Inuyasha no me pertenece.

Regalo a Lovergreen del "Intercambio Navideño 2015-16" del foro Hazme el Amor


III


Sango se quedo mirando fijamente a su madre. Notando el esfuerzo que le suponía sujetar con fuerza la taza de té. Aparentando que todo estaba en orden, que todo iba bien, cuando no era así.

Ella realmente no entendía las razones de su madre, ¿porque se negaba a ver a un medico? Era un enigma para ella, como para su padre y hermano. Lamentablemente Elizabeth Mei, era la debilidad de su padre, el vivía por y para ella, casi tanto como para sus caprichos.

Negando con la cabeza, Sango suspiro de nuevo. Cuatro noches antes ella había visto a Miroku, y desde entonces él había intentado ponerse en contacto con ella, pero Sango lo evitaba.

Ella sabía que era algo bueno. Ella estaba comprometida, ella no debía estar decepcionada y anhelante por ver a otro hombre y que estaba bien que ella lo evitara, pero lamentablemente, no podía evitar sentirse molesta consigo misma por evitarlo.

-Lady Sango.-La llamo su mayordomo. Miro a Louis, y le dio un asentamiento con la cabeza para indicarle que continuara.-Tiene visitas en el salón principal.

Su corazón empezó a bombear a un ritmo increíble. ¿Miroku, vino a verla? Incapaz de contener la excitación que eso le provocaba, se levanto lo más rápido que pudo, e ignoro las miradas curiosas de su familia, y prácticamente corrió por el vestíbulo hacia el salón principal.

Se detuvo delante de la puerta e inhaló un par de veces antes de poder abrirla.

Frente a sus ojos, estaba el salón principal. Estaba finamente decorado, en tonos dorados y pasteles. Las sillas era de un color bronce haciendo resaltar aun más el estilo que su madre había dispuesto para el salón. Y justo en una de las sillas, se encontraba su mejor amiga.

No era decepción se dijo a sí misma, cuando sintió una punzada en el corazón. Era alivio.

-Al fin, tengo poco tiempo.-Dijo Kagome. Entonces Sango detallo mejor a su amiga, llevaba un vestido rosa pastel con mangas que le llegaban hasta los codos. Un collar de perlas, junto con un par de zarcillos a juego. Llevaba el pelo negro azabache arreglado de una manera simple, pero en su amiga se veía fabuloso.

-¿Poco tiempo? ¿De qué hablas?-Su voz estaba teñida de confusión.

Kagome suspiro y miro a los ojos a su querida amiga. Sabía que esta situación estaba haciendo mella en ella. Pero Sango se negaba a ver la realidad, ¿porque se empeñaba tanto en alejar a Miroku de su corazón? Ella podía ocultárselo a los demás, pero no a ella. Kagome tenía que hacer algo, así que tomo una decisión. Ella ayudaría a su amiga para que encontrara el valor suficiente para formar una vida al lado del hombre que amaba.

Kagome ignoro la vocecita en su cabeza, que le advirtió que Inuyasha iba a ponerse furioso por lo que estaba a punto de hacer, pero a ella no le importaba. Ella sabía cuáles eran las debilidades de su marido y las usaría para que no estuviera enojado con ella. Después de todo, su querido Inuyasha era muy apasionado. Casi se le deslizo una sonrisa en el rostro, pero lo evito a tiempo. Ignoro la mirada de suspicacia que Sango le dirigió y miro el reloj de la pared. Tenía poco tiempo Miroku ya debía de estar en el lugar acordado. Era hora de que ella hiciera la otra parte del trato.

-Querida Sango, necesitó tu ayuda. Es de vida o muerte.


Iba a matar a Kagome. Realmente iba a matarla, pensó ella.

Bueno, la mataría si ella conseguía una forma de salir de la situación en la que Kagome la metió.

Todo había empezado con un favor y termino siendo secuestrada por tres hombres encapuchados, con mal olor, y con un pésimo sentido de la orientación. Llevaba más de una hora encerrada en el carruaje mal oliente en el que la habían metido, y los hombres aun no podía acordarse de la ubicación del lugar al cual la llevarían.

Se suponía que ella iba a ayudar a su amiga en su dilema y confusión, pero por el contrario término siendo secuestrada, amarrada como un animal, y con calambres en las piernas.

Lo bueno de todo lo que le estaba pasando, pensó para sí, era que también la habían vendado los ojos. Si los hombres que la secuestraron eran tan feos como olían, ella prefería no verlos.

Podían escuchar sus maldiciones y sus murmuraciones. Incluso llego a escuchar uno que otro manotazo. Lo sorprendente de la situación es que no habían amenazado su vida. En realidad, ahora que lo pensaba con más detenimiento, uno de ellos se había disculpado con ella antes de hacerle perder el conocimiento. No le dijeron si pedirían dinero a su familia, algo que ella suponía que harían, después de todo, la estaban secuestrando.

Pero no. Si no fuera porque el carruaje tenía un olor a putrefacción, estaba amarrada, amordazada y con los ojos vendados, cualquiera diría que ella estaba dando un paseo.

Bueno, no exactamente un paseo pero algo es algo...

El carruaje se detuvo abruptamente mientras que uno de los hombres murmuraba su satisfacción por haber encontrado el dichoso lugar.

Un pensamiento que no se le había ocurrido antes llego a su mente.

¿Porque la secuestraron?


Miroku, observo por la ventana de su despacho como el carruaje se detenía frente a la mansión. Espero pacientemente a que la figura se bajara, y sonrió lentamente. Su prima Kagome, había hecho lo que le prometió. Ahora, él se encargaría de los demás.

Se aparto cuidadosamente de la ventana y dejo que la cortina se deslizará.

Se sentó en su sillón favorito y espero a que ella entrara al despacho. Un minuto después y la figura de la esposa de su primo se hizo presente. Su precioso rostro estaba teñido en preocupación mientras ella se acercaba para besarle la mejilla.

Se quito los guates de seda, mientras usaba su abanico.

-Creo que nos pasamos.-Dijo ella.

-¿Hiciste lo que faltaba?-Pregunto él a cambio.

Ella suspiro cansadamente.

-Si lo hice. Inuyasha va a matarme. ¿Lo sabes?

El sonrió.

-No, no lo hará. Te ama, te lo perdonará.

Ella lo miro ceñuda, antes de levantarse y ponerse los guantes preparándose para irse.

-No hagas que me arrepienta de ayudarte, no metas la pata con ella primo.-Lo amenazó. Aunque no hacía falta pensó él. El no planeaba meter la pata con Sango, si su objetivo se cumplía, sería otra cosa la que el introduciría en su dulce cuerpo. La expectación y la anticipación se derramaron por todo su cuerpo.

Sango se había negado en verlo, lo intento por la manera fácil, intentado ser un caballero e invitándola a bailes, paseos, con chaperones y todo. Pero ella se había negado, incluso ni siquiera respondió sus cartas, ni las notas que le envió a través de un lacayo.

El se lo había dicho, o por las buenas o por las malas, pero ellos arreglarían cualquier diferencia que tenían.

Su Sango se mostró renuente cuando el intento hacer todo según el protocolo de la sociedad, entonces el hizo lo que la sociedad nunca aprobaría.

Mando a secuestrar a Sango.

Se dirigió de nuevo a la ventana, mientras observó como su prima desaparecía en el carruaje de lujo. Poco tiempo después otro carruaje, para nada comparado con el que se había marchado hace unos segundos, apareció frente a su casa de campo. Se volvió de nuevo hacia su sillón favorito y escucho como después de que uno de los secuestradores le quitara la mordaza de la boca a su Sango, ella se puso a gritar a pleno pulmón.

Agradeció infinitamente el consejo de su prima cuando le dijo que sacara a todos los sirvientes del lugar, al menos por todo el fin de semana.

La puerta de su despacho, y uno de sus cómplices apareció en el umbral de la puerta.

-Milord, ya Lady Sango fue trasladada a los aposentos de la Duquesa.

Miroku dio un asentimiento con la cabeza a su sirviente más leal, y en quien confiaba más que nadie.

-Gracias Hachi, puedes retirarte.

-Muy bien Milord, vendré mañana para servirles el desayuno. Que disfrute su noche.-Dijo. Hizo una reverencia y se retiro silenciosamente de la habitación.

Hachi nunca lo cuestionaba, nunca se negaba a nada de lo que él le pedía.

Se permitió un momento de relajación hasta que decidió ir a ver a su cautiva.

Se dirigió hacia las escaleras y las subió de dos en dos. Giro a su derecha, y dos puertas mas allá se encontraba los aposentos destinados a la que un día seria su esposa. Los aposentos de la duquesa, y si todo salía como él quería, seria Sango, su futura esposa y señora.

Deseoso se apresuro a girar la manilla de la puerta, distraído como estaba solo por los instintos que había desarrollado mientras estaba en Escocia, fue que pudo esquivar el libro que fue dirigido a su cabeza.

Atónito dirigió su mirada a Sango vestida con un vestido de color bronce, el cabello un poco despeinado, que en ese momento le estaba dando la espalda para agarrar otro libro de la mesa de noche.

Se quedo estático en su lugar esperando que ella se diera la vuelta cuando lo hizo, el libro en su mano derecha reboto en el suelo mientras un grito ahogado salía de sus labios por la impresión.

-¿T-u... tú qué haces aquí?-Dijo ella con labios temblorosos, el no respondió y le dio unos segundos para que ella captara toda la situación. Cosa que sucedió por supuesto, porque en un segundo estaba parada a unos pasos delante de él toda temblorosa y confundida, para luego estar encima del pegándole en el pecho con furia.

-¡Tu!-Grito ella furiosa.- ¡Canalla, manipulador! ¿Qué te has creído? ¡Cómo te atreves!

Siguió pegándole y empujándole, él por otro lado estaba tratando de contener la diversión que lo embargaba, hace mucho tiempo que no se sentía tan relajado en compañía de alguien, pero Sango no era cualquier persona. Ella era diferente, era su Sango.

Conteniendo la carcajada que estaba brotando desde lo más profundo de su garganta, la abrazo contra su pecho. Muy lentamente ella se fue calmando, para dar paso a pequeños sollozos.

-Eres un idiota, estaba un poco asustada. Te has pasado.-Pero su reclamo carecía de toda convicción.

-Lo sé, pero tú te has negado a verme por las buenas. Tenía que hacer algo para verte, Sango.-Le susurro por lo bajo.

El pudo sentir como ella sonrió contra su pecho, ella se alejo solo unos pocos centímetros para verle el rostro. La mirada brillosa en sus ojos hizo que el corazón le diera un vuelvo dentro de su pecho.

La calma que lo había dominado por estar con ella, cambio drásticamente a una de excitación.

Sentir su cuerpo suave, dulce y curvilíneo contra el suyo, era más de lo que cualquier hombre con sangre en las venas podía soportar.

Bajo lentamente el rostro esperando que ella no lo rechazara, pero en cambio ella se puso de puntillas para luego cerrar los ojos hacia él.

Fue todo lo que necesito.

Bajo sus labios a los suyos muy suavemente, tanteando el terreno, como si fuera la primera vez que se besaran. Se besaron para sentir los labios del otro, fue un beso de reconocimiento, de familiarización.

Ella vacilante, le lamió el labio inferior, con timidez introdujo su lengua en su boca haciendo que todo su cuerpo se sacudiera como repuesta. Dejo que ella tomara el control, dejo que lo explorara, su lengua tanteo la de él, invitándolo a jugar con la de ella. El aire a su alrededor se hizo espeso y caliente, las respiraciones mas forzosas.

Se separaron lentamente para coger aire y ambos abrieron los ojos. Un segundo después se lanzaron el uno contra el otro.

Un beso lleno de lujuria, con desesperación, sus lenguas batallaron para tentar al otro, las manos volaron para acariciar todo lo que ambos pudieran, pero no era suficiente. Al menos para Miroku.

¡Maldición el quería más!

Arrancado su boca de la de ella en un intento vago de recuperar el control y hacerlo lento y satisfactorio para ella.

Pero su Sango con un gemido en protesta, se lanzó contra él.

A la mierda.

La empujo contra él, mientras sus manos se dirigían a su maravilloso culo. Sus manos lo tantearon para luego apretar y masajear los dos globos. Ella gimió en su boca y él se trago el sonido maravillado.

No se podía controlar, la excitación embargaba su mente, haciéndolo todo más confuso y lejano, solo era consciente de ella y de su olor y cuerpo.

No supo en qué momento la estrello contra la pared, ni cuando le había subido el vestido para romperle las enaguas y la ropa interior. Todo sin dejar de saquear su boca, chupaba su lengua en dulce movimiento. Para luego hacerle el amor a su boca, como su pene se moría por hacérselo.

La dejó respirar unos segundos, para luego besarla con fiereza. Dirigió su mano, debajo de su vestido para sentir su sexo. Cuando lo rozo, un estremecimiento pasó por el cuerpo de su amada, y luego otro paso por el de él, cuando la sintió mojada.

Despego su boca de la de ella, mientras sobaba su clítoris en un movimiento suave de su dedo.

Ella gimió y él se sintió orgulloso de ello.

-Ay bebé... que mojada estas.-Las palabras salieron de su boca antes de poder detenerlas, ella solo gimió un poco mas y mas dulce crema salió de su cuerpo. Al parecer, a su dulce Sango le gustaba que le hablaran sucio.

Movió su dedo un poco más fuerte, y se dijo a si mismo que esto era para ella. Para su placer.

Empezó a esparcir besos en su cuello sin dejar descuidado su pequeño botón. Se dirigió hacia el lóbulo de su oreja.

-No puedo quitar mi mano de tu dulce coño, Sango.-Dijo.

-Mi-roku.-Ella solo pudo atinar a decir su nombre entre cortada mente. El sonrió.

-¿Sabes lo que te haría si quitara mi mano?-Dijo en su odio sin bajar la velocidad de sus dedos. Introdujo un solo dedo en su cavidad, y estuvo a punto de tener un maldito orgasmo al sentir como ella apretaba y estrujaba su dedo en su interior.

Ella negó con la cabeza por su pregunta, mientras soltaba un gemido entre sorpresa y excitación.

-Ahh nena, fácil... yo bajaría por este dulce cuerpecito, y chuparía cada rincón de tu cuerpo.-Mas crema salió de su cuerpo cuando dijo esas palabras.-Luego bajaría hasta aquí.-Le dio un apretón a su pequeño clítoris mientras ella empujaba sus caderas hacia delante en un acto de reflejo.

Control, maldito control. Murmuro esas palabras para sí, mientras continuaba hablándole en la oreja.

-Chuparía delicadamente tu pequeño y suave clítoris en mi boca. Pasaría toda mi lengua por tus labios, y los besaría y chuparía. Te comería una, y otra, y otra, y otra vez para lamer toda esa dulce crema que es solo para mí.-Gimió él mientras ella empujaba las caderas de manera incontrolable.

Busco sus labios con de separación, cuando sintió que su cavidad sufría espasmos de placer, introdujo dos dedos mas mientras sentía como palpitaba su clítoris. Iba a correrse, por él.

-Miroku.-Gimió sorprendida mientras abría los ojos como platos. Él sonrió.

-Eso es nena... córrete para mí.-Murmuro encontraba de sus labios mientras aceleraba sus dedos.-Dámelo todo, bebé. Todo para mí.

Y ella exploto.

Sango se vio rodeaba por espasmos de placer que recorría todo su cuerpo, se arqueo contra los dedos de Miroku mientras la incredulidad y la satisfacción la recorría. Ella no sabía que el placer podía ser de esa manera. Ella había leído libros románticos y eróticos, llego a pensar que solo ese placer que se describían en los libros, solo existía ahí, en los libros.

Pero Miroku le dio tanto placer que ella no sabía cómo reaccionar.

No se dio cuenta que estaba llorando hasta que Miroku las traslado hasta la cama, la sentó en sus piernas, y la arrullo.
Le limpio las lágrimas de los ojos mientras ella se sentía tonta.

-L-o sient-o, es que no s-abía qu-e-e... -El interrumpió sus palabras besándola suavemente. Ella se sentía lánguida y perezosa.

-Vamos a quitarte la ropa.-Susurro él contra sus labios antes de darle un beso casto.

La desnudo y ella se sintió un poco avergonzada. Pero cuando el murmuro lo preciosa que era, toda vergüenza se fue.

La recostó suavemente mientras la besaba. Besos castos e inocentes, la beso un par de veces antes de separarse de ella abruptamente y maldiciendo.

Miroku maldijo, y vio la sorpresa reflejada en los ojos de Sango, pero no pudo evitarlo. El pantalón le apretaba la erección hasta el punto del dolor. Le dio la espalda para calmarse, se volvió para tranquilizarla para luego marcharse. No iba a poseerla, aún no.

Pero todo pensamiento de irse se fue de su cabeza cuando la vio desnuda en todo su esplendor, con su sexo brillante y húmedo después del orgasmo que él le dio. Se acerco a ella como poseído mientras puso una de sus rodillas en la cama y jalo sus piernas para que quedara completamente abierta ante su mirada lujuriosa.

Miro el brillante sexo, húmedo en los rizos de color castaño que lo decoraban, mientras un jadeo de sorpresa salía de esa pequeña boca provocativa.

Abrió sus piernas lo mas que pudo y se acomodo para que su cabeza quedara en el medio de sus piernas.

Inhaló profundamente, y el olor que desprendía hizo que la boca se le hiciera agua.

-¿Mirok-ku? -La pregunta temblorosa hecha por ella no le importó, se concentro en su tarea mientras pasaba un dedo por su coño. Ella tembló y gimió.

Se relamió los labios mientras la miraba fijamente.

-¿Recuerdas que te dije, como quería comerte?-Le pregunto con la voz ronca. Ella abrió un poco los ojos y la boca mientras asentía.

El sonrió maliciosamente.

-Voy a comerte nena. -No le dio tiempo a responder, bajo la cabeza y paso a lengua por toda su raja en una lamida rápida. No presto atención a sus reacciones, estaba loco por comérsela y ya no podía contenerse.

Lamió una, dos, tres veces más mientras ella gemía. Besuqueó su clítoris y lo chupo delicadamente en su boca. Chupo, mordisqueó y saboreo repetidas veces, hasta que decidió introducir uno de sus dedos mientras continuaba chupando su clítoris ahora con más fuerza. Ella jadeaba sonoramente y sin tapujos. No es que a él le importara.

-Oh dios.-Gimió ella, tras un grito.

El no se distrajo de su tarea, continuo con el mete y saca de su dedo, mientras pasaba la lengua por su capullo y siguió chupando e introduciendo sus dedos en ella. El orgasmo de Sango se acercaba él lo sabía. Sintió como se apretó alrededor de sus dedos, y justo cuando ella iba a explotar se detuvo.

Ella protesto y gimoteo. Pero él se desnudo a una velocidad increíble.

Al diablo con todo. Ella era suya, e iba a poseerla. El espero mucho tiempo ni iba a esperar más.

Ella abrió los ojos como platos mientras observaba como el de deshacía de toda su ropa y quedaba desnudo delante de ella. El cuerpo de Miroku era increíble, pero él no le dio tiempo a admirarlo.

Se inclino de nuevo entre las piernas de ella y con ambas manos abrió su sexo para dejar todo a la vista.

-Pídemelo.-Dijo. Ella lo miro aturdida.

-¿Q-ue? -susurro.-Susurro.

-Pídeme que te haga mía. Pídemelo.

El pánico se estrello contra ella brutalmente. ¿Qué demonios estaba haciendo ella? ¡Ella estaba comprometida! ¡Su virginidad era para su prometido! El dolor y la desesperación surgieron en ella.

¿Porque no podía casarse con Miroku? ¿Porque todo tenía que ser tan difícil? ¿Porque no podía ser feliz? Miro a los ojos a Miroku, y vio la lujuria, la pasión brillando ferozmente en sus ojos. Pero había algo más que brillaba también, era amor. El la amaba, como ella lo amaba. Ojala el destino fuera diferente, si ellos tan solo pudieran mantener una vida juntos. Pero era imposible, y la agonía en su pecho que la quemaba viva era prueba de ello.

Inhaló profundamente mientras tomaba una decisión. Ella se casaría con otro hombre, tendría a sus hijos, pero ella seria siempre de Miroku, su corazón y su alma pertenecían solo a él.

-Hazme tuya, Miroku. Siempre tuya.-Susurro. Miroku soltó el aire que estaba conteniendo, por un momento vio n tormento y una agonía en los ojos de ella que él no podía comprender. Temió que ella se negara, pero no fue así. A partir de ese día, ella solo seria de él. Por alguna extraña razón, un ligero temor se instalo en su pecho, pero no presto atención. En cambio se dedico a su querida Sango.

Sonrió, y bajo de nuevo su cabeza hacia el sexo de ella.

Hambriento por ella, chupo de nuevo el pequeño clítoris en su boca mientras nuevos gemidos salían de ella.

Chupo y degustó su coño. Lamió toda la hendidura con pasión, introdujo dos dedos en su interior estirándola. Sentía como el orgasmo se construía de nuevo en ella, esta vez dejaría que se corriera.

Chupo más fuerza su clítoris mientras sus dedos se movían velozmente en su interior, llevándola mas y mas alto en las escalas del placer. Hasta que exploto gimiendo su nombre.

Sango se corrió con fuerza gimiendo el nombre de Miroku. El placer la recorrió de los pies a la cabeza, sintió como él se movía y cubría su cuerpo con el suyo. La beso en la boca, y ella se probo a si misma mientras el orgasmo aun corría por ella.

-Lo siento.-Murmuro él, antes de introducirse en ella de una sola estocada. El placer y el dolor se mezclaron dentro de sí, haciendo que ella se volviera loca. Gritó mientras abrazaba a Miroku y le clavaba las uñas en la espalda. El gimió en su odio mientras se movía en su interior. Lo sentía duro y caliente creando nuevas sensaciones.

Ella pensó que era imposible pero otro orgasmo empezó a construirse dentro de ella. Gimió más fuerte, y enredo en un acto de reflejo, sus piernas en las caderas de él. Haciendo que la penetrara profundamente.

-Más. Miroku dame más.-Exigió sin saber que era lo que le pedía. Pero el sí que lo sabía.

Acelero aun mas sus movimientos haciendo que el placer sea indescriptible, hasta que todo exploto a su alrededor. Grito, y apretó aun mas a Miroku contra sí. Mientras el palpitaba dentro de ella y se corría con fuerza.

Jadeando y se abrazaron el uno al otro hasta que pocos temblores recorrían sus cuerpos. Se abrazaron cuando Miroku los cubrió a ambos con la sabana para que pudieran descansar.

Y ella se abrazo aun mas a él mientras el dormía abrazado a ella. Sin saber que Sango lloraba silenciosamente mientras recordaba su encuentro con un sentimiento agridulce.

Ella lloro y se abrazo al más fuerte, rogándole a su dios por que le diera fuerza. Una fuerza que ella iba a necesitar más adelante, porque en esos momentos ella no podía negarse la oportunidad de permanecer abrazado a él. Como si él fuera su tabla de salvación, la agonía y el dolor que ella había sentido durante esos días, se instaló de nuevo en ella. ¿Cómo podría separar alguna vez de él? ¿Porque no podía simplemente darle la espalda a su familia, a su prometido, a la sociedad, y ser solamente ellos dos?

-Si tan solo pudiera...-Llorando murmuro esas cuatro palabras que mataban cualquier esperanza dentro de ella, de un final feliz entre ellos dos.


Continuará...