Lo prometido es deuda. Y por si me lo preguntan, sí, me encanta hacerlos sufrir(?

Dejen sus reviews, gente bonita; me encanta leerlos, es tan gratificante...

Capítulo 9: Momento de Oscuridad.

-¿Eren?

El castaño se encontraba sentado a su lado, sosteniendo una de sus manos, la cual colgaba de la camilla; sus ojos esmeraldas se encontraban rojos e hinchados, como si hubiera llorado por horas.

-¿Qué hiciste, Mikasa…?

La azabache tocó su vientre, que yacía quieto.

-¿Qué sucedió?

-Llegamos hace media hora; un titán te aplastó y… -En ese momento, sus ojos se humedecieron a tal punto que dos lágrimas cayeron.- y…

-¿El bebé está bien?

Eren apretó su mano, y ya entregado a la desesperación se dejó caer hacia adelante, pegando su frente a la camilla y humedeciendo las sábanas con sus lágrimas.

-Eren, por favor dime que nuestro hijo está bien. ¡Dime que está bien!

-No lo está, Mikasa. Lo mataste. Te arriesgaste cuando no debías hacerlo. ¡Te dije que te quedaras!

La desesperación se apoderó de la escena, gritos, llantos, lamentos que se calmaron únicamente cuando ambos comenzaron a ahogarse con sus lágrimas.

-No quería arriesgarme a perderte ahora…

-Eso hubiera preferido.

El ojiverde se acercó al vientre de la chica, y dejó un beso de despedida sobre él, amargo, húmedo; no quería decirle adiós.

-No lo deseaba al principio, pero… fue lo mejor que me pasó después de ti. Lo amo tanto…

La puerta se abrió lentamente, y Armin se asomó, tan cabizbajo como ellos.

-¿Puedo pasar?

Ambos asintieron casi al mismo tiempo. Mikasa se incorporó con dificultad, y casi como si lo hubieran planeado, Eren se sentó a su lado sobre la camilla, recargando ambos sus espaldas sobre la pared. Armin tomó asiento en la silla que Eren acababa de dejar, junto a ellos.

-Chicos, si puedo ayudarlos…

-No, Armin, ya no hay nada que hacer. Luego ed esto no quiero volver a intentarlo. Mi vida como madre acabó sin siquiera empezar.

-Lo lamento mucho.- Se detuvo unos segundos.- Con permiso, Mikasa…

El ojiazul acercó la mano hacia la parte más hinchada del cuerpo de ella, y dejó su mano en ese lugar.

-Es la primera vez que tengo oportunidad de hablarte, y lamento que sea en estas condiciones, pero, ¿sabes?, haré que tus padres salgan adelante después de esto; veremos el mal de sal, y estarás con nosotros cuando lo hagamos, en nuestros corazones. Pequeñín, o pequeñina… te quiero.

Las palabras que le dedicó Armin al bebé lograron que las lágrimas vuelvan a surgir de los ojos de todos.

Eren llevó su mano también a ese sector, y agregó, con voz partida:

-Estarás siempre con nosotros.

El silencio se apoderó de la escena, reinando en ella por tres, cuatro, cinco minutos.

Repentinamente, las miradas de Eren y Armin se encontraron, sorprendidas.

-Chicos, ¿Sintieron eso?- Preguntó Mikasa con igual cantidad de asombro en sus ojos.

-¿Eso fue un…?- Eren levantó su mano, para encontrar debajo de ella un perfecto piecito dibujado en la estirada piel de la azabache.

Su amigo miraba con asombro aquella sombrita que lentamente se iba borrando, para volver a quedar en completa quietud.

-Creo que esa fue su despedida, Armin. Él o ella también te quería.

-Quema.

-Tu cuerpo está queriendo eliminarlo, le pasa a muchas mujeres, Mikasa.- Fue la explicación científica del rubio.

-No, Armin, quema; y mucho. ¡Mierda!

Y con la expresión de dolor de dolor de la pelinegra, una gotita de esperanza se divisó en los ojos esmeraldas de su pareja, quien acercó su rostro al lugar donde yacía su bebé, y depositó un besito fresco, al tiempo que agregaba:

-Se está regenerando, conozco este calor. Mi pequeño titán…no quemes a tu madre.

-¿Está vivo?- Preguntó Armin con sorpresa.

-Tan vivo como nosotros, Armin. –Le respondió Eren con una sonrisa en el rostro, mientras las lágrimas volvían a salírsele, esta vez de pura felicidad.- Nuestro hijo verá el mar…