Inuyasha no me pertenece.
Regalo a Lovergreen del "Intercambio Navideño 2015-16" del foro Hazme el Amor.
II
Se bajo del carruaje le dio su sombrero y su abrigo al lacayo que le abrió las puertas de la mansión. Cuando otro lacayo se preparo para anunciarlo, el hizo una mueca y le ordeno que no lo hiciera.
Miroku duque de Brisbourne, odiaba todo lo que tenía que ver con el protocolo de la sociedad. Lanzó un bufido mientras se dirigía hacia el salón de baile. Noto las miradas femeninas, a las madres casamenteras diciéndoles a sus hijas cómo comportarse para llamar su atención. Malditas viejas de la estúpida sociedad pensó. A esa gente solo le importaba, el estatus y el título que él podía ofrecer.
Sintiéndose asqueado con todo el mundo, se fue hacia un rincón, esperando que su primo llegara con su preciosa esposa. Miro a una que otra joven bonita, y les lanzó sonrisas coquetas. Todo inofensivo. El había regresado por algo, y nadie iba a distraerlo de su objetivo.
La voz de un lacayo resonó por toda la habitación.
-El duque y la duquesa de Taisho, acompañados por Lady Sango, hija mayor del conde de Beorbone.
Muchos se giraron cuando el lacayo había terminado. Pero él se había girado en primera instancia.
Su primo Inuyasha por línea materna, era el duque de Taisho y se veía imponente. Tenía su cabello plateado, algo que solo poseían los Taisho, amarrado en una coleta alta, dejando su rostro guapo, según las mujeres, a la vista, no vio por ningún lado a su otro primo, el hermano menor de Inuyasha, Sesshomaru, que estaba en la segunda línea para su plantar a Inuyasha si algo le pasaba a este, o si Inuyasha no podía tener hijos. Al lado de su primo se encontraba su bellísima esposa, Kagome.
Ataviada con una magnifico vestido de color escarlata, se veía preciosa, su elegante peinando solo la hacía ver más apetecible de lo que era, y de seguro muchos hombres estaban de acuerdo con él, por la forma en la que muchos la miraron.
El y Kagome se conocía desde antes, compartieron muchos momentos en su infancia, eran buenos amigos. Enterarse que era esposa de su primo-hermano solo sirvió para que el la quisiera mas.
Pero eso no fue lo que le robo el aliento.
Sino, la magnífica criatura que se encontraba al lado de Kagome, conversando animadamente.
Vestida con un elegante vestido de color dorado, hacia que su piel brillara. El corsé le marcaba su cintura pequeña, sus caderas un poco anchas pero deliciosas, perfectas para las manos de un hombre, y levantaba sus senos preciosos, unos senos que Miroku se moría por chupar, morder, y lamer.
Su cabello largo de un color castaño fabuloso, estaba arreglado en un complicado peinado, que la hacía ver más hermosa. Sus ojos de color almendra brillaban mientras seguía conversado con Kagome haciendo que sean un dúo de dos hermosas mujeres, dignas de admirar.
Sango. Su querida y amada Sango. Al fin volvía a verla, y la espera valió la pena.
Seguía poseyendo la misma belleza de antaño, pero más madura. Su corazón se acelero, su alma tembló, y su pene se puso duro, cuando pensó que después de tanto tiempo lejos el uno del otro, por fin iba a ser suya.
Tantos años lejos de ella, casi le había hecho perder la razón. A Sango nunca le había importado ser mayor que él, y aunque a él al principio sintió un poco de pánico porque ella fuera preferido hombres más maduros que él, eso nunca paso. Su Sango, siempre fue leal a él. Siempre enviándole cartas, añorándole, como él la añoraba.
Había sido difícil para él, no seguir respondiendo más sus cartas, pero era algo que había tenido que hacer.
Pero él no se equívoco, y Sango al fin seria suya. El regreso por ella, y solo por ella. No se conformaría con menos.
Lo primero que había hecho al regresar había sido preguntar por ella a Kagome. Ella le había respondido con un poco de vacilación.
-Ella no está casada, pero Miroku...-Kagome había intentado decirle algo mas, pero él no la había dejado. Ya estaba satisfecho con la respuesta obtenida, no necesitaba que Kagome hiciera el papel de amiga preocupada.
El ya era un hombre, como niño la había admirado y adorado. Pero cuando creció y maduro, se encontró pensando en cómo quitarle la ropa, en como serian sus pezones, o que sabor tendría su sexo. Como niño, la adoro de manera infantil e inocente. Pero ahora, como hombre, la deseaba, y la amaba de una manera completamente diferente.
Dándose cuenta que había pasado mucho tiempo perdido en sus pensamientos, miro a través de salón y se fijo en su primo y su esposa, que bailaban como dos enamorados.
Sonriendo Miroku pensó que muy pronto él y Sango estarían igual.
Buscándole con la mirada la encontró coqueteando con un hombre que él no conocía.
La sangre le hirvió, y los celos se apoderaron de él con una fuerza brutal, rasgándole desde el interior. Apretó los puños firmemente, y sin pensarlo se dirigió con paso decidido hacia la pareja. El no permitirá que ningún otro hombre tocara lo que era suyo. Primero, lo mataría. Sea quien sea, y Dios sería su testigo.
Lady Sango hija del conde de Beoborne, miraba sin mirar realmente a la gente bailando al son del vals. A su lado, su mejor amiga Lady Kagome de Taisho, sonreía a un admirador muy inteligente que había esperado que Inuyasha se despegara un poco de su mujer, para poder atreverse a hablarle a su amiga. Sango sonrió divertido, mientras observaba como el joven muchacho intentaba parecer más hombre delante de Kagome. Segundos después Inuyasha, conde de Taisho, esposo protector y celoso de Kagome, se acercaba para poder espantar al pobre muchacho con su mirada fiera.
Desviando la mirada por décima vez, en lo que iba de noche, hacia la entrada al salón de baile, soltó un suspiro que tenía un sabor entre el alivio y la decepción. Reprendiéndose mentalmente por ser tan tonta, se dijo que no importaba si él no había llegado, es más, era un alivio para ella.
Girándose para decirle a su amiga que la acompañara a buscar un poco de ponche, vio que ya no estaba ahí. Mirando a la pista de baile los vio a ambos bailando con una sonrisa en los labios.
Sin tan sólo ella pudiera...
Sintió la presencia antes de que una voz profunda le hablara.
-Están muy enamorados.
No hacía falta que Sango se volteara a mirar quien le hablo, este se había puesto a su lado.
-Así es milord.
-Algunos son muy afortunados, ¿no le parece, mi lady?
Sango se giro y miro a Kouga, el duque de Woolf, parado a unos centímetros de ella. Tan alto y guapo como siempre ha sido, con unos ojos azules tan profundos que habían vuelto locas a todas las mujeres, incluyéndola, la miro con una ligera sonrisa melancólica en sus labios, con la mirada fija en su amiga.
Kouga había cortejado a su amiga, al mismo tiempo que Inuyasha. Kouga realmente quiso a su amiga, y el que ella se haya casado con Inuyasha fue un golpe profundo para él. Kouga no era un hombre rencoroso y sabía alejarse cuando no era querido, Kagome le había dicho que lo quería, pero como se podía querer a un amigo. Le había dolido, pero no siguió insistiendo. Y por esa razón, Sango lo admiraba.
Ella sonrió tristemente y asintió. Sus palabras fueron apenas un susurro melancólico.
-En eso tiene razón milord, algunos, son muy afortunados.
Kouga la miro, y sonrió un poco más.
-¿Le gustaría bailar, mi lady?-El tono de su voz había cambiado, se había vuelto baja y seductora. Para ponerle la cereza al pastel, le guiño un ojo. Sango sonrió, y pestañeo las pestañas con coquetería.
Todo era un juego entre ellos, Kouga simplemente quería distraerla porque la había visto triste, y al parecer, estaba funcionando.
-Ah no lo sé milord, tengo mi carnet de baile lleno.
Kouga sonrió más profundamente, y sus ojos brillaron con diversión y picardía. Le tendió la mano como todo un caballero, cuando en el fondo, no era más que un pícaro.
-Oh, eso ciertamente es decepcionante, pero estoy seguro que puede hacer una excepción conmigo mi lady.
Sango se río, contenta con el coqueteo inofensivo, puso su mano enguantada en la mano que se extendía frente a ella y batió las pestañas.
-Créame milord, que es un placer para mí.
Kouga se río, con una sonrisa puramente masculina y tomo su mano con delicadeza. Iban a arrastrarla a la pista de baile, cuando una voz los detuvo. Una voz, muy conocida.
-Espero, que la señorita también pueda hacer una excepción por mi.-Ella conocía muy bien a quien pertenecía esa voz, le había perseguido en sueños y en sus recuerdos. Ya no era infantil, era más madura, más varonil, y más dura. En contra de sus deseos, sus pezones se pusieron duros y su sexo palpito. Al parecer, después de haber protagonizado todos sus sueños eróticos, el tenerlo cerca, hacia que su libido se despertara.
Todo se detuvo. Sango sintió que el mundo se le caía encima. Su corazón se disparo y su pulso latía fuertemente en la vena de su cuello. Quiso girarse y decirle, que él no tenía el derecho. El la abandonó, se fue, no le escribió más cartas, nunca volvió por ella. Pero ella tampoco espero por él, y decirle todo eso, solo conseguiría que ella se sintiera mal por ser tan hipócrita.
Apenas fue consciente de la manera fría y cortante en la que Kouga le hablo a Miroku, diciéndole que solo ella podía tomar esa decisión.
Girándose miro al hombre que atormentaba sus pensamientos, y el aliento se atacó en su garganta. Si con solo el sonido de su voz, el había conseguido ponerla un poco excitada, y poner duros sus pezones. Ahora mismo Sango estaba mojada por él.
Midiendo casi un metro ochenta, Miroku la repasaba por dos cabezas, aunque no era sorprendente el siempre fue alto. Pero ya no era aquel niño flaco y desgarbado, ahora era musculoso, con unos brazos poderosos, y con una espalda ancha para llevarla a ella a cuestas.
Sacudiendo la cabeza con ese último pensamiento, Sango subió su mirada y se quedó hechizada. Siempre había amado sus ojos, pero hoy más que nunca, los amo aun más.
Sus ojos azul zafiros la miraron con un brillo posesivo y con un profundo anhelo que casi la hizo jadear. Su barbilla un poco angulosa, su nariz recta y aristocrática tenía una ligera curva como si se hubiera roto la nariz al menos dos veces, unas cejas bien delineadas, una sonrisa de depredador, y su cabello negro como el ala de un cuervo que estaba recogida en una pequeña coleta, embarcaban un rostro perfecto de un hombre guapo.
El rostro guapo de un hombre, y no de cualquier hombre, si no, del hombre que amaba.
A su lado, aun cogiéndole la mano, Kouga carraspeo llamando su atención. Sango aturdida lo miro, y vio como Kouga la miraba con una mirada de: "Ya te he pillado guapa" y una sonrisa burlona adorno su rostro. Ella carraspeo, y hablo.
-Milord le presento al duque de Brisbourne.-Giro sus ojos hacia Miroku.-Duque de Brisbourne, le presentó al duque de Woolf.
Kouga asintió y solo el ligero apretó que le dio a su mano, antes de soltarla, le dijo a Sango que sabía quién era el.
Por supuesto que lo sabia pensó ella sarcásticamente, ella misma le había contado su historia hace unas pocas semanas, el muy idiota de seguro no iba a dejarlo estar e iba a ser algo. Kouga tenía un ligero problema, haciendo de casamentero para todo el mundo.
Kouga le tendió la mano y Miroku se la estrecho con un apretón firme.
Murmurando un "debo irme me esperan en otro lugar, discúlpenme" y dándole un beso en la mejilla, Kouga se marcho dejándola sola con su tormento.
Un silencio incomodo se instalo entre ellos. Sango no sabía qué hacer o que decirle, pensar en un reencuentro entre ellos era una cosa, pero que realmente pasara era una cosa completamente distinta.
Por su lado Miroku, miro divertido a Sango. La pobre no encontraba que decir o que hacer para romper el silencio incomodo que se instaló sin querer entre ellos. Pero el tenia una solución a ese problema. Sin importar si ella llegaba a hacer una escena, le tomo de la mano y la condujo a la pista de baile, ignorado deliberadamente a las personas que los miraban, el atrajo a una Sango sorprendida a su pecho, mientras le toma una mano enguantada, y ponía una de sus manos en su pequeña cintura.
Ella se quedó rígida en sus brazos y Miroku apretó los dientes con frustración, se acerco a su oreja y en voz baja le susurro.
-Baila.
Y Sango bailo.
Bailaron un vals, pegados el uno del otro, y mirándose a los ojos de vez en cuando. Para Sango, todo eso se estaba convirtiendo en una tortura. Su cuerpo era muy consciente del cuerpo de Miroku. Y lo que es peor, ¡Ella se moría por darle un beso!
Sentía como alguien la miraba, y no era precisamente Miroku. Mirando por encima de su hombro, vio a su amiga Kagome, mirándole preocupada, ella sonrió en un intento de tranquilizarla.
Cuando el vals término, Miroku no la soltó. Sango sabia que eso significaba que quería que volvieran a bailar, pero ella no podía, si bailaban más de una canción la sociedad pensaría que entre ambos existía algo. Además, ¡ella estaba comprometida!
Tiro con un poco de fuerza de su brazo e hizo una reverencia, a regañadientes Miroku la imitó.
El se dio media vuelta y se dirigió furioso hacia la salida. Una sensación de decepción le oprimió el pecho a Sango, pero ella se dio media vuelta y se dirigió hacia Kagome que estaba junto con su marido. Por alguna extraña razón Sango miro por encima de su hombro, y vio a Miroku viéndola con unos ojos furiosos. Se tenso cuando vio que el sacudía su cabeza y se daba media vuelta para dirigirse a grandes zancadas hacía ella.
Ella apresuro el paso, y se acerco a Kagome. Para luego decidir perderse entre la gente, choco con algunas personas, y saludo a otras. Se paró a saludar a Lady Kikyö que se encontraba embarazada de su marido Onigumo, vizconde de Gourbone, echó un vistazo hacia atrás y vio que Miroku no estaba por ningún lado. Soltando un suspiro de alivio, se despidió de la vizcondesa y el vizconde, y se dirigió al jardín a tomar aire fresco.
Recorrió el jardín y se sentó en un banco cerca de unas orquídeas. El jardín era precioso, amplio y lleno de distintas flores. El aire que se respiraba era tan relajante que Sango se olvido por un segundo de todo. Aunque la paz, no le duro mucho.
-¿Que tienes tú con los jardines?-La voz de Miroku fue un susurro detrás de ella, y Sango no se asusto. Inconsciente mente ella había esperado que el apareciera. Girándose ella miro a Miroku.
-No lo sé realmente. Pero siempre hay una paz que te rodea cuando te encuentros en uno.-Respondió ella.
Miroku se sentó a su lado, y se quedaron en un cómodo silencio, irónico cuando antes había sido incomodo.
-¿Me extrañaste?-La voz de él, fue una mezcla de curiosidad y anhelo.
Y ella no pudo mentirle.
-Si. Muchísimo.
El asintió, y noto como poco a poco una sensación de alivio lo inundaba.
-Y yo a ti, no te imaginas cuanto.
Ella dudaba que él la fuera extrañado tanto como decía, si fuera sido así, el hubiera respondido sus cartas. Tenía en la punta de la lengua una réplica, pero se abstuvo de soltarla. En cambio, se negó a mirarlo.
-Mírame Sango.-Le pidió el, ella no quería hacerlo, noto él, pero lo hizo, y el sintió como si alguien le fuera pegado un puñetazo en el pecho. Su Sango, tenía ligeras lágrimas en sus ojos, y la nariz un poco roja. El pecho se le apretó dolorosamente y algo en él se rompió.
Siguiendo un impulso, le agarro y la pego a su pecho mientras la abrazaba.
-Chist, nena, no... No volveré a irme, me quedare aquí todo el tiempo que quieras.
Para siempre, pensó él. Pero no lo dijo en voz alta.
Ojala pudieras quedarte para siempre, pensó ella. Pero tampoco lo dijo.
Se quedaron así unos minutos que a ambos le pareció eterno. Sango fue la primera y deshacerse del abrazo.
Se miraron fijamente, y no pudieron evitarlo. Se besaron.
Al principio fue un beso de reconocimiento, familiarizándose de nuevo el uno con el otro. Ella jadeo un poco y el gimió.
Miroku le agarro por la parte de atrás de la cabeza y tomo mando del beso. Pasando de ser suave, a ser un beso de pura necesidad carnal.
Ella jadeo impresionada, y Miroku aprovecho para meterle la lengua en la boca. Su sabor era adictivo, y a él le encantaba, entre ambos se desato una batalla de dientes, lenguas y boca, luchando para consumirse el uno al otro.
Sango estaba mojada, sentía como su sexo palpitaba, algo nuevo para ella, pero no le importaba. La boca de Miroku estaba haciendo maravillas con ella, y no podía sentirse mejor. Los pechos se sentían más pesados y le dolían. Vagamente fue consciente de que alguien la buscaba. Que alguien la llamaba, pero no importaba.
Separándose un poco para respirar y se miraron de nuevo a los ojos. Entonces el hechizo en el que estaba envuelta, desapareció.
-¡Sango!-El grito de Kagome, hizo que Sango respingara y un sentimiento de culpa la invadió, mientras su prometido estaba en las cruzadas poniendo su vida en peligro, ella estaba besándose con otro hombre. ¡Y en ningún momento pensó en su prometido! Si bien, es cierto que ella no le amaba, el no merecía semejante falta de respeto.
Levantándose apresuradamente, se giro para irse. Pero Miroku la detuvo con una mano en su muñeca. Ella lo miro...
-Tengo que irme Miroku.-El no la soltaba, tubo que rogarle.-Por favor.
El la miro con mucha intensidad antes de asentir con la cabeza.
-Bien, nos veremos de nuevo. No te escondas de mí, preciosa Sango.
El no le dio tiempo de decirle nada, el se giro y se interno en la noche.
A su espalda fue consciente de los pasos de su amiga y de la voz de Inuyasha.
-Con cuidado dulzura, no vaya a ser que te caigas.
Kagome bufo.
-Ni que fuera tonta Inuyasha creo que puedo caminar perfectamente.
-Si pero...
El grito de su amiga interrumpió a Inuyasha.
-¡Oh aquí estas! ¿Lista para irnos?, estoy aburrida.
Ella asintió y dirigió su mirada a Inuyasha que la miraba con atención.
-¿Estabas sola?
Sango abrió un poco los ojos y no pudo responder. Pero no tenía que hacerlo, su fiel amiga salió a su rescate.
-¡Por supuesto que estaba sola! ¿Acaso estas ciego? -Tomo su abanico y le pego en el pecho a Inuyasha con el.-Estas muy tonto esta noche, vayámonos a casa antes de que nos pegues tu idiotez, milord.
Ella sonrío y no pudo evitar pensar en Miroku.
Y eso estaba muy mal.
:D ¿Y bien, que les parece?
