Gente bonita, perdón por haber tardado TAAAANTO tiempo en subir el capítulo nuevo.

No voy a excusarme de manera estúpida cuando la verdad estuve siendo irresponsable con respecto a esto. De todas formas voy a comentar el porqué dejé pasar tanto tiempo, y es que estaba teniendo problemas familiares, luego tiraron mi casa abajo, no tuve internet, más problmas familiares, corazón roto, y demases.

Un último comentario; este capítulo está basado en un one shot que escribí hace ya casi un año. El final es completamente diferente al que se ve en el capítulo. Voy a subir también la historia original como un "final alternativo".

Ya sin retenerlos más, los dejo con el capítulo.

Dejen reviews por favor, y si tienen dudas, las aclaro en el próximo capítulo, que prometo será publicado con menos tiempo de espera.

Capítulo 8: Inconsciente.

-¡Eren, mocoso de mierda, sal de una buena vez!

Levi se encontraba fuera del cuartel, motivando a su equipo a luchar contra las ya conocidas bestias. La muralla Maria había sido violada por primera vez desde que Eren logró tapar el hoyo, y eso era algo inquietante.

-Mikasa, ya sabes qué hacer. Si sientes dolores, corre a la enfermería; no corriendo, ya sabes…lo más rápido que puedas pero sin caer. Cuidado con lo que comes, descansa lo suficiente, y si el bebé se inquieta solo debes cantarle un poco… ¿Qué estás haciendo?

-¿Piensas que te permitiré ir sin mi?

-Podría sucederte algo. Por favor, Mikasa, quédate. Si no lo haces por mí, al menos hazlo por él…

-De todas formas lo haré.- Dijo ella, comenzando a colocarse los arneses alrededor del cuerpo.

-Escúchame, aunque sea una vez.- Soltó él, sonando igual que su madre; mientras tomaba el equipo de su compañera y lo ocultaba.

-Dámelo.

-¡Eren, o bajas o te rompo el culo a patadas!

-Debo ir, o en serio subirá.- El castaño besó la mejilla de la chica, y a continuación bajó hasta su vientre, donde depositó otro de sus besos. –Cuídalo. Prometo volver con vida.

Y así, se marchó montado a su caballo.

Mikasa, asomada por la ventana de su habitación, repetía una y otra vez las palabras que le habían sido dichas.

"Prometo volver con vida."

La última vez que lo dejó pelear por su cuenta acabó muerto, y no permitiría que eso sucediera ahora.

Con dificultad, se agachó y buscó bajo la cama, ahí estaba su equipo de repuesto. Se cubrió con la capa y se coló a caballo detrás del grupo que galopaba para alejarse, siendo indetectada por sus superiores.

Las primeras horas de cabalgata fueron tan inquietantes para Eren como puede imaginarse, su cabeza no paraba de pensar en su joven familia, la que acababa de dejar atrás. Pensó que tal vez así se había sentido su padre cada vez que tuvo que irse de casa para ayudar a sus pacientes, cada una de las veces que él recordaba. Se imaginaba, por algún motivo, a Mikasa llorando una vez más, pero esta vez por un daño irreparable. No se lo permitió más. Levantó la mirada tan decididamente como siempre lo hacía, o aún con más decisión. Esta vez había prometido volver con vida, y era exactamente lo que iba a hacer.

Al llegar a la escena de la destrucción, las imágenes de su madre siendo devorada por un titán lo azotaron justo donde más le dolía, y consumido por la ira apuntó con su equipo de maniobras directamente en la nuca de una de las bestias, y la asesinó de un solo tajo. Estos años había mejorado bastante, jamás llegaría a igualar a Mikasa, pero se le acercaba.

Se le unió su mejor amigo, quien también había mejorado, para degollar un titán al unísono. Los segundos pasaban, y la lucha se intensificaba todavía más; titanes degollados en su estado de vaporización, cuerpos humanos chorreando sangre, extremidades mutiladas de cada uno de ellos, todo en una escena donde la crueldad reinaba de manera autónoma.

Repentinamente se oyó un estruendo ensordecedor. Los soldados, horrorizados veían como las construcciones caían una tras otra sobre quienes estaban cerca.

Por primera vez durante años, Mikasa temió por su vida, y por la de su hijo. No era realmente necesario ir, Eren ya podía cuidarse solo, más ahora que tendría que cuidar a un bebé propio. Su galope fue interrumpido por una casa que cayó justo delante de su caballo, haciéndola caer de espalda al suelo.

Aturdida por el golpe, supo de todas formas reconocer el segundo estruendo. Eren había mordido su mano.

Un titán lo observaba todo, parado a unos metros de ella. El resto, mientras tanto, se encontraban cobrando las vidas de los arriesgados soldados, quienes hasta último momento presentaban lucha. Eren decapitaba uno a uno los titanes que tenía a su alrededor.

Por un momento, el tiempo se detuvo cuando notó que la gigantesca mano se acercaba hacia ella. Con dificultad, y siendo azotada por un mareo, Mikasa logró escapar hacia un techo.

El titán buscó con la mirada durante unos segundos, hasta que divisó a la hinchada joven. Sin dudarlo, se abalanzó hacia ella, quien en un intento por escapar enganchó la punta de su capa, dejando su cara al descubierto, llena de pánico, sintiendo cómo su bebé se inquietaba más a cada segundo.

El titán la tomó entre sus manos, comenzando a ejercer presión sobre ella. Un grito desgarrador salió de su garganta, seguido por un grito de auxilio.

-¡Eren, ayúdame!

Vió su vida pasar frente a sus ojos; estar con su madre, la muerte de su padre, el momento en el que dejó de sentir frío gracias a la bufanda que ya tenía dueño…la ruptura del muro, la muerte de Carla, su entrenamiento como soldado, su primera misión, su primer beso, Eren…y su hijo.

"¡Lucha! Si pierdes, mueres. Si ganas, vives… ¡Tienes que luchar!"

Eren la había oído, y corría a su auxilio, sin pensar en nada más que en ella.

El titán apretó con fuerza.

Mikasa sintió como algo dentro de ella se rompía, empalideciendo al sentir la sangre correr. Cayó al suelo, sin poder moverse. Un dolor agudo la punzaba. Pudo ver, en sus últimos segundos de conciencia, a Eren aniquilar de manera brutal a la bestia que había tomado su cuerpo.