Disclaimer: los personajes de Fullmetal Alchemist le pertenecen a Hiromu Arakawa.
Juguete Roto
Edward Elric se precipitó por el ancho pasillo de los Cuarteles de Ciudad Central con un periódico arrugado en su puño cerrado, lanzando dagas con su mirada a cualquiera del personal militar que se atreviera a cruzarse en su camino; al alcanzar un par de puertas dobles de madera, las empujó para abrirlas, escaneando con mirada acusadora la habitación frente a él mientras los sobresaltados ocupantes pasaban su atención de sus trabajos al recién llegado.
— ¿Dónde está? —demandó Ed furiosamente cuando vio que el escritorio del Coronel estaba vacío; Hawkeye lo miró sin comprender, pero no respondió a su pregunta.
—Hola a ti también, Ed —dijo una voz detrás de él—. Creí ver un tornado rojo precipitarse por el lugar.
Ed se giró mirando hacia el Mayor Hughes, que le devolvía una sonrisa. "Luce cansado". Pensó Ed para sí mismo, pero entonces sacudió su cabeza permitiendo que su ira se apoderara de él una vez más.
— ¿Sabías esto? —inquirió Ed estrepitosamente, blandiendo el periódico y empujándolo contra el rostro del Mayor. Hughes suspiró tolerantemente y tomó el periódico que el muchacho agitaba, escaneando la primera página; se quedó tenso por un instante, pero luego sus hombros se hundieron, devolviéndole el periódico a Ed.
—Sí, claro que lo sabía, yo estuve allí.
— ¡Pero pensé que Al y yo habíamos cambiado Lior! —protestó Ed mirando nuevamente el artículo que detallaba la reciente batalla que se había peleado en la ciudad a la que Ed creía haber llevado paz. Aparentemente, los soldados habían sido llevados a la ciudad hacía dos meses, en respuesta a los extendidos disturbios y a la violenta rebelión, pero esos soldados habían sido derrotados rápidamente; habían ordenado una misión de rescate para reunir a las diezmadas tropas hacía tan solo dos semanas atrás, cuando habían enviado refuerzos a la zona. — ¿Por qué demonios el Coronel no me dijo que había fracasado en mi misión en Lior? ¡Juro que cuando lo vea voy a golpearlo en la cara!
Ed podría haber continuado con su airado discurso, pero una repentina mirada sobresaltada por parte del Mayor hizo que callara de inmediato; hubo una larga pausa por parte de Hughes, antes de que el hombre se cubriera la boca con una mano, dirigiéndole una mirada compungida a Ed.
—Por Dios, no lo sabes —susurró Hughes, alzando la miraba para dirigirla hacia Hawkeye, que se encontraba al otro lado de la habitación—. Pensé que le habías informado...
—Pensé que usted lo había hecho —le dijo Hawkeye, su rostro tan intranquilo como el de Hughes.
— ¿...Decirme qué? —inquirió Ed tentativamente, hasta ahora consciente que algo estaba mal.
Hughes lo observó con tristeza, mirándolo como si todo el peso del mundo cayera sobre sus hombros; retiró la mano de su boca y la usó para apretar el brazo de Ed con vigor.
—El Coronel dirigía la misión en Lior.
La boca de Ed se secó de inmediato, no había leído el artículo completo pero había leído lo suficiente para saber que las tropas habían sido diezmadas cruelmente. Solo diecinueve de los sesenta hombres habían salido vivos del lugar, y unos pocos de esos diecinueve habían muerto en el camino, o poco después de su llegada al hospital.
— ¿...Está muerto? —preguntó Ed como pudo, su voz se había convertido en un susurro.
—No, el sobrevivió... —replicó Hughes rápidamente— ha estado en el hospital desde que lo trajimos de vuelta a Ciudad Central.
— ¿Está bien?
El Mayor suspiró y se masajeó las sienes con una mano, con una mirada entre melancólica y considerada.
—Talvez debas venir conmigo al hospital, me dirigía hacia allá de todas maneras —dijo Hughes finalmente con voz suave.
El corazón de Ed se contrajo al escuchar al Mayor diciendo esas palabras, una especie de oscura ansiedad comenzaba a llenar su pecho, dejándolo con la sensación de que algo terrible había sucedido; Ed podía decir que Hughes estaba bastante perturbado, aunque también parecía tener un autocontrol estoico sobre sí mismo. El joven alquimista solía ver a Hughes como un alegre bromista, o –aunque casi nunca lo había visto así- como un fuerte hombre de milicia... pero Ed jamás lo había visto triste, y había algo que le molestaba profundamente acerca de ver tal tristeza en el hombre.
—Vamos —dijo el alto hombre mientras se giraba y comenzaba a caminar por el pasillo por donde Ed había llegado, instando gentilmente a Ed para que caminara a su lado; Ed accedió a hacerlo y dejó que el Mayor lo guiara fuera de los cuarteles, hasta que llegaron a un automóvil. Sin otra palabra, se sentó en el asiento del copiloto entretanto Hughes encendía el motor, el muchacho observó al hombre inquisitivamente mientras ambos se alejaban de los Cuarteles, preguntándose si las heridas del Coronel eran tan terribles como para haber lastimado a su camarada de esa manera.
El viaje no había sido tan largo como esperaba, pero perecía que había durado más tiempo debido a las preguntas, la inquietud y el tenso silencio que pesaban sobre el pecho de Ed; el automóvil entró al parqueadero del hospital, y ambos salieron del auto, caminando lado a lado, dirigiéndose hacia el blanco edificio.
Ambos caminaron hacia las inmensas e intimidantes puertas frontales del hospital, y Ed fue golpeado inmediatamente por el desagradable olor de la esterilidad química y los antisépticos del lugar; su estómago se revolvió cuando su nariz entró en contacto con el cáustico olor, que le recordó los largos momentos que él mismo había pasado bajo los críticos cuidados médicos al perder su brazo y su pierna. Tragó saliva mientras su cuerpo se tensaba, mirando a Hughes que se acercaba a la recepción.
— ¡Buenos días, Mayor Hughes! —dijo afablemente la regordeta jefe de enfermeras que estaba en el escritorio de la recepción, sacando un portapapeles de una gaveta que estaba a su izquierda y entregándosela —Veo que trajo a un amigo.
—Hola, Carol —sonrió él familiarmente, tomando el portapapeles que le ofrecía y colocando su nombre y el de Ed en la lista de visitantes; obviamente ya había estado en el lugar tantas veces como para estar familiarizado con el procedimiento que estaba reservada a las visitas—. Si, Edward viene conmigo hoy... Claro está, si eso está bien.
— ¡Por supuesto, claro que está bien! —dijo Carol recibiendo el portapapeles— Pero antes de irse, tengo más papeleo para que usted llene... Ya sabe, algunas cuestiones legales.
Hughes hizo un mohín y la enfermera rió, despidiéndolo con una mano amistosamente mientras el hombre guiaba a Ed por el acostumbrado blanco pasillo; sus pasos hicieron eco en el casi desocupado pasillo, el sonido de la pierna de Automail de Ed se acentuaba en el lugar. El Mayor se detuvo en frente de una puerta abierta, y se giró para mirar a Ed; por un segundo pensó que Hughes iba a decir algo, talvez a darle alguna información sobre qué tan grave era la condición del Coronel, para que así pudiera estar preparado para lo que estaba a punto de ver... Pero entonces Hughes agitó la cabeza, y silenciosamente instó a Ed a seguirlo.
Por un momento, Ed no se movió, tan solo se quedó de pie en el pasillo, en frente de la puerta, su corazón se hizo incómodamente pequeño en su pecho mientras miraba a través de la puerta abierta; solo podía ver la parte frontal de la cama, ya que el resto de ésta estaba oscurecida por una gruesa cortina que le daba privacidad, y la cual bloqueaba la visión que Ed podría llegar a tener de su ocupante. Hughes se ubicó en la parte frontal de la cama y le sonrió al paciente en ella.
—Hola, Roy —susurró tratando de mantener su voz alegre, como si estuviera hablando con un niño—, ¿cómo estás hoy?
Ed no escuchó respuesta alguna por parte del Coronel, pero Hughes parecía no esperar una.
—Traje a Edward para que te visitara —continuó Hughes, incitando a Ed a que reuniera el valor para entrara a la habitación; el muchacho se movió lentamente hasta que estuvo a un lado de Hughes, sintiendo una breve ola de confuso alivio al observar al Coronel.
El hombre no lucía tan mal como Ed podría haber imaginado... no tenía miembros amputados, ni heridas que pudieran desfigurarle el rostro o el pecho; no habían puesto ningún tubo en su garganta, o algo de ese estilo que señalara la grave condición del Coronel. Las heridas que Ed podía ver –enormes hematomas, laceraciones suturadas, y varias quemaduras que cubrían los brazos y las mejillas del Coronel-, parecían estar sanando adecuadamente, y aunque las manos del hombre permanecían vendadas y su pierna se mantenía dentro de un yeso, Ed notó algo más que le pareció particularmente preocupante.
No fue hasta que terminó de ver el cuerpo severamente herido que pudo ver la verdadera naturaleza del daño que le habían causado a Mustang. El Coronel estaba delgado, perturbadoramente delgado; la contextura de Mustang siempre había sido delgada, pero robusta: tenía los hombros anchos y las extremidades se conformaban por músculos elegantemente tonificados. Sin embargo, ahora parecía no ser más que un esqueleto. Desde la última vez que Ed lo había visto, debió haber perdido al menos treinta libras (1), una cantidad que su cuerpo no podía soportar perder. El rostro juvenil de Mustang se había vuelto angular y protuberante, la piel en sus mejillas se había hundido, al igual que sus oscuros ojos...
...Pero, sus ojos –Ed hasta ese momento no había notado que estaban abiertos-, eran la peor parte de la escalofriante visión que tenía ante él: Mustang tenía la mirada perdida, aunque se cabeza había sido acomodada de tal manera que su mirada se dirigiera directamente hacia la ventana situada cerca a la cama, y no hacia el techo de la habitación. No había ni una sola emoción en esa mirada, tan solo estaba allí, fija y sin vida, haciendo que Ed recordara el aturdimiento y el atemorizante vacío que tenían los ojos de su propia madre momentos antes de que su pobre corazón dejara de latir.
Fue entonces que la verdad acerca del daño causado a Mustang golpeó a Ed como un balde de agua fría, entendiendo que el Coronel realmente estaba muerto, a pesar de que su cuerpo se mantenía con vida: estaba tan carente de vida como el juguete roto de un niño enojado. Un suave quejido lleno de horror y tristeza se escapó de los labios de Ed sin que pudiera detenerlo; Hughes suspiró junto a él y colocó su mano en el hombro del muchacho nuevamente, apretándolo con firmeza.
— ¿Qué... qué le sucedió?
—Hasta donde sabemos —comenzó a decir Hughes suavemente, sin despegar la mirada de su camarada caído—, fue capturado en Lior, lo torturaron para sacarle información; estaba en malas condiciones antes de que lo trajéramos aquí, y aunque su cuerpo se está recuperando rápidamente, su mente... ¿Sabes? cinco semanas completas de interrogación son difíciles de soportar.
— ¿Va a... despertará algún día? —preguntó Ed cuando por fin pudo hablar nuevamente.
—Está despierto, Ed.
—No, me refiero a... ¿se va a quedar así... va a ser... un vegetal para siempre?
Hughes hizo un gesto al escuchar la palabra "vegetal", pero después se encogió de hombros. —No lo sabemos, ha estado así desde que lo encontramos... y algunos soldados que estaban con él dicen que había estado así desde hacía unos días atrás, antes de que lo encontráramos —Hughes se movió hacia uno de los lados de la cama, situándose entre el paciente y la ventana de la habitación, cerrando un poco las persianas para que la luz del sol que entraba por el cristal no siguiera molestando los desenfocados ojos del Coronel.
— ¿Puede escucharnos? —preguntó Ed tímidamente luego de una larga pausa, acercándose a la cama.
—La verdad, no estoy seguro; vengo todos los días a hablar con él, pero ni siquiera reacciona al escuchar lo que le digo —Hughes sonrió con tristeza nuevamente, alargando el brazo para apartar uno mechones del cabello de Mustang de su rostro inexpresivo—. Necesitas un corte de cabello, amigo —continuó afectuosamente, acariciando la mejilla cicatrizada del Coronel con el dorso de su mano.
De repente, el cuerpo de Mustang se contrajo bruscamente, tratando –sin éxito- de ponerse en posición fetal para protegerse.
—Hidrógeno: No metal; su masa atómica es de uno punto cero cero siete nueve cuatro. Helio: Gas noble; su masa atómica es de cuatro punto cero cero dos seis cero dos...
Ed saltó al ver el inesperado movimiento, y al escuchar las palabras que decía el Coronel; miró a Hughes alarmado pero esperanzado de que fuera un buen signo, sin embargo Hughes no parecía estar sorprendido o entusiasmado al escuchar las palabras que murmuraba el Coronel.
—A veces hace eso —explicó Hughes abatido, alejando su mano rápidamente de Mustang—, sobre todo cuando siente dolor, pero también lo hace si alguien hace un ruido fuerte, o a veces solo cuando alguien lo toca; jamás dice otra cosa... solo menciona los elementos químicos una y otra vez.
Los hombros de Ed se hundieron, sintió su garganta secarse mientras su mirada regresaba al Coronel, tratando de entender que su Oficial al Mando no solo había sido horriblemente torturado, sino que lo habían arrastrado hasta la locura. Ed sabía que Hughes lo estaba observando, y talvez era por eso que contenía las ganas de llorar al pensar en todo lo que había sucedido ese día; Ed muchas veces había proclamado cuánto odiaba al Coronel, vociferando cosas sobre él a cualquier persona que estuviera dispuesta a escuchar, pero el muchacho rubio siempre había sabido que Mustang se preocupaba por él y Al debido a la manera en que se entrometía en sus asuntos, y hacía lo que podía para protegerlos a ambos... Y secretamente, en ese mismo modo disfuncional, Ed se preocupaba por él. Pero ahora... verlo así... tan vacío y ausente... era bastante para tratar de entenderlo inmediatamente.
—...Litio: Metal alcalino; su masa atómica es de...
—Bien —comenzó a decir Hughes, subiendo su tono de voz para que pudiera ser escuchado por encima de la monótona voz del Coronel—, necesito encargarme de ese papeleo legal antes de que se me olvide. Solo me tomará unos cinco minutos, por si quieres quedarte con él por un rato...
Ed asintió incómodamente, desconfiando totalmente de su voz; Hughes hizo un simpático ruidito, y le dio unas palmaditas a Ed en el hombro amigablemente mientras se dirigía hacia la puerta.
—Estaré justo al final del pasillo por si me necesitas —dijo finalmente antes de girarse, y darle una última mirada a Mustang antes de irse.
Ahora Ed estaba solo, eso sin contar el cuerpo casi sin vida del Coronel Roy Mustang, que llenaba el ambiente con el suave pero estridente sonido de las palabras que, probablemente, ni siquiera se daba cuenta que estaba pronunciando.
—Oh, Coronel... —murmuró Ed, parándose cerca de la cabecera de la cama haciendo que la luz que entraba por la ventana le calentara la espalda— ¿Qué le hicieron?
—...Carbono: No metal; su masa atómica es de doce punto cero uno cero siete ocho...
El muchacho se agachó hasta quedar al nivel de los ojos del catatónico hombre, y lo observó detenidamente, tratando de reprimir el profundo sentimiento de dolor que estaba carcomiendo sus entrañas. ¿Todo esto era culpa de Ed? Había causado mucho daño en Lior pero pensaba que había hecho un bien en la ciudad... El padre Cornello había sido relevado de su cargo y ahora la ciudad sabía la verdad tras sus mentiras, así que ¿no era eso lo mejor?
Aparentemente no. Si Ed no hubiera ido a ese lugar desde un principio, ¿ese levantamiento jamás habría sucedido? ¿Había causado todo eso por su egoísta deseo de buscar la piedra filosofal?
Si no hubiera sido por Ed, Mustang probablemente estaría sentado en su escritorio en ese mismo momento, quejándose por sus labores diarias en vez de yacer en una cama de hospital, mencionando metódicamente los elementos químicos.
—...Oxígeno: No metal; su masa atómica es de quince punto nueve nueve nueve cuatro tres. Flúor: Halógeno; su masa atómica es de dieciocho punto nueve nueve ocho cinco cero tres...
Ed suspiró cansinamente, una pequeña sonrisa estaba tratando de formarse en sus labios. —La masa atómica del Flúor es de dieciocho punto nueve nueve ocho CUATRO cero tres —le corrigió suavemente—, no cinco.
Al escuchar las palabras de Ed, los murmullos de Mustang cesaron.
— ¿Su masa atómica es de... dieciocho punto nueve nueve ocho CUATRO cero tres...? —repitió el Coronel luego de una extensa pausa, había una inflexión definitiva al terminar la frase, haciendo que su incesante balbuceo se convirtiera en una pregunta.
El corazón de Ed se detuvo por un segundo, ¿el Coronel lo había escuchado? Más importante aún, ¿realmente estaba respondiendo a la corrección del muchacho? El Coronel había callado de nuevo, su ceño se había fruncido ligeramente como si estuviera esperando a que Ed le respondiera.
—S-si... es cuatro, estoy seguro —dijo Ed por fin, mirando furtivamente hacia la puerta con la esperanza de que Hughes regresara.
Mustang parpadeó y sus ojos oscuros parecieron enfocarse en Ed, a la vez que una mirada de confundido asombro surcaba su rostro. Pero entonces, muy lentamente, sus ojos se abrieron con terror, y sus pupilas se contrajeron hasta convertirse en pequeños puntos negros.
Sus labios se separaron y pronunció una simple palabra llena de estrés y miedo puro, que tuvo la capacidad de sacar todo el aire de los pulmones de Ed de golpe:
—Corre —murmuró.
Maes suspiró mientras caminaba de vuelta por el pasillo, con las manos metidas entre sus bolsillos: odiaba el papeleo legal que traía el ser el representante médico de su mejor amigo, per valía la pena serlo... y afortunadamente esta ronda solo había necesitado un par de firmas. En su mayoría, los documentos declaraban la habilidad de Maes de apegarse a lo que Roy había expresado en su voluntad (2). Roy no quería depender de un soporte vital y, mientras ese último deseo no se convirtiera en realidad, podía ser posible que algunas decisiones difíciles debieran ser tomadas pronto.
Roy técnicamente tenía y no tenía soporte vital, su corazón y pulmones estaban trabajando por sí mismos, pero Roy necesitaba ser alimentado a través de un tubo, y algunos consideraban eso como una forma de soporte vital, aunque éste fuera mínimo. Pronto, Maes tendría que decidir si él pensaba que Roy Mustang lo hubiera considerado una forma de soporte vital, y si ese era el caso, tendría que dejar que su amigo se muriera de hambre si eso significaba cumplir sus deseos.
Bien, aún tenía unas cuantas semanas para pensar en ello... era mejor no dejar que ese pensamiento invadiera su mente por el momento.
— ¡Mayor!
Maes levantó la cabeza mientras su corazón palpitaba con fuerza al escuchar a Edward llamándolo desde la habitación de Roy. Se precipitó por el pasillo, derrapando en el umbral de la puerta.
—Ed, qué... —comenzó a decir pero luego se detuvo.
—Te matarán, Edward... ¡T-tienes que correr! —le decía Roy al muchacho desesperadamente, mientras intentaba sentarse—. Te están buscando, pero no les dije nada... Juro que no les dije nada...
— ¡Enloqueció de repente! —exclamó Ed a la vez que intentaba empujar al Coronel de vuelta al colchón— ¡Haga algo!
Maes se adentró en la habitación y, finalmente, el Coronel notó su presencia; Roy se sentó completamente y giró su rostro hacia él, ubicándose en medio de Maes y Ed como si intentara proteger al rubio.
—N-no dejaré que ellos te lastimen... —le prometió Roy a Ed, presionando su cuerpo contra el muchacho, mientras su vidriosa mirada se dirigía desafiante hacia Maes. Maes podía ver claramente que Roy estaba alucinando y que no se encontraba plenamente consciente.
— ¡Roy, está bien! —Maes intentó tranquilizarlo, acercando su mano lentamente hacia su amigo; Roy se alejó de inmediato como si hubiese sido electrocutado, pero siguió protegiendo a Ed de los peligros que solo él podía ver en su delirante mente. Maes avanzó más y colocó su mano gentilmente sobre el hombro de Roy, esperando que el cálido contacto lo ayudara a darse cuenta que estaba a salvo— Estás en el hospital, en Central. Todo está bien ahora.
Por un instante parecía que el suave gesto de Maes había cumplido su función de calmar a Roy, ya que su balbuceo se detuvo y el brazo que estaba usando para mantener a Ed detrás de él cayó lánguidamente sobre la cama. Ed miró a Maes y luego regresó su mirada hacia Roy, sin saber qué hacer.
—Tal vez debas dejar la habitación, Ed. —dijo Maes suavemente, su mirada aún fija en la de Roy. Ed asintió, temblando notoriamente debido a lo que estaba sucediendo, y con lentitud se alejó del Coronel. Roy se giró para mirarlo, y su respiración se tornó más rápida y menos profunda mientras veía como Ed se situaba a un lado de Maes.
—No... n-no lo toques —suplicó Roy, había tanto dolor en su voz que hizo que a Maes se le contrajera el corazón—. Es solo un niño... no lo sabía...
Maes retrajo su mano y empujó a Ed ligeramente hacia la puerta, esperando a que el muchacho entendiera la indirecta y saliera de allí, pensando que tal vez sin la presencia de Ed en la habitación Roy sería capaz de recuperarse. Además, Maes creía sinceramente que quien antes había sido el orgulloso Coronel Mustang, quisiera que Ed lo viera de esa manera. Lo mejor para todos era que el muchacho rubio saliera de allí.
A Roy, sin embargo, no le gustó para nada el rápido contacto que Maes tuvo con Ed cuando lo empujó hacia la puerta. El delirante hombre hizo un bestial sonido, y se lanzó contra Maes, aún intentando proteger a Ed de los males que solo él podía ver. Maes lo agarró y lo sostuvo fuertemente contra su pecho, temiendo que Roy pudiera lastimarse a sí mismo en su ataque de histeria si no lo inmovilizaba.
Roy comenzó a hiperventilar, sus ojos se tornaron salvajes mientras su estresado cuerpo y mente intentaban aumentar su terror y confusión. El aparato que monitoreaba su corazón emitió un fuerte sonido continuo, advirtiéndole a Maes que el corazón de Roy estaba latiendo peligrosamente rápido. Necesitaba calmarse, o su ya débil corazón se daría por vencido.
—No lo lastimaré, Roy... ¡Soy yo! ¡Maes! —intentó convencerlo mientras su voz se quebraba; se sentó en el borde de la cama y mantuvo su tono de voz cuidadosamente bajo a la vez que sostenía al Coronel— Estás a salvo aquí, ambos lo están.
Roy gritó y se agitó débilmente en los brazos de Maes, lo bastante exhausto como para seguir con sus intentos de escape.
— ¡Solo corre, Acero! ¡Por favor! N-no puedo... —suplicó Roy, mirando al muchacho por encima del hombro de Maes. Maes observó a Ed, que se había quedado congelado debido al shock producido al escuchar lo que el Coronel estaba balbuceando.
— ¡Sal de aquí, Ed! ¡Ve y trae a una enfermera, o algo! —le gritó Maes.
Edward se sacudió como si hubiese sido golpeado, sin embargo salió de alarmado aturdimiento y se giró rápidamente para correr fuera de la habitación, pidiendo ayuda.
—Vamos, Roy... —dijo Maes, girándose hacia el asustado y jadeante hombre que se encontraba entre sus brazos—. Todo estará bien, solo cálmate.
—Por favor, por favor, no... —dijo el Coronel, las palabras que salían de su boca parecían los asustadizos sonidos que emitía un perro golpeado que temía otro violento ataque por parte de su dueño— Deténganse, por favor... No me toques... Ya te lo he dicho, no sé nada...
El corazón de Maes se rompió al escuchar esas estremecedoras palabras. Solo podía imaginarse los horrores que Roy estaba experimentando en su propia mente, haciendo que el hombre suplicara tan ávidamente. El Mayor apretó contra sí mismo a su desesperado amigo, presionando su mejilla contra el lado de la cabeza de Roy.
—Oh, Roy... Lo siento tanto... —susurró Maes con voz ronca, aunque el hombre que intentaba calmar se retorcía en sus brazos y le gritaba, sin siquiera notar las lastimeras palabras de su amigo.
— ¡No me toques! ¡NO ME TOQUES...!
Maes escuchó un ruido en la puerta detrás de él, luego un par de femeninos y fuertes brazos rodearon los hombros de Roy con gentileza, pero firmemente alejándolo de los brazos de Maes, y obligándolo a que se acostara en la cama. El Mayor observó a la enfermera que lo hizo a un lado para que ella pudiera mantener al histérico hombre acostado en la cama, mientras otra enfermera inyectaba rápidamente una dosis de un líquido transparente en la línea intravenosa.
—Nos encargaremos desde aquí —le dijo la mujer con la jeringa a Maes, moviendo ligeramente su cabeza indicándole que quería que saliera al pasillo. Maes se detuvo, observando como el sedante hacía efecto en el cuerpo Roy; el hombre se quedó quieto, a la vez que un trémulo gemido se escapaba de su boca, sus atemorizados ojos se cerraban y su cuerpo se relajaba en el colchón.
—Vamos, Mayor —dijo una voz a su lado, Maes miró a Ed mientras el muchacho lo agarraba del codo, y lo guiaba fuera de la habitación. Ambos se mantuvieron en el umbral de la puerta, intentando ver a través de la cortina de privacidad para enterarse de lo que estaba sucediendo, pero todo lo que pudieron ver fueron las siluetas de las enfermeras haciendo su trabajo.
Maes y Ed intercambiaron una mirada inquieta, el Mayor se pasó una mano temblorosa por el oscuro cabello, intentando calmar su errático latido, y reprimiendo la dolorosa opresión en su garganta.
— ¿Qué... qué hiciste para que reaccionara de esa manera? —preguntó Maes, aún asombrado por el violento y abrupto ataque de Roy.
— ¡Nada! —se defendió Ed, claramente enojado— Se equivocó al decir la masa del Flúor, así que... así que lo corregí, y él... se volvió loco. N-no quería asustarlo, lo siento mucho...
—Oh, no te lamentes por eso, Ed... —dijo Maes suavemente, una pequeña sonrisa asomándose por las comisuras de su boca— Esta ha sido la mayor cantidad de actividad por parte de él que hemos tenido desde que lo trajimos, así que tal vez sea un buen signo. Incluso te reconoció... Eso tiene que ser una mejora, ¿no lo crees?
Ed se encogió de hombros, y dejó de mirar a Maes, probablemente estaba muy abrumado como para sentir que había algo reconfortante en esas palabras.
—Quiero decir... es algo bueno, ¿no?
Gracia Hughes se mordió el labio y suspiró sosteniendo el auricular del teléfono, le dolía escuchar la desesperada esperanza en la voz de su esposo. Maes estaba llamando desde la cabina telefónica que había en el hospital, y le acababa de contar acerca del pequeño lapso histérico –y casi consciente- que había tenido Roy.
—No puedo asegurar que sea un buen síntoma, pero ciertamente es un síntoma de algún tipo —replicó ella cautelosamente—. ¿Qué sucedió para que Roy reaccionara de esa manera? ¿O solo comenzó a delirar de la nada?
—Estoy seguro que Ed desató esa reacción de alguna manera... ¡Cariño, Roy incluso lo reconoció! ¡Incluso lo llamó por su nombre y todo!
— ¿Te reconoció a ti?
—...No.
Gracia hizo un gesto internamente al escuchar todo el dolor que contenía esa sola sílaba; hubo una pausa antes de que Maes continuara.
—De todas maneras, las enfermeras dijeron que podía quedarme con él esta noche. Quiero estar aquí por si... tú sabes... si sucede nuevamente.
—Está bien, querido, hazme saber si algo sucede. Solo... solo no te hagas ilusiones, Maes.
—...Sí. Sí, lo sé.
—Te amo.
—Yo también te amo. Dale a Elysia un beso de buenas noches de mi parte. Te veré en la mañana.
Click.
(1) Como ya saben, el sistema métrico usado en Latinoamérica es distinto al que se usa en los Estados Unidos y otros países del mundo (de hecho, creo que el único país de habla inglesa que comparte nuestro sistema métrico es Inglaterra); por tanto, decidí traducirlo literalmente, tal y como aparece en el FF original, lo que significa que esa cifra sería convertida en, aproximadamente, quince kilogramos.
(2) Bien, si lo traducía como estaba en el FF quedaría así: "Lo que Roy había expresado en su testamento"; pero médicamente, eso no existe (lo sé porque trabajé en un hospital hace unos años atrás ^^ No pregunten por qué escogí el sendero de la escritura y la traducción :P), existe un documento legal en donde se estipula que en caso de que algún procedimiento llegue a fallar, y el paciente tenga un paro cardio-respiratorio no se le revivirá. Es por eso que antes de entrar a cirugía te hacen decidir si quieres o no que te revivan si algo sale mal, en caso de ser menor de edad o estar inconsciente antes de la cirugía, o no estar dentro de tus plenas facultades mentales, el documento lo firma un familiar, o el representante legal del paciente.
Notas de la Traductora:
Hola de nuevo, lectores y lectoras de 'Sálvame' ^^
Bien, acabó de traducir el segundo capítulo del Fan Fic (por fin, sí lo sé :3) Creo que me llevó menos tiempo de los que había pensado porque gracias a mi celular pude traducir el resto del documento en él... Te amo, mi querido y útil celular :3
Espero poder continuar a este ritmo, pero no les prometo nada ^^
Disfruten este nuevo capítulo que trae consigo la intempestiva llegada de Edward (sería extraño que apareciera de otra manera xD), y una pequeña mirada al por qué Roy está en el estado en que se encuentra (pobrecito T_T).
Se despide,
Yuzuki Kuro :3
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