IMPORTANTE:
((Notas de la Autora: algunas cosas de este capítulo pueden ser difíciles de seguir para algunas personas, solo recuerden que los párrafos o frases que están en letra cursiva son pensamientos, sueños, alucinaciones, etc. Soy demasiado estúpida para explicarlo mejor... :) La mayoría de los errores gramaticales y/o estructurales son intencionales))
Notas de la Traductora: Bien, se supone que aquí entro yo a explicar algo de lo que dijo la autora, pero a veces tiendo a extenderme con las explicaciones, ya vieron un ejemplo de eso en el capítulo anterior con las notas sobre el sistema métrico y lo del representante legal...
Ahora, bien, se preguntarán por qué esta nota de Autor y de Traducción están al principio del capítulo, pues bien, quiero contarles que este capítulo es un poco difícil de traducir dado que la autora colocó algunos de los pensamientos y alucinaciones que menciona dentro de los mismos párrafos de narración :O Fue un caos traducirlo bien, pero espero me entiendan y, sobre todo, que entiendan el capítulo ^^
No me despido aún porque hay más notas de traducción por venir :3 ¿A qué no se lo esperaban, cierto? xD
Disclaimer: los personajes de Fullmetal Alchemist le pertenecen a Hiromu Arakawa.
Por Dios, Qué Perfume Tan Horrible
"El Coronel tragó una bocanada de su propia sangre. Jamás la escupió, no quería darles la satisfacción de ver cuánto estaba sangrando; a veces sangraba profusamente... a veces solo era un poco, un pequeño corte en su labio, o una laceración en sus encías pero, esta vez, estaba sangrando mucho. Le habían sacado uno de los dientes golpeándolo con ese maldito tubo otra vez; se había tragado el diente también. Había jugado con la idea de escupirle el diente en el rostro al hombre que lo había golpeado... pero en vez de eso, solo cerró los amoratados ojos y esperó silenciosamente a que esta ronda de preguntas terminara.
No podían hacerlo rebajarse a su nivel.
—Esto se está volviendo aburrido, Coronel —dijo Jenkins apartando el tubo ensangrentado; el objeto cayó al suelo con un sonido metálico, aumentando momentáneamente el dolor de cabeza del Coronel. Jenkins inhaló una gran bocanada del humo de su cigarrillo, y luego lo escupió en el rostro de Roy.
Roy actuó como si no hubiera escuchado al hombre hablar, y se concentró en respirar lo más calmadamente posible a través de su sangrante nariz; Jenkins suspiró como si fuera un profesor que lidiaba con un alumno particularmente obstinado, y se movió un poco para quedar más cerca del hombre. El Coronel sabía lo que vendría a continuación, y le tomó un gran esfuerzo controlar el de no retroceder anticipadamente.
—Todo lo que quiero de ti... —susurró Jenkins mientras comenzaba a hundir su cigarrillo en la ya quemada piel de los omóplatos de Roy. El Coronel apretó los dientes al sentir el dolor, pero no hizo ningún sonido; ya casi estaba acostumbrado a eso. Casi—...es que me des unas cuantas respuestas. Eso es todo.
Roy no dijo nada.
—Hm. Has estado muy tranquilo los últimos días. Estoy comenzando a extrañar tu inteligente sagacidad y tus comentarios sarcásticos, ¿estamos comenzando a meternos bajo tu piel, maldito bastardo? ¿Cerraste la boca porque tienes miedo de lo que puedas llegar a decir?
—Púdrete —murmuró Roy con voz ronca, había sangre derramándose por la comisura de su boca, a la vez que habría los ojos y los fijaba en los ojos del otro hombre; Jenkins sonrió, y algunos de sus camaradas rieron desde la mesa que había en la parte de atrás del lugar, en donde estaban jugando cartas.
Sin embargo, lo que decían era cierto, se estaban metiendo bajo la piel de Roy; no había dormido en cuatro días, ni había comido en ocho, y esos hombres lo habían estado interrogando durante dos semanas completas, en las cuales le habían fracturado los dedos, lo habían golpeado, le habían quemado la espalda con cigarrillos, le habían cortado la carne de los muslos y los brazos con estacas de metal afilado... Honestamente, Roy pensaba que le faltaría la fuerza necesaria para mantenerse en pie, si no fuera por el hecho de tener sus brazos amarrados a una viga por encima de su cabeza.
Las ganas de rendirse y decirles todo lo que sabía eran, casi, abrumadoras... pero no. No, él era Roy Mustang. Él era el MALDITO Coronel Roy Mustang, y ellos no podrían doblegarlo.
—Oh, vamos, amigo... —comenzó Jenkins nuevamente— Todo lo que queremos es a ese mocoso rubio alquimista, y tu sabes dónde está, o al menos sabes cómo podemos encontrarlo; solo danos un poco de información acerca del pequeño hereje, y tú y tus hombres podrán irse a casa. Es tan simple como eso.
El Coronel cerró sus ojos y tragó más sangre: así que se trataba de eso nuevamente. El interrogatorio usualmente fluctuaba entre ellos queriendo saber acerca del destino de su ciudad, y la información de todas las debilidades en la fuerza militar... pero, de alguna manera, siempre regresaban al tema de Ed.
—Nuestro Profeta Cornello es un hombre amable, y ese mocoso se aprovechó de su hospitalidad. Y no solo eso, sino que ensució nuestra ciudad con su blasfemia... Todo lo que queremos es un poco de justicia, puede entender eso, ¿verdad, Coronel?
El Coronel mantuvo la calma, presionando su lengua contra el vacío irregular que había dejado su molar con la esperanza de hacer que el sangrado se detuviera.
Jenkins suspiró condescendientemente de nuevo, se inclinó para recuperar la ensangrentada pieza de tubería. — ¿Deberíamos continuar con el tubo? Podría cambiar por los alicates, si así lo prefiere —sonrió divertido por su propia crueldad improvisada.
—El tubo está bien —dijo Roy, su misma cortesía haciendo eco debido a su boca sangrante—, pero promete golpear más fuerte esta vez, de otra manera solo te estarías avergonzando a ti mismo. Talvez puedas invocar a ese estúpido dios tuyo para que te dé más fuerza... porque todos podemos ver cuánta ayuda les ha dado a tu pueblo hasta este momento.
El rostro de Jenkins se oscureció, su falsa camaradería dio paso a su ira; Roy se permitió sonreír complacido: habían pocas cosas que el Coronel podía hacer para provocar a sus captores, insultar a su dios y hacerlos enojar hasta que algún día llegaran demasiado lejos... que lo golpearan un poco más fuerte, y lo mataran, era su única libertad. Su única esperanza.
Jenkins levantó el tubo lánguidamente, y se paró en frente del Coronel.
—Como desee —escupió justo antes de golpear el objeto contra un lado del mentón de Roy con un violento e iracundo golpe, que tuvo la habilidad de salpicar la sangre en el suelo, formando un arco oscuro..."
...Roy abrió los ojos, pero los volvió a cerrar de inmediato mientras exhalaba un suspiró.
Había estado soñando.
Por lo que parecía, había estado soñando continuamente. Incluso cuando no estaba dormido.
Con frecuencia, no podía distinguir las pesadillas que tenía de los horrores que tenía que enfrentar día tras día... Era mejor no pensar en eso ahora; debería dormir un poco más mientras podía, quién sabe cuando tendría la oportunidad de permitirse un lujo como ese nuevamente...
Pero entonces se detuvo.
Lentamente, su perezosa mente procesó la breve vista que honraba a sus susceptibles ojos antes de que los cerrara de nuevo; se obligó a abrir los ojos otra vez, y observó el techo sobre él, absorbiendo la suave blancura que éste emitía. Un miedo súbito lo invadió.
¿Dónde estoy? ¿Dónde estoy? ¿Dónde demonios estoy?
No sabía dónde estaba... era segura que no se encontraba en auditorio de techo abovedado donde lo habían mantenido prisionero durante tanto tiempo... Esta habitación era más pequeña y estrecha. De repente se sintió claustrofóbico, su respiración se estancó en sus pulmones dolorosamente, saliendo de él en jadeos de pánico mientras intentaba no perder los cabales. Estaba en una cama, en una habitación pequeña, con una ventana, era de noche. Blanco, blanco, blanco... Todo a su alrededor era blanco.
— ¿...Estás despierto? —preguntó una voz de repente.
El corazón de Roy se sacudió en su pecho, sus ojos rodaron hacia el lado buscando la fuente de donde provenía la voz; había un hombre sentado en una silla al lado de la cama, se había quedado completamente inmóvil, su mano se había congelado en el proceso de cambiar una página del libro que sostenía. Lentamente, como si tuviera miedo de asustarlo, el hombre movió su silla hacia la cama, y colocó sus manos en la barandilla de metal de la cama.
— ¿Sabes quién soy? —preguntó tentativamente.
—M-Maes —respondió Roy con voz áspera, el nombre llegó a sus labios antes de siquiera procesarlo—. Maes Hughes.
El pálido rostro de Maes dibujó una enorme sonrisa, y las lágrimas brillaron en las esquinas de sus ojos.
—Por Dios, Roy —rió, limpiando sus ojos con la manga de su camisa— ¿Sabes lo bueno que es escuchar que digas mi nombre?
Roy lo observó con incertidumbre por un segundo antes de mirar a otro lugar, su mirada se posó en el techo del lugar: estaba desorientado, su mente estaba nublada y confusa, podía sentir dolor, pero era una especie de dolor distante, apagado que hacía contraste con el horrible dolor que había sentido en su sueño. No podía -¿por qué todo es tan blanco?- concentrarse.
Maes alargó su mano y rozó sus dedos contra el brazo de Roy; Roy se alejó de él como si hubiera sido electrocutado, a la vez que su corazón comenzaba a latir con ritmo frenético. Presionó su cuerpo contra la barandilla metálica que estaba al otro lado de la cama, intentando mantenerse lo más lejos posible de Maes.
— ¡No me toques! —siseó automáticamente con la voz quebrada.
Maes retiró su mano con rapidez, su rostro se contrajo en un gesto de alarma, lastima y profunda tristeza; Roy cerró los ojos con fuerza e intentó tranquilizarse. No, no, no... él es Maes. Maes, ¡por todos los cielos! Maes no lo lastimaría... Maes no lo haría, Maes no lo haría...
Sí, si lo haría. Él te lastimará... te asesinará...
Maes no lo haría, Maes no lo haría, Maes no lo haría...
—Está bien, Roy... —susurró Maes con voz dolida— Estás a salvo, estás en un hospital.
— ¿En... en Central? —se aventuró Roy a decir luego de un rato, intentando pensar más allá de los oscuros murmullos de su cansada mente; las palabras de Roy sonaron extrañas en sus propios oídos.
—Sí, sí, así es —le animó el hombre, sonriendo nerviosamente—, te... te trajimos de vuelta hace poco más de dos semanas.
Roy bajó su mirada hacia sí mismo, sus ojos viajaron por las vendas que cubrían algunos de sus dedos; sus uñas estaban creciendo nuevamente, sus brazos estaban cubiertos de cicatrices y cortes que aún estaban sanando, varios de ellos aún estaban vendados con gaza.
— ¿Qué tan malo...? —preguntó flexionando sus manos.
—Pues —comenzó a decir Maes con cautela—, tienes varias fracturas y huesos rotos; tu pierna es un completo desastre, pero ahora está mejor que cuando llegaste aquí; estabas lleno de cortes y laceraciones, y también hubo una especie de... desgarramiento —la última palabra la dijo dubitativo, pero la nublada mente de Roy estaba tan distraída como para entender lo que el hombre había querido decir con ese tono, así que lo dejó pasar.
—Oh —fue todo lo que Roy pudo decir.
—Pero, estás bien —se apresuró Maes a añadir, moviendo su cabeza hacia un lado, observando a Roy de modo indescifrable—, te estás recuperando muy bien.
— ¿Y mis hombres...? ¿Encontraron a mis hombres?
Eso detuvo a Maes, su sonrisa desapareció nuevamente y tuvo que mirar hacia otro lugar; su mirada verde se enfocó en sus manos. —No creo que sea un buen momento para hablar de eso —murmuró—, quiero decir... Estoy seguro que no te das cuenta, pero has estado en coma prácticamente durante dos semanas, y... y debería traer a una enfermera o algo... alguien debería saber que estás consciente...
Estaba balbuceando, incluso en el estado actual de Roy, el hombre podía ver que Maes se sentía muy incómodo con ese tema, y que eso solo podía significar que las cosas habían salido muy mal para los hombres de Roy.
—Maes —presionó Roy, el miedo le estaba invadiendo de nuevo—, ¿cuántos de mis hombres volvieron a casa?
—Roy... en serio, has vivido un infierno, podemos hablar de esto después.
— ¡Mayor Hughes, le estoy dando una orden directa para que responda a mi pregunta! —Roy prácticamente había gritado la orden debido a una ola de miedo repentino, su voz aún estaba ronca debido a la falta de uso; en los años que se conocían, Roy jamás había usado su rango militar con Maes, pero esta vez quería saber qué tanto les había fallado a sus hombres... necesitaba saber cuántos de sus hombres habían caído gracias a su –tú les fallaste, inútil perra homicida- debilidad como líder.
—...Sobrevivieron diecisiete —dijo Maes finalmente, su titubeante voz era tan baja que Roy apenas si pudo escucharlo; la boca de Roy se secó al escuchar el bajo número de sobrevivientes, el shock fue tan fuerte que hizo que su visión se nublara por un segundo.
— ¿...Diecisiete...?
¿Eso es todo?
Tú los asesinaste.
Maes tragó saliva y asintió, desviando su mirada hacia otro lugar.
No podía ser posible: de los sesenta hombres que había guiado en Lior -¡sesenta!-, ¿menos de un tercio había sobrevivido? Ellos habían confiado sus vidas en las manos de su comandante, y él les había fallado. Les había fallado a todos.
"— ¿Aún no hablas, maldito hijo de perra? Estamos matando a tus hombres justo en frente de ti y aún así, ¿no quieres hablar? ¿Ni siquiera para salvar sus vidas? Qué gran líder eres, demonio asesino... Espero que Dios te perdone, porque existe un lugar especial en el Infierno para aquellos que permiten que sus hombres sean asesinados cuando podrían hacer hecho algo para detener el derramamiento de sangre con solo unas palabras..."
Lo siento, lo siento... Tengo que... Yo... No puedo... dios, lo siento mucho...
— ¿...Roy, estás bien?
Roy parpadeó y miró a Maes, haciendo a un lado los recuerdos y las voces que resonaban en su mente. ¿Estaba bien? Era una simple pregunta que se respondía con un sí, o un no, sin embargo se encontró a sí mismo sin saber qué podía responder. El rostro de Maes estaba lleno de tanta tristeza... las lágrimas se formaron en sus ojos nuevamente, empapando sus oscuras pestañas; Roy lo miró por un momento sin emoción alguna, no confiaba en no poder ocultar ese horrible sentimiento que estaba intentando alejar de su mente, a aquél lugar donde no tuviera que seguir pensando en eso. No podía pensar en ellos en ese momento.
Lo siento mucho...
Sin darle a Maes respuesta alguna, Roy se acostó de medio lado y descansó su cabeza en el frío metal de la barandilla de la cama, abrazándose a sí mismo mientras temblaba; no podía lidiar con eso ahora mismo. No podía, no podía, NO podía.
— ¿Quieres... quieres que me vaya? —preguntó Maes suavemente, su dolida voz haciendo eco en la pequeña –blancablancablanca- habitación.
Roy se tensó.
—No me importa —dijo su boca antes de pensarlo.
No, no, no, no me dejes, Maes. Oh, dios, por favor, por favor, por favor no me dejes solo otra vez... gritó su mente.
Maes dejó de hablar, mientras Roy se ponía en posición fetal, su pierna fracturada enviaba oleadas de dolor hacia su cadera al tratar de moverse; no podía respirar, era como si algo pesado estuviera oprimiendo su pecho, haciéndolo jadear, haciéndolo temblar, haciendo que su visión se nublara y su garganta se cerrara.
No puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no puedo, no...
Claro que no puedes, débil fracasado...
Se mordió el labio y cerró los ojos con fuerza.
Detente.
En todo el tiempo que había pasado en aquél oscuro y ensangrentado auditorio, Roy jamás había cedido ante sus emociones; no había cedido ante ellas cuando lo golpeaban hasta dejarlo inconsciente, no había cedido ante ellas cuando le habían disparado en la cabeza al Soldado Zane justo en frente de él porque el Coronel se había rehusado a hablar... ni siquiera cuando sostenían a Roy y –no me toques- le hacían cosas, obligando a los soldados sobrevivientes a ver como lo violaban. Después de todo eso, no tenía derecho a llorar; no podía sucumbir a eso después de no haber mostrado remordimiento alguno por sus hombres mientras eran –"un lado de su cabeza se hundió... trozos de carne dañada y tejido cerebral goteaban desde su nariz y, por dios, solo tenía diecinueve años"- asesinados debido a su silencio. Debido a él. Rendirse ahora... sentirse angustiado y, sí, incluso sentirse aliviado de haber sido privado de su pequeño infierno personal, ¿no era una forma de traición? ¿Eso era tan malo?
Detente. Solo detente.
Se mordió el labio con más fuerza, sintiendo el sabor de la sangre, el tan familiar sabor férreo en su boca; estaba conteniendo las lágrimas, pero no podía detener los temblores y los jadeos tal como un patético debilucho, y sus ojos estaban abiertos de par en par, perdidos en la nada.
Una mano se posó dubitativa en el hombro de Roy, el gesto era ligero, como si estuviera pidiendo permiso para estar allí; la piel de Roy se erizó al sentir el afable contacto, y gracias a la reciente experiencia su piel le gritaba que se alejara, mientras su alma pedía más. Roy dirigió su mano hacia su hombro y tomó la mano de Maes entre la suya; lentamente, haló el brazo de su amigo y presionó su rostro contra la palma abierta de Maes, exhalando su angustia a través de sus dientes apretados, queriendo ser abrazado pero a la vez muy atemorizado de pedirlo.
Maes hizo un suave sonido y se acercó a él; cuidadosamente, se metió en la cama de hospital junto a Roy, acomodándose a su lado en el pequeño espacio. Roy acercó más su espalda hacia el cálido cuerpo de su amigo, una parte de él estaba desesperada por sentir contacto humano, mientras la otra parte –no me toques, no me toques- se sentía asqueada y atemorizada debido a su cercanía, llenando su mente con gritos silenciosos. Maes regresó su mano al hombro de Roy y, con gentileza, lo instó a girarse sobre sí mismo para poder quedar frente a frente; Roy observó al hombre, notando el rastro de lágrimas que adornaban las mejillas de su mejor amigo, y fue abrumador ver las intensas emociones plasmadas en sus verdes ojos.
—Se acabó. Todo está bien, Roy... todo terminó —susurró Maes acunando la parte trasera de la cabeza de Roy, mientras acariciaba su cabello. Esas fueron todas sus palabras pero era todo lo que necesitaba decir.
¿Se acabó?
El corazón de Roy dio un vuelco en su pecho, y su acelerada respiración cesó por un momento mientras absorbía lo que las palabras de Maes querían decir. Y entonces, lentamente, Roy bajó su cabeza, dejándola descansar contra la clavícula de Maes... inhaló profundamente... y sollozó.
Maes lo envolvió con sus brazos inmediatamente, acercándolo más hacia su pecho, tal y como lo haría con un niño histérico, a la vez que le susurraba reconfortantes palabras que no parecían tener un significado en especial. Roy humedeció la tela gris de la camisa de Maes, oliendo ese horrible perfume que siempre insistía en usar debido a que Elysia se lo había regalado el año pasado para el Día del Padre; por mucho Roy hubiese odiado ese olor tres meses atrás, ahora era como una droga de la cual no podía obtener lo suficiente. Ese olor representaba completamente a Maes Hughes, y la seguridad de su calidez.
Se acabó. Se acabó. Se acabó. Las palabras se repitieron una y otra vez en la cabeza de Roy mientras se aferraba a Maes y sollozaba con una terrible y exhaustiva violencia, llegando a pensar que incluso moriría en el intento. Y, por supuesto, estaría encantado de morir cobijado por el fuerte, protector y seguro abrazo de Maes. Sollozó e hiperventiló, demasiado abrumado como para hacer otra cosa que no fuera esconderse en el pecho de Maes y llorar... sintiéndolo, oliéndolo, y olvidando todo en su poderoso abrazo.
Se acabó, se acabó, se acabó...
Una enfermera entró en la habitación, y sedó a Roy no mucho después de haber entrado; su creciente pánico había hecho que los monitores se volvieran locos, alertando al personal médico debido a que el nivel de estrés de su corazón era peligrosamente alto. También se había mordido el labio inferior en su frenética emoción tan fuerte, que había teñido la camisa de Maes con su sangre; Maes había intentado calmar a su amigo durante varios minutos mientras éste temblaba y sollozaba en sus brazos, pero nada de lo que Maes dijera o hiciera parecía hacer alguna diferencia.
Roy ni siquiera notó cuando la enfermera entró a la habitación, pero cuando intentó hacer que Maes saliera, su pánico se convirtió rápidamente en histeria; Roy se aferró a Maes con cierta necesidad casi violenta, gritando y rogando desesperadamente para que no lo dejara. Solo se calmó un poco cuando la enfermera aceptó que Maes se quedara, pero la mujer insistió en sedarlo antes de dejarlos solos.
Incluso luego de que Roy quedara casi inconsciente debido a los tranquilizadores, Maes continuó abrazándolo, acariciando su espalda y susurrando palabras reconfortantes; y aunque los ojos de Roy se cerraron y sus intranquilos sollozos se calmaron, no se durmió inmediatamente ya que la droga aún estaba flotando en su sistema sanguíneo.
Roy balbuceó algo entre dientes, su respiración contenida en su pecho.
— ¿Qué dijiste? —preguntó Maes.
—Ed... —susurró Roy, era obvio que estaba teniendo problemas para mantenerse despierto— Él... ¿está vivo...?
Una suave y triste sonrisa se abrió paso en los labios de Maes sin que él pudiera evitarlo. —Sí, él está bien.
—Ellos se lo llevaron... N-no pude... Lo siento...
—...Él no estaba allí, Roy. Él nunca estuvo en Lior.
—No... no, yo lo vi... Él...
—Él está bien, lo juro; acabo de de hablar con él esta mañana... Debiste haberlo soñado.
Maes decidió de inmediato no decirle a Roy acerca del pequeño episodio que había tenido al ver a Ed esa mañana, no necesitaba añadir forzarlo... Además, estaba tan drogado que probablemente no recordaría lo que Maes le dijera.
—Necesito... hablar con él...
—Se lo diré.
—Y... quiero m-mis guantes...
— ¿...Tus guantes?
Roy hizo un pequeño sonido de afirmación y cayó rendido, su temblorosa respiración era cálida contra el pecho de Maes; Maes suspiró acomodando su mentón sobre la cabeza de Roy, cerrando sus adoloridos ojos mientras sentía que su camarada herido se relajaba completamente, dejándose caer en los brazos de Morfeo.
El Mayor no sabía qué esperar cuando Roy despertara –sí es que lo hacía- de su trance... pero ciertamente no habría esperado una reacción como la que había tenido... O al menos, no de inmediato; Roy era el tipo de persona que escondía su dolor, escondiéndolo hasta que crecía más allá de su habilidad para poder mantenerlo bajo control, y era entonces cuando sucumbía a el... aunque lucharía contra su propio dolor todo el tiempo.
Maes no podía envidiar para nada el ataque que Roy había tenido. No, para nada... De hecho, estaba un poco contento de que Roy se hubiera abierto tan rápidamente, exponiendo su naturaleza para que Maes pudiera ayudarlo a sanar; era inesperado y totalmente angustiante, pero Maes pensaba que el ataque nervioso sería mejor para Roy a largo plazo...
Tal vez mañana estaría mejor, más lucido y más alerta sobre lo que había sucedido, y sobre lo que estaba sucediendo a su alrededor. Había un par de conversaciones pendientes entre ellos que tenían que ser habladas... algunas cosas terribles que tenían que discutir para que así Roy pudiera superar lo que había vivido; mañana, ciertamente, sería muy pronto como para ahondar mucho en la razón tras el dolor de Roy, pero cuando él estuviera listo, Maes se prometió silenciosamente que estaría allí para escuchar.
Sin embargo, Maes ya se había adelantado: si el ataque de Roy le había enseñado algo, era que Maes no sería capaz de predecir cómo iba a reaccionar el hombre a través del proceso; lo que fuera necesario... Maes lo haría. Se había hecho un juramento a sí mismo, a los doctores, y especialmente a Roy que haría cualquier cosa para ayudarlo.
Un suave lloriqueo provino de la garganta de Roy, mientras su ceño se fruncía entre sueños.
Ed entró en la oficina sintiéndose un poco incómodo, el personal lo miró por un par de segundos mientras entraba, pero la mayoría de ellos volvieron a sus labores poco después de saludarlo con un leve asentimiento. Hawkeye, sin embargo, le sonrió débilmente desde su escritorio.
—Buenos días, Acero —dijo ella señalándole la silla en frente suyo para que se sentara.
—Buenos días... —murmuró él sentándose en la silla que la mujer le señalaba.
— ¿...Puedo ayudarte en algo? —preguntó la mujer al verlo sentarse en la silla mirando sus manos con aburrimiento.
—No, no en realidad... Solo me preguntaba si... ya sabe...
Hawkeye sonrió cansinamente, a la vez que sus hombros se hundían un poco: —No, no hemos tenido ninguna noticia de él desde ayer; el Mayor Hughes se quedó con él toda la noche, así que estamos esperando que venga a decirnos algo nuevo.
Ed asintió lentamente, su encuentro con el Coronel el día anterior lo había asustado tanto que no había podido dormir en toda la noche; el muchacho no había podido sacar de su mente la mirada aterrada que tenían los torturados ojos de Mustang... y como, incluso en las profundidades de su frenética histeria, había intentado seguir protegiendo a Ed. La culpa le estaba carcomiendo el alma, incluso cuando Hughes y Al le habían dicho que nada de lo que estaba sucediendo era su culpa... pero, ¿cómo demonios podrían saber si él había sido el responsable o no de todo eso? Solo Mustang sabía la verdad.
—El Mayor Hughes dijo que te había reconocido... —comentó Hawkeye, ladeando su cabeza hacia un lado, mirando a Ed con condescendencia— pero no quiso decirnos algo más.
Ed suspiró. —Sí, él sabía que era yo, pero... creo que estaba alucinando, pensó que aún estaba en Lior. Intentó atacar a Hughes porque pensó que iba a lastimarme.
—Ya veo —dijo Hawkeye finalmente, su mirada era una mezcla de decepción y preocupación—. Bien, supongo que cualquier reacción es mejor que nada a este punto.
Ed asintió cansinamente, pero no hizo comentario alguno.
Hawkeye le sonrió nuevamente con una media sonrisa triste, mientras colocaba su mano sobre la de Ed en un claro gesto de preocupación mutua; el chico la miró con un poco de incomodidad, pero algo más había captado la atención de la mujer: su cuerpo se había tensado, su gentil agarre se intensificó sobre la mano de Ed mientras miraba hacia la puerta. Ed miró por encima de su hombro y vió al Mayor Hughes entrando distraídamente a la habitación.
Todos en la oficina contuvieron la respiración mientras el hombre entraba, frotándose el rostro con una mano, luciendo totalmente exhausto; después de unos segundos levantó su cabeza, dándose cuenta que todos lo estaban mirando expectantes, y sonrió.
—Bien... está hablando.
— ¿Está... realmente está hablando hablando? —preguntó el Teniente Havoc con esperanzada incredulidad— ¿O solo... está balbuceando?
La sonrisa de Hughes se ensanchó un poco más. —Él realmente está hablando, haciendo contacto visual y todo.
Hawkeye exhaló y apretó la mano de Ed en silenciosa y reservada celebración, mientras Havoc y Breda daban silbidos de victoria; Fuery descansó su cabeza en el escritorio liberando un pequeño y débil gemido de alivio, y Falman le dio unas palmaditas en el hombro con una sonrisa extraña. Ed sintió que el peso en su pecho se disipaba ligeramente al escuchar las palabras de Hughes, y cerró los ojos con un suspiro. Si.
— ¿Entonces, está bien? —preguntó Hawkeye con un tinte de desesperación en su voz.
La sonrisa de Hughes tembló ligeramente a la vez que se encogía de hombros, y sentándose en la esquina de uno de los escritorios; de repente Ed pudo notar que el hombre tenía pequeñas manchas de sangre seca en su camisa, pero decidió que no preguntaría nada acerca de eso.
—Creo que aún es muy pronto —dijo Hughes—, quiero decir, me llamó por mi nombre anoche e hizo preguntas... pero no era realmente él mismo; me hizo decirle cuántos muertos hubo en Lior y... bueno, no tomó muy bien la noticia. Él, se podría decir que... perdió la cordura... y tuvo que ser sedado nuevamente, aún estaba dormido cuando me fui del hospital esta mañana.
La alegría que había llenado la habitación momentos antes se desvaneció, y la oficina se llenó de un silencio incómodo.
—No quise decir que no estará bien... —Hughes se apresuró a corregir— Solo digo que es probable que tome un tiempo, fue herido gravemente; nadie, aparte de Roy y las tropas sobrevivientes saben exactamente lo qué le sucedió en ese lugar, pero Riza y yo vimos el estado en el que estaba cuando lo encontramos. No creo que sea justo de nuestra parte esperar que él se recupere instantáneamente y vuelva a ser el antiguo Roy que conocíamos solo porque ahora está consciente. Al menos, no de inmediato.
La mayoría del personal de Mustang asintió silenciosamente, y se sentaron en sus sillas luciendo devastados, pero aún así optimistas.
— ¿Podemos verlo? —preguntó Hawkeye calmadamente, pero entonces se dio cuenta que aún estaba apretando la mano de Ed y lo soltó.
Nuevamente, Hughes fue cauteloso, y repasó su pregunta antes de responderle. —No sé si esa sea una buena idea... pero le preguntaré; ahora que está despierto, debe tener algo qué decir acerca de ese asunto —hizo una pausa momentánea antes de girarse hacia Ed por primera vez desde que había entrado en la habitación— Sin embargo, quiere hablar contigo.
— ¿Conmigo? ¿Por qué conmigo? —gruñó Ed, cogido fuera de base.
—Preguntó por ti, no creo que haya confiado en mí cuando le dije que aún estabas vivo; creo que recuerda algunos fragmentos acerca del pequeño episodio que tuvo ayer, y está convencido que fuiste Lior. Lo tranquilizará un poco si vas a visitarlo.
Un gran nudo de ansiedad se formó en la boca del estómago de Ed, no quería ir a ver a Mustang; su último encuentro con el Coronel lo había perturbado profundamente y, aunque estuviera preocupado por Mustang y contento de oír que estaba mejor, el solo pensamiento de verlo nuevamente... tan abatido y mentalmente inestable...
...Era realmente duro verlo así.
— ¿Dijo algo más? —preguntó Fuery tímidamente, levantando finalmente su cabeza del escritorio con los ojos brillantes por las lágrimas.
—No dijo mucho —respondió Hughes agradecido de apartar su mirada de Edward para mirar simpáticamente a Fuery—, preguntó acerca de sus heridas y de sus hombres... y por supuesto, preguntó por Ed, pero aparte de eso, no preguntó nada más. Aunque, después de estar bastante drogado por los sedantes, mencionó que quería sus guantes... pero eso es todo lo que dijo. Estaba bastante fuera de sí; creo que su mente seguía divagando... recordando cosas, probablemente. Tenía esa mirada aterrada en sus ojos...
Hughes se detuvo y sacudió su cabeza, forzándose a sí mismo a sonreír nuevamente de un modo que era casi doloroso de ver. —De todas maneras, lo está haciendo muy bien, o eso creo, en comparación a como estaba...
Hubo un murmullo general de la concurrencia en la oficina, y Hughes se puso de pie nuevamente. —Iré a casa y tomaré una ducha... talvez dormiré un rato, y luego iré nuevamente al hospital; esta tarde les haré saber cómo sigue.
Se despidió con gesto afable –aunque cansado-, y se dirigió hacia la salida de la habitación, pero entonces se detuvo por unos segundos.
—Ve cuando puedas, Ed —dijo mirando sobre su hombro— ¡Te veré luego!
Y con eso, desapareció.
Ed apretó los dientes, el nudo de ansiedad en su estómago se agitó incómodamente. Hawkeye, siempre tan intuitiva, pareció notar incomodidad y le sonrió gentilmente otra vez; Ed la miró y por primera vez, notó los oscuros círculos bajo sus ojos. Al igual que Hughes, ella estaba cansada debido a esa fatiga que calaba hasta los huesos, y que no tenía nada que ver con la falta de sueño; probablemente, ella se había estado conteniendo en medio de la tragedia, para así ser un ejemplo de fuerza para el resto del desconsolado personal de Mustang. Se le veía tensa, pero esperanzada, ahora que Hughes había traído la optimista información, sus ojos habían recuperado su brillo habitual.
—No tienes que ir hoy mismo —le dijo afablemente, sonando menos triste que cuando Ed había pisado la oficina—. De hecho, probablemente sea una buena idea que no lo hagas... Por lo que el Mayor dijo, el Coronel probablemente preciaría un poco de privacidad en estos momentos.
Ed se relajó un poco, sus nervios se calmaron ahora que la Teniente lo había liberado del malestar de ver al Coronel de nuevo, al menos durante un día más.
—Bien, entonces creo que debería volver a los dormitorios y decirle a Al las buenas noticias —dijo Ed flojamente, ansioso de salir de la oficina emocionalmente cargada; Hawkeye asintió levemente, mirándolo como si lo entendiera, pero deseando poder irse también. Ed le sonrió torcidamente y se despidió de ella.
Notas de la Traductora: Muahahaha… ¡Volví!
Espero que hayan entendido el capítulo con todas esas interrupciones de pensamientos, recuerdos, y alucinaciones dentro de los párrafos de narración. No sabía si dejarlo tal como está en la historia original, o no pero luego de tener una larga charla con mi alter-ego literato decidí dejarlo exactamente igual; además, la autora dice que esos errores gramaticales son intencionales, así que hagámosle caso a ella. ^^
Bueno, una pequeña aclaración antes de irme: los párrafos y pensamientos que están en cursivas y entre comillas, son los recuerdos; las frases que están en cursivas, son los pensamientos de Roy; y las frases que están en cursivas y en negritas, son la combinación de pensamientos que tiene Roy entre la culpa que produce su mente, y lo que le dice el afamado Jenkins (omito comentarios acerca del susodicho personaje xD).
Ahora sí, me despido luego de tan largas notas de traducción, pero eran necesarias ^^
Se despide,
Yuzuki Kuro :3
P.S: para cualquier comentario o nota pueden entrar en mi página en Facebook, Yuzuki Kuro. (Tengo la misma imagen de perfil que en esta cuenta de )
