CAPÍTULO 3: En el Hospital
Becks aparcó cerca de la puerta de urgencias y apagó el motor.
- Me vas a tener que echar una mano... - dijo él sin atreverse a moverse.
La chica ni si quiera se quitó el casco y se dispuso a ayudarle a bajarse. El Batman se puso a su lado y pasándole un brazo por encima de los hombros empezaron a andar. Ella se sorprendió gratamente de lo alto que era, por lo menos le sacaba la cabeza. Hasta hacía un par de años, cuando tenía 14, ella era la chica más alta de su clase, incluso más alta que los chicos. Por suerte algunos de ellos ya habían empezado a alcanzarla, dejándose de sentir ella como una larguirucha desgarbada. De todas maneras daba gusto encontrarse con un tipo tan alto que la hiciera sentir de estatura normal.
Atravesaron la puerta y un enfermero, superado el susto inicial de ver a un Batman y una motorista grunge entrar por la puerta, les ofreció una silla de ruedas. El hombre murciélago le hizo una señal con la mano rechanzando la silla.
- Busco a mi niña, pelirroja, quince meses... La ha traído su abuela, la señora Rodgers. - comenzó a parlotear.
- Tendrá que identificarse, señor... - le dijo sosegadamente el aún asombrado trabajador.
Becks sintió cómo su acompañante se impacientó y dejó de usarla como muleta para acercarse al mostrador cojeando. Se inclinó y le dijo al enfermero unas palabras al oído. Este lo escuchó atentamente y cuando acabó le miró de arriba a abajo como intentando encajar lo que le acababa de decir. A ella le pareció rarísimo, pero llevaba una noche llena de rarezas así que simplemente la añadió a la colección dentro de su cabeza.
- De todas maneras necesitaremos su carnet, señor. - oyó decir al enfermero con voz amable.
- Ok. Sí, no hay problema.- contestó más tranquilo.
La forma de hurgarse en los bolsillos del batcinturón provocaron otra sonrisa en Kate, que quedó oculta debajo del casco que aún llevaba puesto.
- Rayos, ¿pero qué...? - el hombre sacó los dedos por debajo del bolsillo. Había un agujero enorme. Había perdido la cartera.
- Lo siento señor. Si no tiene carnet no podemos registrarle y entonces no podemos dejarle entrar, deberá esperar fuera, normas del Hospital.
- Pero, pero, mi hijita... ¡déjeme pasar un segundo!¡Si debe estar ahí mismo! - suplicó
Becks sintió varias punzadas en su cuerpo avisándole de varias alertas que estaba a punto de quebrantar. Se quitó el casco y se atusó el pelo con una mano.
- ¿Pueden registrarme a mí?
Tanto el enfermero como el falso Batman giraron la cabeza a la vez y se le quedaron mirando como si no se acordaran que estaba ahí.
- Si es mayor de edad y se hace responsable de sus actos sí. - dijo el auxiliar.
Becks miró al enfermero haciendo una mueca y luego miró de reojo al friki. Aunque la máscara le tapaba casi toda la cara pudo apreciar la angustia que estaba pasando. Pensó que la multa por identificarse con un carnet falso en un Hospital seguramente era mucho menor que por comprar alcohol, cosa que ya había hecho.
- Vale. - dijo ella, aunque las palabras 'responsable de sus actos' le chirriaran en la cabeza. De momento sólo le implicaban quedarse un rato en el hospital.
El enfermero se acercó al mostrador para tomarle los datos. Becks abrió su cartera ante la atenta mirada de un sorprendido Batman y cogió un carnet de un compartimento que entregó inmediatamente al auxiliar. Éste le tomó nota y se lo devolvió.
- Muy bien, señorita Smith y... acompañante. Pueden entrar y esperar en esa sala.
- Gracias. - dijo Becks en voz baja recogiendo el carnet falso que decía que era 'Ann Smith' 22 años y de una zona chunga de Nueva Jersey, en vez de 'Kate Beckett' 16 años y de una zona buena de Manhattan.
- ...Gracias - dijo en voz baja boquiabierto Batman, dirigiéndose a ella.
Kate lo miró de reojo mientras se guardaba el carnet rápidamente.
- No hagas que me arrepienta. ¿vale? - le contestó ella de mal genio.
Él ya no se sorprendió de su enésimo cambio de humor.
- No. No lo haré. - dijo mientras cojeaba detrás de ella hacia la sala de espera.
El tipo, avergonzado, le pidió unas monedas para llamar por teléfono. Ella se le quedó mirando en silencio. El hombre aún tenía esa mirada de preocupación en sus ojos y además el sudor estaba corriendo el maquillaje oscuro. Estaba empezando a sentirse mal por haberse comportado como una histérica rebelde con él.
- Te lo devolveré.-le dijo él, suplicándole, pensando que su falta de reacción se debía a la desconfianza.
Becks, sin decir nada, se levantó y volvió a sacar su cartera, de tela y con cierre de velkro, la abrió cuidadosamente y sacó unas monedas.
- Gracias. - el hombre le sonrió y se dirigió cojeando a los teléfonos.
Ella se quedó mirando cómo se bamboleaba la capa negra con su caminar renqueante. Pensó en ella misma ¿debería avisar a su chico que llegaría algo más tarde? Sacó la cartera para coger unas pocas monedas más.
Salió ella también al pasillo y se encontró a... ¿cómo había dicho?... Ah, sí: Alex... se encontró a Alex apoyado en la pared y esperando que descolgaran al otro lado de la línea. Ella observó que había otro teléfono al final del pasillo y hacia allí se dirigió. Cuando llegó miró de reojo y lo vio gesticular y hablar, aunque a esa distancia no oía sus palabras.
Ella se concentró en su propia llamada. Marcó y esperó. Se metió la mano en el bolsillo del pantalón y se balanceó adelante y atrás mientras contaba los tonos de llamada. El teléfono llegó a su máximo de tiempo y le devolvió las monedas sin que su chico descolgara. Bueno, ella lo había intentado.
Volvió caminando hacia la sala de espera, pero al acercarse oyó la airada voz de su acompañante. Sonaba muy distinta a como se había dirigido a ella. Parecía estar realmente enfadado, le dio cierto reparo pasar justo a su lado en ese estado. Antes de acercarse más pasó por la puerta de otra sala de espera, que tenía una máquina de bebidas, entró rápidamente y jugueteó con las monedas que llevaba en la mano pensando qué tomar.
Desde ahí llegaron a sus oídos algunas palabras sueltas.
- Mederith ¿Por qué has dejado a nuestra hija con mi madre?...
- ¿Una audición? ¿Un viernes por la noche?...¡Hum!...
- No, no he dicho que no te crea, ¡No empecemos!...Hum...
- Pero si me lo hubieses dicho me hubiese quedado en casa...
- ¡Era una estúpida fiesta de la editorial!...
Bajó el tono de voz para hablar más seriamente. Becks sintió acelerarse su corazón. Había algo en la forma de hablar que le hizo sentir que estaba enfadado, pero no sólo eso... también dolido... y muy decepcionado. Lo oyó colgar el teléfono y ella, que se había quedado paralizada delante de la máquina, se apresuró a echar las monedas por si se le ocurría entrar y pillarla cotilleando.
Cuando volvió a entrar en la sala encontró a un Batman cabizbajo y silencioso. Becks, se acercó dando un par de zancadas y se colocó enfrente suyo. Él no reaccionó.
- No te vendría mal un poco de esto. - le dijo ella mostrándole una lata en cada mano para que eligiera entre un 7up y un Nestea.
Él subió su mirada hundida hacia las latas y luego hacia su cara. Ella quiso ser amable y sonreír, pero lo que le salió fue una tímida mueca que apenas hizo subir la comisura de sus labios. Él inmediatamente comprendió su buena intención y sonrió, aunque mantuvo la mirada triste. Becks sintió una punzada en el pecho al sentir su dolor.
- Muchas gracias, chica misteriosa. - dijo decidiéndose por el 7up.
Ella se quedó con el Nestea y se sentó a su lado, pero dejando una silla vacía entre ambos, donde ella dejó el casco y la mochila. Los dos abrieron sus respectivas latas y bebieron un sorbo.
- Oye, gracias otra vez. - dijo Batman mirándola de reojo girando en cuerpo incómodamente. - Soy consciente de que no todo el mundo se haría responsable de un tipo al que acaba de conocer. Y menos aún disfrazado del caballero oscuro... quizás de Supermán hubiese tenido más suerte.
A Becks le alivió oírlo más animado.
- Olvídalo... - le echó un vistazo - ...¿Por qué no te quitas ya el traje? - dijo extrañada, cruzándose de brazos y sosteniendo la lata con una mano.
- Ou... bueno... es que es el traje original de la película, de la última, e hicieron falta tres personas para meterme aquí dentro, si me lo intento quitar y lo rompo mi jefa me mata. Además no llevo mucha ropa debajo ¡Eso sí que hubiese sido un hándicap a la hora de parar a alguien! ¿verdad? - Kate sintió un escalofrío y volvió a mirar al tal Alex de arriba a abajo.
No se consideraba una seguidora acérrima de las pelis de Batman pero sí que había leído la novela gráfica de Frank Miller, mucho más acorde sus gustos.
- ¿Trabajas... disfrazándote? - preguntó ella frunciendo el ceño y admirando los detalles del traje con todo el disimulo que pudo.
- ...A veces sí... pero en realidad tengo un trabajo... aburrido... de sentarse en una oficina... ¡como todo el mundo!- contestó él volviendo a beber un trago después.
Otra vez esas pausas al hablar. Becks no era tonta, se había dado cuenta de que el tipo evitaba algo. Verdaderamente no le importó mucho. Eran dos extraños que habían coincidido y por causas ajenas a su voluntad habían terminado compartiendo un rato en la sala de espera de un Hospital. No le podía pedir sinceridad cuando ni ella misma le había dicho su nombre.
- ¿Has avisado a tus padres? - preguntó él en un tono neutro.
Becks se quedó petrificada durante unos segundos. No podía ser que le estuviese preguntando eso. Ella lo tenía comprobado. Hacía tiempo que compraba cervezas para la pandilla y rara vez le habían pedido el carnet. Era muy alta, tenía las facciones muy marcadas, iba muy maquillada y su cuerpo de mujer estaba completamente desarrollado... y aunque ella tenía la esperanza de que aún le creciese un poco más el pecho, lo cierto es que nadie pensaría que era una adolescente que tenía que avisar a papi y mami porque fuese a llegar tarde.
- ¿A mis padres? - dijo ella con toda la extrañeza y despreocupación que pudo impregnar en su voz
- Sí... - dijo él tranquilamente volviéndola a mirar a los ojos.
Ella se sintió incómoda y le evitó la mirada. Mierda. Se iba a dar cuenta de la verdad. Hizo un esfuerzo y le volvió a mirar a los ojos antes de hablar.
- ¿Te parezco que tengo edad de dar explicaciones a mis viejos? - dijo cortante y malhumorada. No estaba fingiendo del todo.
Él la volvió a mirar de arriba a abajo y sonrió. Becks vio sus dientes asomar en una media sonrisa que no supo porqué pero le recordó a Harrison Ford. También se sintió taladrada por sus ojos, ahora risueños que la observaban con descaro.
- En realidad 'señorita Smith'... - él hizo un gesto como dudando de la veracidad de esa identidad mientras ella se revolvía en su silla - ...me he fijado en tu casco de motorista
Ella miró de reojo su casco, que descansaba en la silla vacía entre los dos.
- Es un casco nuevecito y de los buenos, no menos de cien pavos... que contrasta escandalosamente con ese peligro de moto parcheada, que seguramente conseguiste en un desguace tras un siniestro total o algo parecido. Sólo unos padres preocupados serían capaz de hacer un regalo así a su rebelde hija... después de que ella se gastara todos sus ahorros en una Harley.
Becks frunció el ceño y le volvió a mirar a los ojos.
- Oh, bueno, los mismos padres que te pagan la cara ortodoncia que evitas mostrar y que te hace arrastrar un poco las eses cuando hablas...
Becks apretó los labios y tocó con su dolorida lengua los brackets cerciorándose que estaban en su sitio. No le estaba gustando que un extraño le pusiese las cartas sobre la mesa.
- Aunque lo que me ha dado la pista definitiva ha sido el carnet... - Alex le miró a los ojos he hizo gesto para que se acercara. Becks inclinó la cabeza y él continuó en voz baja - ... cuando le has enseñado el carnet al enfermero, para que te anotara, he visto que tenías en la cartera un carnet de estudiante del Styuvesant High School, he visto el escudo. Así que supongo que nos ha registrado con el carnet que usas para comprar alcohol, que será lo que llevas en esa fría mochila a la que he tenido pegada la entrepierna todo el viajecito en moto.
Kate miró de reojo su mochila, miró la entrepierna del Batman, y volvió a mirarle a los ojos. Iba a decir algo, pero decidió callarse. Se dio cuenta de lo idiota que había sido. Se pensaba que lo tenía todo bajo control pero el tipo este la había calado desde el principio.
- ¿He acertado? - dijo con un toque risueño en la voz.
- ¡Bah!- dijo ella intentando parecer que no.
- Tranquila. No me voy a chivar... Pero deberías llamar a tus padres.
Becks notaba su corazón tan acelerado por los nervios que pensaba que se le iba a salir por la boca. Rápidamente intentó hacerse con el control de la conversación.
- Ellos no... Ellos no me esperan hasta tarde. En realidad iba a... un ensayo. ¡Estoy en un grupo!
- ¿De música? No veo que lleves instrumento, a no ser que la llave inglesa sea considerada 'percusión' - contraatacó él sin darle tiempo a serenarse.
- Mi guitarra está en el local. Había salido... a por cervezas. - Se maldijo a sí misma por decir la verdad tan pronto.
- Ajam. - dijo él musicalmente.
Él se le quedó mirando sonriente. Ella apartó la mirada, se cruzó de brazos incómoda y bebió un sorbo de la lata. Pasaron unos segundos en silencio. No fue un silencio incómodo, fue más bien un silencio durante el cual se podían oír las ruedas de sus respectivos cerebros encajando las piezas.
- Se pasará, ¿sabes? - dijo Alex-Batman.
- ¿El qué? - articuló ella pareciendo no importarle.
- La adolescencia. Esa época en la que intentas encajar a toda costa... muerto de miedo... incomprendido... Terminará, en cuanto te des cuenta de que cada uno somos únicos, de que siempre tendremos miedo y de que para que nos comprendan, primero necesitamos comprender a los demás.
¡Leches! ¡Parecía un filósofo o algo así! Pero no lo decía del modo aleccionador que usaban otros adultos con ella, sino que Kate sintió que hablaba así por su propia experiencia.
- Con lo que he visto esta noche tienes más que suficiente como para enfrentarse al mundo, Becks. Así que relájate un poco... ¡o espantarás a todos tus pretendientes! - dijo bromeando.
Ella se le quedó mirando igual que él, estaban separados por un asiento pero sus miradas se encontraron como si fueran un par de buenos amigos. Ella no se sintió incómoda... fue una sensación rara... algo que no había experimentado antes... digamos que... había conectado con alguien.
Kate se perdió en el azul de sus risueños ojos y sintió que se ruborizaba.
No sabía lo que estaba pasando esta noche, pero estaba sintiendo cosas raras. Una extraña fuerza que, sin darse cuenta, le estaba empujando a salir de su egocéntrico mundo adolescente y le estaba encaminando hacia una profunda empatía con un desconocido, que había surgido de una forma totalmente natural.
Se preguntó si estaría mal darle las gracias. Se preguntó si era normal querer darle un abrazo. Se preguntó si sus ojos serían así de brillantes a la luz del día. Se preguntó si su corazón estaría cabalgando al mismo ritmo que el de ella.
Hola, soy la autora, muchas gracias por las reviews. Siempre me animan a seguir escribiendo. Espero que os esté resultando entretenido y a la vez 'creíble'.
