Romper las cadenas
Capítulo 10
Al día siguiente, Hermione sintió que todo había sido un sueño. Estaba tumbada en su cama, en su casa. Se movió un poco, sintiendo su piel rozar contra las sábanas. Tan solo llevaba puestas sus bragas y la camisa del día anterior. Miró a su alrededor con la cabeza embotada, descubriendo su ropa hecha un lío en la mesa, junto a varios rollos de pergamino, bolígrafos y plumas. Entonces, parpadeando, supo que había sido real.
Le había besado. Sintió que sus mejillas enrojecían de la vergüenza. Recordaba haberle besado, aunque él no había correspondido. Luego, había apoyado su frente contra el cuello de Severus y había dejado que él la subiera a su cuarto, exhausta. Había sido él el que la había tumbado en su cama preparada para dormir, el que le había quitado la ropa – incluso el sujetador – y la había tapado mientras ella se dejaba llevar por el cansancio.
Se incorporó después de un momento. Tenía que ser una mujer adulta en esos momentos, no esconderse tras las sábanas como una niña asustada, aunque realmente lo último que quería era salir de su suave escondrijo. Aún así, suspiró y se levantó. La puerta estaba cerrada y las cortinas corridas, dejando entrar un poco de sol. Con movimientos vagos, abrió el armario y sacó ropa limpia.
¿Seguiría Severus en su casa? Su mente vagaba por mil y una preguntas, todas relacionadas con ese hombre. El día anterior le había besado, y no paraba de recordarlo. ¿Por qué lo había hecho? Ella estaba agradecida, agotada y un poco caliente en ese entonces. Los colmillos de Severus la habían encandilado y la forma en que le había protegido, echando a la Orden de su casa e incluso bloqueando la puerta de su dormitorio para protegerla de los mortífagos, le hacía sentirse agradecida. Pero aquello no era amor, ¿verdad?
Confusa, Hermione salió de su cuarto y bajó las escaleras en silencio. No se había puesto zapatillas, pues se había acostumbrado a ir en calcetines por casa. Miró el salón en silencio. Una cortina se había descolgado, dejando pasar unos rayos de sol. Los cristales estaban impolutos y no se notaba que se habían roto el día anterior, pero el sofá se veía a punto de rajarse por la mitad. En el sillón descansaba Severus con la cabeza baja. Dormía, concluyó Hermione sin moverse de su sitio. Llevaba la misma ropa del día anterior, y ni siquiera se había quitado la capa.
Atravesó el salón con cuidado de no despertarle, maldiciéndole y agradeciéndole a la vez. Tenía que poner su cabeza en orden antes de que él despertara, porque Hermione estaba segura de que Severus querría hablar del beso del día anterior, y ella no sabía qué iba a decirle. Era algo vergonzoso, pero se había sentido bien. ¿Le habría gustado a él? Se preguntó de repente, preparando la cafetera.
—Buenos días. —murmuró Severus detrás de ella justo en ese instante. Hermione saltó y la cafetera tembló en su mano.
—No te había oído. —se excusó Hermione. Le miró un momento, pero apartó la mirada en seguida. —¿Quieres café?
—No hace falta, me voy ya. —Snape hizo un gesto con la cabeza y se dio la vuelta, saliendo de la cocina. La mano de Hermione tembló, indecisa, y luego dejó la cafetera a un lado, saliendo detrás de él.
—¡Un momento! —Snape paró en medio del salón. La miró y ella se sonrojó. —Sobre lo de ayer…
—Quería agradecerte. —le interrumpió Snape. Hermione parpadeó, confusa. ¿Quería agradecerle que le hubiera besado? Él pareció ver su confusión. —Por confiar en mí. —Hermione se quedó callada, inmóvil, durante un segundo. No había dicho nada del beso. Snape la miró y se giró, sin decir nada más ni esperar a que Hermione dijera algo. Ella reaccionó:
—Sobre lo de ayer… —continuó ella. Snape se giró de nuevo. Se sentía nerviosa y sonrojada. Deseó que no se hubiera dado la vuelta, parecía mucho más sencillo hablar con él cuando no la miraba. —Lo siento por haberte besado.
—No me aproveché de ti, si es eso lo que te preocupa. —Hermione frunció el ceño. ¿Eso pensaba Severus de ella?
—No – no me preocupa eso, sé que no harías nada de eso. —le rebatió de forma incómoda. —Sólo quería decir que – que besarte estuvo fuera de lugar y que espero que eso no afecte a nuestra relación. —terminó de decirlo rápido, de carrerilla.
Se quedaron en silencio de nuevo. Esta vez, Severus no hizo amago de irse, ni siquiera se movió. Se miraban cara a cara. Hermione no sabía qué pasaba por su mente, pues él ponía su usual cara de póquer. Ella estaba fuertemente sonrojada y se sentía a punto de estallar en llamas. ¿No iba a decir nada? Hermione esperaba algo, una reacción, pero Snape se había quedado helado, como si no supiera qué decir o no quisiera decirlo.
¿Sería eso amor? Pensó de nuevo, sintiendo que su cabeza iba a mil por hora. Cuando se había enamorado de Ron, el sentimiento había sido diferente. Pero Ron en sí mismo también era diferente. Había empezado a salir con Lavender Brown, y Hermione se había vengado yendo a la fiesta de Slughorn con Cormac McLaggen, aunque luego se había arrepentido profundamente de eso. Ella moría de celos cada vez que Ron y Lavender se hacían estúpidas carantoñas.
Pero con Severus jamás había sido así. A él nunca lo había visto con una mujer. Jamás se había sentido celosa de que otra lo mirara con ojos enamorados. Aún así, ella sentía que el estómago se le contraía en esos momentos. Hasta entonces, había habido cierta camaradería, rota por esos momentos de tensión donde se gritaban. Él la había salvado dos veces, la primera de Malfoy y la segunda de Bellatrix. Quizás sólo era agradecimiento.
Pero Hermione no se tragaba esa bola. Sus ojos perforaban a Severus con intensidad, aunque ella no se había dado cuenta de eso. Admitió que el momento en que le había mordido había resultado bastante sexy, a pesar de lo apresurado y tenso que era, y también consideraba que había algo seductor en él cuando habían discutido con Dumbledore, en Grimmauld Place.
Severus la había tratado bien, no solo ese último mes mientras trabajaban en pociones, sino desde que sus únicos encuentros fueran lejos de Hogwarts y ellos dos hicieran equipo para reponer las despensas de la Orden. Había sido algo brusco al principio, y la misma Hermione se había mostrado áspera, pero luego se habían tratado cordialmente.
—De acuerdo. —cortó Severus sus pensamientos. Hermione volvió a la realidad. No se movieron. ¿Por qué se sentía decepcionada por esa respuesta? Él debía notar su incomodidad. Agregó —Si se siente incómoda, señorita Granger, podemos anular el contrato.
Hermione frunció el ceño. ¿Señorita Granger? Severus parecía querer volver atrás. O quizás sus palabras le habían hecho retraerse de nuevo, pensar que no era buena idea el tuteo. Hermione pasó el peso de su cuerpo de un pie al otro. No quería que todo quedara en eso, pensó. No quería volver a ser la señorita Granger para Severus. Hermione avanzó con paso decidido, mirándole a los ojos, retándole con la mirada, le agarró de la pechera y volvió a besarle, inclinándole un poco para llegar.
—Señorita Granger… —empezó Severus cuando se separaron. Sus caras estaban muy cerca y sus alientos golpeaban en la piel del otro.
—Lo siento. —murmuró Hermione. Sus mejillas ardían, pero no sentía ningún remordimiento. Tenía ganas de besar a Severus de nuevo, pero se reprimió. —Pero esto es lo que quiero. ¿Tú quieres?
—Sí. —susurró él. Hermione sonrió, satisfecha con la respuesta corta y concisa. Le había dejado sin palabras. Los ojos de Severus, fijos en los suyos, parecían perforar y horadar su alma. —¿Tomamos ese café?
Hermione acercó sus labios de nuevo a los de Severus. Se sentía frío y caliente a la vez. Él sonrió dentro del beso, poniendo sus manos en la cintura de Hermione. Podría acostumbrarme a esto, pensó Hermione.
Nota: Y hasta aquí llegamos. Este fue, sin lugar a dudas, el capítulo que más me costó escribir. No me terminaba de agradar la conversación entre Hermione y Severus porque no quedaba lo suficientemente incómoda XD
Espero que les haya gustado la historia - junto con la precuela - y bueno, son libres de dejar sus comentarios.
Saludos,
Paladium
