CAPÍTULO 4:Pequeño ángel
El llanto de un niño a lo lejos interrumpió su silencio. Kate se sintió aliviada, porque había tomado un grado de intimidad con el que se sentía un poco incómoda. Alex se levantó como un rayo.
- ¡Esa es mi niña! - se tambaleó hasta que consiguió mantenerse en equilibrio y dio un paso quejándose de su tobillo.
- Ey, espera... - Becks se levantó y se puso a su lado para hacerle de bastón humano. Él le pasó el brazo por los hombros y empezaron a caminar sincronizados como si lo llevaran haciendo toda la vida.
Salieron al pasillo. Al otro lado se acercaba un doctor con bata blanca con una criatura pelirroja en brazos que no paraba de llorar. Detrás de él una señora vestida con una bata estampada de dudoso gusto y la cara pringada de algo verde revoloteaba intentando calmar a la niña. Alex aceleró el paso con lo que Kate tuvo que concentrarse en caminar y no caerse.
Cuando llegaron a su encuentro, Alex dejó de apoyarse en ella y abrió los brazos con intención de coger a su hija. Becks observó cómo la congestionada y llorosa cara de la pequeña se tornó sorprendida al ver al hombre de negro a poco centímetros de ella.
- ¡Mi niña!¡Cariño!¡Papá ya está aquí! - le dijo musicalmente con esa voz que se utiliza con los bebés.
Kate aguantó la respiración pensando que la niña se iba a echar otra vez a llorar, pero vio cómo los llorosos ojos azules de la pequeña dejaron de brotar lágrimas y levantó sus bracitos para lanzarse al cuello de su padre. Fue cómo si hubiese hecho magia, pues en cuanto se sintió protegida recostó la cabeza sobre el murciélago del pecho y cerró los ojos. Becks se sorprendió a si misma sonriendo de oreja a oreja ante una situación tan tierna.
- ¿Qué ha pasado, madre? ¿Está bien? - Becks pensaba que ya no había gente que llamase 'madre' a su madre.
- Tranquilo querido, no ha sido más que un susto. Yo estaba tocando al piano una pieza de Cats cuando, de repente, oigo un retumbar que achaqué al ímpetu de mi interpretación pero...
La señora parecía estar viviendo en una obra de teatro o una telenovela de médicos, explicándole a Alex lo que había pasado con bastante dosis de espectáculo y movimiento de manos.
- Ajám... - asintió él como si realmente no se hubiese enterado de nada y se quedó mirando a la señora - ...¿Qué es eso que llevas en la cara, madre?
- Es una mascarilla de 1000 dólares. Tiene que hacer efecto durante 12 horas. No querrías que me la quitara recién puesta para venir a Urgencias.
- O no, claro. Si cuesta 'eso' mejor aprovéchala. - dijo Alex con lo que le pareció a Kate que era su voz de hijo resignado.
La señora se le quedó mirando a Becks con una cara igual de sorprendida que la que ella misma creía tener en este momento.
- Ouh, ella es la señorita... Smith. Ha sido tan amable de... dejar la fiesta de disfraces y de traerme aquí en su moto desde el Midtown.
- ¡Oh! Encantada, querida. - dijo educadamente ella y aliviada, seguramente por la explicación de Alex de que sus pintas grunge se debían a un disfraz.
- Hola - articuló Becks en voz baja.
- ¡Oh! Madre ¿llevas efectivo? He perdido mi cartera y le debo a la señorita una carrera.- Alex le miró sonriente mientras daba saltitos para entretener a su pequeña.
- Eeeh, no hace falta... - dijo ella tímidamente.
El Batman más paternal que Becks había imaginado le miró extrañado, acunando a su hijita. Se volvió hacia su madre, que había abierto su bolso de mano.
- Hazme el favor de aceptarlo... Becks. - dijo él colocándole unos billetes delante de ella. - Te agradezco de corazón cómo me has ayudado, has sido... muy valiente. Ya me gustaría que mi pequeña dentro de unos años tuviera la mitad de ese arrojo que tú tienes. Por favor, cógelo.
La calidez de sus palabras y el brillo en sus ojos, extrañamente azules bajo la blanca luz fluorescente del hospital, guiaron la mano de Kate del bolsillo de su pantalón al dinero. Lo apretó fuerte en su puño y le sonrió.
- Y... hazme un favor personal ¿vale? El tráfico a estas horas es de locos, coge un taxi, ve a tu ensayo y luego a casa o donde quieras, pero deja esa moto aquí, mándala reparar y no la montes hasta que la tengas a punto, ¿de acuerdo?
Kate, sorprendida, no hizo otra cosa más que asentir con la cabeza. Echó un vistazo disimuladamente al dinero. Eran billetes grandes. Animada por el alivio de comprobar que todo había salido bien y que nadie iba a ocupar portadas de periódicos, sintió una felicidad y alegría impropia en ella últimamente. Sonrió de oreja a oreja y contemplando a Alex acunando a su pequeña dijo:
- Al final ha resultado que eres un padre guay. - asintió con la cabeza varias veces como aprobándole.
Tras unos segundos de silencio mirándose fijamente, le pareció ver a Alex emocionado debajo de esa máscara, entonces sintió que ella misma se ruborizaba.
- Y tú definitivamente tienes madera de poli. - dijo él devolviéndole el cumplido. Aunque ella puso la misma cara de desconcierto que cuando su padre le enseñaba folletos de escuelas universitarias de monjas.
- Esto... bueno, yo te invitaría a un café si no fuesen las tantas y no tuviese que acostar a mi niña. - Becks se dio cuenta de que el susodicho Alex no podía pasar más de un minuto sin abrir la boca.
- Bah, tranquilo. No bebo café. - dijo ella apretando nerviosamente el dinero en su sudoroso puño.
Él se acercó y habló en voz baja, tan baja que el galopar de su propio corazón le dificultaba oírlo:
- Le voy a contar un secreto que le vendrá bien dentro de unos años, señorita Becks. Sepa que cuando un adulto invita otro adulto a tomar café el noventa por ciento de las veces... ¡no hay café!
Becks se puso colorada de vergüenza al sentirlo tan cerca pronunciando esas palabras en plan confidencia. Sabía perfectamente a lo que se refería. Se miraron a los ojos. Su mirada juguetona le volvió a hacer sentir cosas que no controlaba y no le hizo ninguna gracia. Kate estuvo a punto de gritarle pero por respeto a la monada de niñita que no tenía la culpa de tener un padre tan tierno pero a la vez tan patán y que había conciliado el sueño dijo muy seriamente en voz baja:
- Estás casado. Yo soy una menor. Mis padres son abogados. ¿Quieres que siga?
- Me refería a... ¿un zumito? ¿un batido? - dijo él fingiendo inocencia.
Becks se puso aún más colorada ahora de ira, pues ella sabía de sobra que no había sido 'ese' el significado de su comentario.
- Querido, voy a ir llamando a un taxi, estoy agotada.
La señora con la cara cubierta de mascarilla interrumpió las ganas locas que le habían entrado de gritarle a ese caradura. Se despidió amablemente de ella y se alejó canturreando, seguramente algo de Cats. Aprovechando la interrupción y harta de su noche trastocada de viernes decidió terminar el asunto.
- Yo también me tengo que ir. ADIÓS. - Becks se dio media vuelta y se alejó un par de pasos.
- Oye oye, espera, perdona. PERDONA.
Becks se paró un instante. Tras unos segundo de duda, se giró para mirarle a los ojos una vez más.
- Lo retiro, ¿vale?. Tienes razón. No vamos a tomar ningún café ni literal ni figurado. Pero... quizás en otras circunstancias...
Él le miró con cara de cachorro, ella no podía acabar enfadada con alguien que la miraba así. Menos aún después de comprobar que el pobre hombre no mentía y que de verdad estaba preocupado por su hija. Becks terminó por sonreír mientras negaba con la cabeza.
- Eso. Quizás en otras circunstancias...¿Quién sabe, no?
Kate se giró dándole la espalda y echó a caminar a grandes zancadas alejándose de él, sin dejar de sonreír.
Becks salió por la puerta acareando la mochila al hombro derecho y balanceando el casco en la mano izquierda. Seguía sonriendo. Cualquiera que la hubiese visto, habría pensado que no le pegaba nada a las pintas de grunge deprimida que llevaba. Pero no había nadie, exceptuando la teatral señora con la mascarilla facial, que unos metros más allá acababa de parar un taxi.
Kate dio un par de pasos en dirección contraria, hacia su moto, pero entonces paró. No es que fuese a obedecer a ese tipo. No. Simplemente iba a seguir su consejo, como si fuese un amigo. Se sintió acalorada al sentir ese extraño sentimiento en su interior. Algo que no sabía como describir. Pero que la hizo sentir bien. Muy bien.
Cayó en la cuenta de que aún llevaba el dinero apretado en su puño. Se paró y asegurándose de que no había nadie alrededor lo contó rápidamente. Sintió un escalofrío y pensó seriamente si el charlatán metepatas era millonario o algo así. La única vez que ella había tenido tanto dinero encima fue cuando compró la moto. Con cierto nerviosismo apartó unos billetes para el taxi y guardó el resto en su mochila, en el lugar más seguro: junto a la llave inglesa.
Al volver a colocarse la mochila y echar un vistazo casual a la calle lo volvió a ver entrando el el taxi con su hija en brazos. Y entonces Becks sintió como todos sus sentidos se agudizaban como queriendo grabar en su retina la imagen.
Vio como se movía lentamente para evitar despertarla, mientras le protegía la cabecita con la mano. Ella se quedó como hipnotizada, admirando la escena en silencio, desde la oscuridad.
El vehículo reanudó la marcha y se alejó lentamente, quizás porque Alex así se lo había dicho al conductor, pensó ella. Entonces Becks sintió su corazón latir con fuerza. Dio unos cuantos pasos como queriendo alargar la escena todo lo posible, hasta que el coche giró al llegar a la esquina y desapareció de su vista. Entonces sintió un pinchazo que durante un segundo la dejó sin respiración.
- ¿Pasa algo, querido? - preguntó Martha a su hijo, que pareció seguir con la mirada algo en la oscuridad de la noche al otro lado de la ventanilla.
- No, no es nada, madre. - contestó él, en voz baja. A continuación cerró los ojos y besó en la coronilla a su pequeña, como queriéndose evadir de todo lo demás.
Ella entornó los ojos y supo que definitivamente algo pasaba.
Becks se puso de puntillas y levantó el brazo nada más que intuyó el brillo de la luz del taxi que indicaba que estaba libre. Gracias a Dios vio que aminoró la marcha, porque odiaba estar de pasmarote. Se colocó bien el pelo procurando estar presentable y que el conductor no acelerara cuando la viese de cerca como había hecho el anterior. Por suerte el hindú que conducía no se dejó impresionar y frenó junto a sus pies. Beck pensó que ir de grunge no siempre tenía sus ventajas...
- ¡Espera! - oyó a sus espaldas.
No podía ser.
Antes de volverse ya sabía de sobra quien era, pero cuando lo hizo lo vio claramente: Su particular Batman que se acercaba cojeando a paso ligero por la acera. Ella se quedó paralizada a medio meterse en el vehículo con la puerta abierta. Le miró con incredulidad y sorpresa.
- ¡Un momento! - dijo en cuanto llegó a tres pasos de ella. A continuación se dobló y trató de recuperar la respiración tomando unas bocanadas de aire.
Ella se le quedó mirando en estado de shock, provocado por un torrente de emociones que estaban acelerando su corazón. La desazón que había sentido hace un momento al ver desaparecer el taxi había caído fulminada al volver a ver a su peculiar acompañante de esta rara noche. Becks notó una sensación de calor y alegría en su interior que la hizo retroceder a su infancia, cuando todo era más sencillo, ella era más feliz.
- ¿Qué haces...? - acertó a decir patidifusa, sintiendo sus mejillas arder.
- Mi taxi está a la vuelta de la esquina, me he parado porque... porque... - Alex se incorporó sin completar la frase.
Se acercó a ella y Becks instintivamente se irguió, frente a frente, cara a cara. Podían sentir sus respiraciones a pocos centímetros de sus bocas y el agradable calor de sus cuerpos en contraste con el fresco de la noche. La anaranjada luz de las farolas cubría sus perfiles, en contraste con la oscuridad, dando a la escena un ambiente peligrosamente íntimo.
- Mi mujer dice... - dijo Alex en voz baja y seria - ...que es normal que un par de adultos... amigos... de sexo opuesto... se despidan con un... breve beso en los labios... que está de moda ahora y que no implica nada romántico, dice... que...
Ella se quedó hipnotizada por sus palabras y respondió en un susurro:
- Técnicamente no soy adulta...
- Una lástima - dijo Alex. Ambos se miraron a los labios.
- Y tampoco es que seamos amigos... - dijo ella relamiéndose y mirándole a los ojos.
- Una pena - dijo él balanceándose peligrosamente cerca de su boca.
Entonces Becks se sorprendió a sí misma dando el pequeño paso que faltaba para que sus bocas se encontrasen. "¿Menor de edad? ¿Hombre casado? ¡Qué diablos!" debió de pensar su subconsciente.
Sintió su calor y su humedad, acompañados de la leve presión que él ejercía sobre sus labios -cerrados-. Se sintió tremendamente acalorada y el pecho le dolía de tan fuerte que le latía el corazón. Si hace un momento sentía felicidad, no supo describir qué era esto que la estaba golpeando ahora. Sólo sabía que no quería que terminase nunca. Pensaba que se iba a marear, estaba aguantando la respiración si querer...
Como empujados por una necesidad vital y perfectamente sincronizados ambos se separaron para coger aire y se volvieron a encontrar ahora con sus labios algo más abiertos y sus cabezas ladeadas. Becks sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero una fuerza magnética más fuerte que ella la guiaba. Igual que guió la mano que tenía libre hacia los falsos abdominales de latex, mientras sentía la enguantada mano de él posándose en su hombro.
La emoción de saltarse las reglas junto con la sorpresa de su regreso, cuando pensaba que no se volverían a ver más, y el excitante escenario de la noche neoyorkina, hizo que las terminaciones nerviosas de los labios de Kate enviaran unas señales muy convincentes a sus partes más íntimas, haciendo que ella se sintiera lubricada al instante.
- ¡Ey! ¿¡Van a querer taxi o no!?
Ambos dieron un paso atrás asustados. Mirándose medio avergonzados por lo que acababan de hacer y también, como no, por lo que acababan de sentir. A la dura Becks le delataba su agitada respiración y Alex se alegró de que el látex ocultara la presión que sentía en la entrepierna.
El hombre del turbante se quedó esperando una respuesta asomando la cabeza por la ventanilla del lado del conductor. Batman le hizo una señal con la mano para que esperara un minuto.
- Como el más adulto de los dos... creo que... deberíamos seguir nuestros caminos. - dijo Alex nervioso.
- Claro.- dijo ella asintiendo con la cabeza convincentemente, e ignorando su fuego interior.
Se miraron una vez más a los ojos, conscientes de que 'lo suyo' iba a terminar ahí, un sabor agridulce sin duda. A Becks se le empañaron los ojos y él, sintiéndose culpable de haber provocado esta segunda despedida, le sonrió con dulzura.
- O mi mujer está equivocada o es que yo soy un anticuado - dijo él tocándose los labios como comprobando que estaban ahí.
Ella sonrió ampliamente dejando ver su discreta ortodoncia. Alex le resultaba gracioso aunque él pareciese no hacerlo a propósito.
- Creo que hemos fallado en lo de ser breves - dijo Kate con los ojos brillantes y más serena.
- Sí, eso habrá sido... - dijo él aún relamiéndose cómicamente.
Llegados a este punto Alex hizo un gesto y le sostuvo galantemente la puerta mientras ella entraba en el coche. Cuando ella se hubo acomodado con su mochila y su casco a cuestas, él se agachó para verla a través de la ventanilla.
- Que te vaya bien, Becks... ¡Y sé buena chica! - dicho esto se sonrieron por última vez.
Luego dio un golpecito en el techo del coche y el taxista se puso en marcha, dejando a ambos con un momento que quedaría en su memoria.
