¡Hola!
Perdón por subir el capítulo tan tarde; he tenido grandes asuntos personales que atender.
Gracias Lucy por forzarme a subir este capítulo, sin vos esto no hubiese sido posible(?)

Capítulo 11: Vida por vida.

Apenas había corrido el tiempo desde aquel maravilloso momento en el cual su mundo se volvió pacífico y saludable para Eren y su familia. Apenas dos semanas de paz, en las cuales los días volaron como si poco les importara el disfrute y el bienestar de la familia.

Una noche fría como las que solo pueden sentirse a pleno invierno azotaba el interior de las murallas. El viento obligaba a los árboles a danzar a su compás, y a las ventanas chirriar con su paso al colarse por entre las rendijas. Mikasa dormía plácidamente tumbada sobre su lado derecho, abrazando con ambos brazos al castaño, quien se encontraba abrazado a su tibio vientre.

Unos sutiles rayos de sol lograban asomarse por el horizonte, cuando Eren despertó con una incomodidad poco usual. Antes de que pudiera siquiera besar la pancita que frente a él se encontraba, unos tenues pero desesperados golpes en la puerta lo sacaron de la cama. Al abrir la puerta, un Armin con el uniforme casi completo lo miró con un destello indescifrable poco común en sus ojos.

-¿Qué Sucede? Apenas aclara…

-Annie no está.

-¿Qué? ¿No estaba bajo resguardo de los Guardias?

-De alguna manera logró irse. Debemos irnos ya, antes de que pueda irse más lejos.

-Mierda Armin, ¿Y qué le digo a Mikasa?

-Busca la manera de que se quede, esconde sus equipos, no lo sé. Tienes quince minutos.

Habiendo dicho eso, el rubio corrió a su cuarto para terminar de arreglarse, dejando a su amigo parado en el umbral de la puerta.

De manera inmediata, el castaño se adentró en el cuarto y cerró la puerta tras de sí. Comenzó a buscar su uniforme, y ya habiéndose vestido con lo básico, se dedicó a garabatear una hoja que tenía en su mesita de noche, donde anotaban los nombres que les parecían bonitos para su bebé. Al finalizar la escritura depositó nuevamente el papel en la mesita, y se dedicó a colocarse los arneses, su equipo de maniobras y finalmente su chaqueta. Guardó en un pequeño bolso las cuchillas y el repuesto de gas de Mikasa, quien obviamente no lo necesitaría, y quien se encontraría mucho mejor sin ellos.

Los pasos de varios soldados se oían en el pasillo, y junto a ellos los golpes de la puerta que sonaban tan desesperados como antes.

Se supo entonces que era tiempo de irse. Se acercó tan silenciosamente como pudo a la cama donde su mujer se encontraba, y se despidió con un cálido beso en su mejilla; al cual Mikasa respondió con una mueca parecida a una sonrisa.

-Te amo.

Justo en el instante en el que abrió la puerta con su bolso en la mano, nada más ni nada menos que Jean era arrastrado por Armin, con un aspecto que dejaba mucho que desear si se tenía en cuenta el momento.

-Déjalo pasar, Eren.

El castaño prohibió su paso bloqueando el camino con un brazo.

-¿Por qué lo dejaría entrar al cuarto donde está mi esposa durmiendo?

-Porque alguien debe quedarse a cuidarla, él no está en condiciones de salir en este momento, y tú eres una ficha importante en la estrategia.

Un bufido salió de la boca de Eren mientras bajaba la mano y permitía a Jean adentrarse en su cuarto.

-Como le pongas una mano encima, te aplastaré.- Bajó la mirada unos segundos, para luego ver al más alto a los ojos. –Cuídala bien, por favor. Es todo lo que tengo.

Jean asintió, y sin más preámbulos, el rubio arrastró a su amigo consigo, dejando a Jean y Mikasa atrás, sin saber qué podría llegar a suceder.

Minutos más tarde, Eren ya se encontraba sobre su caballo luego de haber dejado su pequeño bolso dentro de una de las carrozas de carga. Armin a su lado apoyaba una mano sobre su hombro, mientras un conjunto de sentimientos colisionaba en el pecho de ambos.

Jean, por su parte, observaba como la tropa se dirigía hacia la puerta, mientras la ahora mujer de uno de sus compañeros descansaba con total paz; esperando el momento en el que esta se rompiera.

Unas cuatro o cinco horas pasaron hasta que Mikasa abrió los ojos con pesadez, al éstos ser acariciados por la luz de sol que llenaba por completo la habitación. Con una suave sonrisa se desperezó y acarició su vientre.

-Buendía bebé. Tu padre debe haberse ido a entrenar.

Aún con la sonrisa en el rostro, la muchacha se levantó de la cama y caminó hasta el baño, donde tomó una ducha cálida para aliviar el frío y relajar el cuerpo que cada mañana amanecía más entumecido gracias a las extrañas posiciones que debía adoptar por su hijo no nato. Al salir del baño, con su ropa de civil puesta, miró el reloj y le resultó extraño que Eren no la buscase para comer como lo hacía todos los días, más lo tomó como algo que podía suceder, y se dirigió a la mesita de noche para anotar un nombre que había cruzado su mente.

Al tomar la nota, sus ojos se abrieron de par en par al leer lo que Eren había escrito.

"Annie escapó, estaré en su búsqueda. Lo siento mucho. Te amo."

Una presión anormal logró sacar una mueca de dolor en el rostro de la azabache. Miró su vientre, que cada cierta cantidad de minutos se contraía haciéndola sufrir.

Tomó un abrigo y justo en el instante en el que otra contracción la amargaba, Jean abrió la puerta con un plato de comida en la mano. De manera automática, él se acercó a Mikasa y la ayudó a tomar asiento en la cama.

-Eren me dejó a cargo, estoy fuera de la misión. Escúchame, Mikasa, debes quedarte tranquila; si te alteras, también lo hará el bebé y producirá las contracciones.

-No puedo dejarlo ir. Jean, acompáñame a buscarlo.

Otra contracción la hizo cerrar los ojos con fuerza, mientras una lágrima se escapaba de uno de ellos.

-Mikasa, si no te calmas, las contracciones inducirán un parto temprano. Acabo de hablar con la enfermera, debes quedarte tranquila. Te prometo que Eren volverá con vida.