Disclaimer— Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, son de la gran J. K. Rowling. El diseño y adaptación de los personajes me pertenece, al igual que algunos personajes de la historia.


Mayo de 1977

Aquella era una noche fría y tormentosa, algo inusual de aquellas cálidas y soleadas fechas en las que la primavera se encontraba en su máximo esplendor. Una hermosa mujer de piel pálida y cabellos castaños miraba la lluvia caer y arreciar con más de mil pensamientos en la mente y una expresión melancólica en el rostro bastante inusual en ella.

Aquellos pensamientos fueron interrumpidos por la molesta sensación de vomitar, haciendo que inhalara y exhalara molesta para calmarlas y evitar que lo poco que hubiese consumido en la cena saliera de su estomago. Habían pasado ya varias semanas en las que sufría de aquella molesta sensación, además de que en ocasiones tenía antojos y luego de haberlos saciado se encontraba queriendo vomitar todo, y demás malestares que conllevaba la situación en la que se encontraba.

Aquello era bastante molesto, ya que en diversas ocasiones no podía realizar las torturas de la misma forma de siempre, habiendo recibido varios regaños ya por parte del Señor Tenebroso.

La bruja, cuyo nombre era Bellatrix Lestrange, comenzaba a cansar de todo eso, teniendo la posición y el respeto que con esfuerzo había adquirido dentro del selecto grupo de mortífagos fieles a Lord Voldemort, no podía permitirse fallar en las misiones que le encomendara. Aunque para su desgracia tendría que soportar durante aproximadamente siete meses más aquella situación; semanas atrás, su madre había tomado la decisión de llevar a un medimago a la mansión Lestrange para aclarar la razón de las molestias que sentía su primogénita.

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Abril de 1977

Felicidades, madame Lestrange —El medimago dio el diagnostico con cautela, atento al rostro de Bellatrix—. Esta usted embarazada.

Una expresión de enojo, con toques casi imperceptibles de confusión y desesperación apareció en el rostro de la joven mujer de cabellos castaños.

¡¿Está usted seguro?! —Exclamó Bellatrix, tratando de no perder el control—. ¡Tiene que haber un error!

Aquella reacción era bastante normal en Bellatrix, por lo que las personas con las que convivía normalmente ya estaban acostumbradas a presenciarla, pero el medimago retrocedió asustado. —Lamento decirle que no miento, madame Lestrange, usted tiene aproximadamente un mes de embarazo.

La cara de Bellatrix palideció, estaba a punto de lanzar una maldición cuando su madre, quien había permanecido callada todo ese tiempo habló.

Bella, querida, por favor tranquilízate —El tono de voz que su madre empleó fue dulce, y después dirigiéndose al medimago añadió— Gracias por venir, lo acompaño a la puerta.

El medimago salió de la habitación con Druella, dejando a Bellatrix sola en aquella habitación. Su mente comenzó a torturarla, aquel nuevo ser dentro de ella le traería problemas.

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A cada día que pasaba la incomodidad crecía, empezando porque no podía sacarse aquello de la cabeza debido a que todo alrededor de ella se empeñaba en recordárselo, especialmente su hermana.

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Un día después de la visita del medimago, Narcissa Malfoy, hermana menor de Bellatrix, le realizó una de sus ya habituales visitas; y tras varias formalidades, respuestas cortantes y una larga batalla en la mente de Bellatrix, decidió confiar en su hermana.

¿Te encuentras bien? —Cuestionó Narcissa preocupada, al ver a su hermana actuando de forma diferente, se le veía distraída—. Lucius me dijo que últimamente te habías sentido mal...

Bellatrix la miró, pero no fue una mirada fría como las que le dedicaba normalmente, sino que fue una mirada desesperada, de esas que decían todo sin necesidad de palabras. Bellatrix necesitaba alguien en quien confiar.

¿Si te cuento algo juras no decírselo a nadie?

Te lo juro, Bella —fue la respuesta de Narcissa ante la mirada suplicante de su hermana.

Ayer vino un medimago a revisarme —El tono de las palabras de Bellatrix era asustado, y miro hacia los lados, temerosa de que alguien ajeno a la conversación los oyera—, y dijo que estoy embarazada.

Una expresión de sorpresa apareció en el rostro de Narcissa, la cual tardo unos cuantos minutos en responder.

— ¿Estás hablando enserio?

No hizo falta una respuesta por parte de Bellatrix, pues su mirada lo decía todo.

—Narcissa, necesito ayuda.

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Ese día se la pasaron hablando durante horas, siendo interrumpidas solamente cuando Narcissa tuvo que volver a la mansión Malfoy. Aunque después de aquella conversación, Narcissa volvía a visitar a su hermana siempre que podía y su hermana no estuviese ocupada realizando sus ya comunes misiones para el Señor Tenebroso. A Narcissa le molestaba eso, ya que temía por la salud de su hermana, mas sabía que no ganaría nada bueno en decírselo, así que mejor prefería no decirle nada.

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Cuando el mes de diciembre llegó y el fin del otoño estaba cada vez más próximo, el clima comenzó a tornarse más frío de lo que había sido en años anteriores. Según los cálculos que ambas hermanas llevaban, el bebé de la mayor nacería al llegar el invierno, tal vez antes, tal vez después.

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21 de diciembre de 1977

Los días pasaron, y los sentimientos comenzaban a volverse más intensos, especialmente el miedo. Aquella noche Bellatrix dio a luz, justo al inicio del invierno, con ayuda de su madre y su hermana, quienes estuvieron junto a ella en todo momento.

Narcissa fue la primera persona en ver a la hermosa niña, su cabello era negro, sus ojos cafés y piel pálida. Luego de un momento, en el que se encargó de limpiar a la recién nacida y protegerla de aquel intenso frío con una manta, se acercó a Bellatrix para que la conociera.

—Aléjala —Bellatrix miró a su hermana duramente, mientras luchaba por no caer en la inconsciencia—. Llévatela, no quiero verla.

—Hazlo —la voz de su madre impidió a Narcissa replicar—. Ella tiene sus razones.

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Aquella noche la pequeña quedó al cuidado de Narcissa, quien se aseguró todo estuviera en orden y de que no le faltara nada.

Casi al llegar la media noche Lucius Malfoy apareció en las cercanías de la mansión Lestrange, el día anterior había recibido una lechuza por parte de Narcissa informándole que volvería ese día, por lo que al notar que no regresaba decidió ir en su búsqueda, siendo recibido por un inusualmente alegre Rodolphus.

— Lucius —saludó el dueño de aquella mansión al verlo—, supongo que ya te has enterado de que…

— ¿Dónde está Narcissa? —Cuestionó el recién llegado fríamente, ignorando las palabras de Rodolphus.

—Bellatrix dio a luz —comenzó explicando Rodolphus—, Narcissa está cuidando a la niña en estos momentos.

—Tan poco le importa su propia hija que ni siquiera la cuida ella misma —Murmuró Lucius.

—Bellatrix quedó inconsciente después del parto —defendió Rodolphus inconscientemente—, Druella la ha estado cuidando.

—Iré a ver a Narcissa.

Ambos mortífagos caminaron por la mansión, en dirección a la habitación donde se encontraba Narcissa, en donde la encontraron meciendo a la niña en brazos, velando sus sueños.

— ¿Pasaras la noche aquí? —Preguntó Lucius, en cuanto Rodolphus los dejó solos.

—Bellatrix aún no despierta y mi madre está cuidándola, no quiero dejar a la niña sola —Narcissa suspiró luego de aquella corta explicación— Lamento no haber podido avisarte, prometo estar de vuelta pasado mañana.

—No hay problema —repuso Lucius, para después despedirse de ella y volver a la mansión Malfoy.

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Bellatrix normalmente se mostraba como una persona fuerte, capaz de torturar a alguien de la manera más cruel por el simple hecho de estar aburrida; pero al verla dormir se podía apreciar perfectamente su lado vulnerable, totalmente opuesto al que mostraba normalmente.

Narcissa esperaba pacientemente a que su hermana despertara, tenía a la recién nacida en sus brazos, con la esperanza de que las palabras de su hermana fueran solamente producto del cansancio por tan agorador día. Bellatrix despertó poco después de dadas las diez de la mañana, y aclaró su garganta en un sutil intento de atraer la atención de su hermana, quien para ese momento se encontraba mirando por la ventana.

—Llamaré a un elfo domestico para que te traiga el desayuno —propuso Narcissa en modo de saludo, a la vez que esbozaba una pequeña pero tranquilizadora sonrisa.

Bellatrix asintió, y en su rostro podía apreciarse un poco de nerviosismo.

— ¿Puedo verla? —Preguntó Bellatrix con miedo a que su hermana no accediera debido a sus palabras del día anterior.

Narcissa se acercó a ella y colocó a la niña en brazos de su hermana, quien la tomó con suma delicadeza, como si tuviera miedo de que se rompiera en caso de sostenerla con más fuerza.

—Es muy bonita —tartamudeó Bellatrix mientras observaba a la pequeña con adoración, maravillándose de lo hermosa y tierna que se veía, aún con varias dudas respecto a ella.

«Es increíble como una niña tan linda pueda nacer de alguien tan malvado», pensó Bellatrix sin apartar la mirada de su hija; no se arrepentía de ninguna de las cosas que había hecho en el pasado, y mucho menos de las que haría en el futuro, pero esperaba su hija tuviese la oportunidad de elegir.

— ¿Ya has pensado en cómo vas a llamarla? —Preguntó Narcissa interrumpiendo los pensamientos de su hermana, quien tardo un momento para responder.

—Alice. Se llamará Alice.