Corrupto
Capítulo 2 : Inseguros
Naruto miró el periódico sin poder creerlo aún. Lo sabía desde hacia un par de horas, pero ver su nombre en la lista de candidatos que habían pasado las elecciones preliminares era surreal. Había pasado de los últimos puestos al top cinco en un par de meses. Sasuke Uchiha seguía disgustándole pero tenía que admitir que era bueno en lo que hacía.
Las últimas semanas habían sido agotadoras. Giras por todo el país, conferencias de prensa, entrevistas en shows matutinos, sesiones fotográficas, en fin mucha publicidad y poca política. No le gustaba mucho la manera que Uchiha manejaba su agenda, sentía que se había alejado de sus ideales políticos, pero sí lo nombrasen Hokage regresaría a ellos, a ese punto ya no tendría ningún compromiso con Uchiha.
Había sido una verdadera bendición que Hinata lo hubiese acompañado en toda la campaña. De hecho, tenerla a su lado era parte de la estrategia política. Uchiha había dicho que a los votantes les gusta un candidato con el que puedan simpatizar y no hay nada que le guste más al público que un presidente que promueva los valores familiares. Él y su esposa eran el perfecto ejemplo de cómo un Hokage y la Primera Dama debían parecer.
Sí tan sólo su relación fuese todo sonrisas como para las tantas portadas de revista que habían posado. En privado, su matrimonio se estaba derrumbando. Las extenuantes horas que pasaban viajando, las largas jornadas que trabajaban en su promoción, la falta de momentos en la intimidad ya estaban comenzando a poner tensión entre ellos, y por supuesto la nube gris que colgaba sobre sus cabezas cada segundo de cada hora: que al final de la campaña ella tendría que acostarse con Uchiha.
Entre los tres, a través de abogados, habían firmado el acuerdo. Sasuke Uchiha ofrecería sus servicios a Naruto Uzumaki bajo la condición de que sí éste resultaba electo como Hokage, Hinata Uzumaki pasaría una noche con él.
Cuando Naruto firmó el contrato sintió que había entregado su alma al diablo, y estuvo tan cerca de soltar la pluma y destrozar el documento. Pero la mirada de apoyo incondicional que le dedicó su esposa lo animó a seguir. Sí ella estaba de acuerdo con esto, ¿por qué él no?.
Además, cierta parte de él, un pequeño monstruo egoísta y sediento de poder, salió a flote. Él quería ser Hokage, él lo merecía. Se había esforzado tanto para llegar a ese punto.
Aún así odiaba la idea de tener que compartirla. Hinata había dicho que sería sólo su cuerpo, pero todo de ella le era precioso y preciado. Creciendo huérfano nunca tuvo algo a lo que llamar suyo. No tuvo familia, ni hogar; las ropas que vestía tampoco eran suyas –pertenecían al orfanato-; en la cama en la que dormía habían dormido muchos otros niños y durmieron más después de su partida. Y así continuó su vida, sin nada que en realidad le perteneciese.
Hasta que llegó ella. Hinata le fue devota desde el momento que lo conoció, a pesar de que él no lo supo en ese entonces. El trabajaba medio tiempo atendiendo mesas en un pequeño restaurante de ramen, el dinero que ganaba ahí le ayudaba a pagar sus cuentas universitarias.
La primera vez que la vio le pareció una de esas chicas snob que se creen más que el resto por tener dinero y una privilegiada posición social. Esta impresión la había basado en que ella había sido incapaz de hacer su pedido cuando él lo preguntó y una de sus amigas tuvo que pedir por ella. Muy buena para hablar con un pobretón, pensó en aquel entonces.
Pero la chica regresó todas las semanas de ese verano al restaurante y él aprendió a verla con ojos diferentes. Era bondadosa, siempre ordenaba dos platos de ramen: uno para ella y otro para el indigente que transitaba aquella calle. Era dulce, sonreía a los niños pequeños y ayudaba a las personas mayores al sostenerles la puerta. Y tampoco le importaba 'el status social', muchas veces venía acompañada de un pelinegro y un castaño que por como vestían y hablaban no pertenecían a su mismo círculo social.
Más tarde cuando la conoció a nivel personal, descubrió que era extremadamente tímida. Que aquella vez no lo había ignorado por desdén, sino por vergüenza. También descubrió que desde ese día, él le había gustado y que esa era su razón por la cual frecuentaba el establecimiento con tanta regularidad.
Cuando ella abandonó toda su vida por estar con él, Naruto supo que jamás encontraría una mujer que lo amase más que ella, y también supo que él nunca sería merecedor de tanto amor, pero prometió que nunca haría algo para perderla. Hinata había sido la primera cosa que pudo llamar propia. Entonces, ¿cómo había puesto su relación en un riesgo así?
Pero ya no había vuelta atrás. Habían dos posibles escenarios: se convertía en Hokage y ella pasaba una noche con Uchiha; perdía las elecciones, pero Hinata seguiría siendo suya. Se repetía que con cualquier resultado saldría ganador, pero entonces ¿por qué se inclinaba más por el primero?
Quizás era porque una parte suya le decía que Hinata jamás podría enamorarse de un tipo como Sasuke, así que era imposible perderla a él. Para ser alguien que creció con una familia y todas las comodidades del mundo a sus pies, era un hombre frío. A Naruto no le sorprendería que fuese incapaz de amar, no con la manera que trataba a sus subordinados, o a él. Hinata ya había huido de un hombre así, su padre, no había manera que caería por el Uchiha.
Pero a la vez, Sasuke podría ofrecerle la vida de lujos a la que ella había renunciado. Hinata no era superficial o materialista, pero ella había crecido conociendo esas comodidades y considerándolas normales. Incluso aunque se convirtiese en Hokage, jamás sería poseedor de una fortuna como la de los Uchiha. Y lo que más le causaba inseguridad es que ella también estaba consciente de ese hecho.
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Odiaba admitirlo pero era fácil trabajar con Uzumaki. El rubio tenía la historia perfecta: huérfano superado que quiere acabar con las inequidades de Konoha. Las masas lo amaban. La única razón por la que él no se había destacado antes como candidato era por su falta de recursos monetarios, sin dinero no puedes darte conocer, y sí no te conocen, nadie votara por ti.
Que el público lo favoreciese hacía de su trabaja más fácil. Pero no podía evitar sentirse amenazado por la persona que era Naruto Uzumaki. Podía ser un estúpido que había ofrecido a su esposa como token, pero a medida que trabaja con él iba descubriendo el por qué Hinata se había enamorado del rubio. Uzumaki era todo lo que él, Sasuke Uchiha, no era. Tenía una actitud efervescente y demostraba verdadera preocupación por los que lo rodeaban. Por primera vez, comenzó a sentir inseguridad de su plan. Confiaba de que la tendría por una noche, pero ya no estaba tan seguro de que podría hacerla suya.
Su padre le había advertido no tomarlo como cliente, pero Sasuke no había escuchado, ¿y qué sí era idealista?. Los de su tipo son los más fáciles de romper, sólo dale un mes en la oficina de Hokage para que tomara una cucharada de lo podrido y corrupto que era el sistema. Eventualmente Uzumaki aceptaría el hecho de que no podría cambiarlo, su actitud se marchitaría y acabaría acatando las implícitas reglas impuestas por el verdadero eje político de Konoha.
No había nada que su padre pudiese decir para convencerlo de lo contrario. No cuando Hinata estaba en juego. No cuando estaba tan cerca de obtenerla. Puede que no tuviese la cálida personalidad del Uzumaki, pero compartía con éste la cualidad de la determinación. No descansaría hasta que ella lo amase, y no le importaba las medidas que tuviese que tomar para lograrlo.
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Fugaku Uchiha pausó el video que se reproducía en la televisión de su oficina. La imagen se congeló en la sonriente cara del candidato que su hijo menor había decidido representar para esas elecciones. Estaba viendo un video que había sido grabado durante una de sus giras en una de las zonas más pobres del país.
Naruto Uzumaki no era nada como los clientes que Sasuke había tenido en el pasado. Comenzando por su edad, el rubio estaba en los primeros años de sus treinta, al igual que su hijo. Era inusual tener un candidato tan joven, pero lo que no tenía en años lo compensaba con otras cualidades.
Era carismático por lo que tenía un gran nivel de aprobación del público, Sasuke podía ver esto como una ventaja, pero él lo consideraba un peligro. Este tal Uzumaki no le terminaba de convencer, había algo en él que le decía que sería difícil de controlar. Y ese algo era su idealismo. La honestidad con la que el joven se expresaba era verdadera, poseía un carácter puro del cual la mayoría de los políticos carecían.
En sus ojos azules brillaba el fuego de la determinación, y uno podía apreciar que era el tipo de persona que cumplía lo que prometía. Uzumaki velaba por el bienestar de los más necesitados, creía en la justa repartición de los bienes del país, y en igualdad. Sasuke había logrado moderarlo a cierto grado, pero ese tipo de personas eventualmente se vuelven difíciles de controlar. Cuando esto sucede, comienzan a llenarle la cabeza a las masas de ideas de superación, de derechos y libertades sociales. Y eso era algo que su familia y las demás familias dueñas de Konoha no podían permitir.
Lo decía por experiencia.
Muchos años atrás, cuando él era un chiquillo de la edad de su hijo menor, un candidato parecido emergió, agarrándolos a todos desprevenidos. Fugaku había trabajado para su campaña, mas no como organizador principal. El aquel entonces joven candidato venía de una buena familia, no era un clan poderoso como el clan Uchiha, pero al menos era respetable. Por eso fue tan sorprendente cuando él resultó ser un revolucionario. Idealista.
La gente lo amaba, y todavía lo amaría de no ser por la intervención de el poderoso eje de Konoha para acabarlo. Como no habían podido controlarlo, tuvieron que recurrir a medidas más… drásticas. Antes de ese suceso, Fugaku tenía una idea de cuan en serio se toman sus familias el poder sobre Konoha, pero no fue hasta después de lo ocurrido casi treinta años atrás que cayó en cuenta de que no existían límites cuando se trataba de proteger su patrimonio.
Había algo en este nuevo candidato que le recordaba a aquel muchacho emprendedor que había conocido en su juventud. Sí Sasuke no desistía de organizar su campaña, temía que el pasado se repitiese.
— Uzumaki — dijo para sí mismo, mirando fijamente la imagen del mencionado. ¿Por qué le parecía tan familiar?
Apagó la pantalla, y abrió un compartimiento escondido dentro de una de las gavetas de su escritorio. Adentro había un sencillo teléfono móvil, uno que no había tocado en años. Marcó el único número grabado en la memoria. Era hora de descubrir quién era Naruto Uzumaki en realidad.
(N d A)
GRACIAS por leer, reviews, favorites y follows. Son los mejores lectores que una ficker podria pedir, me dan muchos animos!
He estado evitando esta pregunta: '¿naruhina o sasuhina?'. No lo sé aún, falta mucho para el final. con certeza puedo decir que no será naruhinasasu, de la manera que se planteó la historia no hay cabida para un final en que los tres vivan felices juntitos.
Pero me estoy inclinando a escribir dos finales, por naturaleza soy indecisa y ambas parejas me encantan. Lo ideal para mi sería un final naruhina y otro sasuhina, no sé si esto les moleste pero mi corazoncito sufriría menos así ;)
¡Tengan felices fiestas! Les mando todos mis mejores deseos,
Alessandra
