Inuyasha no me pertenece.

Regalo a Lovergreen del "Intercambio Navideño 2015-16" del foro Hazme el Amor


IV


Levanto sus caderas para que ella recibiera sus embestidas con más fuerza. Los gemidos llenaban la habitación, roncos suspiros, y palabras que encendían la pasión de ambos.

Sabia que estaba siendo un bruto, pero la necesidad que sentía por su mujer lo volvía loco. Se adentro con más fuerza, con más vigor y pudo sentir como el orgasmo se estrellaba contra ella, aprisionándolo dentro como un puño de terciopelo, suave, caliente y totalmente húmedo.

Sintió como sus pelotas se hincharon hasta el punto de sentir un ligero dolor, antes de que explotara el mismo en un orgasmo alucinante. Los chorros de semen llenaron la cavidad de su mujer haciendo que ella soltara un pequeño gemido por las sensaciones.

Se dejo caer contra ella, sin importarle si su peso la aplastara un poco. Sabía que a ella le encantaba sentirlo de esa manera.

Espero que las ultimas sensaciones, ocasionadas por los orgasmos que ambos tuvieron, pasaran dejándolos exhaustos y saciados.

Se movió hacía un lado y atrajo el cuerpo menudo y lleno de curvas de su mujer hacia su pecho. Acaricio de arriba a abajo su espalda, espero que la respiración de ella se estabilizara un poco antes de preguntarle lo que llevaba rondando por su cabeza desde que llego a casa.

-¿Nena?-Preguntó.

-Mmm... -Fue la estoica repuesta de ella. Sonrió y por un segundo estuvo tentado a meterse entre sus piernas de nuevo. Pero decidió que lo haría más tarde. Primero lo primero.

-¿Podría ser tan amable señora mía, de explicarme porque el padre de Sango piensa que tu y ella están en nuestra casa de campo organizando una fiesta de té?-Pregunto entre curioso y suspicaz. Su esposa se tenso como una cuerda, y fue la repuesta que necesitaba. Se levanto furioso de la cama, sin importarle absolutamente su estado de desnudez.

-¿Que es lo que te pasa por la cabeza, Kagome? ¿En qué diablos están metidas tú y Sango?

Kagome levanto su mirada y la fijo en su marido desnudo. Un suspiro silencioso se escapo de sus labios cuando vio su semi erección. Algo le decía que su marido no iba a hacer nada, y tampoco iba a dejar que ella hiciera algo, para transformar esa semi erección en una erección en toda la regla.

Intento poner ojos de cachorrito pero no funciono. La expresión furiosa de su marido no cambio, en un movimiento de sus hombros hizo destacar aun más sus pechos de manera que atrajeran la vista de su marido. Y efectivamente su marido clavo sus ojos en sus pechos mientras se relamía los labios. Una creciente excitación se extendió por su cuerpo. Inuyasha dio dos pasos hacia ella, antes de soltar un gruñido y recoger los pantalones del suelo antes de ponérselo.

Que mal, pensó ella.

-No estamos metidas en nada malo, milord.

El le dirigió una mirada furiosa.

-¿Porque será que no te creo?

Ella suspiro dramáticamente.

-No tengo ni la menor idea, pero deberías creerme Inuyasha.

Inuyasha apretó los dientes con frustración y permaneció impasible. Ella suspiro y decidió que no podía engañarlo.

-Solo estoy ayudando un poco a Miroku.-Cuando término de decir eso, supo que había metido la pata, pero hasta el fondo.

La expresión de su marido cambio drásticamente. De furioso paso a tranquilo, estoico.

-¿Que tiene que ver mi primo en esto, mi amor?-Su pregunta fue totalmente fuera de cualquier tono que pudiera darle una indicación a Kagome de como se encontraba.

Ella sonrió nerviosamente, y se pregunto si ella podía salir de este interrogatorio sin echar más leña al fuego.

-Es una historia muy larga no quiero aburrirte.

-Insisto.

-Y yo insisto en no querer aburrirte.

-Difiero.

Maldijo interiormente. Su marido era un completo idiota. ¡Estúpido conde!

-Bueno, pero después no te quejes... -Así que le contó todo. El plan que armo con Miroku para secuestrar a Sango, de manera inofensiva por supuesto. Ella tenía que encargarse de sacarla de su casa y luego encargarse de los padres de Sango. Lo cual no iba a ser un problema, los padres de su amiga la querían muchísimo. Le explico que solo se quedaría con Miroku el fin de semana, y más tardar el lunes al medio día saldrían hacia Londres. También le dijo que no tenía nada de lo que preocuparse.

Su marido se quedó en silencio por unos minutos, hasta que explotó.

-¿Pero es que te has vuelto completamente loca, mujer? ¿Qué demonios tienes en la cabeza?-No habló, gritó.- ¿Secuestrar a la hija de un duque? ¿De un maldito duque? Tu y Miroku se han vueltos completamente irracionales. Sabía que ese interés que Miroku tuvo de repente por regresar era por otros motivos, pero nunca me imagine que tú. -La señalo y Kagome se pregunto cómo su esposo podía apretar tanto la mandíbula y aun así poder habla- lo ayudarías en semejante barbaridad. Por dios santo Kagome, eres una condesa por dios.

Ella se estiro y levanto la barbilla con altivez digno de su rango.

-¿Y eso qué? ¿No podía echarle la mano a dos de mis seres más queridos, para que puedan amarse?

Inuyasha la miro incrédulo.

-¿Amarse? ¡Por dios santo mujer! ¡Ella está comprometida a otro hombre!

Kagome se levanto desnuda y furiosa.

-¿Y ESO QUE? ¡SANGO TIENE DERECHO A ESTAR CON EL HOMBRE QUE AMA! ¡Y ELLA AMA A MIROKU! -Grito ella con lágrimas en los ojos. Estaba furiosa, ¿porque su marido no la entendía? Ella no quería herir a nadie, pero Sango se merecía ser feliz

Inuyasha se quedo mudó ante el arranque de furia departe de su esposa. El sabía que las intenciones de su mujercita eran las mejores, pero ella no quería ver más allá de sus ojos. Así que lo más calmado que pudo trato de hacerla entender.

-No es eso nena. Claro que ella tiene todo el derecho a ser feliz, pero ella está comprometida a otro hombre. Deshonrar ese compromiso permaneciendo con otro hombre sería terrible para ella. La sociedad la repudiaría a ella, a su familia, como a sus hijos. Y Miroku ni siquiera sabe que ella está comprometida-Se acercó a ella y la sentó en su regazo.-Si su prometido vuelve y no encuentra a Sango... las consecuencias podían ser nefastas. Podían irse a un duelo, y uno de los dos terminaría muerto. ¿Crees que Sango podría soportar la muerte de alguno de los dos? ¿No se sentiría ella culpable? Después de todo, el duelo se daría por ella. Y para ponerle la cereza al pastel, la sociedad nunca aceptaría con buenos ojos un matrimonio entre Miroku y Sango. Ella es mayor que él. No es aceptable. Además Miroku tiene que ir a Oxford, tiene que culminar sus estudios como lo exigió su padre.

Las palabras de su esposo hicieron eco en su cabeza. La verdad en ellas, un puñal en su corazón. Su corazón doliendo por su amiga, llorando por su querida y mejor amiga. ¿Porque? Si tan solo ella pudiera hacer algo para las estúpidas reglas sociales sean olvidadas. Para que solo importaran los sentimientos y no el color de tu vestido.

Pero ella no podía hacer nada.


Sango se despertó por el olor a comida. Tortillas y beicon, con jugo de naranja. Había pasado dos días maravillosos con él. Miroku con el pecho desnudo y unos pantalones, se le acerco mientras depositaba la comida a un lado de la cama. Sonrojada acepto la comida gustosa, comieron un absoluto silencio, un silencio lleno de paz y armonía, que hizo que ella se preguntara cuando vendría el desastre.

Después de comer ambos se vistieron, sorprendentemente algunos de sus vestidos estaban aquí, según le dijo Miroku, Kagome se había encargado de empacar los. Al parecer, tenía todo planeado.

Recorrieron la casa de campo de la familia de Miroku, notando que no había sirvientes. Notando su curiosidad por la falta de servicio, él sonrió.

-Les di el fin de semana libre, mi mayordomo junto con su esposa son los únicos que están aquí, allá.-Señalo una pequeña casita que se encontraban no muy lejos de la casa principal.-Esa es su casa. Hiruna, es mi ama de llaves y la cocinera principal, ella fue la que nos hizo el delicioso desayuno.

Ella asintió y se sonrojo de solo pensar en lo que ambos esposos debían pensar de ella. Por un segundo la agonía el dolor, la pena y la vergüenza la embargaron. Pero los hecho a un lado, decidida a disfrutar al máximo su tiempo con Miroku. Ya luego ella tendría tiempo para sentirse desolada. Ella había tomado una decisión, le contaría a Miroku de su prometido. Pero no ahora, ahora tenía tiempo para disfrutar con él. No quería que la odiara aún.

Por la tarde montaron a caballo e hicieron un picnic con la deliciosa comida que Hiruna les preparo e hicieron una sesión de besos apasionados que no pasaron de una que otra caricia.

Ya al atardecer volvieron de nuevo a la casa de campo, precisamente a los aposentos de Miroku. Ella guardaba cada momento vivido con él, como el tesoro más valioso. Los iba a necesitar cuando ellos se separan.

Ella se encargo de desvestir lo, como si fuera su ayudante de cámara. Los días anteriores no le dio tiempo a echar un buen vistazo. Así que hoy se tomaría su tiempo.

Primero fue el chaleco, después la camisa. Lo dejo con el pecho desnudo y acaricio cada centímetro de su cuerpo. Miroku estaba acostado en la cama con las manos de bajo de su cabeza por petición de ella. Así que se encargo de disfrutar lo que por estos momentos era suyo.

Le dio un beso largo y profundo, entrelazando sus lenguas. Bajo por su cuello besándolo y dándole uno que otro chupetón. Estaba nerviosa y la timidez empezó a embargarla, pero la hizo a un lado. Necesitaba disfrutar al máximo estos momentos, porque ya una vez que volvieran a Londres todo cambiaría. Sango lo sabía.

Chupo y degustó todo a su paso. Hasta que llego al pantalón. La respiración de él era agitada y cada vez que ella lo acariciaba soltaba un gemido. Eso la hacía sentir poderosa. Que ella pudiera hacerlo sentir de esa manera, era increíble.

Con dedos temblorosos y un poco torpes, abrió el botón del pantalón de él y se fijo que no llevaba ropa interior. Su erección salto ante su vista haciendo que ella inhalara bruscamente. Su pene al menos para ella, estaba coronado por una mata de vello y era grande. La cabeza que tenía forma de hongo estaba hinchada y roja. Era gruesa y sus testículos se veían pesados.

Ella subió la mirada hasta él y se encontró con su mirada. La lujuria y la pasión provocando una tempestad en sus ojos, pero también brillaba el amor y las ansias de ella siguiera. Un poco temerosa se paso los labios por el labio superior.

-E-enséñame a tocarte, por favor. -Dijo temblorosa. Por una fracción de segundo el cuerpo entero de él se congelo y tenso. Luego una sonrisa picara se deslizó por su rostro.

-Ah nena, yo encantado. -Respondió él antes de que bajara una de sus manos y se tomara el pene desde la base. Ella se hecho un poco hacia atrás para darle espacio. Él se acaricio lentamente de arriba a abajo, su mirada nunca abandono la vista que él le estaba regalando. Estaba completamente embelesada. La mano de Miroku se movió un poco más rápido y la respiración de él se hizo pesada al igual que la suya propia. Él quito su mano y agarro la de ella y la puso en su pene.

Al principio ella se sintió torpe. Su polla era caliente y dura, ella lo acaricio como él le enseño. De arriba a abajo, primero empezó lento, tanteando el terreno. Pero los gemidos de él eran como un incentivo para ella. Así que subió la velocidad de sus manos.

-Maldita sea, acaríciame las pelotas nena. Así... si así... Oh mierda. -Se sentía poderosa. Una idea se le vino a la mente la noche anterior Miroku la había besado allá bajo. ¿Ella podría...? Detuvo sus caricias, mientras Miroku alzo las caderas y soltó un gruñido de protesta. Un ligero rubor le cubría las mejillas y sus ojos azules estaban negros por la pasión. Supo que el iba a decirle algo, así que se le adelanto.

-Es que quiero probarte... como tú lo hiciste conmigo. -Le explico, un poco cohibida.

Miroku abrió los ojos como platos cuando la escucho. Su corazón se detuvo, y luego empezó a bombear con más fuerza. ¿Cuántas noches él no se había dado un pajazo pensado en su boquita? Muchísimas. Incluso cuando tenía sexo con algunas mujeres, siempre imaginaba el rostro de Sango. Y ahora tenía su oportunidad de oro, y no la iba a desaprovechar.

Se levanto de la cama con un movimiento fluido, y se puso frente a ella que aun se encontraba de rodilla y con la mirada gacha. Completamente sumisa y avergonzada, sintió un tirón en las pelotas y casi se corre por la dulce imagen que ella representaba. Le agarro la barbilla y le subió la cara para que lo mirara. Le sonrió y asintió. Ella lo miro esperando.

-Abre la boca, bebé. -Se agarro el pene duro como el acero y lo guió hasta la boca abierta de ella. Su aliento le golpeo la cabeza y las sensaciones corrieron por todo su cuerpo.

Tenso su cuerpo, y le metió la cabeza en la boca.

-Chupa. -Le ordeno. Y ella le obedeció. Al principio hizo tímidamente una succión. Luego con más confianza lo empezó a chupar pasando la lengua por toda la cabeza. El apretó las nalgas, y estuvo a punto de correrse. Le saco la cabeza rápidamente y ella gimoteo en protesta.

-Abre más grande o no te va a caber completa. -Le explico. Ella asintió. -Nada de dientes bebé.

Ella abrió la boca dispuesta y el la complació. Se la metió en la boca mientras ella abría un poco más los ojos. Hasta que los cerró para disfrutar.

Cerró su boca alrededor de su erección, y empezó a chupar sin usar los dientes. Se impulso chupándole y supuso que era una cuestión de instintos, porque luego de un rato ella se ayudo a sí misma con una de su mano a masturbarlo.

Las sensaciones eran increíbles. Ni siquiera él podía expresar en palabras lo que ella le hacía sentir.

-Que boquita tan dulce, nene. -Gimió sin poder evitarlo. Ella gimió entorno a su erección y el casi se corre. Sintió las vibraciones del orgasmo, y aunque se moría por correrse en su boca y que ella tomara todo de él, él se moría por probarla de nuevo.

Saco su erección de su boca y sin meditar palabras la tumbo de espaldas, le abrió los muslos y se dio un festín.

Su clítoris igual de pequeño estaba hinchado con sus jugos bañándolo por completo. El chupo con fuerza y sin tregua. Chupo y chupo. Introdujo dos de sus dedos en su cavidad, entrando y saliendo de ella con fuerza. Él necesitaba que se corriera, solo así el podía cogérsela con fuerza como necesitaba en esos momentos. Chupo, lamió y pellizco sin darle respiro, los gemidos y grititos salían de ella y eran un afrodisíaco para él. Ella se corrió con un grito mientras impulsaba sus caderas contra él. La agarro con más fuerzas de las caderas y trepo por su cuerpo sin esperar que las sensaciones de su orgasmo terminaran.

La agarro por las caderas, su pene que estaba tan duro no necesitó que lo guiara. Nada mas apunto y se estrello contra ella. La necesidad de follarla más fuerte que nada. Le agarro ambas manos y se las puso por encima de la cabeza.

-Rodéame con tus piernas. -Exigió con voz ronca, ella lo hizo y el empezó a martillarla contra la cama. Sus embestidas eran fuertes y constantes, la necesidad de correrse y que ella se volviera a correr, danzando en su mente. Ajusto sus caderas, de manera que cada vez que el la penetrara también acariciara su clítoris. Ella gimió con más fuerza, y él le soltó las muñecas mientras ella se abrazaba completamente a él. Cuando el orgasmo de acercaba a ambos, en vez de relajarse para prolongar las sensaciones, ambos se volvieron salvajes, impulsando las caderas el uno contra el otro, buscando alivio. Hasta que todo exploto.

Ambos quedaron en el limbo, solo conscientes del uno de otro. Miroku se sintió en paz y pleno. Mientras que el cansancio se apoderaba de Sango, quedándose dormida.


Sango se despertó desorientada, se fijo que Miroku no estaba a su lado. Se dio cuenta de que ya debía ser de mañana. Se frotó los ojos y busco el motivo por el cual se había despertado. Agudizo el oído y entonces escuchó.

Se escuchaban gritos en la planta baja, gente hablando demasiado fuerte como para que sus voces hicieran eco en los aposentos. Desnuda como estaba no podía bajar, se levanto y sintió un tirón en su entrepierna y sonrió. Se puso su camisón con la bata a juego.

Salió de la habitación con el corazón retumbando le en el pecho. Por alguna extraña razón no quería bajar, quería quedarse durmiendo en la cama esperando por Miroku. De un momento a otro las voces se detuvieron. Ella dio un respingo y respiro profundamente. Se armo de valor y bajo las escaleras hacia el despacho de Miroku. La puerta estaba abierta, así que no hubo necesidad de tocar. Las ansias se apoderaban de ella, algo le incitaba a correr, a esconderse. Pero desecho esa idea. Ella tenía que ver que estaba pasando.

Sus pasos se estuvieron abruptamente y se quedo mirando fijamente la escena que se había desarrollado en la estancia.

Miroku estaba parado cerca de la ventana con la respiración un poco agitada. Kagome su mejor amiga, estaba llorando sentada en el sillón favorito de Miroku. Inuyasha, el marido de su mejor amiga y primo de Miroku, tenía la mirada clavada en ella, pero no la miraba con odio o con decepción. Era una mirada de compasión. De entendimiento. Ella trago en seco, sintiendo de repente un temor en su corazón. Detallando mejor a Inuyasha se dio cuenta que tenia la mejilla izquierda roja y se le estaba hinchando. Miroku se dio cuenta, y volteo a verla con los ojos furiosos y brillantes, con un toque de desesperación.

-Es mentira, ¿cierto? -Le preguntó con la voz ronca y llena de furia.

Ella trago en seco. Sabia a lo que se refería, pero por alguna razón se estaba acobardando.

-¿Qué? -La voz le salió en un susurro.

Miroku respiro fuertemente y señalo con el dedo a Inuyasha.

-Él idiota aquí presente, está diciendo estupideces. Tú no estás comprometida con otro hombre, eso es imposible. Tu y yo vamos a casarnos, Sango.

Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando sintió que el mundo se le derrumbaba. Negó con desesperación, aun le quedaba un día más a su lado. Aún podía fingir que ambos iban a estar juntos. Aun le quedaba tiempo para atesorar. ¡No podía acabar todo así! Ella lo miro con desesperación, pero ya no podía mentir. No podía negarlo, Miroku tenía derecho a saber. Las palabras no le salían, sentía un nudo en la garganta. Así que asintió con la cabeza mientras el negaba. Apenas fue consciente de los sollozos de su amiga y como ella e Inuyasha salían cerrando la puerta, dejándolos solos.

-No. Sango no me mientas, no estás comprometida. -Las lágrimas empezaron a deslizarse por su rostro mientras ella asentía. De dos zancadas él la agarro por los hombros con fuerza.

-No bebe, eso es imposible. No me mientas. -La abrazo contra su pecho como si no quisiera dejarla ir. -No me hagas sufrir mi amor, si hice algo mal perdóname.

Se separó de ella y se arrodillo aferrándose a sus piernas.

-Si estas castigándome por lo del secuestro, perdón bebe. Pero no me mientas que me rompes él corazón. -Le suplicó. Ella solo podía quedarse estática y llorando.

-E-es verd-dad Miroku... perdón. -Le susurro ella, con la voz entrecortada por las lágrimas.

Él se separo con fuerza y ella se tambaleó. Él la miro fijamente. La rabia se apodero de él. En un ataque de furia, Miroku golpeo la pared más cercana, tiro todos los papeles, plumas y otras cosas que se encontraban en su escritorio. Tiro la lámpara. Todo para no estrangularla.

-¿Porque? ¿Acaso es divertido para ti, verme suplicándote?

Ella negó furiosamente la cabeza mientras abría los ojos como platos.

-No... No, no Miroku. Escúchame yo te lo voy a explicar...

El se rió de ella, un sonido fuera de cualquier afecto, un sonido furioso y cínico.

-Por favor, Sango. Si lo único que sale de tu boca son mentiras. ¡Qué alivio!

Ella lo miro confusa. ¿Alivio? ¿Alivio de qué? Pero al parecer él no había terminado de hablar.

-Gracias a Dios, que me di cuenta a tiempo. Tú no eres la mujer de la que me enamore, ni siquiera eres digna de llamarte mujer. -Cada palabra se clavaba en ella como un chuchillo. Haciendo que sea más difícil poder respirar. -Estas comprometida con otro y aun así te revuelcas conmigo, ¿qué clase de mujer eres? Compadezco profundamente al pobre tonto que va a ser tu marido.

Ella empezó a llorar, no pudo evitarlo. Las crueles palabras que salían de su boca, eran como ácido en su corazón. Sabía que él estaba molesto, sabía que nada de lo que le decía era cierto. Pero eso no lo hacía menos doloroso. Se acerco a él y lo abrazo. Él se sacudió como si lo fuera golpeado e intento empujarla por los hombros, pero ella se aferro a él con toda la fuerza que poseía.

-Suéltame... ¡Que me sueltes, maldita sea!

Ella negó con la cabeza, aun sollozando.

-Perdóname Miroku, yo te amo... de verdad que te amo. Pero no podemos estar juntos, mis padres me comprometieron a Ryuga... Yo debo cumplir... entiende me por favor... -Finalmente el se deshizo de su agarre y ella cayó al piso de rodillas mientras él la miraba con furia y dolor.

-Entonces lo desafiare a un duelo por ti. -Sus palabras se deslizaron por su mente, por un minuto lo pensó considerándolo. Pero luego se arrepintió, ¿qué clase de mujer era, si permitía que ellos se batieran a un duelo por ella?

Ella se aferro a sus piernas con fuerza.

-No, no, no, no... Miroku no... No lo desafíes, no soportaría que él te matara o que tú le mataras a él. ¡No podría vivir con eso! ¡Terminaría odiándote, o odiándolo a él! -Le suplico con desesperación.

Miroku subió sus manos a su pelo mientras se lo jaloneaba y le gritaba con desesperación.

-¿Entonces dime qué hago? ¿Cómo voy a poder hacerme a un lado, Sango? ¿Crees que podría soportar que otro tocara a mi mujer? -La furia siempre presente en cada una de sus palabras.

Ella empezó a llorar con más fuerza, diciéndole entre sollozos entrecortados, que ella no podía deshonrar a su familia, que su madre estaba enferma, y que ella le hacía ilusión que Sango se casara con el hijo de la ya fallecida mejor amiga de su madre. Que la sociedad no los aceptaría, que él no estaría aquí dentro de un tiempo. Que ella sabía que él tenía que ir a Oxford. Que todo era un caos, y que lo que ella más le dolía era la idea de que el la odiaba.

-Yo podría vivir sin ti, Miroku... pero si tú me odiaras.-Sollozo. -Yo me muero, Miroku. ¡No me odies, por favor! ¡No me odies! No lo hagas...

Él se agachó frente a ella. Ella tenía razón, todo lo que le había dicho era cierto. La sociedad no aceptaría de buen grado su matrimonio, él tenía que ir a Oxford a culminar sus estudios, y él ya había echado sus raíces en Escocia. Pero le dolía, como le dolía. Ella era la mujer que ama, la mujer de su vida, su mundo entero. El no podía odiarla, amarla toda la vida si... odiarla jamás. El la amaba tanto, que sentía dolor. Le dolía, saber que no podían estar juntos. Maldijo una y mil veces a la sociedad de mierda. Pero el amor era así... si no sientes dolor, es que no la amaba lo suficiente. Sabía que tenía que dejarla ir, que tenía que dejar que ella hiciera su vida. Pero ni sabia como.

Había soñado tantos años con ella, añorándola, deseando la, amándola. ¡No quería que se la arrebataran!

La abrazo contra su pecho, y la dejo llorar. Ella necesitaba llorar. La vista se le distorsiono y se dio cuenta de las lágrimas que se le acumulaban en sus ojos. La abrazo con mas fuerzas y enterró la nariz en su pelo que olía a flores silvestres. Como iba a extrañar su olor, como iba a añorarla.

-¿C-crees en las r-reencarnaciones? -El susurro proveniente de ella hizo que pensara unos instantes.

-Supongo nena. -Le respondió. Ella alzo la mirada brillosa por las lágrimas con la nariz roja, y clavo sus preciosos ojos en él.

-Entonces, en otra vida nos amaremos... y estaremos juntos. ¿Me lo prometes? -La miro mientras las lágrimas se deslizaban por sus ojos, sin importarle que ella lo viera llorar. Él asintió porque tenía un nudo en la garganta.

-Te lo prometo. En otra vida nos volveremos a amar, y en esa ocasión no te dejare escapar. Nos amaremos sin tapujos y sin medidas. -La beso ligeramente en la boca. -Iré a por ti. A por todo. Nada nos separara en esa vida. Y en la que le sigue. Viviremos mil veces y las mil veces las viviré contigo.

Ella se rió, un sonido melancólico y lleno de tristeza.

-¿Y si no me reconoces?

Él sonrió.

-Te reconoceré. Tendrás los mismos ojos, y ambos tendremos la misma alma. Mi alma, reconocerá a la tuya.

A ella le temblaron los labios pero aun así sonrió.

Se aferraron el uno del otro.

Kagome le pidió a su marido que se quedaran ese día y que en la mañana partieran a Londres junto con Sango. Inuyasha acepto.

Sango y Miroku permanecieron el resto del día en la habitación. Solo salieron para comer y luego regresaban. Se pusieron al día, pasaron horas y horas amándose y hablando.

Sango se entero que Miroku en Escocia fue participe en las cruzadas, cuando no estaba estudiando. Le contó que incluso le ofrecieron para trabajar para la corona, pero por los nervios de su madre, no acepto.

Miroku, la amo de los pies a la cabeza. Como si no hubiera un mañana, desafortunadamente para ambos el tiempo se les había acabado en la mañana del otro día. Por motivos de seguridad y discreción, Miroku decidió no partir con ellos, aunque tenía otros motivos... quería ahogarse en su pena, completamente solo. Se despidieron con un largo beso con sabor a lágrimas, desesperación, amor, y agonía. Una mezcla completamente agridulce.

Miroku miro fijamente al carruaje que se iba alejando. Llevándose consigo parte de su alma y corazón. Las lágrimas se deslizaron por sus ojos y cayó en el suelo de rodillas. Golpeo la tierra, una, dos, tres, veces. Siguió golpeando la tierra hasta que las manos le sangraron. La impotencia era una daga en su corazón. ¿Cómo iba a vivir sin Sango, después de probarla? ¿De amarla? No supo cuando Hiruna, su ama de llaves y su nana, se acerco a él. Solo supo que en el momento en el que ella le puso la mano en el hombro y el la vio. Se aferro a ella con todas sus fuerzas. Se aferro y lloro por su mujer. Se dijo que sería la primera y última vez que el lloraría. Pero en esos momentos, necesitaba llorar. Ella lo arrullo, y lo abrazo. Acariciándole el cabello una y otra vez. Hasta que los espasmos pasaron y el pudo calmarse. Aunque no volvió a ser el mismo.

Sango lloro durante todo el camino. Inuyasha y Kagome la tenían en un apretado abrazo. Su amiga lloraba con ella e Inuyasha las abrazaba a ambas dándoles confort. Todo había cambiado, esos días con Miroku había cambiado todo.

Ella ya no podía ser la misma.

Sango y Miroku volvieron a verse una semana y media después. Afortunadamente el prometido de Sango aun no había regresado, el le había mandado una carta para avisarle que regresaría en dos semanas como mucho.

Ellos ya no estaban juntos. Habían decido antes de que Sango se marchara aquella fatídica mañana, que lo mejor para ambos, era estar lejos el uno del otro. Ambos aparentaban haber seguido con sus vidas, ser felices, haber tomado caminos diferentes y estar de acuerdo con ello, pero a veces, cuando nadie los ve, se miran a los ojos. Y el anhelo y el amor, se reflejaban en sus miradas.

Miroku se fue tres días antes de que el prometido de Sango llegara, se fue a Oxford a culminar sus estudios para luego volver a Escocia. No podía estar en Londres, cerca de Sango y verla con otro hombre.

Cuando el prometido de Sango regreso, empezaron los preparativos para la boda. Nadie notaba lo triste que estaba, a excepción de Kagome que hacia de todo para animarla. Un mes antes de la boda, Kagome le dio la noticia que estaba esperando a su primogénito. Sango se alegro por ella, aunque por dentro se estaba muriendo. Había tenido la ligera esperanza de que ella estuviera esperando un hijo de Miroku. Pero no fue así. La mañana en la que se dio cuenta que tenia la regla, se puso a llorar. Ya nada le quedaba de él.

Ryuga y Sango contrajeron nupcias en la capilla de la familia del conde una mañana en la que el sol brillo en todo su esplendor. Una ironía, si se lo preguntaban a ella.

Miroku se entero unas semanas después, y en contra de sus deseos, las lágrimas se acumularon en sus ojos.

Tiempo después conoció a una muchacha escocesa perteneciente al Clan de su madre, llamada Lezley. Una muchacha extrovertida, hermosa y con la determinación de ganarse su corazón. Miroku y Lezley se casaron un año después de la boda de Sango. Cuando Sango se entero, cayó en una depresión por días.

Ambos se habían amado, y si tan solo el destino no fuera caprichoso y no jugara sus cartas de forma egoísta, ambos quizás hubieran tenido una oportunidad. Pero no fue así, ambos hicieron una promesa. En otra vida se reencontrarían, y por esa vida esperarían.


NT: Se los juro, escribiendo esté capítulo llore. En serio. Soy muy sentimental T.T