((Notas de la Autora: este capítulo es un poco corto... pero creo que es realmente importante; tal vez publique dos capítulos esta semana para compensarlo.))
Disclaimer: los personajes de Fullmetal Alchemist le pertenecen a Hiromu Arakawa.
Guantes
— ¿...Mayor, puedo hablar con usted por un momento?
Maes se giró y miró al hombre que caminaba cojeando levemente, dejando de lado el portapapeles que recién acababa de firmar.
— ¡Beal! Qué bueno es verte de pie y caminando —sonrió Maes, dándole unos golpecitos amistosos en el hombro—; escuché que te darán de alta mañana.
Beal le devolvió una ligera sonrisa. —Sí, señor, ya era hora, de hecho... Será bueno regresar a casa.
—No lo dudo. Así que, ¿de qué necesitas hablar conmigo?
Beal vaciló durante unos segundos, luego miró por encima de su hombro como si tuviera miedo de que alguien pudiera estar escuchando, y dijo: —Es acerca del Coronel...
Maes enarcó ambas cejas. — ¿Qué sucede con él?
—Pues... —comenzó a decir Beal, pareciendo estar bastante incómodo y, tal vez, hasta asustado— ¿No cree que él... ha perdido la razón?
—Bueno, sí, claro que perdió la razón un poco —dijo Maes, poniéndose a la defensiva y a favor de Roy —. Me refiero a que, por Dios, tú de todas las personas debe saberlo... luego de todo lo que le sucedió, está condenado a que su mente esté inestable durante algún tiempo; solo necesita tiempo para recomponerse.
Incluso aunque él dijo aquellas palabras, algo de lo que dijo Beal estaba perturbando a Maes: ya habían pasado cuatro días desde que Roy había tenido 'ese' episodio con Ed y, aunque no había tenido alucinaciones, aún no era el mismo. Pero, ¿cómo podían esperar que Roy fuera él mismo de nuevo y tan pronto? Sus noches estaban plagadas de constantes pesadillas... siempre temblaba, tenía dolor y estaba deprimido... Por supuesto que había perdido algo de cordura... era completamente normal...
¿Verdad?
—Lo sé, Mayor, es solo que... creo que es más que eso: la manera en que me observa a veces... su fobia de ser tocado... a veces su mente divaga por tanto tiempo, que estoy un poco preocupado de que vuelva a su estado catatónico nuevamente —Beal hizo una breve pausa, parecía bastante angustiado—. Ocurrieron muchas cosas en Lior, algunas fueron horribles... tan horribles que no creo que él sea capaz de hablar de ellas abiertamente... Incluso con usted; cosas que sé, sin dudar un solo segundo, que me hubieran llevado a la locura si nuestros lugares hubieran sido intercambiados.
— ¡Él no está demente! —dijo Maes mientras se estómago se revolvía de miedo al escuchar esas palabras venir de la boca de Beal.
—No dije que lo estuviera —se defendió Beal suavemente, alzando su mano para demostrar que no quería irrespetarlo—, pero no está bien del todo tampoco; hay algo que, psicológicamente, está mal con él, usted lo ven tan bien como yo lo veo, él necesita ayuda psicológica.
—Eso es una mentira, él está bien; aún se está recuperando, ¿qué esperabas? —murmuró el Mayor con ira, desviando su vista del Teniente y pasándolo de largo a la vez que se dirigía por el pasillo hacia la habitación de Roy.
—Piénselo, Mayor... —le recomendó Beal suavemente, sonando inexplicablemente triste.
Maes pretendió no haberlo escuchado, plasmando una falsa sonrisa en su rostro mientras entraba en la habitación donde Roy estaba internado.
— ¡Buenos días, Roy! —saludó con un entusiasmo que ni siquiera sentía.
Sobresaltado por su entrada, Roy se estremeció involuntariamente; recuperándose rápidamente, pero no lo suficiente para evitar ver el breve gesto de terror que cruzó el rostro de Maes, el hombre se mostró frustrado y avergonzado por su reacción. Y tal y como hacía cada mañana, Maes ignoró ese estremecimiento y pretendió no haber visto esa enferma emoción en Roy; era un poco incómodo y doloroso tener que pasar por la misma rutina todos los días: Roy siempre se estremecía o despertaba histérico de una de sus pesadillas, y Maes siempre pretendía estoicamente que no notaba nada de eso, y que no lo estaba hiriendo profundamente.
— ¿Cómo estás hoy?
Roy se encogió de hombros: esto era la siguiente fase de la rutina; en los cuatro días en los que Roy había estado despierto, jamás le había dado una respuesta directa a esa pregunta. Maes suspiró y se sentó en el borde de la cama mientras buscaba algo entre sus bolsillos.
—Toma —dijo Maes entregándole el par de guantes con símbolos alquímicos que Roy había estado pidiendo durante el último par de días—, por fin pude encontrar tu par extra de guantes; tuve que desvalijar tu armario para encontrarlos, espero que no te importe.
Roy se tensó y miró los guantes que Maes le ofrecía, y su rostro palideció ligeramente mientras, con un suave gemido, le arrancaba los guantes de la mano a Maes, y los presionaba contra su rostro, cerrando los ojos con fuerza.
—Dios mío... —susurró Roy, parecía estar al borde de las lágrimas, llenándose del sulfuroso y rocoso olor de la tela de ignición— ¿Qué no hubiera dado por tenerlos hace un mes...? Mis guantes fue lo primero que me quitaron... me los quitaron incluso antes de quitarme el arma.
Maes lo observó con incomodidad, no muy seguro de si esa era una buena reacción: Roy había estado preguntando por sus guantes una y otra vez durante días, pero luego de una terrible pesadilla el día anterior, había demandado que le entregara sus guantes de una buena vez. Maes había entendido que los guantes harían que Roy se sintiera a salvo y más seguro, pero nunca había esperado que reaccionara de la manera tan necesitada como el Coronel estaba reaccionando en ese momento... Esto le recordó a Maes la reacción de un drogadicto que había obtenido una dosis de su tan esperada droga luego de haber pasado días enteros de desintoxicación.
— ¿Quieres hablar de eso...? —preguntó Maes, sabiendo de antemano cuál sería la respuesta automática de Roy.
—No.
Roy no la había dicho nada acerca de su experiencia a Maes o, de hecho, a alguien más; parecía que ser que sus frases más usadas eran "No quiero hablar de eso", y "No me toques". Maes siempre se ofrecía a escucharlo y a prestar su hombro –y siempre lo haría- a Roy, pero el herido Coronel se rehusaría a ambas cosas, y elegiría entre enfadarse, o ignorar a Maes por completo.
Roy nunca había sido una persona que hablara mucho, pero su nueva costumbre de permanecer en silencio era un tanto desesperante; incluso, cuando su personal había venido a visitarlo el día anterior, no había hablado mucho, era como si realmente no supiera qué decir. Todos habían intentado hacer que se les uniera a la conversación, pero Roy solo había estado mirándose las manos incómodamente, deseando que se fueran lo antes posible; Maes había captado la indirecta y había hecho que todos salieran de la habitación por un rato. Hawkeye –por lo que Maes había notado-, parecía realmente perturbada debido a la experiencia... y, de hecho, Havoc había dejado la habitación durante la vista para pararse en el pasillo debido a que no quería que su superior lo viera llorando.
Cuando le había preguntado más tarde acerca de la visita, Roy se negó a hablar de eso.
Maes sentía que Roy realmente necesitaba hablar con alguien acerca de lo que había sucedido, aunque no necesariamente tenía que ser Maes el que escuchara; ese tipo de cosas no pasaban muy a menudo, pero algunas veces, Roy había dejado escapar algunas cosas subconscientemente acerca de su encarcelamiento. El día antes de ayer, Maes estaba intentando hacer que Roy comiera algo, ya que desde que había despertado no había sido capaz de comer nada excepto por un poco de agua; cuando Roy se rehusó a comer el filete que le habían llevado, Maes le preguntó el por qué.
—No comeré carne —le dijo Roy, sus ojos atormentados y llenos de sufrimiento.
— ¿Por qué no?
—Nos alimentaron con el Soldado Brannon; él había sido asesinado ese mismo día, y vi... y vi cuando se lo llevaron a una esquina donde los demás hombres no podían ver nada, y lo descuartizaron. Les dieron esa carne a mis hombres... y ellos no habían comido en más de una semana, y... y no tuve el corazón para decirles qué era... —entonces, Roy había mirado a Maes con desesperación, como si quisiera que él entendiera lo que le decía— Cuando me rehusé a comerla, ellos... ellos me obligaron... Vomité, pero mis hombres se estaban muriendo de hambre, Maes... No podía decirles lo que era... Por favor, Maes, no le digas a Beal.
Maes se había quedado mudo de la impresión, mirando a Roy con horror y asco; y pareciera que Roy se había dado cuenta de lo que acababa de decir, porque se giró rápidamente, viéndose profundamente avergonzado y enfermo debido a sus propias palabras.
—No quiero hablar de eso —gruñó Roy secamente, enfocando su mirada en lo que sea que hubiese afuera de la ventana—, solo quiero que alejes esa maldita cosa de mí.
Hubo unas cuantas veces que Roy se había exaltado de esa manera desde ese entonces, y Maes veía las incoherentes expulsiones de información por parte de Roy como una señal de que éste necesitaba dejar salir todas esas emociones reprimidas; era algo que se le estaba escapando lentamente como si fuese un fluido drenando de una herida infectada... lo que él necesitaba era abrir la herida nuevamente, y deshacerse de toda la pestilente pus de una buena vez, aunque fuese sumamente doloroso hacer eso.
Maes suspiró y apretó los dientes, tal vez solo necesitaba más tiempo.
Roy sostuvo sus guantes contra sus labios durante unos instantes más, luego observó sus manos como si estuviera a punto de deslizar los guantes sobre ellas; más sin embargo, se detuvo, entendiendo que las férulas que tenía en sus dedos fracturados eran demasiado abultadas como para que pudieran entrar en su estrecho guante. Una expresión repentina de pánico surcó el rostro de Roy, pero lo detuvo rápidamente y se conformó solo con frotar sus dedos medio y pulgar bajo la tela.
Antes de que Maes pudiera pensar que había un peligro potencial, Roy chasqueó sus dedos. Un abrasador torrente de luz se lanzó hacia adelante como un rayo anaranjado y rojo, golpeando los pies de la cama, y prendiéndose en llamas inmediatamente; Maes saltó profiriendo un murmullo espantado, pero Roy se sentó allí, quieto como una estatua, observando cómo las llamas danzaban y consumían el lugar, abriéndose paso hacia sí mismo, mientras su rostro mostraba una expresión de la tan soñada calma que anhelaba.
Maes tomó la equina de la manta del hospital, y la lanzó sobre el pequeño incendio, presionando la tela contra para detener las voraces llamas; una de las carbonizadas esquinas de la manta quemó la palma de la mano de Maes, que se echó para atrás con un siseo, pero luego se acercó nuevamente a la humeante tela para palmearla y asegurarse que el incendio estuviera completamente extinto.
— ¿Qué demonios hiciste, Roy? —vociferó Maes, girándose hacia él— ¿Por qué hiciste eso?
Roy lo observó fijamente, sus ojos se habían abierto desmesuradamente debido al shock, era como si no pudiera entender lo que acababa de suceder.
—Yo... Yo-yo no lo sé—tartamudeó finalmente, luciendo un tanto perdido, y un poco más que asustado—, solo necesitaba hacerlo. Lo siento...
Maes observó a su amigo mientras su corazón se comprimía dolorosamente en su pecho; las palabras de Beal resonaron de repente en su cabeza, llenándolo con horrorosa sensación de tristeza... No. No, Roy no estaba demente, estaba estresado, y enfermo, y en constante dolor, aún incluso con las drogas... Y esos calmantes que alteraban su estado mental... pero estaba bien... Beal no sabía de lo que estaba hablando...
...Pero si Maes realmente estaba tan convencido de que Beal estaba equivocado... ¿por qué le dolía tanto ver a Roy actuando de esa manera...?
—Está bien, Roy... —dijo Maes con tono áspero, intentando hablar luego de la repentina opresión que sentía en la garganta— No quería gritarte, pero pudiste haberte hecho daño, tal vez deba llevarme los guantes...
— ¡No! —dijo Roy inmediatamente, su tono de voz se alzó con pánico— No, déjame tenerlos... Por favor, Maes, no lo volveré a hacer.
Por Dios, era como escuchar a un niño... Maes abrió su boca para hablar, pero la cerró nuevamente, su visión se empañó y tuvo que pestañear rápidamente para recuperarse de su repentino brote emocional antes de que Roy pudiera notarlo.
—Está bien, está bien... puedes quedártelos, Roy —convino Maes turbiamente, girando su cabeza hacia otro lugar para poderse quitar las lágrimas de los ojos; Roy se relajó ligeramente y presionó los guantes contra su boca de nuevo, mientras su rostro tomaba una expresión perturbada.
Hubo un largo y tenso silencio entre ambos, las mantas aún humeantes enviaban columnas de humo perezosamente hacia el techo, opacando el silente lugar con un cáustico tono grisáceo, y haciendo que las gargantas de ambos hombres escocieran; cuando Roy decidió hablar nuevamente, su voz era tan solo un susurro ronco y apagado debido a los guantes:
—Quiero salir de este maldito hospital, Maes... Creo que le está haciendo algo raro a mi cabeza.
Maes asintió, pero no confiaba en sí mismo para poder hablar: así que Roy estaba consciente de cuán desequilibrado estaba... Eso era algo bueno, ¿verdad? ¿No había un adagio que rezaba que "los que realmente estaban dementes, no sabían que estaban dementes"? Si Roy lo reconocía, e incluso se sentía avergonzado y horrorizado debido a su inestabilidad mental, ¿no significaba eso que no estaba tan demente? Tal vez solo se trataba de la estancia en el hospital la que estaba causando estragos en la mente de Roy... una vez que saliera, probablemente, él estaría bien...
—Voy a traer a Carol para que cambie tus sábanas —dijo Maes sin mucha convicción luego de unos segundos, señalando vagamente al humeante lío de telas a los pies de la cama de Roy—, regresaré enseguida.
El tembloroso Mayor se giró para dejar la habitación, queriendo alejarse repentinamente de Roy, aunque solo fuera por unos instantes.
— ¿...Maes?
— ¿Sí, amigo? —preguntó Maes incómodamente, deteniéndose en el umbral de la puerta y mirando a Roy por encima de su hombro.
Roy no dijo nada por un momento, pero su mirada era tan perturbadoramente intensa, que el corazón de Maes se estremeció... Pero entonces, Roy negó con su cabeza y observó nuevamente el montón de mantas arruinadas.
—...No es nada, olvídalo.
Maes se detuvo por varios segundos, considerando quedarse con él, pero luego se giró y salió por la puerta de la habitación sin decir una palabra más; estaba apretando la mandíbula con tanta fuerza, que sus dientes dolían, y las lágrimas que antes habían empañado sus ojos habían regresado totalmente, casi obscureciendo su visión mientras caminaba por el pasillo. Trastabillando ciegamente y con el corazón latiéndole rápidamente, y su mente hecha pedazos, Maes casi se lanzó sobre Beal antes de que se diera cuenta que el hombre se había acercado a él.
— ¿Mayor...? —preguntó Beal con la voz llena de preocupación— ¿Qué sucede?
Maes se detuvo y se secó los ojos, agitando la cabeza: —Estabas en lo correcto... Por Dios, Beal... Creo que ya lo sabía desde hace un tiempo, pero... ¡Maldición, no podía aceptarlo! Escuché las cosas que dijiste... —el abrumado Mayor comenzó a divagar mientras tomaba una bocanada de aire— Incluso la forma en que me miró cuando salía de la habitación hace un momento... había locura en esos ojos, Beal... Él no está bien...
—...Lo siento mucho, Mayor... —susurró Beal, apretando el hombro de Maes fuertemente.
— ¡Y ni siquiera va a hablar conmigo! —se lamentó Maes cubriéndose el rostro con una mano— ¿Cómo se supone que voy a ayudarlo si ni siquiera confía en mí? Si tan solo me dijera que es lo que sucede en su mente, tal vez podría ayudarlo a recuperarse de alguna manera...
Beal suspiró y apretó con más fuerza el hombro de Maes. —Si realmente quiere saberlo... Si cree que saber lo ayudará a entenderlo mejor... Le diré todo lo que sucedió en Lior —dijo dubitativamente, inclinando su cabeza hacia un lado, y observando a Maes con sus ojos color marrón.
Maes lo observó atentamente: el Mayor sabía que la mayoría de los soldados sobrevivientes, hasta ahora, se habían rehusado a decir muchas cosas en consideración a las experiencias vividas en Lior, y Beal había sido el que mayor silencio había mantenido; el hecho de que estuviera dispuesto a divulgar sus pesadillas a Maes por el bien de la cordura de Roy, era abrumadoramente conmovedor.
—Dime todo lo que sepas —dijo Maes roncamente.
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Notas de la Traductora: Sí, ya lo sé, me desaparecí durante mucho tiempo y... *esquiva una roca que iba directamente hacia su cabeza*
¿Tenemos que recurrir a la violencia?
Sí, ya sé que el capítulo es un poco corto, y algunos deben estar diciendo "¿Por qué demonios se tomó tanto tiempo traduciendo un capítulo tan corto?", y la respuesta es simple, mis queridos y apreciados lectores: estoy estudiando LEYES, por todos los demonios del Averno juntos, LEYES... ¿Saben lo tedioso que es estudiar LEYES?
Sí, es muy tedioso, así que entre muchos decretos y resoluciones, parciales y actividades, talleres y trabajos escritos, no había podido terminar de traducir este capítulo completamente.
Son exactamente las 2:12 de la madrugada del Primero de Mayo (oigan, ¿no es gracioso que hoy sea el día del trabajo? xD), y acabo de terminar con la traducción, así que espero disfruten este capítulo, y espero –y aspiro- poder traerles muy pronto el capítulo 7 ^^
Se despide,
Yuzuki Kuro :3
