CAPÍTULO 5: Underground


Becks se subió al montacargas y pulsó el botón del último piso: el ático donde ensayaba el grupo. Se ajustó la mochila a su dolorido hombro. Estaba hasta las narices de cargar con las latas de cervezas por medio Manhattan a pesar de que el último trayecto hubiese sido en taxi.

Kate era un batiburrillo de emociones en estos momentos. Había hecho todo el viaje en taxi como en una nube no sabiendo si sentirse culpable o eufórica por lo que acababa de pasar. No tenía claro si técnicamente Alex había puesto los cuernos a su mujer con ella o no... ¿Qué fue eso? ¿Un 'pico'? ¿Un beso?... ¡Qué fuerte! ¡Becks-rompe-hogares! Ya imaginaba a su padre rellenado la solicitud para el convento.

Y por otra parte... ¿Acaso ella había puesto los cuernos a su chico? Mmmm. Tenía que pensarlo. Esta noche había sentido una conexión con un extraño tan fuerte que dudaba que sus sentimientos por su guitarrista significasen realmente 'algo'.

Había tonteado con su ligue grunge que si un beso... que si una caricia... que si un morreo de esos incómodos con lengua hasta la garganta... y entonces ella sentía cosquillitas ahí abajo. Pero lo de esta noche había sido TAN diferente... agitó un poco las piernas para asegurarse que ya no estaba cachonda como una perra en celo.

En definitiva: estaba echa un lío. No era nada nuevo en ella, sobre todo en los últimos tiempos. Antes todo era más fácil. Sonrió al recordar la tierna imagen de la pequeña pelirroja dormidita en los brazos de su padre y su plácido recuerdo fue interrumpido por el desagradable chirrido del elevador al llegar a su destino.

Se cambió el casco de mano para agarrar el asa de la reja metálica y tirar de ella con energía. Otro chirrido se mezcló con el lacónico bajo de guitarra que se oía, amplificado, en la diáfana planta del local.

Dio unos pasos hacia el origen de la música. El artista, si es que se le podía llamar así, era un desaliñado y desgarbado chico que, sentado en un taburete alto, pellizcaba monótonamente las cuerdas. A él le parecería sublime, pero el repetitivo sonido estaba rayando a la mismísma Becks.

- ¡EEEYYY! - le gritó ella para sacarlo de su cuelgue. Inmediatamente echó un vistazo alrededor. - ¿Dónde están los demás?

El chaval, ojeroso y con un cigarro en la comisura de la boca que humeaba pestosamente, levantó la cabeza sobresaltado. Kate dio un paso atrás.

- ¿Estás...? - la chica hizo una mueca de desaprobación - ¿Eso es un porro? ¿De dónde... ?

- ¡Beeeeeecksssss! - el flipao chaval hizo mención de pasarle un brazo por la cintura pero al inclinarse perdió el equilibrio y cayó al suelo junto con la guitarra.

El amplificador emitió un pitido que casi los deja sordos. Kate soltó el casco y la mochila y corrió a desenchufar el aparato. Al chico le entró la risa floja en el suelo mientras intentaba levantarse, sin éxito.

- ¡TÍO! ¡QUE ESO ES DROGA! - le gritó una alterada Kate agitando el cable aún en su mano. Kate pensó que no se había lucido a la hora de elegir un ligue grunge para, básicamente, llevar la contraria a su padre. Había tenido que elegir al más gilipollas.

- No... no te enfades... la podemos compartir... - balbuceó mientras daba una calada al canuto tumbado en el suelo.

- ¡Yo no quiero! ¡Yo no...! - Kate estaba enfadada. Muy enfadada. Con él y con esa absurda necesidad de encajar en el mundo, que le había llevado de bruces a una situación que no le gustaba nada. - ¡Yo no quiero esto!¡YO NO SOY ASÍ!

La habitación dio vueltas alrededor de Becks, como en esas ocasiones en que te das cuenta de una gran verdad de la vida. Temblaba de rabia y respiraba agitadamente. Actuó con decisión, se dirigió al fondo de la habitación y cogió su guitarra. Después avanzó con paso firme hasta su mochila.

- Oh, vamos, ¿por qué te crees que monté un grupo? ¿Por la música? - le dijo él acercándose a cuatro patas hacia ella.

Ella le ignoró, sacó las latas de cerveza y se las tiró delante de él con furia. Luego se echó la recién aligerada mochila a la espalda, junto con su guitarra y cogió el casco del suelo.

- ¡Lo hice por ti! ¡Quería enrollarme contigo! - el chaval intentó coger una lata de cerveza que rodaba por el suelo - ¡Pero eres una estrecha!

Becks lo siguió ignorando y se alegró de no haber pasado de segunda base con él. Se dirigió con grandes zancadas hasta el elevador. Entro y, cuando se dispuso a cerrar la verja para bajar, el chaval se lanzó sobre ella.

Kate no pudo esquivarlo.

Sintió cómo le agarró la cazadora y la empujó con fuerza contra la pared del fondo del ascensor. La guitarra de Becks emitió unos desafinados acordes con el golpe y ella se golpeó la cabeza con algo pero con la adrenalina del momento apenas lo notó.

La mantuvo apretada contra la pared con su cara a pocos centímetros de la de ella, tan cerca que Kate sintió nauseas por la peste a porro. Él le clavó sus ojos de loco mientras movía apresuradamente las manos intentando quitarle la camiseta. Entonces Becks pensó que esto no podía estar pasando, que no era lógico: se había sentido más segura junto a un extraño vestido de Batman que junto a este... este...

La palabra 'violador' no llegó a materializarse en su mente. Oyó una tela rasgarse y sintió las sudorosas manos del chico rozando su piel, pero era extraño, como si le estuviese pasando otra persona.

Y entonces Becks actuó por instinto. Un instinto que no sabía que tenía. Una reacción que no se espera de una chica acomodada que estaba pasando por una fase grunge.

Apretó los dientes y levantó la rodilla, propinándole un golpe lo suficientemente fuerte como para que él diera un paso atrás. Momento que ella aprovechó para, rápidamente, trazar un arco con el casco que llevaba asido en el brazo. La nariz del chico grunge paró la trayectoria del casco de sopetón y empezó a sangrar con abundancia. El tío la soltó y se llevó las manos a la cara, mientras aullaba de dolor, dando unos titubeantes pasos hacia atrás.

- ¡Zorra! ¡Hija de puta! - le gritó.

Una Kate enfurecida levantó la pierna flexionada y al extenderla le dio una patada al grunge con todas sus fuerzas para echarlo del ascensor. Él aterrizo con los riñones en las latas de cervezas, que se espachurraron y dejaron escapar la bebida con unos sonoros 'PSSSSSSHHHH'.

Beks cerró la puerta metálica de un fuerte y chirriante tirón. Seguidamente apretó el botón con un golpe seco.

El montacargas empezó a bajar renqueante y ella respiró agitadamente con el corazón a punto de salírsele por la boca. Sólo cuando observó a través de la reja, que él estaba más preocupado en buscar el porro que se le había caído que en ella, se dejó caer al suelo: agotada como si hubiese terminado un maratón y aliviada como si hubiera escapado del infierno.


- 'Y entonces el perro de los Baskerville ladró con fuerza...' - un embobado Batman miró a su pequeña pelirroja que bajó los párpados varias veces hasta que finalmente se quedó dormida. - '... Y fueron felices y comieron perdices' - sentenció.

Se levantó sin hacer ruido, cerró el libro y lo dejó suavemente sobre la cómoda. Seguramente nadie aconsejaría a Arthur Conan Doyle como lectura infantil, pero todo dependía del tono de voz que se utilizara. Él había conseguido que Alexis se durmiera con todos los clásicos y al contrario que su mujer, él no creía que le fuera a suponer ningún trauma de mayor.

Ni se atrevió a besarla por temor a despertarla, pero sí que se quedó un par de minutos contemplando su angelical carita antes de salir sin hacer ruido, excepto por el rechinar del látex del disfraz que aún llevaba, claro.

Con sumo cuidado bajó las escaleras y se encontró a su madre preparándose un gintonic, costumbre que había tenido desde que él era niño y hacía alguna trastada, ella decía que le ayudaba a tranquilizarse.

- Oh, querido, ¿Por qué no te quitas ese disfraz? - le dijo antes de beber un sorbo de la copa.

Rick sonrió antes de contestar por segunda vez aquella noche a la misma pregunta.

- Hicieron falta tres personas para meterme... y creo que hará falta un cirujano que separe mi sudada piel del maldito látex para sacarme de aquí.

- Ay, Richard, te está bien empleado por estar jugando con disfraces a tu edad ¡no sé cuándo vas a madurar! - dijo ella tras acomodarse en el sofá.

- ¡Oye! ¡como si tu no te disfrazaras! - dijo mientras se dejó caer en el sillón en frente de su madre.

- Pero es para representar Hamlet, querido, algo completamente distinto.

Rick se quedó en silencio y con la mirada perdida, cosa poco habitual en él. Martha que tenía un radar especial le observó sin decir nada.

Al cabo de un rato él habló:

- Madre... ¿Cómo sabes cuando se ha acabado una relación?

Martha suspiró mientras sentía un pinchazo en su corazón al ver sus ojos serios y tristes como pocas veces los había visto.

- Chico... Toma mi gintonic. Yo me serviré algo más fuerte... - se levantó y se dirigió al mueble bar.

Rick no pudo otra cosa que sonreír. Hubiese preferido no tener que preguntarle a su madre sobre el tema. Pero no se podía negar que era una experta en acumular ex-parejas y él estaba completamente perdido en su matrimonio.

- ¿Mederith? - preguntó Martha mientras se volvía a sentar, esta vez 'acompañada' de un whisky.

- ¿Quién si no? - dijo desganado él mientras meneaba su bebida haciendo girar los hielos.

- ¿No tendrá esto nada que ver con la chica motera de esta noche?

Martha no era tonta. Sabía que su hijo no había parado el taxi nada más doblar la esquina para 'comprobar los datos del seguro en el Hospital' pero no había dicho nada. Simplemente le había esperado pacientemente acunando a su nieta esperando que su hijo no metiera la pata.

- ¿Qué?¡No!... Bueno... No directamente. Pero... ¡habría tenido que ser Mederith quien hubiese estado conmigo en ese Hospital!

Ella lo observó y le pareció sincero. Suspiró antes de hablar.

- Mira querido, ya sabías el tipo de persona que era antes de casarte. Una encantadora locura acompañada de caros caprichos y la capacidad de concentración de un caniche... Desde luego hacéis una buena pareja... si aún estuvieseis en el instituto, claro.

- Ya no. Madre. Ya no. Yo... yo... - Rick miró a su madre con dureza - ¡Soy un hombre, madre!

Ella se sobresaltó por el tono serio de sus palabras.

- Me gano la vida bastante bien y resulta que... que me casé y tengo una hija. ¡Una hija, madre! Y... esa pequeña depende de mí y... voy a ser su ejemplo, madre. Así que no, no me digas que soy un chaval. Soy un hombre. Soy un padre... y... ¡y no sé cómo hacerlo porque yo nunca tuve ninguno!

Martha, se le quedó mirando petrificada y al cabo de unos segundos recuperó la respiración.

- Richard... Mírame, Richard. - le ordenó ella.

Él subió la cabeza sin muchas ganas y miró a su madre.

- No necesitas aprender de nadie para ser padre. Y no quiero que busques ningún ejemplo. Dentro de ti tienes a un padrazo que se desvive por su hija, está siempre pendiente, hasta casi volverte loco, como esta noche... Y bueno, dadas las circunstancias y teniendo en cuenta que reconozco que no te tocó una infancia típica... Eres un padre... ¡perfecto! Y eso me hace sentir tremendamente orgullosa... hijo.

Rick se sintió aliviado y comprendido. Desde que nació su hijita se había esforzado tantísimo en demostrar al mundo que podía ser un buen padre que no se había dado cuenta de que ya lo estaba haciendo.

- Gracias, madre. - la miró de reojo - Y perdóname por haberte gritado.

Ninguno de los dos dijo nada más. Ni siquiera mencionaron a Mederith. Ya no hacía falta.

Tras unos minutos de tranquilidad Rick dejó su bebida en la mesita y habló:

- Voy a buscar algo para quitarme este maldito disfraz... - intentó incorporarse pero parecía un anciano reumático así que desistió y miró a su madre avergonzado.

- Tranquilo, chico, tu madre te sacará de ahí. ¡Cosas más raras me ha tocado hacer! - dijo cómicamente alejándose hacia la cocina sin soltar su bebida.


Muchas gracias a todos los que dejáis vuestros comentarios y opiniones. Esta semana no me ha salido un capítulo muy largo, espero que tengáis paciencia.