Disclaimer: los personajes de Fullmetal Alchemist le pertenecen a Hiromu Arakawa.


Demasiada Sangre

Beal se reclinó en su cama de hospital, y Maes se sentó cerca a él en una de las rígidas sillas de madera que pertenecían al lugar, a la vez que se preparaba mentalmente para lo que estaba a punto de escuchar.

Maes sabía que Beal se estaba comenzando a arrepentir del ofrecimiento que le había hecho de decirle todo lo que había sucedido en Lior, pero... Dios, alguien tenía que decirlo; hasta el momento, ninguno de los altos mandos militares había preguntado mucho acerca de lo que había sucedido, pero Maes sabía que un reporte completo debía ser entregado pronto, y que ambos –Beal y el Coronel- eran los candidatos para dar aquél reporte.

Para ser honestos, Beal dejó en claro que no tenía mucho qué decirle al Führer y a su comitiva, además de 'ustedes lo arruinaron todo, y espero que se pudran en el infierno'.

—No había ninguna razón para que interviniéramos de tal manera, no estábamos preparados, y éramos muy pocos... fue un error, pero los altos mandos jamás lo admitirán —comenzó a decir Beal, su tono de voz era increíblemente tenebroso—. Supimos inmediatamente al llegar allí que necesitábamos refuerzos, y el Coronel los pedía a diario... pero jamás llegaron; el Coronel pretendía que todo estaba bien, nunca mostraba ningún signo de duda en frente de sus hombres, pero él lo sabía, él sabía que fallaríamos, pero jamás lo demostró. Comenzamos a presionar, e dimos nuestro mejor esfuerzo para cumplir con nuestra misión.

—Lo hicimos bien la primera semana, o eso creíamos: algunos de los insurgentes se rindieron, pensando que probablemente éramos el primer pelotón de soldados que enviaban después de que el ejército del General Hakuro migrara hacia el norte, pero luego de un tiempo, la gente de Lior comenzaron a darse cuenta que estábamos solos, y pobremente equipados como para poder reprimirlos. Un hombre llamado Jenkins comandó a su gente contra nosotros... y fue entonces que todo comenzó a salir mal.

—Perdimos a quince hombre el primer días, y luego diez más fueron capturados; el Coronel hizo un último intento de pedir refuerzos, pero ellos se negaron a ir. Así que, entendiendo que ya habíamos perdido, el Coronel reunió a los hombres que quedaban, y nos dijo que escapáramos en cuanto pudiéramos; luego se giró y caminó directamente hacia el enemigo, con sus hombres echados hacia atrás, y la cabeza erguida mientras negociaba los términos de su rendición.

—Después de horas de debate, Mustang solo pudo asegurar la libertad de aquellos diez hombres que habían sido capturados días antes... aunque a pesar de lo prometido, solo seis de ellos pudieron regresar... No creo que el Coronel lo sepa, pero tampoco es que quisiera decírselo... Algunos de nosotros escapamos para escondernos dentro de la ciudad, los guardias de la frontera de Lior ya habían sido avisados de dejarnos ir, pero la ciudad es un gran lugar, con muchos lugares dónde esconderse. Estoy seguro que usted lo sabe debido a la misión de rescate; la mayoría de las tropas sobrevivientes estaban escondidas en la ciudad, justo bajo las narices de Jenkins... pero, estábamos tan diezmados que lo único que pudimos hacer fue esperar.

—Sin embargo, luego de unos días, no podía soportarlo más tiempo; como el siguiente oficial al mando, el Coronel me dejó comandando a los soldados, así que reuní algunos voluntarios para atacar el auditorio donde ellos lo mantenían apresado. De los treinta hombres que quedaban, solo doce de ellos quisieron venir... Creo que no puedo culparlos, la mayoría eran soldados de apenas veinte años, eran los soldados con menos experiencia con los que haya trabajado... y estaban asustados. Además, hubiera sido mucho más fácil escabullirnos a los trece, que a los treinta que quedábamos.

—Nos adentramos en el edificio sin mucha dificultad, y de hecho conseguimos matar a un buen número de los secuaces de Jenkins... pero no fue suficiente; nuestro ejército de trece personas fue reducido a ocho, y entonces fuimos capturados junto a nuestro comandante.

El Coronel Mustang estaba realmente enfadado cuando se enteró de lo que habíamos hecho, ya había sido golpeado violentamente por esos imbéciles, pero aún tenía la energía suficiente para decirnos lo estúpidos que éramos por intentar salvarlo; jamás lo había visto tan enojado... tenía los brazos amarrados por encima de su cabeza, la sangre salía de su boca, y sus ojos brillaban con enojo mientras nos gritaba... En ese momento, mis hombres y yo estábamos más asustados por él, que por nuestros captores...

Beal divagó mientras sonreía amargamente; Maes asintió con afabilidad: Roy podía ser bastante intimidante cuando se enojaba.

—Los otros hombres y yo —continuó Beal luego de una pausa— fuimos encadenados a la pared más alejada del auditorio, para que así no pudiéramos ver al Coronel, o lo que le estaban haciendo; aunque eso no impedía que pudiéramos escuchar –la acústica de ese lugar era bastante impresionante-, y puedo decirle que jamás imploró por su vida, o pidió que se detuvieran... de hecho, algunas veces pidió que lo golpearan con más fuerza, diciendo que sentía lástima por ellos. Incluso cuando estaba sangrando profusamente, y estaba a penas consciente, él los provocaba, incitándolos y actuando como si él fuera el que controlara la situación; al principio, parecía que no le molestaba en absoluto lo de la tortura... y aunque estuviera gimiendo de dolor, aún hacía bromas a las expensas de Jenkins, y criticaba los métodos de tortura de éste.

—Sin embargo, luego de las primeras semanas, todos podíamos ver que el Coronel estaba perdiendo su toque; el dolor se había apoderado de él, había sido privado de comida y horas de sueño, y era golpeado constantemente las veinticuatro horas del día, pero... jamás se rindió, jamás les entregó la información que tanto pedían, sin importar lo mucho que lo lastimaran. Fue entonces cuando Jenkins comenzó a volverse más... creativo durante sus interrogatorios.

—Jenkins comenzó a jugar psicológicamente con el Coronel... él le hacía preguntas y le daba dos opciones a Mustang: tenía que escoger entre responder lo que le estaban preguntando, o firmar la sentencia de muerte de uno de sus hombres; el pequeño Soldado Zane fue el primero en morir... y eso lastimó demasiado al Coronel... Dios, eso lo hirió profundamente; podía ver en sus ojos lo mucho que se odiaba a sí mismo por dejar que Jenkins le volara los sesos al muchacho... pero él sabía que era la decisión correcta. Ninguno de nosotros lo culpó jamás por eso, por dejar que nos asesinaran... ni siquiera cuando el Soldado Hurst le dijo que era un honor haberos seguido todo este tiempo, antes de que el Coronel permitiera que Jenkins le disparara... Pero ver morir a sus hombres fue lo que quebró finalmente a Mustang... y Jenkins lo sabía.

—Jenkins le dijo que él era un asesino, un pecador por dejar que sus propios hombres murieran... le dijo que mantener la boca cerrada en vez de salvar a sus camaradas era degradante, e imperdonable... y creo que Mustang le creyó, creo que le sigue creyendo.

—Como dije antes, él jamás rogó por su propia vida... pero imploró por las nuestras. Ellos habían encontrado su debilidad y lo sabían; usándonos, eventualmente harían que él hablara. Jenkins y sus cómplices asesinaran a algunos de nosotros, pero una vez que entendieron que torturarnos era el método más efectivo de torturar al Coronel, comenzaron a hacer eso...

Beal miró hacia el muñón vendado que solía ser su mano, y rió por lo bajo amargamente. —Después de que arruinaran mi mano y nos dejaron solos, el Coronel se disculpó una y otra vez... Recuerdo que ese día lo habían golpeado bastante –de hecho, creo que ese fue el día en que le rompieron la pierna-, el Coronel había gritado por horas después de que le rompieran la pierna, y aún así había encontrado la fuerza para seguir disculpándose conmigo porque había permitido que yo perdiera un par de dedos; estaba bastante afectado para ese momento, y dudo que incluso pueda recordar lo que sucedió... pero, fue entonces cuando me di cuenta que lo seguiría para siempre, hasta los confines del universo, incluso hasta el mismísimo infierno, si allí era a dónde pertenecía. Él siempre será mi comandante.

Maes sonrió cálidamente, sintiendo empatía por el fuerte y fraternal amor que Beal sentía por Roy; pero entonces, el rostro de Beal se oscureció nuevamente, y apartó sus ojos de su mano perdida, observando repentinamente a Maes con mirada intensa.

—El Coronel comenzó a deteriorarse rápidamente después de eso... pasaba la mayor parte del tiempo dentro de su propio mundo, recitando esos malditos elementos mientras lo torturaban, pero puedo asegurar que su estado estaba empeorando rápidamente; durante todo ese tiempo en el auditorio, el Coronel casi nunca forcejeaba, o atacaba físicamente a nuestros captores, escogiendo utilizar sus irónicos comentarios en vez de su mermada fuerza... Pero un día, poco antes de que nos liberara, él solo... enloqueció. Jenkins estaba inclinado cerca de él, insultándolo y exigiendo que le diera información –como siempre lo hacía-, cuando el Coronel se precipitó hacia el frente y...

— ¿Y qué? —lo instó Maes, desconcertado por la expresión perturbada y, aun así, entretenida que se abrió paso por los rasgos faciales de Beal.

—Lo mordió. Con mucha fuerza. Quiero decir, estaba pegado al rostro de Jenkins como si fuera un Bulldog; se necesitaron tres hombres para quitarle de encima a Mustang, y para ese momento el Coronel ya le había quitado un buen pedazo de carne del rostro de Jenkins. Algunas partes de la nariz y el labio superior de Jenkins fueron arrancadas por completo... Estoy seguro que lo debió haber visto la fotografía en el informe...

Era cierto, Maes había visto las fotografías del día del arresto de Dahveed Jenkins en los periódicos, y se había preguntado vagamente que le había pasado al hombre para tener esas horribles heridas faciales... y ahora, sabiendo que había sido Roy en un ataque de ira, el corazón de Maes celebró con un enfermizo tipo de satisfacción.

—Buen trabajo, Roy —murmuró Maes impresionado.

—La mejor parte fue cuando el Coronel escupió los trozos molidos de carne en el rostro de Jenkins, y le dijo que se jodiera; de hecho, uno de nuestros hombres se rió de eso... pero entonces Jenkins se giró hacia él, y le disparó inmediatamente. Solo Lindor, Jordan y yo quedamos entonces.

Beal suspiró de repente, y se recostó de nuevo en la cama de hospital, las blanquecinas sábanas emitieron un susurro mientras se movía. —Aunque fue muy satisfactorio verlo hacer eso... verlo luchar y, de hecho, haberle dejado una marca inolvidable a ese bastardo... Creo que todos desearon que no lo hubiera hecho.

— ¿Por qué? —preguntó Maes incrédulo— Ese monstruo se merecía eso, y más.

Beal miró hacia donde se antigua mano debería estar, todas las huellas de su anterior humor negro habían desaparecido de repente. —Eso hizo que Jenkins se enfadara de verdad; si el Coronel no lo hubiese mordido, no creo que Jenkins hubiera ido tan lejos como lo hizo... Luego de que Jenkins se vendara el rostro, y de que detuviera la mayor parte de la hemorragia, regresó y pateó la pierna rota del Coronel; Mustang gritó, aunque su voz fue ahogada por una venda que alguien le había puesto en la boca para evitar que mordiera nuevamente a alguno de ellos. Jenkins se agachó y agarró un puñado del cabello de Mustang, halando fuertemente su cabeza y llevándola cerca suyo para decirle '¿Quieres jugar rudo? Entonces juguemos rudo.'

Beal se detuvo de nuevo, luciendo incómodo de repente.

—No creo que debe estar diciéndole esto... —dijo finalmente, su voz era suave y profundamente perturbadora.

Maes se inclinó hacia adelante ligeramente en su silla, y presionó sus labios pensativamente contra su puño cerrado, intentando escoger sus palabras cuidadosamente; sabía a dónde les estaba llevando esta parte de la historia, y sus adentros se revolvieron de solo tener que pensar en ello.

—El doctor me dijo que Roy había... había sido violado... violentamente... —dijo Maes sosegadamente.

Beal lo observó durante unos minutos para luego mirar hacia otro lugar nuevamente. —No hay palabras que puedan describir lo que le hicieron. Creo que Jenkins se había rendido para ese momento en cuanto a obtener información del Coronel, y solo quería hacerlo sufrir; derribó a Mustang y... le hizo cosas. El Coronel forcejeó fuertemente con él, maldiciendo y gritando a través de la mordaza que le habían colocado; al principio, pienso que él no podía creer lo que estaba sucediendo... pero entonces, el dolor y la humillación de saber que sus hombres estaban observando debió haber hecho estragos en él, porque su rostro dejó de mostrar emoción alguna, y podía escucharlo enlistar los elementos químicos nuevamente, regresando a desesperado trance mientras era desgarrado y destruido.

—Cuando Jenkins terminó, le pasó el Coronel a otro de sus hombres y luego él... él también... lo hizo... y entonces el hombre se lo pasó a alguien más... Esos bastardos tomaban turnos con él, violándolo brutalmente una y otra vez hasta que el Coronel se desmayó debido al dolor y a la pérdida de sangre... Quiero decir, a veces escuchas ese tipo de cosas pero hasta que no las ves por ti mismo... Fue tan violento... había demasiada sangre...

La vos del Teniente se quebró repentinamente, mientras intentaba deshacerse rápidamente de la pena y el horror que inundaban sus ojos. Había permanecido admirablemente estoico hasta este punto mientras relataba terrible narración, pero ahora estaba luchando fuertemente para mantener la compostura.

—Probablemente hubiese sido mejor que Mustang no luchara con tanta fuerza cuando comenzó —espetó Beal luego de unos instantes—pero eso era... simplemente estaba mal. Estaba realmente mal. Sangraba demasiado... Pensé que lo habían asesinado, lo lanzaron a un lado, a una esquina y lo dejaron allí cuando acabaron de hacerle lo que le hicieron; no se movía, no hacía ningún sonido, y un charco de sangre se estaba agrandando a su alrededor rápidamente... y no había n-nada que pudiéramos hacer por él. Un gran parte de mi deseaba que se hubiera desangrado hasta morir, porque cualquier cosa habría sido mejor para él que volver a pasar por eso...

—Pero entonces, volvió a suceder. Volvió a suceder todos los días... a veces más de una sola vez. No había límites para la crueldad de Jenkins; esto continuó de esta manera por más de una semana, y para hacia el final el Coronel... Dios, estaba tan destrozado, Mayor... No tiene ni idea... Incluso ya no nos miraba, tan solo yacía allí, enlistando los elementos tras la mordaza que tenía, a veces lo hacía durante horas en el mismo día. Parecía estar tan alejado de la realidad que Jenkins ni siquiera se molestaba en atarlo a la silla nuevamente, solo lo dejaba en el suelo con las manos amarradas; no era como si se fuera a levantar de allí y huir... Jenkins y sus hombres se confiaron tanto de su condición, que dejaron de vigilarnos todo el tiempo y, de hecho, tuvimos un poco de tiempo para hablar entre nosotros ahora que nuestras conversaciones no estaban siendo escuchadas todo el tiempo.

—Luego de una ronda de violación particularmente mala por parte de los hombres de Jenkins, nos dejaron solos. Habían usado... habían usado botellas vacías de alcohol en el Coronel en algún momento, luego habían roto una de las botellas y habían arrastrado su rostro sobre los cristales rotos; el Coronel aún estaba tendido junto a los cristales, pero luego de que se fueran, levantó su cabeza y no miró por primera vez en varios días. No dijo nada debido a la venda que tenía en la boca, sin embargo en sus ojos apareció repentinamente una chispa que contrataba notoriamente con las oscuras líneas de sangre que fluían por su rostro; al principio pensamos que había perdido completamente la cabeza, ya que se giró nuevamente para que su rostro tocara nuevamente el cristal roto, e intentó recoger un trozo del cristal con sus dientes. Era difícil ya que la venda en la boca se lo impedía, pero finalmente se las arregló para tomar una pieza a través de la tela.

—Mientras lo observábamos, Mustang se arrastró hacia nosotros centímetro a centímetro... tan solo eran cinco yardas de distancia (1), tal vez era menos, pero parecía que fueran millas (2). Y para empeorar las cosas, el trozo de cristal se le caía a cada rato, por lo que tenía que detenerse para levantarlo nuevamente cada cinco segundos; para el momento en que finalmente llegó a nosotros, estaba completamente exhausto y prácticamente se atragantaba en su propia agonía, pero sus ojos aún tenían ese brillo y lucían animados.

—Con un poco de dolorosa dificultad que le hicieron jadear y lamentarse por unos momentos, Mustang se impulsó débilmente hasta sentarse, para quedar justamente a mi lado; con el trozo de cristal firmemente sostenido entre sus dientes, comenzó a dibujar símbolos en el muro. Casi inmediatamente, sabía que era lo que estaba haciendo, y mi corazón dio un vuelco: era Alquimia; Jenkins y sus hombres se habían vuelto tan arrogantes, y habían dejado al Coronel sin restricción alguna y con todas las herramientas necesarias para crear un círculo... era como si el Coronel hubiese estado esperando por este momento; parecía saber exactamente lo que estaba haciendo, como si lo hubiera planeado desde hace mucho tiempo.

—Le tomó mucho tiempo, pero cuando finalmente terminó de dibujar, presionó su frente contra el círculo, y por unos instantes emitió un brillo blanquecino; el muro tras de mi cedió, y por poco caigo a través del agujero que había quedado allí. Nuestras cadenas, que habían sido fijadas al muro, parecieron disolverse en el punto en el que se encontraban con la pared, liberándonos. Jordan se rió, Lindor sonrió débilmente en su estado de demencia debido a las horribles heridas que tenía desde hacía varios días atrás; yo me acerqué a él y le quité la venda que el Coronel tenía en la boca.

'Salgan de aquí', dijo él con tono áspero, su voz aún era ronca debido a todos sus gritos.

'¡Sí, señor!', dije rápidamente, ayudándolo a levantarse, pero se apartó de mi diciendo:

'Déjame, tú y Jordan tomen a Lindor y váyanse.'

—Comencé a discutir con él, pero un ruido en el otro lado de la habitación nos alertaron y nos hicieron recordar que nuestros captores estaban regresando. Frenéticamente, Mustang nos dijo de nuevo que saliéramos, el miedo era evidente en su voz; dijo que tenía que cerrar el agujero en la pared luego de que saliéramos, de otra manera Jenkins podría seguirnos... y si no nos íbamos en ese mismo instante, no tendría el tiempo suficiente para cerrar el agujero antes de que nos descubrieran. Sabiendo que tenía la razón, Jordan y yo cargamos a Lindor a través de la pared –que ahora podíamos ver abierta, ya que se veía el cielo nocturno-, y le dije que volveríamos por él... sin importar qué.

Maes se inclinó hacia el frente y apretó el brazo de Beal cálidamente, sintiendo sus evidentes pensamientos de culpa. Beal lo favoreció con una sonrisa triste y continuó.

—El Coronel cerró el agujero rápidamente tras nosotros; justo a tiempo también, ya que podíamos escuchar a los hombres hablando apresuradamente dentro del lugar, acercándose a Mustang. Nos quedamos perfectamente quietos en nuestro escondite, atemorizados de que pudiesen oírnos si nos movíamos; en su afán por cerrar el agujero, Mustang había dejado una grieta entre la roca, así que miré fijamente a través de éste, intentando ver qué era lo que estaba sucediendo.

—Jenkins y sus hombres estaban muy agitados, gritándose unos a otros acerca de algo que, en un principio, no podía entender; a medida que escuchábamos, lentamente comenzamos a darnos cuenta que todos estaban preocupados, hablando acerca de un ejército que se aproximaba a la ciudad...

La sonrisa de Beal se ensanchó un poco a la vez que observaba a Maes, una intensa gratitud se irradiaba en sus ojos hacia el Mayor, haciéndolo lucir diez años menos.

—Los exploradores de Jenkins habían divisado a su equipo de rescate, y al ejército del Brigadier General Shanks, estaban acabados, y lo sabían; todos rugieron y se gritaron entre ellos, hablando acerca de huir de la ciudad, o solo rendirse de inmediato... pero Mustang los interrumpió.

—Se estaba riendo.

—Se estaba riendo tan fuerte que se atragantó con su propia sangre, pero aun así, no se detenía; era un sonido fuerte, agudo, penetrante, y completamente antinatural... y escucharlo venir de Mustang... era indescriptiblemente aterrador. Incluso los hombres de Jenkins lucían desconcertados por ello. Y entonces... se dieron cuenta que Jordan, Lindor y yo habíamos escapado...

—Jenkins levantó al Coronel por el cuello, y luego lo lanzó contra la pared, demandando saber dónde estábamos; Mustang tan solo continuó riéndose, incluso con la mano de Jenkins aplastando su cuello, y luego dijo 'Estás muerto... ya está muerto, maldito bastardo...'. Mustang le dijo que lo más probable era que los dos soldados y yo ya nos habríamos encontrado con los refuerzos, y que les estábamos diciendo dónde podrían encontrar a Jenkins y a sus seguidores; incluso en ese momento, Mustang era increíblemente manipulador, vio el miedo en los ojos de Jenkins, y se regocijó de éste, explotando y riéndose estruendosamente cuando lo vio intensificarse. Estoy seguro que el Coronel sabía que aún estábamos escuchando, congelados en nuestros lugares al otro lado del muro, pero no podíamos asegurar que Jenkins se haya creído completamente su mentira.

—El horror en el rostro de ese maldito era una intensa recompensa, sabía que aunque asesinara a Mustang en ese mismo instante, había perdido... Aterrorizado y enfurecido, Jenkins arrojó al Coronel al suelo y solo... se lanzó contra él. En realidad, no podíamos ver al Coronel a través de la grieta, pero podíamos escuchar... Mustang aún se estaba riendo, pero al mismo tiempo estaba gritando... jadeando y maldiciendo hasta que le colocaron nuevamente la venda en la boca. Vi la sangre de Mustang volando por doquier, salpicando el rostro de Jenkins, empapando sus arruinados labios con ese rojo carmesí... y tuve que girarme para no seguir viendo. No podía seguir viéndolo, sabía que si Jordan y yo no sacábamos a Lindor en ese mismo instante de allí, iba a devolverme a ese lugar para intentar salvar a Mustang de nuevo...

—Así que, le di la espalda y nos fuimos, pretendiendo que no podíamos escuchar lo que le estaban haciendo; nos escondimos en uno de los edificios abandonados y esperamos a que su compañía militar llegara, Mayor... y ya sabe el resto. Jordan y yo regresamos por él luego de que Jenkins y sus hombres hubieran huido... pero estaba tan ido... No creo que haya tenido siquiera una oportunidad y... y Jordan estaba histérico, y Lindor estaba empeorando tan rápido... no hubo nada que pudiera hacer por él...

Beal se quebró, intentando tragarse la profunda culpa angustiada que se cernía sobre sí mismo.

—Estabas siguiendo órdenes, Beal —dijo Maes gentilmente, luchando valientemente contra el dolor que le invadía el cuerpo—, estoy seguro que él no te culpa...

Maes se mordió el labio y permitió que el silencio predominara en la habitación, compartiendo con Beal la tristeza, y los sentimientos de impotencia que habían sido desenterrados junto a su narración. Los dos hombres no hablaron por unos cuantos instantes, sin embargo luego de un rato, Beal negó con un movimiento de su cabeza:

—Probablemente haya más cosas que yo no sepa, como dije antes, a veces no podíamos verlo... pero él jamás dijo nada. Espero que todos lo sepan: él nunca filtró algún tipo de información, ni sobre el país, ni acerca del Führer... ni siquiera acerca del chico del que siempre hablaban... Debió haber sido alguna especie de código.

Maes ladeó su cabeza hacia un lado pensativamente. —Lo más probable es que estuvieran hablando acerca de Edward Elric.

— ¿El Alquimista de Acero? ¿Por qué era tan buscado por la gente de Lior?

—Es una larga historia —suspiró Maes finalmente—. ¿Le preguntaron a Roy acerca de él muchas veces?

Beal asintió lentamente. —Sí, todo el tiempo, más que cualquier otra cosa. Más vale que ese niño esté agradecido después de todo lo que el Coronel tuvo que pasar para mantenerlo fuera del alcance de Jenkins.

Maes asintió y se permitió sentir una punzada de enojo hacia Edward. Ed aún no había ido a visitar a Roy... bueno, no desde que estaba completamente consciente. Roy había preguntado acerca del bienestar del chico casi todos los días desde que había despertado, aún medio convencido de que Edward estaba muerto... ¿y Ed no había tenido siquiera la decencia de hacer una llamada?

El Mayor se tragó ira: él y Ed iban a necesitar una larga conversación dentro de poco. Maes se obligó a volver a la realidad, y regresó su atención al Teniente.

—Gracias, Beal... —dijo Maes finalmente, poniéndose de pie; había intentado escuchar la historia como si fuera otro reporte de un subordinado... pero aun así, era mucho para comprender de inmediato. Fríamente, archivó a un lado de su mente toda la información que acababa de obtener para poder pensar luego en todos los horrores vividos, se enderezó ofreciéndole la mano izquierda a Beal para que la estrechara; Beal dudó por un instante antes de apretar la mano de Maes cálidamente.

Ambos dijeron sus despedidas –los dos hombres tornándose muy profesionales de repente, cada uno pretendiendo valientemente que no estaban al borde del llanto-, y tomaron caminos diferentes.


(1) Como ya saben, el sistema métrico usado en Latinoamérica es distinto al que se usa en los Estados Unidos y otros países del mundo (volvemos con el condenado sistema métrico, genial, ¿no? xD); por tanto, decidí traducirlo literalmente, tal y como aparece en el FF original, lo que significa que esa cifra sería convertida en, aproximadamente, 4,572 metros (acerquemos la cifra lo más posible a cinco metro ^^).

(2) ¡El Sistema Métrico nos invade! ¡Auxilio!... Allí está, les presento a mi alter-ego alarmista, se alborota en casos de terrorismo, accidentes, catástrofes naturales, y demás... Pobre, tendré que llevarlo con el Psiquiatra u.u

El caso es, y retomando el hilo conductor de la historia, una Milla equivale a 1.609 metros, lo que en términos más prácticos y menos físico-matemáticos, vendría siendo poco más de kilómetro y medio.


Notas de la Traductora: Sí, ya lo sé, me desaparecí durante demasiado (¿Existe algún otro término que designe una gran cantidad de tiempo?) tiempo y... ¡Ah, Granada! *por suerte el seguro de la granada no había sido removido*

¿Tenemos que recurrir a la violencia? *¡Sí! —dice una vocecilla del más allá* ¡Genial! Ahora, el más allá también me quiere muerta u.u

Sí, ya sé que me demoré eternidades traduciendo este pequeño capítulo, pero, ¿recuerdan que les había dicho que estaba estudiando leyes? Bueno, ahora sumen a eso una sobredosis de cursos de inglés de negocios, y call center :$ Tedioso, ¿no es así? ¿Pero qué se le puede hacer? Ahora tengo clases hasta en la sopa, tengo clases de día, clases de noche, clases los sábados, reuniones los domingos... En fin, lo siento mucho, queridos lectores.

Son las 2:15 de la madrugada del 23 de Septiembre (okay, esto está raro, siempre termino actualizando un poco más tarde de las 2:10 de la madrugada), y acabo de terminar con la traducción, así que espero disfruten este capítulo, y espero –y aspiro- poder traerles muy pronto el capítulo 8 ^^

Se despide,
Yuzuki Kuro :3