Disclaimer: los personajes de Fullmetal Alchemist le pertenecen a Hiromu Arakawa.


Cinco Segundos

"— ¿Aún no va a hablar? Está siendo muy grosero, Coronel.

Roy levantó su cabeza levemente, no muy seguro de quién le estaba hablando: aún seguía entrando y saliendo del estado de inconsciencia en el que estaba, y de hecho sabía por un momento que estaba siendo interrogado. La mente te juega bromas cuando se es privada de descanso y nutrición, especialmente cuando el cráneo que rodea esa mente ha sido golpeado repetidamente con varios objetos pesados durante el último par de semanas. Bien, al menos ahora estaba atado a una silla en vez de estar atado en una posición de pie... y ese pequeño detalle en sí mismo permitía que Roy pensara con más claridad.

Quiero decir, ni siquiera me saludó cuando llegué esta mañana... eso fue muy rudo.

Ah, sí. Era Jenkins, de nuevo. Oh, Jenkins... ese cariñoso y amable hombre. ¿Cómo demonios podría Roy olvidarse de él?

¿Dó-dónde están mis... mis m-modales...? —Roy murmuró secamente, sus pensamientos estaban demasiado dispersos, y su cuerpo estaba demasiado adolorido como para molestarse por el tono de su voz, ya se había dado por vencido con ese asunto algunos días atrás; Roy cerró los ojos y continuó provocando a su captor, aunque su corazón ya no se interesaba por eso, el sarcasmo y los insultos llegaban automáticamente a su boca, haciendo de ellos una respuesta condicionada al dolor—. Tendrás que e-enseñarme una lección.

Oh, eso es lo que intento.

Roy escuchó que Jenkins se acercaba a él, y se alejó en anticipación a otro golpe; cuando éste no llegó, Roy abrió el único ojo que no tenía inflamado, y miró al hombre.

Jenkins lo miró maliciosamente, su gran boca se amplió hasta convertirse en una horripilante sonrisa tan enorme que contorsionaba su grasoso rostro en algo demoníaco; el corazón de Roy dejó de latir dentro de su pecho debido al terror que lo atacaba repentinamente: no era que la tétrica sonrisa de Jenkins asustara a Roy, o que éste estuviera sujetando una pistola en huesuda mano... no, lo que más alarmó a Roy fue el hecho de que el cañón de la pistola estaba siendo presionado contra la sien del soldado Zane con tanta fuerza, que la boca del arma había perforado la piel, enviando pequeños hilillos de sangre hasta la mejilla del joven soldado.

Hasta ese momento, los hombres y mujeres de la milicia que habían sido capturados con Roy no habían sido agredidos la mayor parte del tiempo; claro, habían sido golpeados un poco cuando sus captores se aburrían de él... pero nada llegaba a ser muy serio. La mayoría de las veces, solo se sentaban contra una de las paredes del auditorio, con sus manos y pies atados y encadenados al frío muro de ladrillo, siendo forzados a ver como su Coronel era golpeado hasta casi dejarlo inconsciente en el nombre de su país... Pero el hecho de que Jenkins hubiera decidido repentinamente involucrar a uno de los soldados de Roy en su pequeña guerra, era increíble.

¿Hay algo que quieras decir ahora, mi muchacho? ¿Nada en lo absoluto? —siseó Jenkins, presionando el arma aún más violentamente contra la cabeza de Zane, el muchacho dio un grito agudo, a la vez que luchaba contra las ataduras que sujetaban sus brazos detrás de su espalda, maldiciendo brutalmente a Jenkins por entre sus dientes apretados; Roy miró a Zane, fijando sus ojos en él y leyendo el terror contenido en los ojos del muchacho. Por Dios, solo era un niño...

Estás mintiendo... —le dijo Roy nerviosamente a Jenkins, sus oscuros ojos aún clavados en los brillantes ojos azules de Zane; Jenkins era una persona cruel, pero seguramente no asesinaría a un muchacho de diecinueve años... Definitivamente, esa crueldad sería, incluso, demasiado para él...

¿Seguro? ¿Crees que no le voy a disparar? —preguntó Jenkins con tono divertido y triunfante; Roy sabía que Jenkins podía ver su duda, y este hecho marcó la primera vez que Jenkins había activado una respuesta emocional que no fuese ira, odio, o humor negro por parte del Coronel. La duda de Roy, y su miedo parecía haber sido intoxicante para Jenkins... había estado esperando ansiosamente ese tipo de emociones por casi ya un mes.

Jenkins sonrió perezosamente mirando a Roy, retirando el arma de la cabeza de Zane, y haciendo que Roy sintiera cómo algo en su interior se relajara con alivio; pero entonces, sin previo aviso, Jenkins presionó el cañón del arma contra la parte trasera del hombro de Zane, y disparó.

Zane gritó al sentir cómo la bala lo atravesaba, a la vez que una explosión de sangre salía desde su hombro; Zane se tambaleó, y Jenkins le permitió caer sobre sus rodillas en frente de su Coronel, sangrando profusamente y sintiendo demasiado dolor como para seguir en pie. Roy miró a su soldado más joven con una mezcla de shock y horror, mientras Zane bajaba su cabeza y gemía de dolor.

¿Ahora me cree? —preguntó Jenkins aireadamente, moviendo con languidez el arma de regreso a la sien de Zane.

Tú, m-maldito hijo de perra... —siseó Roy.

Jenkins lanzó una carcajada, hiciendo que el sonido se expandiera en un aterrorizante eco, una resonancia que atormentaba constantemente a Roy en sus sueños cuando intentaba hallar la manera de dormir en ese infernal agujero; el hombre se agachó y agarró un puñado del revuelto cabello rubio de Zane, estirando rudamente la cabeza del muchacho hacia atrás, a la vez que presionaba el cañón del arma contra su ensangrentada mejilla. Zane gimió adolorido y cerró sus ojos, esperando a que el arma fuera disparada.

Ahora que tiene un incentivo, Coronel... —comenzó a decir Jenkins— Creo que hay un par de cosas que le gustaría decirme.

Déjalo ir, Jenkins... —suplicó Roy— ¡Él no sabe nada, es solo un soldado raso! ¡Un niño! ¡Él no significa nada para ti!

Tiene razón: él no es nada para mi, pero significa algo para ti.

Roy estaba atrapado, no le importaba ser torturado, podía tolerar el dolor la mayoría del tiempo, y no tenía miedo de morir, había sido capaz de tolerarlo, pero sus hombres... ¿Cómo podía dejarlos morir solo porque se negaba a hablar...?

Estoy esperando, Coronel, tiene cinco segundos para comenzar a hablar. Cinco...

Era por el bien de la nación, ¿verdad?

Cuatro...

Pero, ¿realmente valía la pena sacrificar las vidas de sus hombres para mantener a Ed a salvo? ¿Para mantener al Führer y a todo Amestris a salvo?

Tres...

La abatida y aterrada mirada de Zane era penetrante, haciendo que Roy sintiera más agonía que el dolor físico más fuerte que jamás hubiese sentido; Roy sabía que tenía que eligir: tenía que escoger entre la vida del muchacho que estaba arrodillado frente a sí, y el muchacho que estaba en casa. Tenía que elegir entre sus hombres y su país...

Dos...

La respuesta era obvia... pero, ¿cómo podía mirar a ese joven muchacho a los ojos para decirle que no era lo suficientemente importante como para vivir? ¿Cómo demonios le podía decir a Zane que, en el gran ardid de los sucesos, él era tan insignificante como para no ser salvado?

Uno, el tiempo se acabó Coronel, esta es su última oportunidad.

...Lo siento, Zane —fue todo lo que Roy dijo, sus palabras eran solo susurros amortiguados por la mordaza ensangrentada que le cubría la boca; los ojos de Zane se ensancharon levemente al entender que había sido abandonado, luego cerró sus ojos, resignándose a su suerte.

...Bien —siseó Jenkins.

El disparo fue increíblemente estruendoso: el lado de la cabeza de Zane se hundió debido al trauma de la herida de entrada, justo antes de que Jenkins lo soltara; el cuerpo se precipitó hacia adelante, chocando contra la pierna de Roy, haciendo que los trozos procedientes de la cabeza de Zane se salieran de su cráneo, y se derramaran sobre el regazo del Coronel, empapando su pierna de la carne dañada y el tejido cerebral que goteaba desde la nariz de Zane.

Bilis y horror se acumularon en la garganta de Roy mientras agitaba su pierna con fuerza para poder alejar el cuerpo de él; sin equilibrio, el cuerpo se deslizó y cayó al suelo con un golpe seco.

Jenkins lanzó una carcajada.

Lo siento... —le susurró Roy a su camarada caído."

— ¿Roy?

"— ¡Dios, lo si-siento tanto...!"

— ¡Roy!

"— ¡Lo siento, lo SIENTO!"

— ¡Roy, despierta!

Los párpados de Roy temblaron antes de que se abrieran mientras sentía unas manos sobre él, y gimió; desorientado y atemorizado, envolvió sus brazos alrededor de sí mismo protectoramente y tembló, la persona que sujetaba sus hombros –¡NO ME TOQUES!-, lo soltó inmediatamente y se alejó de él.

— ¡Está bien, Roy, soy yo! —dijo Maes rápidamente, luciendo asustado— Solo soy yo...

Roy lo observó con el corazón matilleándole dolorosamente dentro de su pecho.

—No tenía otra opción... —gimió Roy, a la vez que su respiración se aceleraba— No la tenía, juro que no la tenía...

— ¿...Una opción acerca de qué?

Roy inhaló profundamente, intentando calmarse y frotó su rostro con una mano, sorprendido al ver que su mano se había empapado de las lágrimas que ni siquiera sabía que estaba llorando.

—Estabas gritando en sueños... —dijo Maes incómodo.

Roy se mordió el labio, probando su sangre nuevamente, pero no respondió ante la afirmación.

—Roy, puedes hablar conmigo, lo sabes, ¿verdad? Solo quiero ayudar...

La voz de Maes era tan triste... Tan profunda y terroríficamente débil –"¡Tú, cobarde asesino! ¡Será mejor que me mires mientras te estoy hablando, maldito!"-; Roy sacudió su cabeza violentamente y cerró los ojos con tanta fuerza, que obligó a las lágrimas que aún quedaban en sus ojos a rodar por su rostro. Se limpió la mejilla con cierto fastidio irracional, y se aclaró la garganta, componiéndose: ya no estaba en Lior, en esa condenada prisión... Ahora estaba en Central, en un hospital, con Maes...

Se acabó. Se acabó. Se acabó...

—No quiero hablar de eso —dijo Roy cuando confió nuevamente en sí mismo para hablar, dándole la espalda a su amigo.

—Bien... pero cuando estés listo...

—Lo sé, Maes.

Una mordaz y adolorida mirada de angustia cruzó el rostro de Maes de nuevo, mientras hubo una pausa silenciosa antes de que dijera: —Le dije a la enfermera de Beal que querías verlo, así que ella lo estará trayendo aquí en unos cuantos minutos... pero puedo decirle que vuelva en otro momento, si eso quieres.

—No —dijo Roy rápidamente, poniendo toda su atención en Maes—, no, él puede venir; quiero verlo.

Maes parecía dubitativo, pero no dijo nada.

—Estoy bien, en serio —le dijo Roy con suavidad— Yo solo... solo tuve una pesadilla, y estoy divagando un poco. Eso es todo.

Maes asintió pero no parecía convencido: era casi palpable lo mucho que quería envolver sus brazos alrededor de Roy, como usualmente lo haría cuando ambos estaban alterados; Maes prácticamente se sacudió con la necesidad contenida de darle a Roy un consuelo físico, de abarazarlo e intentar sanarlo de la única manera que conocía. Era casi atemorizante la necesidad paternal que sentía.

Roy dejó de mirarlo sintiéndose incómodo, el solo pensamiento de ser tocado hacía que su piel se erizara.

— ¿...Te duele algo? —preguntó Maes cautelosamente luego de una corta pausa.

Roy pensó en la pregunta antes de responderla: sus dedos escocían un poco, y su pierna rota dolía demasiado, era como si alguien lo estuviera apuñalando en el torso cada vez que inhalaba aire; el espacio entre sus omóplatos, donde Jenkins había hundido todos sus cigarrillos, dolía y picaba; en su cabeza había un dolor punzante, y también había otro millón de pequeños dolores que recorrían su cuerpo de extremo a extremo, pero luego de todo lo que había pasado en Lior, ese sosegado dolor casi se sentía bien.

—Puedo tolerarlo.

El otro hombre sonrió tristemente. —Sé que puedes hacerlo, pero ya no tienes que soportarlo... Le pediré a Carol que te dé algo después de tu reunión con Beal.

—Bien... —acordó Roy con incomodidad— Solo no... solo no dejes que me seden de nuevo, no me gusta estar mareado, me hace sentir que no puedo...

— ¿Qué no puedes, qué? —preguntó Maes cuando Roy comenzó a divagar.

Me hace sentir como si no pudiera defenderme, no me siento seguro.

Nunca volverás a estar seguro. Le recordó una voz dentro de su cabeza.

Cállate. Le espetó mentalmente.

—No importa, solo diles que no lo hagan, ¿está bien?

—Bien... Parece que estás mucho mejor sin toda esa basura en tu sistema —sonrió Maes—, tus ojos están más claros, y hablas más... Es bueno ver eso.

Por primera vez en semanas, Roy se permitió a sí mismo sonreír débilmente; Maes prácticamente había suplicado durante semanas ver esa pequeña expresión de alegría, aunque solo fuera el fantasma de la antigua sonrisa de Roy.

Unos golpecitos en la puerta los interrumpió, y ambos desviaron su mirada inmediatamente hacia allí mientras una enfermera de cabello gris asomó la cabeza por la puerta entreabierta.

—El Teniente Beal viene a verlo, señor.

Roy agarró la barandilla de la cama y, con un poco de dificultad que le hizo soltar un leve quejido de dolor, se logró levantar para poder sentarse; Roy podía ver claramente que Maes estaba ansioso por ayudarlo, pero el hombre parecía estar consciente de que Roy estaba poco dispuesto a dejarse tocar en ese momento, y el Mayor se restringió a sí mismo con un pequeño silbido de triste frustación. Roy le sonrió de medio lado nuevamente para probarle que estaba bien, y luego concentró su atención en la puerta de la habitación.

La enfermera abrió la puerta completamente y empujó una silla de ruedas dentro de la habitación; desde su asiento en la silla, Beal miró a Roy y el rostro del hombre se iluminó al instante.

—Por Dios, Coronel... No podía creer que en realidad estuviera despierto hasta que lo viera con mis propios ojos... pero aquí está —dijo el hombre de cabello rubio del color de la arena sin poder creer del todo lo que veía, pero luego recordó que debía saludar apropiadamente, así que añadió: —...señor.

El hombre estaba saludando con su mano izquierda, y le tomó un momento a Roy recordar el por qué; lentamente, los ojos de Roy se movieron hacia abajo, donde se suponía que tenía que estar la mano derecha de Beal, y su estómago se revolvió.

—Descanse, Teniente —dijo Roy tranquilamente, sin poder evitar el pequeño temblor de su voz; Beal cumplió con la orden, descansando su única mano restante en el regazo. Los dos hombres se examinaron mutuamente desde ambos extremos de la habitación, cada uno contando y evaluando subconscientemente cada herida, o cada signo que lucían ambos, y que se podían ver en el cuerpo del otro.

—Ah... casi lo olvido, tengo más papeles que llenar hoy —dijo Maes de repente, intentando ser medio sutil—; enfermera Maribel, ¿podría asistirme en eso?

Y con eso, Maes enganchó su brazo con el brazo de la extaciada enefermera, y salieron de la habitación, el hombre sonriéndole a Beal alentadoramente antes de cerrar la puerta detrás de él.

Solos ahora, los dos hombres continuaron observándose mutua y silenciosamente, ninguno de los dos parecía tener la menor idea de qué decir; finalmente, Beal rompió el silencio al impulsar su silla de ruedas –bastante bien, considerando que solo poseía una mano– hacia la cabecera de la cama de Roy, y dijo con una sonrisa de medio lado:

—Se ve horrible, si no le importa que lo diga, señor.

Roy le devolvió la sonrisa, apreciando la ligereza de su tono de voz. —No puedo verme peor que tu.

Beal rió tranquilamente, viéndose complacido por el hecho de que Roy permitiera, e incluso participara en sus bromas macabras; Roy dejó que su sonrisa desapareciera mientras miraba el muñón que Beal tenía donde se suponía debía estar su mano.

—Así que, ¿no pudieron salvarla? —le preguntó a subordinado suavemente.

El teniente suspiró y levantó su brazo, observando los vendajes que se envolvían protectoramente al final de éste. —No, pero realmente no esperaba que lo hicieran, al final estaba en muy mal estado... Si la hubiera podido conservar, probablemente no hubiera tenido mucho movimiento en ella, o sensibilidad.

Roy asintió, recordando vívidamente el mellado y enmarañado revoltijo de carne y hueso en el que se había convertido la mano de Beal la última vez que lo había visto.

"—Comience a hablar, Coronel, puedo seguir haciendo esto todo el día, pero no creo que pueda decir lo mismo del pobre Teniente Beal. ¡Oops! Ahí va otro dedo, qué descuidado soy..."

Roy se sacudió, intentando dispersar la imagen de su mente mientras sentía que su pulso comenzaba a elevarse al recordar el horror, la tristeza y la culpa; cuando miró nuevamente a Beal, éste le estaba observando con cautela, un nuevo tipo de preocupación, que no tenía nada que ver con la heridas físicas de Roy, fruncía su ceño. Entendiendo que su mente debió haber divagado más tiempo de lo que había pensado, Roy rompió el contacto visual con Beal, sintiéndose incómodo súbitamente.

—...Todos pensaron que también iba a perder su pierna —dijo Beal finalmente, intentando cubrir el repentino malestar que se sentía—, incluso los doctores le seguían diciendo al Mayor Hughes que una amputación podría ser necesaria si usted no comenzaba a combatir mejor la infección...

Roy se encogió de hombros con incomodidad, luego de reflexionar, él también había esperado perder su pierna; podía recordar el yacer en el suelo del auditorio, atado y preguntándose con humor negro si iba a vivir lo suficiente como para necesitar un Automail. Ese había sido uno de los peores dolores que había sentido... cuando habían fracturado su pierna –golpe de martillo... CRUNCH... n-no puedo evitar gritar...–, y luego los subsecuentes golpes y embates hacia el devastado miembro... Hasta este punto, Roy no había pensado seriamente en su pierna, nada excepto el vago registro de que dolía; el hombre miró hacia su pierna enyesada –solo una forma abultada que sobresalía entre las mantas–, y se preguntó qué tan mal estaba.

Roy volvió a dirigir su mirada hacia Beal rápidamente, comprendiendo que había mantenido el silencio durante mucho tiempo, de nuevo. No podía evitarlo... su mente solo seguía –asesino– divagando.

— ¿Lindor pudo regresar? —preguntó Roy finalmente, intentando liderar la conversación— Recuerdo que él estaba... muy mal la noche que pudieron salir.

Los hombros de Beal se hundieron. —No —dijo con tristeza—, lo perdimos en el camino de regreso a Central, señor. Estábamos a solo una hora del hospital más cercano... pero no pudo resistir tanto tiempo.

Roy cerró sus ojos momentáneamente, conteniendo su dolor antes de que pudiera dominarlo. —Probablemente era lo mejor... —dijo sin expresión alguna— Incluso si lo hubiera logrado, no creo que se hubiera recuperado completamente.

—No creo que ninguno de nosotros lo hagamos, señor.

Roy se congeló, pero luego pretendió no haber escuchado la última afirmación de Beal, y continuó: —El Mayor Hughes me dijo que Jordan fue dado de alta la semana pasada.

Beal sonrió de nuevo con suavidad. —Sí, dejó la milicia y ahora se dirige hacia el norte para estar pronto con su familia; no puedo decir que lo culpo, no creo que su mente esté muy bien luego de todo lo que sucedió...

Mientras decía la última parte, Beal le lanzó una extraña y furtiva mirada a Roy; pero antes de que Roy pudiera entender lo que ésta significaba, Beal dijo:

—Hice una apuesta con él: aposté a que sería dado de alta antes que él... Él obviamente ganó, le debo un trago.

— ¿Sabes cuándo saldrás de aquí?

—Probablemente, en los próximos días; me estoy recuperando bastante bien, o eso es lo que dicen los doctores... al menos, mejor que usted —Beal se detuvo y su sonrisa se desvaneció, dejando una expresión de enfermiza culpa en su afirmación—...Lo abandoné, Coronel —confesó de repente—, como su Teniente, se suponía que yo debía mantenerlo a salvo, y no lo hice; se suponía que debía regresar por usted y rescatarlo, pero cuando vi lo que le habían hecho, lo dí por muerto... Y... y sé que tal vez no significa mucho para usted, pero lo siento... Por Dios, lo siento tanto, señor.

Roy lo observó abatido mientras absorbía lentamente sus palabras.

—Tenía que cuidar de los demás, Teniente.

—Sí, pero...

—La culpa no es de ustedes, sino mía; les fallé a todos ustedes como su comandante. Debido a mi debilidad, muchas vidas se perdieron.

— ¿Qué? ¡No, Coronel, no fue su culpa! —jadeó Beal, luciendo tanto triste como un poco enojado— ¡Hizo lo que tenía que hacer! Ninguno de nosotros jamás lo culpó por lo sucedido, ni siquiera en el auditorio cuando...

Beal se detuvo abruptamente, cerrando lo ojos durante unos instantes. —...Nosotros jamás lo culpamos —terminó de decir él no muy convencido; Roy miró hacia otro lugar, queriendo aceptar el perdón que le había acabado de ofrecer, pero incapaz de hacer eso. Había sido su culpa, y no merecía ser perdonado.

—Perdiste tu mano por mi culpa, Beal.

—...No discutamos eso... —dijo Beal finalmente, con un tono de voz bajo y perturbado.

Roy tragó saliva y asintió, sus ojos enfocados en la ventana: él tampoco quería pensar en esas cosas en ese momento. Hubo unos nuevos instantes de silencio entre los dos hombres, pero una vez más Beal se aventuró a romperlo.

—Además... preder una mano no es tan malo.

Roy lo miró con incredulidad. — ¿...No es tan malo?

—Sí, porque tengo esta gemela que aún puedo usar —como si intentara ilustrar su punto, Beal sonrió y alzó su otra mano, moviendo sus dedos alegremente—, ¿lo ve?

Roy lo observó sin expresión alguna durante unos momentos, y Beal le sostuvo la mirada, aún sonriente.

—No es gracioso —intentó decir Roy seriamente, aunque su rostro se contorsionó con una sonrisa, y de repente tuvo la urgencia de contener la risa, cubriendo su boca con una mano.

—No, realmente no lo es —rió Beal por lo bajo, incapaz de contenerse tan gallardamente como Roy lo hacia.

Y entonces, inesperadamente, ambos hombres comenzaron a tener un extraño ataque de risa: se reían como lunáticos, inclinando sus cabezas ante el dolor que les producía la risa en sus pechos; realmente no era para nada gracioso, pero ninguno de los dos podía detenerse, era una expresión –por así decirlo– maniática e histérica, que tenía muy poco que ver con el verdadero humor. Era catártica, era dolorosa, y era atemorizante; las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas, y ninguno de los dos estaba completamente seguro si estaban riendo o llorando... y en ese momento, la verdad ni les importaba. Todo era igual. Reír... Llorar... la verdad no importaba. Era una violenta expulsión de emociones, una tan poderosa que Roy apenas si podía respirar, su corazón se aceleró y los monitores que estaban cerca a su cama a emitir alertas, pero él las ignoró, estaba demasiado absorto en su propia miseria frenética como para importarle.

Ninguno de los hombres dejó de reír hasta que una enfermera entró e hizo que Beal se fuera, amenazando con sedar a Roy si éste no se calmaba; incluso en ese momento, ambos seguían riéndose por lo bajo mientras se despedían del otro, cada uno limpiándose las lágrimas de sus ojos y deseando estar muertos.


Notas de la Traductora:

Bueno, siento mucho la tardanza, pero estaba enferma y no pude usar la computadora durante las dos semanas anteriores, ya que estuve en cama durante esas dos semanas T_T

Sin más notas, y esperando que haya hecho entender todo este complicado embrollo de pensamientos y recuerdos...

Se despide,

Yuzuki Kuro :3