Disclaimer: Naruto no me pertenece, es propiedad de Masashi Kishimoto. La imagen de portada es de delicateblood titulada 'Hush'. Lo único mío, es la historia.
Advertencia: Van a amar al GaaSaku, si ya lo hacen, lo van a amar más.
Notas al final
Detrimento
Capítulo 2: Mentirosa
—Vamos a comenzar con un entrenamiento sencillo Sasuke—explicó Kakashi a su pupilo—Las cosas se irán complicando a medida que domines todo lo que voy a enseñarte hoy.
—¿Y qué estamos esperando? —Contestó él de mala gana, aunque totalmente dispuesto a cumplir el entrenamiento de su maestro—empecemos ya.
—Antes que nada Sasuke, quiero que sepas que este entrenamiento es principalmente para aumentar tu velocidad, y así será por estos días hasta que crea que estás listo para la técnica que voy a enseñarte.
Siempre le habían exasperado las explicaciones sin sentido que las personas solían hacer antes de algo importante. No sabía porque simplemente Kakashi no se callaba y empezaba con el entrenamiento.
—Sí, si, lo que digas—dijo sin prestarle verdaderamente atención
—Este niño.
Lo primero en la práctica era perfeccionar la fuerza en sus brazos y piernas, para que pudieran aguntar movimientos bruscos y la intensidad de sus golpes que aumentaba a medida que su velocidad también lo hacía. Para eso, en la cima de una montaña, ambos portadores del Sharingan iniciaron un duelo de solo golpes, patadas y esquivadas.
Sasuke tenía un ritmo muy lento a comparación de Kakashi, quien en todo momento se había mostrado provocador ante los intentos -la mayoría fallidos- del menor de los Uchiha por propinarle un golpe. Los jutsus estaban prohibidos por el momento, pero Sasuke creía que ni siquiera teniendo esa posibilidad habría oportunidad de darle.
Además de que en la cima de una montaña no era un lugar que apto para este tipo de combates, la altura y los alrededores no le beneficiaban en nada, pero bueno, un ninja debía de estar acostumbrado a pelear en todo tipo de terreno.
Pasaron días de ese entrenamiento, semanas incluso y su velocidad tanto como su taijutsu había mejorado considerablemente. La verdad estaba sorprendido de lo buen maestro que podía llegar a ser Kakashi. La mayoría de las veces lo veía como un farsante, pero en momentos como ese notaba que podía enseñar bien, claro que no lo admitiría.
Cuando terminó de vendar sus manos, Kakashi le llamó.
—Bien Sasuke, ahora creo que estás listo para la técnica.
—Estaba empezando a creer que no me la enseñarías jamás.
—Esta técnica es uno de mis mejores jutsus y quería que estuvieras muy bien preparado para tener el honor de utilizarla, eso es todo—dijo sacando uno de sus pequeños libritos —Ahora, quiero que entiendas una cosa.
—¿Qué es?
—Esta técnica es una de las primeras que aprendí y aunque al principio lo hice para ser más fuerte, después comprendí que debía darle un buen uso.
Sasuke lo miró sin comprender. ¿Para qué se quería una buena técnica? Pues para ser más fuerte ¿no?
—Promete que protegerás a Naruto y Sakura con ella.
El joven Uchiha, confuso con la repentina introducción de sus compañeros, contestó afirmativamente y de manera bastante sencilla.
—Dilo bien Sasuke.
El Uchiha suspiró resignado—Prometo proteger a Sakura y Naruto con este jutsu, ¿feliz?
…
Se había levantado con ganas de ver a Sasuke y a Lee. Después de todo, fueron ellos quienes las motivaron a salir adelante para sí misma. Y también quienes con sus esfuerzos por protegerla quedaron malheridos.
El sello que Orochimaru le dejó a Sasuke se había esparcido por todo su cuerpo en unas extrañas marcas negras que lo dejaron muy agotado. En cuanto a Lee, él había tenido una feroz batalla con ese chico de la aldea de la arena, el mismo chico que le daba tanto temor.
La batalla entre Gaara y Lee fue realmente sorprendente. Ella por supuesto animó con todo lo que pudo a su amigo de cejas enormes. Pero cada vez que decidía dar un gran grito de ánimo, el pelirrojo la veía como si ella estuviese traicionando a alguien.
No quería pensar nada más sobre ese chico. En este momento su única preocupación era encontrar la manera de serle útil a Naruto y Sasuke ahora que tenían su batalla final contra poderosos oponentes. Por eso, primero pasaría por la florería a comprar un par de narcisos y ya después pensaría que hacer.
Fue un poco molesto tener que soportar la presencia de Ino –aunque considerando que la florería era de su familia, tenía que haberlo previsto–, quien fastidiosamente le insinuaba que Sasuke no se encontraba más en el hospital.
—Esta es para Lee—la pelirrosa mostró el narciso—El otro debió de haberse marchitado.
La expresión de la rubia cambió a una más relajada. Sabía que su ex mejor amiga había tenido muchos problemas que enfrentar y Lee fue un importante apoyo para ella.
—Supongo que sí—la rubia envolvió la flor y sonrió a la de ojos verdes—Salúdalo de mi parte.
—Por supuesto.
Era extraño mantener conversaciones con la rubia sin tener que retarse o declararse en guerra por el amor de Sasuke. Pero sus momentos donde peleaba y chillaba por el Uchiha quería dejarlos atrás. Ahora él, y todos los demás verían lo madura que se volvería y entonces irremediablemente Sasuke le pedirá ser su esposa. Claro, solo en sus sueños.
El hospital no quedaba muy lejos de la florería Yamanaka. Llevaba un tiempo perfecto y tal vez podría empezar a preparar píldoras del soldado para esa misma mañana. No planeaba quedarse mucho tiempo con Lee. Solo quería saludarlo y darle ese hermoso narciso, desearle que se mejore y darle mucho apoyo.
En menos de lo que se imaginó ya estaba frente al hospital. Se adentró en el gran edificio pero no logró ver a nadie. Directamente pasó al escritorio de recepción notando el pequeño cartel de "salimos a comer" que estaba sobre el mismo. Se le hizo extraño que casualmente nadie se quedara a vigilar o hacer guardia, pero no comprendía muy bien cómo funcionaban los horarios de los trabajadores y enfermeros así que no le tomó demasiada importancia.
Mientras tomaba la pluma para poner su nombre en la lista de visitas, tuvo una extraña sensación, como si alguien la observara. A pesar de que no había nadie en esa sala, los escalofríos que ya se habían hecho comunes para ella empezaron a recorrer su espina dorsal. Una vez terminó de escribir su nombre, revisó con fingida calma el lugar para confirmar que efectivamente no había nadie. Talvez ya se estaba volviendo paranoica.
Tomó el narciso entre sus manos y caminó hasta la habitación de Lee. Se sabía el camino de memoria así que no espero más para irlo a visitar. Repentinamente le dieron muchas ganas de salir huyendo de ese lugar y los vellos de sus brazos se habían erizado.
El ambiente se sentía bastante frio, esta vez dudaba que todo fuera producto de su cabeza, podía jurar que alguien la estaba observando. Sin embargo no detuvo su paso, avanzó hasta llegar a la habitación correspondiente de Lee, sintiéndose un poco mejor al contemplarla de lejos.
Apenas puso un pie dentro, cerró la puerta y suspiró. Estaba un poco decepcionada de que Lee siguiera durmiendo, necesitaba escuchar la voz de una persona dentro de ese hospital, ya que desde que llegó, todo estaba tan silencioso, tan inquietante. No sabía exactamente qué era lo que pasaba. Convenientemente todo coincidía con la hora de comida de los empleados. Acomodó el narciso en un florero remplazando el viejo por el nuevo y dedicó a Lee unas palabras que prefería habérselas dicho en persona.
No quiso quedarse por mucho tiempo, así que cuando estaba por cruzar la esquina de la cama para llegar a la puerta, ésta se abrió repentinamente. Decir que se sorprendió era muy poco. La persona que estaba ante sus ojos era la que menos quería ver en ese momento.
Su cuerpo comenzó a temblar de manera irremediable, pero trató de controlarse.
—¡Tu! ¿Qué haces aquí? —dijo exaltada.
Gaara la miró, igual que un depredador cuando encuentra a su alimento. Ella sintió ganas de gritar, evidentemente estaba acorralada y eso la asustaba.
Durante su encuentro en el bosque de la muerte, estaba llena de confianza y creía que por lo menos podía escapar unos instantes y distraerlo. Pero ahora estaban solos en una habitación, con un Lee inconsciente y muchas personas heridas a su alrededor. Era evidente que la ventaja la gozaba él. Trató de no mostrarse intimidada, pero era tan difícil.
—¿Qué es lo que quieres?
Gaara la observaba fríamente. Él había llegado a ese lugar con el objetivo de acabar con ese horrible ninja que era amado por su mentor. No soportaba actos de amor, mucho menos si se trataba de un contrincante. Aunque en esta vida para él, todos eran contrincantes.
Sakura recientemente se había convertido en un objetivo para él, pero no uno serio. Más bien, era su presencia la que quería desaparecer por el simple hecho de no comprender a personas como ella, los que dicen amar. La oportunidad era perfecta.
—El número de personas que me fastidian en este lugar aumenta día con día.
Sakura lo miró sin moverse ni un poco, ya había comenzado a sudar.
—Talvez debería matarlos a todos—continuó en pelirrojo.
La inexpresión en el rostro del pelirrojo hacía toda la situación incluso más aterradora. Cada palabra que él decía era una proyección de un futuro cierto.
—Nadie en esta aldea te ha hecho nada—dijo ella armándose de valor, enfrentándolo—Ni pretendemos hacerlo, a menos que tú mismo lo provoques.
La pelirrosa no pudo elegir peores palabras para decirle a él, y eso lo comprobó cuando lo tuvo a solo centímetros de distancia con la arena cubriendo todo su cuerpo a excepción de la cara. Sus palabras habían encendido una mecha dentro de él. Gaara jamás se propuso provocar nada, ni antes, ni ahora. Todo siempre había sido tan injusto para él.
—¡¿Qué yo lo provoque?! —exclamó él con el ceño fruncido y los dientes apretados a nada de demostrar verdadera ira—¡¿Qué yo lo provoque?!
Ella palideció dándose cuenta de su error y recriminándose mentalmente.
—¡En todo este tiempo yo no he provocado nada!
Con ambas manos tomó el rostro de ella pero sin hacer verdadera presión, solo conteniéndolo de ambas mejillas, igual a alguien que intenta hacerte comprender desesperadamente algo, pero sin encontrar las palabras para decirlo.
—En todo este tiempo… ellos me provocaban a mí—Gaara cada vez bajaba más el volumen de su voz haciéndola tétrica, y con una expresión dura e implacable.
—No sé de qué estás hablando—contestó Sakura temerosa de arruinar las cosas de nuevo.
Gaara no pudo evitar recordar todas esas cosas que le atormentaban. Los niños en el parque mientras el desesperadamente intentaba simpatizarles. La mirada dura de su padre cuando él le sonreía tratando de tener un momento de padre e hijo, como lo hacían Kankuro y Temari, pero siendo rechazado cruelmente. Los ojos de su tío, que siempre había creído que eran sinceros, que lo amaba de verdad, para después darse cuenta de que todo era una mentira. El amor era una mentira.
—Lo sabes bien, porque tú eres como ellos—dijo él, recordando aquella ocasión en la que la tenía a su merced— Dices amar, pero también eres una mentirosa ¡Eres una mentirosa!
El ataque de ira hizo que la arena apretara un poco a la pelirrosa lo suficiente para que el dolor recorriera su cuerpo. El quejido no se hizo esperar.
—¡Basta! —dijo adolorida.
—¡Mientes!, ¡Tú no puedes amar a Uchiha Sasuke, porque él es como yo!—la arena volvió a apretar el cuerpo de la pelirrosa y ella grito aún más fuerte—¡Las personas como yo no podemos ser amadas!
Entonces volvió a recordar las miradas. Los ojos de los niños asustados. Los ojos llenos de odio de su padre. Los ojos de desconfianza de sus hermanos. Los ojos de ira del maestro de aquel que había ido a matar. Los ojos de Uchiha Sasuke tan iguales a los suyos y por último, los ojos de ella. Tan verdes, tan llenos de falsedad. Porque eso era ella, así como Yashamaru, una persona que fingía amar.
—Yo no estoy fingiendo nada—la arena apretaba tanto su cuerpo que le costaba hablar—No tengo que darte explicaciones sobre mis sentimientos por Sasuke, ni tampoco debería de interesarte.
Furioso apretó aún más la arena, tan duro que un hilo de sangre empezó a escurrir por la boca de la pelirrosa. Gaara le dedico una mirada totalmente diferente, una mirada psicótica y perversa. Retiró sus manos de las mejillas de la pelirrosa y se las llevó a su cabeza. Ahí estaba de nuevo, aquel sentimiento que le pedía la sangre de esa mujer, pero no solo eso, algo dentro de él quería descubrir algo más, quería ver más allá de lo que se le permitía.
Algo tenía esa chica que le hacía querer comprobar si lo que decía era verdad. Antes nunca habría dudado en despedazar a un oponente, pero a ella no la podía ver como tal. Sus ojos no reflejaban peligro alguno, es más, ofrecían todo lo contrario. Su apariencia, su tipo de presencia, incluso ahora que sangraba y temía por su vida, incapaz de hacer nada al respecto, no podía percibir en ella algo parecido a sus propios deseos de matar.
Talvez era por ser débil, o porque sabía que él era evidentemente mucho mejor que ella, ya que sin importar lo que hiciera no tenía opción más que morir en sus manos.
Quería saberlo, quería saber todo sobre esa criatura. Para así poder destrozarla sin duda alguna.
—A mi madre le gusta la sangre—se acercó a la cara de la pelirrosa, quien tenía los parpados apretados por la asfixia—Espero que la tuya sepa bien.
Acto seguido lamió el mentón de la pelirrosa, desde donde caían las gotas de sangre hasta el inicio de sus labios, en donde retiró su lengua momentos antes de tocarlos. La asfixia en la pelirrosa había sido suficiente para quitarle el sentido y hacer que se desmayara, eso era mejor para él, al menos así nadie notaria su salida.
…
—¡Oye, esta es la habitación del cejotas ¿verdad Shikamaru?!
Naruto entró corriendo a la habitación, donde solo se encontraba Rock Lee.
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TBC
Hola ¿Cómo ven el nuevo capítulo? Ese Gaara es un loquillo, ¿que no ha visto la sexy cara de Sasuke?, obviamente todos lo amamos. Bueno, Gaara está como que quiere matar y como que no, ya saben que él era muy inestable en su adolescencia. Muchísimas gracias por leer, y nos encontraremos pronto.
—SM
