¡YAHOI! Y aquí está el último capítulo. Es un poco más largo, pero no quería alargarlo más. Espero que os guste.
Disclaimer: InuYasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
El descubrimiento
¡Lo tenía! ¡Al fin lo tenía! Rin sonrió feliz al tener a Papá Noel a su merced, colgando de un tejado. Esperó a que los adultos lo desengancharan como pudieran y lo ayudaron a bajar al suelo.
—¡Papá Noel!—Se lanzó a abrazarlo lo primero, notando como el hombre se tensaba. No le dio importancia, supuso que era la primera vez que lo atrapaban en su vida. ¡Era una pionera en esto de atrapar a Papá Noel!—. ¡Tengo que hacerte un montón de preguntas!
—¡Yo también, yo también!—exclamó el pequeño Shippō, dando saltos alrededor de su amiga y del entrañable personaje de rojo.
En un segundo plano, el resto de los que allí se encontraban suspiraron, todos con la misma pregunta en su cabeza:
¿Y ahora qué?
Fue la señora Higurashi la que tomó la iniciativa: se acercó a Sesshōmaru/Papá Noel y a Rin.
—Es-esto… señor Noel, supongo que estará cansado después de andar por ahí repartiendo regalos ¿por qué no pasa a tomar algo?
—¡Claro que irá!—contestó Rin por él; tiró de su manga y lo obligó a entrar en la casa. Naomi dirigió una mirada a todos los demás y entró tras ellos, cerrando la puerta nada más meterse dentro.
—¡Mierda! ¡Lo descubrirá todo! ¡Se enterará!—exclamó InuYasha.
—Y a nosotros nos matarán—dijo Kohaku. A su lado, Sōta se había puesto repentinamente pálido. De tan solo pensarlo, le entraba un canguelo que no veas.
—La culpa es de Sesshōmaru. Rin tiene ya una edad. Es necesario que madure un poco.
—Sango-chan tiene razón. Y nadie va a matar a nadie. No al menos mientras estemos en esta casa. Mamá no lo permitirá—dijo Kagome. Todos parecieron aliviados al oírla.
—Será mejor que entremos. —Todos asintieron a la sugerencia de Miroku. Además, aunque no lo dijeran, se morían de ganas por saber qué pasaría a continuación.
En la sala, estaban Naomi, "Papá Noel" y Rin, sentados cada uno en una butaca. A Shippō lo habían mandado a la cama a pesar de sus enérgicas protestas, y ahora estaban los tres en silencio, Rin mirando con fascinación a "Papá Noel".
—¿Qué me has traído?—Sesshōmaru estuvo tentado a alzar una ceja, pero aquello lo delataría al instante, así que se contuvo.
—Eso no se pregunta, Rin, se supone que tiene que ser sorpresa. —La chica suspiró y asintió.
—Entonces… ¿puedo sacarme una foto contigo?
—Rin…
—¡Porfa! ¡Y también quiero oír el jojojo auténtico!—Ahí sí que Sesshōmaru alzó la ceja—. ¿Qué? Anda, Papá Noel, se supone que tú cumples los deseos de los niños… —Mierda, esa cara, esa cara no.
—Rin, Papá Noel tiene que irse. Tiene mucho trabajo que hacer esta noche.
—¡Pero…
—Rin…
—¡Pues yo iré con él!
—No puedes.
—¿Por qué no? ¡Ahora que por fin lo tengo aquí conmigo!—Naomi suspiró. Lo cierto es que Rin no solía ser caprichosa, para nada, pero cuando deseaba algo de verdad se ponía en plan cabezota y de ahí no la sacabas—. ¡Que decida él!
—No puedes venir. —Intentó que su voz sonara distinta a la habitual, pero la cara que puso la chica le dijo que no había tenido mucho éxito.
—¿Te pasa algo en la voz, Papá Noel? ¿Quieres un caramelo? Te habrás resfriado. Espera aquí un momento. —Rin salió corriendo en busca de algún caramelo o pastilla para la garganta. Mientras, la señora Higurashi y Sesshōmaru respiraron hondo.
—Deberías irte. Antes de que vuelva. —Sesshōmaru asintió. Se levantó de la butaca, estirando de paso el cuerpo, entumecido a causa de la tensión, con tan mala suerte que la barba postiza que llevaba se le despegó de la piel a causa del sudor que le recorría el rostro.
Un golpe sordo y una exclamación hizo volverse a los dos adultos. Sesshōmaru se sintió desfallecer en cuanto vio a Rin allí de pie, observándolo con los ojos y la boca totalmente abiertos.
—Rin…
—¿Rin, cariño? ¿Estás bien?
—¿Se-se-se-Sesshōmaru?—Sacudió la cabeza y volvió a mirar. Tal vez fue una mala pasada de su imaginación. Volvió a mirar y Sesshōmaru seguía allí. Esta vez se frotó los ojos, pero la imagen de Sesshōmaru seguía delante de ella—. ¿Qué… qué significa… Papá Noel… no… no puede ser… Sesshōmaru no… Papá Noel no… —Las lágrimas acudieron a sus ojos y salió corriendo escaleras arriba.
—¡Rin!—Naomi la siguió presurosa, mientras Sesshōmaru se sentía decepcionado consigo mismo. Vio entrar corriendo a Kagome, a Sōta y a Kohaku, mientras dese la entrada Sango, InuYasha y Miroku lo miraban con cara de "Te lo dije".
En su habitación, Rin lloraba a lágrima viva. Su frágil corazón no podía soportar una verdad semejante. Entonces ¿era cierto? ¿Papá Noel no existía? ¿Había existido alguna vez? ¿O era todo un invento? ¡No se podía jugar así con las ilusiones de la gente!
Sintió la cálida mano de Naomi acariciarle la espalda, consolándola. Entre el velo de lágrimas distinguió a sus dos mejores amigos entrar en el habitación, seguidos de Kagome. La señora Higurashi se levantó y salió junto con su hija, dejando a los tres adolescentes solos. Era mejor para Rin desahogarse con sus amigos.
—Rin, oye… ¿estás bien?—Asintió a duras penas.
—¿Necesitas algo? ¿Un té? ¿Un chocolate? ¿Helado? ¿Un pastel?—Hizo un amago de sonrisa por el tono nervioso empleado por Sōta. Kohaku lo miraba con las cejas alzadas—. Nee-chan siempre come dulce cuando está deprimida, o cuando discute con InuYasha-nii-chan.
—Aneue lo mismo. ¿Será algo propio de las chicas?—Rin cerró los ojos y se limpió el rostro con el brazo desnudo.
—Estoy bien, de verdad. Vosotros… ¿vosotros lo sabíais?—Ambos asintieron.
—Me enteré a los diez.
—Y yo a los nueve, creo.
—¿Por qué no m-me… —se atragantó con las palabras. Sōta y Kohaku se miraron, no sabiendo muy bien qué contestar.
—Bueno… verás…
—A todos nos gustaba… en cierta manera, que siguieras creyendo y Sesshōmaru-san… —Rin se miró las manos. Así que Sesshōmaru.
—Me quiere—susurró. Una boba sonrisa se extendió por su rostro—. ¡Me quiere!
—¿Estás de coña? Te adora, Rin.
—Tú eras la única que aún no se había dado cuenta. —Ella sonrió. Salió de su cuarto y bajó corriendo las escaleras hacia la sala. Los adultos estaban conversando, pero callaron al verla aparecer.
—Rin-chan—empezó Kagome. Pero ella la ignoró y se plantó delante de Sesshōmaru.
—Me quieres—todos se quedaron boquiabiertos ante la afirmación tan rotunda de Rin, hasta el propio Sesshōmaru fue incapaz de disimular su sorpresa—. Por eso armabas este paripé todos los años. No hace falta que me digas nada, no soy tan ingenua, Sesshōmaru. Solo… déjame estar contigo. —Sesshōmaru asintió y dejó que Rin lo abrazara, correspondiéndole en el acto.
Detrás de la recién formada parejita, InuYasha y Kagome se dieron la mano y se sonrieron.
—Es parecido a lo que me dijiste tú. —Kagome se sonrojó.
—Bueno… supongo que algo tenía que sacar de la familia. —Al final todo había acabado bien. Aunque… ¿quién iba a pensar que las locas ideas de Rin la llevarían directa hacia aquello que había anhelado desde hacía tanto tiempo?
Fin El descubrimiento
Espero que os haya gustado. Le costó salir al condenado, pero en fin, era una espinita que tenía ahí clavada, el terminar esta historia.
*A favor de la campaña con voz y voto, porque dar a follow y favoritos y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.
¡Nos leemos!
Ja ne.
bruxi.
