Hola...
Primero que nada, perdón por todo el tiempo que estuve sin escribir, les fallé...
Es que ando en muchos problemas con mi familia, ando castigada todo el tiempo, me puse de novia y ahora tengo muchas más cosas por hacer y pensar.
También estoy en un proyecto de fan-doblaje con una amiga, y eso me consume mucho tiempo. En resumen, no encontraba la inspiración, como ya es costumbre, y tampoco el tiempo.
Volviendo al tema del fiction, tengo muchas ideas, pero no llego a escribirlas todas, por lo que muchas quedan en el aire.
Sé que este es un capítulo corto, pero no pude escribir más, tengo una familia algo demandante. No soy la madre, pero eso parezco, entre mis hermanitas y mis padres... Mucho no puedo hacer. Pero eso no importa, son problemas personales x_x
Basta, Miki, esto no es un diario íntimo D: *Se auto-golpea*
Como sea, mil disculpas a mis lectores por fallarles, prometo no volver a dejar pasar tanto tiempo. ¡Los quiero!
Por favor dejen reviews y díganme si a la historia le falta algo, romance, drama, acción... Ustedes díganme, yo veo como adaptarlo a la historia.
Sin más que decir, (Ya se me hizo muy largo), los dejo con el capítulo número siete de esta historia que tanto esperaban.
Capítulo 7: Una nueva lucha.
-Mikasa, vamos Mikasa, tengo que irme.
-Vete.
-Oh, vamos Mikasa. Sabes que no volveré por unos días.
-Ya, lo siento.- Dijo ella mientras se incorporaba.
Era de madrugada. Los caballos ya estaban ensillados, todo empacado, los soldados uniformados, y sus familias despidiéndose.
-No quiero que vallas, ¿Y si ya no regresas?
-Regresaré, lo prometo. Además, tengo que cuidarte a ti y a los niños.
Un pequeño Eren corrió a abrazar a su padre, el cual correspondió con mucho cariño.
-¿Volverás?
-No te dejaría por nada del mundo. Ni a ti ni a tus hermanos.
Una pequeña Mikasa se asomó por detrás de su madre.
-Son lo más valioso que tengo, y no planeo dejarlos jamás. Cada vez que me valla, volveré. ¿De acuerdo?
Ambos niños asintieron. Eren se acercó a Mikasa y depositó un dulce beso en sus labios.
-Se lo prometiste a los niños. Debes volver con vida.
-Lo haré.- Soltó él con los ojos húmedos. Se agachó un poco, y saludó con un pequeño besito el vientre de Mikasa. –No le hagas nada a tu madre, ¿De acuerdo?
Ambos niños miraban la escena entre empujones y pucheros.
-¡Todos a los caballos!- Se oyó decir al nuevo comandante.
Y así partió Eren, dejando a su familia atrás. Miró hacia un lado, y allí estaba el amigo de su infancia, acompañándolo como lo hacía siempre.
-¿Listo, Armin?
-Totalmente.
Al abrir la puerta para que pasen los caballos, el paisaje era desolador. Ya no había plantas, ya no había nada. La lucha con los titanes había destruido por completo el exterior de las murallas. Avanzaron hasta un punto específico donde comenzaron la formación habitual. Se adentraron en el ahora triste bosque de árboles gigantes, donde, una vez más, las tropas fueron traicionadas.
El ya conocido rayo previo a la aparición de titan los tomó por sorpresa.
Voltearon en plan de lucha, y utilizaron el plan dos. Eren tenía prohibidas sus transformaciones a no ser que su comandante se lo ordenara, por lo que siguió a sus compañeros, intentando escapar del titan que no podían vencer. Una copia casi idéntica al titan acorazado, que los pisaba y pateaba, buscando a alguien específico, la llave de la humanidad, la esperanza que había 'traicionado' a los de su sangre. Luego de correr estratégicamente durante un tiempo, y viendo que no lograba llegar a su objetivo, el titan se regresó a la entrada del bosque.
Entre vítores y risotadas por parte de los soldados, Eren reconoció un ruido familiar.
La muralla había vuelto a caer.
-Mikasa… ¡Niños!- Eren y Armin galopaban junto a los demás soldados. Los titanes habían entrado al pueblo una vez más.
Cuando llegaron, ya era demasiado tarde. La mitad del pueblo se hallaba destruido, pocas personas quedaban con vida, y la mayoría de los titanes seguía en pié. Eren se dirigió a su casa, donde encontró una pila de escombros. Mikasa yacía muerta en el piso, con el pequeño Eren tomado de la mano. La pequeña Mikasa estaba llorando a su lado, y al ver a su papá, se acercó a él.
-Mamá intentó cuidarnos, pero el monstruo la atacó. ¡Y no pudo correr porque mi hermanito no se lo permitió!
Un titan común apareció detrás de ellos, y de una sola pisada, eliminó a la pequeña.
Eren, sobresaltado, abrió los ojos. Estaba sudado casi por completo. Miró a su lado, y allí estaba Mikasa, observándolo con preocupación.
-Estás llorando.
-Tuve una pesadilla. Mikasa, teníamos una hermosa familia, vivíamos felices. Pero los titanes me buscaban aún, entonces-…
Su relato fue interrumpido por un estruendo, seguido de las conocidas campanadas que notificaban que algo no estaba bien.
-¡Los titanes han entrado!- Gritaba el pastor del pueblo. -¡Pídanle a Dios que nos salve!
Y la mirada de ambos enamorados se enfocaron en la del otro, mientras sus manos se encontraban, temblando, sobre el bebé que hacía ya 6 meses se encontraba en el vientre de Mikasa.
