Inuyasha no me pertenece. Desgraciadamente T.T
Regalo a Lovergreen del "Intercambio Navideño 2015-16" del foro Hazme el Amor
V
Quiero una cuenta regresiva
Y hacer lo mismo distinto
no quiero la misma vida
pero quiero el mismo instinto,
yo quiero empezar de cero
y obedecer al destino
volar aunque no allá cielo
y me encontrare contigo.
Y quiero esta misma alma, para no olvidar lo aprendido
yo quiero vivir mil veces y las mil veces contigo
yo quiero vivir mil veces...
Y cuando nos despidamos
prometo no llorare no es adiós ni muchas gracias
es un te encontrare
y se bien que algunas vidas
serán mas duras que otras
quizá nos tome mas tiempo,
pero eso al final no importa.
Porque me llevo mi alma para no olvidar lo aprendido
y es que viviré mil veces y las mil veces contigo
es que viviré mil veces...
Y tendremos otro cuerpo, pero con las mismas alas
y tendremos otros ojos, pero las mismas miradas
si vuelvo a vivir la vida, la volvería a empezar con la meta de llegar.
Juntos con las mismas alas para no olvidar lo aprendido
y es que viviré mil veces y las mil veces contigo
y es que viviré mil veces y las mil veces contigo.
Escocia 1867
Ella gemía mi nombre. Me miraba con tal amor y con tal devoción que me apretaba el pecho por la emoción. Yo también la amaba a ella. Gire nuestros cuerpos y en esa ocasión ella estaba debajo de mí. Me sentí poderoso, dominante, cuando la escuche gimotear por mí.
Clave mi pene profundamente dentro de ella, las embestidas que le daba eran profundas. Ella era completamente deliciosa, la quería toda para mí. La agarre por las caderas con más fuerza mientras me estrellaba contra ella con fuerza desmedida. Sus gimoteos y gritos solo hacían que la excitación creciera. Era mía. Por lo menos, en esos momentos, era mía. Me acerque a su boca, y sin dejar de penetrarla con vigor, la bese. Me comí su boca, provoque su lengua. Se la chupe y mordí.
Sentí como el orgasmo de ella se aproximaba, así que acelere aun más mis embestidas, mientras seguía besándola. No podía parar, y no quería parar. Su cavidad me apretaba como un puño sedoso, sus jugos hacían que la penetración fuera más fácil y adictiva. Estaba tan mojada para mí, que eso solo hacía que me la cogiera con más brutalidad. El orgasmo se estrelló contra ambos con sorpresa. Las sensaciones recorrieron nuestros cuerpos de manera increíble. Yo solo quería quedarme más tiempo así. Con ella. Con mi Sango.
Abrí los ojos lentamente y los clave en el techo. Otra noche más que soñaba con ella. Desde hace años que ya no tenía sueños por ella. Con el paso del tiempo aprendí a vivir sin sus caricias y besos, y los reemplace por otros labios y manos.
Gire mi cabeza y clave los ojos en mi esposa. Su mata de pelo color cobrizo estaba adornando la cama de forma adorable. Una sonrisa se deslizo por mi rostro.
Lezlye se hizo espacio en mi corazón de una manera impresionante. Mi esposa sabía todo lo de mi pasado y que el amor que yo sentía por Sango no ha muerto del todo. Si bien es verdad que con el paso del tiempo deje de pensar en ella en cada instante, aun la amaba. Había veces en las que me sentaba en el jardín del clan a pensar en ella y en su adoración por los jardines. Había veces que me volvía melancólico y un poco gruñón. Mi esposa era un ángel, me soporto todo y aun así me amaba con todo su ser. Ella no era tonta, sabía que tenía parte de mi corazón, pero no lo tenía todo.
Ella nunca me reclamo, si no que me entendió.
La puerta de nuestros aposentos se abrió y entraron dos pequeños diablitos a tirarse encima de ambos. Dos niños completamente diferentes, pero hijos de ambos. Nuestro hijo que tenía diez años era una copia exacta a mí. Mientras que mi hija, de dos años era la viva imagen de mi esposa. Eran mis dos grandes tesoros. Jugamos un rato los cuatro en la cama antes de que todos nos preparemos para el día que teníamos por delante.
Mi esposa se cambio y bajo a ver que toda la fortaleza estuviera en orden. Sirvió la comida a los hombres del clan, y se preparo con las otras mujeres a preparar su día.
Yo por otro lado me fui con los hombres al campo para empezar a trabajar. Luego entrenamos en la fortaleza hasta que se hizo la tarde.
Entramos para comer el almuerzo, cuando entro un muchacho preguntando por mí. Curioso me pare enfrente de él, mientras que el muchacho me tendía dos cartas. Mi esposa con su naturaleza curiosa se acercó a mi lado. Por alguna razón, el corazón se me acelero y el pulso se me disparo. Empecé a sentirme nervioso. Después de darle unas monedas al muchacho, e invitarlo por un vaso de aguamiel, fue que me arme de valor y le di la vuelta a una de las cartas que tenía mi nombre, no había dirección ni nada, solo mi nombre y una caligrafía muy conocida para mí y la cual en todos estos años no he podido olvidar.
Me quede mirando fijamente la carta como si fuera a cortarme el brazo.
-¿Es de ella, verdad? -La dulce voz de mi esposa me saco de mis pensamientos. La mire esperando ver molestia o un indicio de celos en su mirada. Lo que me encontré fue resignación, amor y compresión. Susurré un sí. -¿Porque no vas al jardín para que la puedas leer tranquilo? Yo te guardare comida.
El pecho se me apretó dolorosamente por no poder desprenderme completamente de mi amor por Sango, y poder dárselo sin miramientos a mi esposa. Pero yo le hice una promesa a mi Sango con mi amor y mi lealtad, y eso no se podría romper. Le di un beso profundo a mi mujer.
-Te amo. -Le dije, porque era cierto. La amaba, pero no tanto como ella se lo merecía. Ella asintió, y me sonrió.
Salí de la fortaleza y me fui directo al jardín. Me senté en uno de los bancos cerca de uno de los rosales. Me quede quieto por unos segundos antes de abrir la carta con manos temblorosas.
Querido Miroku:
"A veces me parece que empecé a escribirte esta carta hace años y que todavía no he sido capaz de terminarla. Han pasado muchos años, catorce años para ser exactos desde que nos vimos por última vez. Muchas cosas han pasado, unas buenas, otras malas, pero no hay un día en el que me pregunte si realmente no me odias, y que si pudiste olvidarme. Te escribo esta carta para contarte por última vez un poco de mi vida.
Mi madre murió dos años después de que me case con Ryuga. Fue un golpe duro para todos, pero murió con una sonrisa en los brazos de mi padre. Y mi padre... mi padre murió un mes después de tristeza porque no había podido vivir en un mundo, donde no existía la dulce y temperamental Elizabeth Mei. Fue un golpe duro, pero logre salir adelante con la ayuda de mi hermano y su esposa, de Kagome e Inuyasha, y por supuesto a mi esposo. Quería decirte en estas líneas, que pese al tiempo, aun te sigo amando.
Aunque amo a mi esposo, quien supo ganarse con mucho tiempo, paciencia y dedicación mi corazón, me siento culpable de no poder amarlo completamente. Me pregunto si a ti te pasa lo mismo con tu esposa. Quería contarte que tengo una niña preciosa que se llama, Mei. Te escribo porque no me queda mucho tiempo. El médico y mi esposo creen que me engañan, pero padezco la misma enfermedad de mi madre. Sé que no me queda mucho tiempo. Por eso, decidí escribirte.
Quería decirte que te marchaste sin enseñarme a vivir sin ti. Quería decirte que nadie lo sabe, pero a veces voy hacia aquel pequeño lugar en el que nos despedimos por primera vez, y me siento sola como si estuviera esperando que tú aparecieras. Quería decirte que no he olvidado nuestra promesa. Lo que más me duele de dejar este mundo, es abandonar a un buen hombre que me dio la vida, a mi Mei solos en un mundo donde cada vez las cosas son mas mezquinas. Quería que supieras que estoy agradecía por haberte conocido y por amarte como lo hago. Quería escribirte porque me gustaría que me recordaras, y que si tienes a alguien, como yo tengo a mi pequeña Mei, le hablarás de mi, y que con tus palabras me hagas vivir para siempre."
Esperó ansiosa nuestra próxima vida.
Siempre tuya, te ama
Sango.
No me di cuenta que estaba llorando hasta que las lágrimas manchaba la tinta de la carta. Trague el nudo que tenía en la garganta y mire la otra carta enviada por Kagome. No hacía falta que la leyera, ya sabía lo que me diría.
Mi sango había muerto.
Las lágrimas empezaron a caer, aunque me había jurado hace tiempo que no volvería a llorar. Sentí como alguien me abrazaba por detrás y el olor a jazmines que desprendía mi esposa inundó mis sentidos. Ella me abrazo fuertemente, mientras las lágrimas seguían deslizándose silenciosamente por mi rostro.
-Murió. Mi Sango, murió. -Decir las palabras con el nudo que tenía en la garganta fue difícil para mí. Sentía como si alguien me apretará el corazón mientras mi esposa se aferraba con más fuerza a mí. Bridándome consuelo.
-Oh, amor... Lo siento tanto... Lo siento. -Esa fue la última vez que llore, me prometí que no lo haría más. Sango ya se había dirigido a nuestra próxima vida. Y muy pronto yo la seguiría.
Tokio-Japón Martes, 16/01/2016
Sango iba con la respiración agitada. Su mujer amiga estaba apuntó de dar a luz, corrió por los pasillos de los hospitales hasta que llego a recepción y pregunto por Kagome Taisho. Le indicaron que su mejor amiga se encontraba en el área de maternidad en el quinto piso. Salió disparada como una flecha y se metió en el ascensor sin fijarse si había alguien más. Estrujó el botón del quinto piso como posesa creyendo que estaba sola. Hasta que escuchó una risa puramente masculina a sus espaldas.
Dio un Respingo y volteo su mirada que choco contra unos ojos azules que la miraban divertido. El hombre era sexy como el infierno. Llevaba un suéter oscuro junto con una camisa de color lima junto con unos jeans negros. Se veía para comérselo. Detallándolo mejor ella se dio cuenta que tenía el cabello amarrado en un pequeña coleta baja. Por alguna estúpida razón, Sango se alegro de haberse puesto la ropa que más le favorecía.
Se sonrojo furiosamente como una colegiala avergonzada.
Miroku vio divertido como la mujer se sonrojo producto de la vergüenza. Soltó otra risa sin poder evitarlo. Una muy buena cosa que su primo y su mujer vayan a tener a su hijo en ese instante.
-Por mucho que lo presiones, el ascensor no va a ir más rápido. -Le dijo divertido. La mujer infló sus cachetes y le dio la espalda. El se fijo en el trasero respingón que estaba cubierto por una falda verde muy mona.
-No es tu problema. -Refunfuño ella, el se río una vez más ocasionando que ella volteara a mirarlo.
-Yo solo decía, preciosa. -Ambos se quedaron mirándose los ojos, como si la vida se les fuera en ello.
Unos ojos azules contra unos ojos marrones.
Cabello negro contra cabello castaño.
Y sus almas bailaron en reconocimiento.
¡Y hemos llegado al final! La verdad es que cuando escribí el fic tenía intenciones de que Miroku y Sango terminaran juntos, pero después empezaron a llegar ideas a mi cabeza y esto fue lo que salio de mi pequeña cabezota. Gracias por leerme, y querida Lovergreen espero que te haya gustado.
