CAPÍTULO 2: Atravesando Manhattan
Los primeros giros fueron tambaleantes, pero pronto se acostumbró a conducir con el doble de peso. Notó cómo su extraño acompañante también se relajó y ya no le agarraba la cintura como si le fuera la vida en ello.
Becks presumía de conocer el tráfico de Manhattan como si llevara conduciendo un taxi 40 años y era cierto, por una extraña razón siempre le había fascinado ese ser viviente que fluía entre las calles iluminadas de Nueva York. Sólo hacía unos meses que conducía su moto formando parte de ese ente y se sentía feliz de poder hacerlo. El vaivén de la máquina serpenteando entre los coches era un baile que se le daba bien y en este momento se sentía orgullosa de poder alardear de ello frente al tontorrón disfrazado de Batman que casi acaba debajo de las ruedas de algún energúmeno de los que conducían por ahí.
Cogió el desvío para tomar la autopista 9A en dirección sur, buscó en el horizonte las torres gemelas para orientarse. Cuando se incorporó comprobó con satisfacción que el tráfico era denso pero fluido, en menos de diez minutos estarían a la altura del Soho. Su Batman se había tensado un poco desde que rodaban a buena velocidad por el carril más rápido. No solía hacer cosas así. No solía confraternizar con desconocidos. Pero los desconocidos con los que se había topado no buscaban ayuda para ir a un Hospital un viernes por la noche. Si su padre se enterara definitivamente la metería en el convento donde de vez en cuando le amenazaba recluirla.
Eso le trajo a la mente la enésima discusión con su padre por las pintas que llevaba, las compañías que frecuentaba, las horas a las que llegaba o algo por el estilo. Esa misma tarde había acabado con ella saliendo por la puerta de casa con el casco de la moto debajo el brazo dispuesta a disfrutar del fin de semana sin más malos rollos. No comprendían lo que ella sentía, no comprendían que quisiese encajar en el mundo que le rodeaba. Ellos, abogados de éxito, ya sólo se tenían que preocupar de enviar invitaciones para navidad y decidir a qué restaurante ir el sábado a cenar.
Pararon en un semáforo en rojo y Becks puso los pies en el suelo. Su paquete se soltó y le dio unos toquecitos en el casco para llamar su atención. Ella se giró y levantó la visera de su casco.
- ¡Hay algo pringoso que está poniéndolo todo perdido! - le gritó señalando un lateral de la moto.
Becks miró por debajo de su brazo para intentar ver algo. Unas gotas estaban cayendo al suelo formando un sospechoso charco.
- ¡Mierda!
Encendió el intermitente y se salió de la calzada antes de que el semáforo cambiara a verde. Realizó una maniobra no del todo legal y paró en la acera de acceso a uno de los puertos del Hudson debajo de la luz de una farola.
Miró sin bajarse de la moto y golpeó con el talón de la bota el conducto que tenía fuga. Parecía aceite. Hizo mención de apagar el motor para bajarse, pero entonces se lo pensó mejor. Había reparado la moto ella misma, después de comprarla con los ahorros de toda su vida en un desguace. Aunque no se podía decir que fuese una mecánica experta, lo cierto es que había sido concienzuda en las reparaciones básicas que le había hecho.
Quizás era una trampa. Quizás el tipo había pinchado el conducto provocando la parada.
Por eso mismo y porque era una chica de 16 años en un lugar apartado acompañada por un tipo disfrazado de Batman y estaba acumulando muchas papeletas para protagonizar la primer página de sucesos del New York Ledger, no se movió.
- ¡Baja! - gritó autoritariamente al tipo.
- ¿Es grave? ¿Vamos a poder seguir? - dijo preocupado mirando él también el lateral. Becks pensó que la preocupación era muy fácil de fingir.
- ¡He dicho que bajes!...¡Ahora! - gritó con toda su furia adolescente mezclada con el miedo que sentía en ese momento.
- Vale, oye, ya me bajo, pero no grites... - dijo él empezándose a mover.
El Batman más torpe que había conocido toda la historia de DC Comics se desmontó de la Harley y a punto estuvo de caerse. Becks lo observó aliviada.
- ¡Camina hasta la farola y tírate al suelo! - gritó ella.
- ¿¡Cómo!? ¡Oye! ¿Me vas a dejar aquí tirado? - el tipo pareció irritarse, eso era peligroso, pensó Becks.
- ¡A la farola! - gritó
- Pero oye... mi hija... el Hospital... quien va a parar aquí... tengo que...
- ¡CÁLLATE! - Le cortó secamente con un grito tan fuerte que se oyó por encima del intenso tráfico.
Becks echó mano a su mochila y tras hurgar un poco sacó una llave inglesa de más de dos palmos de larga.
- ¡OUAH! ¡VALE! ¡Tranquila! ¡Farola! ¡Entendido! - el tipo se acercó a la farola y se tiró al suelo - ¡Ya está! - dijo mordiendo el polvo.
Entonces ella apagó el motor de la Harley y se bajó. El tipo apenas podía girar el cuello para mirarla ahí tumbado boca abajo.
- Oye escucha, no perdamos la calma ¿quieres dinero? vale, tengo mi cartera en... en el batcinturón. - parloteó cómicamente dándose cuenta de lo absurdo que sonaba.
- ¡Que te calles!
Becks, no estaba muy interesada en él. Había una mínima posibilidad de que el hombre fuera sincero, en tal caso estaría muerto de miedo y no haría ninguna tontería. Ya se ocuparía de disculparse después si ese era el caso. La chica se agachó y comprobó aliviada que sólo era una junta aflojada. Echó un último vistazo al Batman de pacotilla que enfundado es ese traje tenia la misma agilidad que una tortuga. Aliviada, se agachó y utilizó la llave para apretar lo mejor que pudo la tuerca.
Cuando terminó, Becks sintió remordimientos al ver al obediente Batman mordiendo el polvo.
- Venga, levanta... - dijo seria pero sin gritarle.
- ¡No! ¡Me quedo aquí! ¡Ya me las apañaré! - respondió él desde el suelo, como si realmente ya no le interesara.
- ¡Oye tío, ¿quieres ir al Hospital o no?! - le replicó ella sin mucha paciencia.
- ¡Sí! ¡Pero no con una mujer inestable sujeta a su ciclo hormonal! - dijo él con la voz de la experiencia.
Becks se sintió extraña al sentirse llamada 'mujer' por un... hombre, eso la despistó y suavizó sus siguientes palabras:
- Oye... Lo siento.
Él ni se inmutó. Permaneció quieto tamborileando el suelo con los dedos enfundados en los guantes negros de goma.
- Ok. Yo me voy. ¡Sube si quieres y si no ahí te quedas!
Guardó la llave en la mochila mostrando total indiferencia y se subió a la moto. Inmediatamente el tipo se levantó y, con la misma precaria movilidad que una figurita de acción, se subió a la moto también.
- Que conste que lo hago por mi hija. - le dijo en voz baja y a regañadientes.
Volviendo a acelerar para incorporarse a la autopista, Becks sonreía satisfecha de cómo había resuelto la situación.
Un poco más adelante el tráfico empezó a ser más denso. Becks aguzó sus sentidos para no chocarse con alguna frenada de algún coche. Serpenteó entre el tráfico prácticamente parado hasta que se dio cuenta de que más adelante había una especie de control policial.
- Parece que nuestro alcalde se ha tomado en serio la seguridad vial, mira que... - su Batman particular se quedó con la palabra en la boca cuando ella giró de repente. Dio un acelerón para subir el escalón de la acera y ambos rebotaron dolorosamente en el asiento.
- ¡Oye!¡¿Qué pasa ahora?! - se quejó él.
Ella lo ignoró completamente. Paró la moto en la acera y echó un vistazo al control. Afortunadamente no la habían visto.
- ¿¡Se puede saber qué...!?
Becks volvió a acelerar y giró magistralmente el manillar derecha-izquierda para meterse en un callejón oscuro. El foco de la Harley dejó ver un contenedor de basura y varias cajas de cartón mientras atravesaban la manzana de edificios por el interior.
- ¡Oye, espera espera! ¿¡Qué pasa!? ¡¿Por qué estás evitando el control policial?! ... ¡No me digas que eres una delincuente! ¡No me digas que te tiene fichada la policía! - gritó Batman con evidentes signos de indignación y pánico.
Becks dio un frenazo en mitad del callejón y lo sintió golpear contra su mochila de cervezas.
- ¡-állate! - le ordenó con la voz amortiguada por el casco.
- ¡No quiero! - le replicó histérico.
- ¡A QUE TE DEJO AQUÍ TIRAO! - le amenazó ella a pleno pulmón.
Becks notó como él se revolvía en su trozo de asiento y no dijo nada más, o mejor dicho, habló, pero sin gritar:
- Oye, mira, no soy el más indicado para dar consejos sobre lo legal o lo moral, pero sea lo que sea en lo que estás metida no será peor que lo que yo he hecho alguna vez. Así que... ¡no me importa! Tan solo déjame en el Hospital y nuestras vidas volverán a la normalidad o al menos a lo que cada uno estamos acostumbrados.
- -o lle-as casco.
- ¿Qué?
- ¡Que digo que no llevas casco! - le gritó ella
Por mucho que se hiciera la vista gorda, un casco de goma con orejitas de murciélago seguro que no pasaría una homologación en regla.
- Uy, cierto.
- ¡Y si nos pillan sin casco me echarán una multa! ¡A mí!
- Bueno, en tal caso... perdona.
Becks lo ignoró y dio un poco de gas para avanzar poco a poco hasta asomar por el otro extremo de la manzana. No había ni rastro de la policía, así que se incorporó a la circulación. Iría callejeando, tardarían algo más, pero no estaba dispuesta a aguantar una bronca de su padre por culpa de este tipo.
Señalizó el giro hacia la izquierda y se desvió por la calle que directamente les llevaría al Hospital. Notó al tipo moverse inquieto cuando pararon en un semáforo en rojo.
- ¡Ya veo la luz del Hospital a lo lejos! ¡Me puedo bajar aquí! No quiero darte más la lata... - dijo empezando a desmontarse.
Becks se sintió... Caray. Se sintió decepcionada. Después de la carrera que se había marcado quería entrar al Hospital por Urgencias y que todo el mundo se la quedara mirando y que médicos y enfermeros pensaran "Mira, una chica dura que rompiendo todos los tópicos ha ayudado a un pobre hombre" Y entonces ella se bajaría la visera, haría un gesto con la mano para despedirse y arrancaría ruidosamente dejándolos a todos boquiabiertos. Así. Todo guay y peliculero.
- Como quieras.- dijo Becks ocultando su decepción. - Espera - Se hizo a un lado para no provocar un atasco y dejarlo en la acera.
El tipo se agarró a la mochila de su espalda he hizo un giro para pasar una pierna al otro lado, pero oyó un crack y cayó al suelo con un quejido.
- ¡Ey!¿Estás bien? - preguntó la chica levantándose la visera y mirando al suelo, que parecía ser el lugar habitual para ese Batman.
- Estoy... - el tipo gruñó - ... harto y dolorido.
Becks hizo algo que no había hecho en todo el día. Reírse. Empezó siendo una risa que quiso contener, pero que acabó en una sonora carcajada que pudo oírse incluso a través del casco.
- ¡Je! ¡Sí, tu ríete! ¡Muy bonito! - dijo Batman desde el suelo intentando incorporarse.
Becks lo observó mientras se aguantaba la risa, aunque movimiento agitado de sus hombros la delataba. Él se le quedó mirando. De repente sintió que la mirada de su extraño y friki acompañante cambiaba de fastidiado a tener un brillo divertido en sus ojos. Unos ojos que por primera vez se fijó que estaban pintados todo alrededor de negro, como un antifaz, del mismo color que la máscara del superheroe.
Ella le alargó la mano para ayudarlo a incorporarse. Él se la tomó. Becks sintió su grande y fuerte mano hacer un poco de fuerza y con otro gruñido el tipo se puso de pie. Kate le soltó la mano sintiéndose otra vez ruborizada.
- ¡Auch! - se quejó al pisar el suelo.
- ¿Estás bien?
- El tobillo... ¡mierda!.
Becks se le quedó mirando, el hombre volvía a estar disgustado. Intentó dar un paso. Cojeaba.
- ¡Venga! ¡Vuelve a subir! - le dijo ella. Esta vez sonaba como un ofrecimiento no una orden.
El hombre se volvió a dirigir renqueante y obedientemente a la moto. Y retomaron la marcha.
