de voluntad, sino porque si los titanes no habían sido derrotados en 100 años, nada le garantizaba que Eren y ella lograran hacerlo.

-Lo prometo.

Sellaron la promesa con un dulce beso, segundos antes de que un grito eufórico los sobresaltara.

-¡Eren, Mikasa, los titanes invadieron las murallas otra vez!

El grito sobresaltó a Eren, que vuelto en sí, notó como las lágrimas secas tiraban de su rostro. Por primera vez, después de mucho tiempo, tenía miedo. No miedo de perder a Mikasa, no miedo de ser golpeado por el cabo, miedo por él, miedo por su hijo.

Pasó la noche en vela, recordando una y otra vez la promesa, la cara de Mikasa al darle la noticia y al ver su reacción. Estaba decidido a evitar a ese bebé a como dé lugar. No tendría un bebé para ponerlo en peligro, para exponerlo a la muerte, a este mundo que es tan cruel.

No expondría a Mikasa al riesgo que supone un embarazo en plena guerra. Pero sobre todo, no la expondría a estar débil frente al mayor de los peligros.

La noche pasó, y al día siguiente, evitó a Mikasa en todo momento. No la miró, no la saludó, ni siquiera se detuvo a ver si se encontraba en el mismo lugar que él, Eren solo se ocupó de ignorarla. Su cabeza estaba hecha un lío, y verla solo empeoraría las cosas.

Así pasó otro día, y luego otro, y al cabo del tercer día, se decidió a ver a Mikasa.

En el comedor, durante el almuerzo, la vió. Estaba más pálida que de costumbre, tenía ojeras, y no apartaba la mirada de su plato de comida, que aún estaba lleno.

Eren no soportó ver eso, por lo que se levantó de su mesa, y se encerró nuevamente en su habitación.

Este extraño comportamiento, ya había sido detectado por todos, pero sobre todo, por la persona que mejor los conocía de todo el cuartel, Armin.

Armin siguió a Eren hasta su habitación, y lo detuvo antes de que cerrara la puerta.

-¿Qué les ocurre a Mikasa y a ti?

-Nada, déjame solo.

Armin enarcó una ceja y entró pacíficamente a la habitación.

-¿Discutieron?

-No exactamente. Siéntate.- Y ambos procedieron a sentarse en el sillón. –Mikasa está embarazada, y todo es mi culpa.

-¿Estás hablando por esa promesa que hicieron aquel día?

Eren se sorprendió, y levantó la mirada.

-¿C-Cómo lo sabes?

-Mikasa me lo dijo.

Eren soltó un pesado suspiro y se llevó ambas manos a la cara.

-¿Qué debo hacer ahora? No quiero deshacerme de ése bebé, tampoco quiero tenerlo para que sufra en este mundo…

-Si mi pareja me dijera que estamos embarazados, aún si no fue buscado, o no es el momento, no la abandonaría por nada del mundo. Me aseguraría de brindarle apoyo, de protegerla, pero por sobre todo, de brindarle una familia a mi hijo. -Diciendo esto, el rubio se levantó y palmeó el hombro de su amigo. –Piénsalo bien, Eren, no todos tenemos tu suerte. –Y se retiró, dejando al castaño solo, siendo atormentado por sus pensamientos.

Lo pensó durante toda la tarde, y una hora antes de la cena, su mente solo repetía una frase: "Me aseguraría de brindarle apoyo, de protegerla, pero por sobre todo, de brindarle una familia a mi hijo."

Decidido, se dirigió con seguridad hasta la habitación de Mikasa.

Cuando tuvo la puerta frente a él, su mente volvió a ser un lío.

Dile que la amas, y que la apoyaras. Ya no hay marcha atrás Eren, el bebé está en camino, y es tu culpa. No la abandones ahora, sabes que le harás daño. "Piénsalo bien, Eren, no todos tenemos tu suerte"…

Abrió la puerta, miró a Mikasa, que se encontraba sentada en la cama, y antes de que pudiera pensar que iba a decirle, soltó lo que menos esperaba.

-Cásate conmigo.